CAPÍTULO 6
ELLA
Thiago
E n todos mis recuerdos aparece ella.
Antes de perderla, nunca me hubiera imaginado tener que seguir almacenando momentos en los que Kelly no estuviera presente.
Era ilógico pensarlo. Era antinatural formarlos.
Kelly estaba cuando me despertaba y era la última persona que veía antes de dormir.
¿Cómo de pronto iba a desaparecer de mi vida si era a lo primero que acudía cuando me despertaba?
Era vital verla. Y era aún más vital pasar tiempo con ella.
En la cabeza del Thiago de hace unos años, el que todavía no había tenido que aprender a vivir sin Kell, no cabía la posibilidad de no seguir creciendo a su lado. Y, sin embargo, la dejé marchar como si aquel miedo de perderla nunca se me hubiera pasado por la cabeza.
No fue mi culpa que se fuera.
Pero quizás debí de haber hecho más para que se quedara…
Me quedé con el corazón destrozado. Le dije cosas que nunca hubiera tolerado mencionárselas a ella.
En los primeros días desde que se fue, vivía sumido en el rencor, la rabia y el enfado de saber lo fácil que le fue irse sin importarle para nada dejar diez años de su vida conmigo en el lugar donde más felices habíamos sido. Donde vivimos todo. Absolutamente todo.
Las primeras semanas era pensar en ella, y «odiarla». La odiaba a muerte. Pero cuando comenzaron a pasar los meses y entendí que no iba a volver, fue cuando un golpe de realidad cambió mi mentalidad por completo.
Kelly se había ido de verdad.
No iba a volver.
Ya no existía en mi vida y yo no existía en la de ella después de tantos años juntos…
Había otras personas en su vida y yo no era una de ellas. Yo ya no era nadie…
Comencé a echarla de menos. Dejé de «odiarla» para echarla de menos con toda mi alma.
Intenté contactar con ella, pero para entonces ya fue demasiado tarde. Me había bloqueado o se había cambiado de teléfono, porque nunca me daba señal cuando trataba de llamarla.
Borró cualquier rastro suyo en las redes sociales, y, desde el momento en el que entendí que tenía que vivir por el resto de mi vida con solo el recuerdo de lo que fuimos, traté de buscarla por todos lados porque la necesitaba, porque la echaba de menos, porque aún la quería…
Y no encontrarla, no saber lo que era de su vida (aunque esta ya no tuviera relación con la mía), me metió en una nube negra que cada vez me consumía más…
Mirar por mi ventana y no verla al otro lado me destrozaba.
Mirar nuestras fotos me hacía romper en llanto.
Recordarla y que con el paso de los años cada vez me doliera más me terminó por matar.
Su voz resonaba en mi cabeza todos los días, pero saber que quizás le había cambiado y que esa nueva no la conocía me producía celos de todo aquel que sí pudiera oír esa nueva versión de mi chica.
Estaba creciendo allí fuera, y yo no estaba a su lado para hacerlo con ella, como estaba acostumbrado a hacer.
Antes de marcharme a Finlandia, intenté de nuevo descubrir algo sobre ella.
Casi me dio un infarto cuando vi su nombre en internet.
Kelly Williams era ahora profesora de idiomas en Londres.
Kelly Williams, mi mejor amiga, mi novia, el amor de mi vida, estaba comprometida con un neurocirujano de veintiocho años famoso y reconocido por formar parte de un largo árbol genealógico de médicos brillantes de Inglaterra.
Kelly Williams salía posando en una foto con su futuro marido en internet, pero ese hombre… no era yo.
Estoy agotado. Enseñar a esquiar a diez niños que en la vida han tocado la nieve es equivalente a una tortura del siglo xv .
Aunque ver sus caras de felicidad cuando son capaces de deslizarse por la nieve sin caerse es como un recordatorio constante de que subir y bajar la misma pendiente quince veces merece mucho la pena.
Sobre todo ahora, cuando está ella.
Entro en la sala de descanso de los monitores para relajarme un rato antes de ir a darme una ducha y bajar a cenar con los críos. Al entrar, reconozco una melena rubia que le pertenece a una chica que no esperaba para nada encontrarme aquí…
—Lisa… —la llamo asombrado porque, a pesar de que tenga permiso para utilizar todos los rincones de este hotel, no es muy común encontrarla en esta sala—.
¿Qué haces aquí? —pregunto, aunque la verdad es que sé la respuesta.
Quiere hablar conmigo. De aquello de lo que yo he estado evitando estos dos días.
—¿Esperarte? —responde ella mientras se levanta del sofá para acercarse a mí. Yo me giro rápidamente para sacar de la nevera un zumo de naranja e intentar mantener un poco las distancias.
«Eres un capullo».
—¿Ya has acabado tu turno? —pregunto, incrementando los niveles de su irritación.
Ella me lanza una mirada asesina que me obliga a abrir la botella y darle un largo trago a mi bebida.
—¿De pronto te has olvidado de cuál es mi horario?
—pregunta de forma irónica, y luego se cruza de brazos mientras me mira muy seria—.
Hasta hace dos días, a estas horas, me estabas esperando para que nos fuéramos a follar a cualquier rincón de este hotel…
, ¿y ahora me dices que si ya he acabado mi turno? ¿Qué cojones, Thiago?
Yo me muerdo el interior de mi labio inferior y me apoyo en la pequeña encimera.
