Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 13
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CAPÍTULO 13

ME REHÚSO

Kelly

M uy a mi pesar, hemos decidido suspender la excursión… Aunque mi rodilla está mejor que al mediodía, forzarla andando en la nieve no creo que hubiera sido la mejor opción si quiero recuperarme antes de que Alan llegue.

Por eso hemos decidido hacer un plan algo más tranquilo (o por lo menos espero que lo sea) y vamos a ir al cumpleaños de Taylor. Resulta que el monitor de Molly y Sienna, Oliver, es amigo de Thiago y de Taylor, y esta mañana él las ha invitado igual que Thiago me ha invitado a mí.

El cumpleaños se celebra en el interior de un bar con aspecto de cabaña.

Para cuando el reloj marca las ocho de la tarde, ya está abarrotado.

Es noche cerrada, el cielo está estrellado y hace un frío de mil demonios.

Por eso me alegro de que entremos al bar y que no nos quedemos fuera, donde hay un DJ pinchando música y una fiesta enorme montada.

—Están ahí —anuncia Molly cuando reconoce a Oliver en una de las mesas—. ¿Vamos? —me pregunta a mí, para asegurarse de que me parece buena idea acercarme a Thiago.

Yo asiento, y entonces las tres comenzamos a caminar hacia la mesa. Busco a Thiago, pero no lo veo por ningún lado.

—¡Hola! —saluda Sienna cuando llegamos—. ¿Podemos unirnos al cumpleaños?

Nos miran un instante y luego exclaman entusiasmados que por supuesto. Nos hacen un hueco en los sofás que están alrededor de la mesa, y nos sentamos como podemos entre ellos.

—¡Qué ilusión que hayáis venido! —exclama Taylor, emocionada—. Oliver y Thiago me dijeron que estaban corriendo la voz para que la gente se pasara, pero no pensé que alguien fuera a venir.

—Yo nunca le digo que no a una invitación, cielo, así que tú invítame cuando quieras a lo que sea —dice Sienna, robándonos una sonrisa a todos, porque es verdad.

Es esa clase de persona que se engancha a cualquier invitación—.

¿Puedo coger una? —pregunta a continuación, señalando el cubo de metal hasta arriba de hielos y cervezas en el centro de la mesa.

—Por supuesto. Pillad las que queráis —contesta Oliver, y mi amiga le dedica una sonrisa un tanto extraña. Me veo con la obligación de comentarlo.

—¿Me he perdido algo? —le pregunto en un susurro a Molly.

—Que de tu boda va a salir otra.

Me hubiese encantado saber mucho más sobre esa nueva noticia, pero toda mi atención se la llevan dos personas que acaban de hacer acto de presencia.

—¡Lisa! —exclama Taylor al verla llegar de la mano de Thiago. No se me pasa por alto que Elsa, al mirarla, pone los ojos en blanco y que Oliver le da un codazo cuando bufa—. ¡Qué bien que hayas podido venir!

Yo aprieto los dientes con fuerza cuando mis ojos se fijan en sus manos entrelazadas, y cuando mi cerebro comprende que Thiago no estaba aquí, porque estaba con Lisa…

—Feliz cumpleaños, Taylor —contesta ella, y sé, porque lo noto, que tengo la mirada de ambos encima. Por eso mismo dejo de rehuir la mirada y la levanto hacia ellos.

Thiago me mira algo asombrado, porque está claro que no se esperaba encontrarme aquí después de lo que le he dicho hoy en el telesilla, y a pesar de que estoy segura de que habría soltado algún comentario al respecto, que Lisa tire de su mano para dirigirle hacia el sofá, hace que finalmente no diga nada.

Thiago se sienta en el sofá al lado de Taylor, y ella… se sienta en su puto regazo y le rodea el cuello con un brazo.

No sé si es solo cosa mía, pero de pronto se ha generado un ambiente bastante tenso, que incluso por un momento me hace sentir culpable.

La pobre Taylor nos mira a todos un poco confundida, y yo puedo notar que mis amigas están igual de tensas que yo por lo que acaba de ocurrir.

Por suerte, Oliver interviene antes de que todo se vuelva un poco más incómodo.

—¿Alguien quiere algo más fuerte que la cerveza? Yo voy a ir a por una copa —informa, levantándose del sofá.

Es mi oportunidad de intervenir y demostrar que estoy muy cómoda con la presencia de todos.

—Yo quiero un gin-tonic —pido, y antes de que Oliver pueda irse, alguien interviene:

—No puedes beber alcohol, Kelly —me dice Thiago.

Lo miro confundida.

—¿Cómo que no?

—Estás tomando analgésicos —me recuerda.

Es verdad.

Pero me da igual.

Que no me venga ahora con tonterías de preocuparse por mí, cuando no ha hecho ni un solo intento por quitarse a Lisa de encima cuando no tiene ningún sentido que esté ahí sentada cuando hay asientos de sobra. ¿Qué se cree que tiene? ¿Quince años? Aunque no debería, me ha molestado.

—¿Y?

—Que no es recomendable.

—No va a pasarme nada.

—Kelly, no bebas —me pide, y ahora no como recomendación, sino como una petición.

—Es solo una copa, Thiago…

—Pero es…

Alguien lo interrumpe.

—Déjala beber lo que quiera. Ya es mayorcita —musita Lisa molesta.

Y aunque está más que claro que ha intervenido porque precisamente bien no le estaba sentando que Thiago me aconsejara de esa forma, por primera vez doy gracias de que haya abierto la boca.

