CAPÍTULO 5
VOLVER A ÉL
Kelly
Galicia, dieciséis años antes…
U n niño preguntaba por mí. Un niño se encontraba en la puerta de mi casa. Oía su voz chillona desde el piso de arriba. No entendía lo que decía, pero sí podía distinguir que intentaba comunicarse con mi madre. Repetía mi nombre varias veces y luego añadía la palabra «jugar».
El niño que conocí ayer le estaba pidiendo permiso a mi madre para jugar conmigo en la calle.
Tan solo eran las cinco de la tarde y era un día soleado. Aún faltaban tres horas para que mi padrastro volviera a casa. Mamá aceptó precisamente por esa razón, con la única condición de que volviera diez minutos antes de que marcaran las ocho.
No sé por qué acepté, sí recuerdo estar la mar de nerviosa y avergonzada por hablar de nuevo con el niño desconocido y, encima, en un idioma diferente. Era incómodo, pero algo me empujó a hacerlo. Algo que nos empujaría a algo mucho más grande con el paso del tiempo.
¿Qué habría pasado si no hubiera aceptado salir aquel día? ¿Si todas las tardes en las que Thiago se pasaba por mi casa para ir a jugar juntos le hubiera rechazado? ¿Si nunca nos hubiéramos hablado?
Creo que volvería a vivir todos y cada uno de los momentos con Thiago, aun sabiendo el daño que eso me causaría en el futuro.
Daría todo lo que estuviera en mi mano por poder volver al inicio, y por poder volver a él…
Llevaba una semana de clases en mi nuevo colegio, y no quería volver nunca más.
No estaba siendo fácil, porque no entendía absolutamente nada, me sentía tonta y muy incómoda.
Todo el mundo me miraba raro, los otros niños cuchicheaban o me trataban mal.
Un día, cinco compañeros se metieron conmigo en el baño, me tiraron del pelo mientras me llamaban cosas que no entendía, pero sabía que eran insultos.
Le pedí a mi madre que no me obligara a volver.
Ella me dijo que no me preocupara, que «eran cosas de niños», y que con el tiempo se les pasaría, pero es que a mí me daba igual todo eso.
Yo no quería ir a clase por mucho que se les fuera a pasar las ganas de meterse conmigo en algún momento…
Yo solo quería volver a mi colegio de Estados Unidos con mis amigas, pero eso era imposible…
Recuerdo que Thiago me abrazó con fuerza, y me acarició el pelo torpemente, pero con ternura, como queriendo decirme que siempre me protegería, o al menos eso entendí yo en ese momento.
— Home… I want to go home, please… —dije entre sollozos.
— Home? —preguntó él algo confuso—. You can’t, Kell. We have class…
Había comenzado la hora del recreo y, como Thiago se encontraba en otra clase, los mismos niños de siempre aprovecharon para meterse conmigo otra vez.
—¿Quieres que llame a la teacher Silvia?
Eso sí lo entendí. La teacher Silvia era la profe de inglés del colegio.
A pesar de que no sabía qué quería decir con esa pregunta, negué con la cabeza, porque no quería que ningún profesor se involucrara…
Sentía que nadie me tomaba en serio cuando les contaba que había unos niños metiéndose conmigo.
Decían que lo más seguro es que estuviera malinterpretando lo que me decían o hacían.
— No teacher Silvia… I want to be with you all the time .
Thiago me miró con los ojos entrecerrados, tratando de entender lo que le había dicho.
Puede que fuera bueno en inglés teniendo en cuenta el nivel de los niños de su edad, pero había muchísimas cosas que decía que se le escapaban.
A pesar de todo, siempre le agradecí que intentara comprenderme de alguna forma.
Siempre puso todo de su parte para entenderme y hacerme sentir cómoda y acompañada.
— Okey… You and me?
Asentí, y él sonrió ligeramente al darse cuenta de que me había entendido.
Thiago me abrazó con más fuerza y yo me dejé abrazar por él, porque era la única persona de este colegio, de esta ciudad, y de esta nueva vida que tenía por delante, que me hacía sentir segura.
Cuando me relajé un poco, Thiago se sentó a mi lado en el suelo y sacó su almuerzo para compartirlo conmigo, porque el mío me lo habían quitado.
— Where is your… ¿lazo? —preguntó mientras se señalaba el pelo.
— My ribbon? —Thiago asintió—. Rebeca has it. She stole it.
— Stole it? —No entendió el significado de eso, así que se lo demostré robándole la galleta que tenía en la mano. Cuando me miró con cara de no entender por qué acababa de hacer eso, se lo expliqué—. Stole it. I stole your cookie. —Le señalé la galleta y luego se la devolví.
—Te lo ha robado…
—Robado, sí —traté de decir en español.
Él frunció el ceño y de pronto se levantó del suelo. Yo lo miré confundida.
—Ahora vuelvo —dijo, y empezó a andar.
Y no me dio tiempo a decirle que no quería que se marchara y me dejara sola, porque se fue en busca del grupo de niñas que me habían robado el lazo. Lo vi desde la distancia quitárselo, y luego darse un par de empujones con el hermano de Rebeca cuando vio que le quitó lo que era mío.
Volvió a mi lado con el lazo rosa en la mano.
—Muchas gracias —balbuceé en español.
Thiago se volvió a sentar a mi lado y me sonrió.
—No van a volver a molestarte. No voy a dejar que lo hagan porque tú eres mi amiga.
Solo entendí la última parte.
— Friends?
Asintió.
— Friends.