—He perdido la noción del tiempo. He llegado más tarde de lo normal al hotel, lo siento —me intento excusar, pero a ella no le sienta nada bien mi respuesta, porque frunce el ceño y da un paso hacia mí.
—¿Te crees que soy tonta? —pregunta, pero no me da posibilidad de contestar, porque continúa hablando—. ¿Vas a explicarme de una puta vez qué está ocurriendo aquí?
—¿A qué te refieres?
Abre los ojos, absorta.
—Pues a ella, Thiago… —la menciona—. Desde que ha puesto un pie en este hotel, de pronto he dejado de existir para ti.
Niego con la cabeza.
—Eso no es verdad.
—¿Piensas que estoy loca?
Arrugo mi cara.
—¿Qué? Joder, claro que no, Lisa, pero…
Me interrumpe, porque está claro que lo que ella quiere de mí son explicaciones, no justificaciones.
Su pregunta solo me lo deja más claro.
—¿Quién es ella? Aún no has respondido a la pregunta que te hice ayer.
Me trago las ganas de decirle quién es ella de verdad para mí, y tan solo digo:
—Una vieja amiga.
Lisa eleva su ceja.
—¿Amiga?
—Sí, amiga.
—Es una amiga y por eso ibas a darle explicaciones de por qué estabas a punto de follar conmigo, ¿no? No me tomes por idiota y dime la verdad.
Lleno mis pulmones de aire antes de hablar.
—Kelly es mi… Es una persona que ha formado parte de mi vida durante mucho tiempo y punto.
—¿Tu exnovia? —adivina, porque no es tonta—.
¿Con la que compartes el tatuaje que tienes en la muñeca, y que desde hace dos días vuelve a estar a la vista?
—pregunta, dejándome asombrado y helado.
¿Cómo sabe…? ¿Cómo puede saber que comparto el tatuaje con Kelly?
¿Y cómo se ha dado cuenta de que no llevo la pulsera con que siempre me lo he tapado?
Me arde la zona en la que tengo escrito «para siempre» y medio corazón, pero, antes de que pueda hacer nada, Lisa agarra mi brazo y me levanta la manga del jersey para verlo.
Pasa la yema de sus dedos por las letras y resopla cuando vuelve a darse cuenta de que la pulsera de cuero ya no está para taparlo.
—Es tan puto evidente… —murmura, pero yo me suelto de su agarre y vuelvo a bajarme la manga para taparlo antes de que pueda seguir sacando conclusiones erróneas.
—No hay nada puto evidente, Lisa. Ella ya no forma parte de mi vida y ha venido aquí para casarse.
Lisa sabe de sobra que está aquí para casarse, por eso no se sorprende cuando se lo digo. Estoy seguro de que ha investigado su reserva en el hotel en cuanto se ha dado cuenta de que su presencia aquí ha cambiado algo en mí.
—Y a ti no te hace ni pizca de gracia, ¿verdad? ¿Es que aún lo has superado?
Se me hace un nudo en la garganta, pero me fuerzo a deshacerlo tragando con fuerza.
—Por supuesto que sí.
Ella pone los ojos en blanco y sonríe falsamente. El pintalabios rojo destaca el blanco de sus dientes.
—Que mal mentís los hombres, de verdad…
—No tengo por qué darte explicaciones sobre lo que siento o dejo de sentir, Lisa. Tú y yo… —dejo la frase en el aire.
—¿Tú y yo qué?
—Pues que no somos nada…
Ella frunce el ceño.
—¿Nada? —Se ríe irónicamente—. Cuando follamos no dices lo mismo, Thiago.
Yo me separo de la encimera para ir hacia el sofá, pero ella se me pone delante y me empuja hasta que mi cuerpo queda de nuevo contra el mueble. Lisa coge mis manos y las lleva a su cintura. Luego lleva las suyas a mi cara. Me agarra la cabeza para que la mire.
—Sabes que yo puedo hacer que te la saques de la mente, ¿verdad? —murmura, muy cerca de mis labios, mientras comienza a deslizar una de sus manos por mi cuello y por el abdomen… Agarro su muñeca con fuerza cuando la aproxima a la cintura de mis pantalones.
—Lisa… —advierto.
—¿Qué? ¿No vas a acostarte conmigo hasta que ella se vaya? ¿Qué va a cambiar que no nos acostemos si ella está a punto de casarse con otro, Thiago?
Yo aprieto los dientes con fuerza porque sus palabras me han producido demasiadas cosas, desde rabia hasta confusión.
—No me digas qué hacer, porque no tienes ni idea de nada.
—¿De qué no tengo ni idea, Thiago?
—De lo que siento ni tampoco de lo que ella ha sido para mí.
—¿Y qué tienes pensado hacer? ¿Regalarle una fidelidad que ya no os corresponde?
—No. Claro que no.
—¿Ella sabe que estás así por su presencia?
—No estoy de ninguna forma.
Lisa se vuelve a reír de forma irónica.
—¡Dios Santo, Thiago…! —Se suelta de mi agarre de un tirón—. Que te justifiques así solo deja más claro que estás completamente enamorado de ella…
¿Qué?
—¿Qué dices, Lisa? Llevo seis años sin verla.
—Y te has pasado tres de ellos sin ser capaz de dejar la polla tranquila. Te has tirado a todo lo que se ha movido en este hotel, pero con nadie has querido llegar más lejos. ¿En serio me vas a decir que no sigues enamorado de ella?