Me apetece emborracharme, y como mis amigas me han estado repitiendo desde que llegamos que estoy aquí para disfrutar de mi viaje de despedida de soltera, pues por fin lo voy a hacer de verdad.

—Por favor, Oliver, ¿me lo puedes traer? —le pregunto, y él, tras compartir una mirada con su amigo que termina en nada, se va a por su bebida y a por la mía.

Evito la mirada de Thiago por dos razones:

1. Porque mirarle implica ver a Lisa sentada en su regazo.

2. Porque mientras que eso ocurre, estoy segura de que sus ojos verdes están sobre mí.

Tres minutos más tarde, Oliver viene con su bebida y con la mía. Todos los demás siguen bebiendo cerveza, menos Thiago, que por alguna razón, no la ha tocado.

—¿Cuántos años cumples, Taylor? —pregunta Molly.

—Veinte —contesta ella con una mueca melancólica. La entiendo. Creo que el día en el que cumples veinte años es el momento en el que de verdad te replanteas muchas cosas; entre ellas, que el tiempo pasa demasiado rápido y que hacerse mayor cada vez mola menos.

—Ay, los veinte… —resopla Molly, mirando a un punto lejano—. Dónde estarán mis veinte…

—Pues bastante enterrados, la verdad —le contesta Sienna, consiguiendo que la mirada perdida de Molly se pose en ella de forma desafiante.

—¿Cuántos años tenéis vosotras? —nos pregunta Taylor.

—Sienna y yo tenemos veintiséis, y Kelly veinticuatro —contesta Molly.

—¿Algún consejo que darle a Tay? Tiene un poco amor-odio a eso de crecer y ser una adulta de verdad —nos dice Elsa, señalando a Taylor.

A mí me llega a la mente un consejo que dejo salir antes de que alguien se me adelante, porque es algo que a mí me hubiese encantado escuchar hace seis años.

—Que no te preocupes por no sentirte preparada para nada en la vida.

Que crezcas no significa que debas saber cómo actuar siempre.

Tengas la edad que tengas, va a seguir siendo tu primera vez viviendo.

No te sientas culpable por no saber tomar buenas decisiones cuando se supone que ya deberías saber hacerlo por ser una adulta.

Tras esas palabras, todos se me quedan mirando durante unos segundos que se me hacen eternos. En especial, me quema la mirada de Thiago. Sé que algo dentro de él es consciente de que cuando he hablado sobre tomar buenas decisiones, en cierta medida, estaba hablando de nosotros…

Mientras se retoma otro tema de conversación, yo me bebo mi gin-tonic casi de un trago, porque, joder, realmente cómoda no es que me sienta aquí mismo ahora.

En cuanto Molly dice que va a ir a por una copa, la acompaño, ya que quedarme sola rodeada de gente que no conozco nunca ha sido mi fuerte.

Sienna hace ya un rato que se ha puesto a charlar con Oliver de no sé qué, pero está claro que en cualquier momento van a desaparecer para hacer otra cosa con la boca que no va a ser hablar.

Y, por las dudas, quedarme (por mucho que esté Thiago) no es una opción.

—¿Quién es la lapa? —me pregunta Molly cuando hemos llegado a la barra.

Me encojo de hombros, porque la verdad es que no sé qué significa Lisa para Thiago. No sé si solo es la chica con la que tiene algún tipo de rollo sin compromiso, si es alguien más o si no es nadie. Después de esto, ya no lo tengo claro.

—Ni lo sé ni mi importa.

Molly me mira con una ceja arqueada.

—¿Segura?

—Segurísima.

Mi amiga me mira con duda unos instantes, pero no insiste. Supongo que porque ha visto que no estoy en disposición de rayarme ni lo más mínimo por Lisa o Thiago, y ella no quiere provocar nada.

Aunque, la verdad…

Joder.

¿Por qué narices no se la quita de encima?

¿Tendría que hacerlo? ¿Estoy loca?

¿Por qué quiero que lo haga?

«JODER, KELLY, PARA».

—Tía, ¿estás bi…?

Me tomo el gin-tonic en dos tragos en cuanto me lo sirven. Cuando me lo termino y siento el sofoco del alcohol y de los pensamientos, decido hacer algo que, espero, consiga enfriar mi mente.

—Voy a tomar el aire —le advierto, y no espero su respuesta, porque me dirijo a la salida de la cabaña todo lo rápido que puedo.

En cuanto salgo, la música del DJ me retumba en los oídos y el frío me congela todo el cuerpo. Mientras me alejo de la fiesta, me abrocho el abrigo y me pongo mis guantes y mi gorro.

A pesar de que me he alejado, la música, que suena a todo volumen, no me permite desconectar; sin embargo, sentir el frío en la cara me hace sentir un poco menos sofocada.

Me apoyo en la barandilla de madera y echo la cabeza hacia atrás. Suelto un suspiro muy largo.

¿Por qué coño me puede molestar ver a Lisa encima de Thiago? ¿Será porque se ve de lejos que ella intenta hacerme sentir celosa, y darme cuenta de que lo fuerza tanto es tan ridículo que consigue hacerme sentir mal?

«Kelly, para. No lo pienses. No puedes pensar en esto. Para o vamos a tener un problema muy grande».

Saco el móvil del bolsillo de la chaqueta para mirar la hora, pero casi se me salen los ojos de la cara cuando veo que tengo quince llamadas perdidas de Alan y más de treinta mensajes de texto.

¿Cómo…? ¿En qué momento me ha llamado quince veces y yo no lo he oído?

Joder, joder, joder.

Ni siquiera sabe que al final no he ido a la excursión…