10. TEMPUS POSTMERIDIANUM (LA TARDE)
T EMPUS POSTMERIDIANUM ( L A TARDE)
La tarde es el momento culminante del día.
Es la hora del gladiador. ¿Dónde ha estado esperando todo este tiempo desde la pompa del amanecer?
Lo más probable es que no haya visto nada y solo haya escuchado los gritos de la multitud, el rugido de las fieras y los fragmentos de música que resonaban en la celda subterránea protegida donde lo mantenían.
Finalmente, lo conducen hacia la luz cegadora de la arena.
Allí, el combate no es una batalla salvaje sin control.
No puede elegir a quién enfrentarse: a los gladiadores se los empareja de antemano.
Antes del combate, la rama de palma que aguarda al vencedor se coloca sobre un lugar visible.
Dado el número de participantes en los juegos imperiales y las gigantescas dimensiones del coso del Coliseo, es probable que más de una pareja combata al mismo tiempo.
Resuenan las trompetas. Es buen momento para unas últimas palabras…
Ú LTIMAS PALAbrAS Y DISPOSICIONES
T IPOS DE GLADIADORES
Los gladiadores, a diferencia de los cazadores de fieras, se dividían en tipos muy variados.
Los scutarii eran precisamente los de «escudos grandes»; los parmularii, por el contrario, los llevaban pequeños 11 .
Adusto como siempre, Marco Aurelio se alegraba de no haber sido nunca aficionado ni a unos ni a otros 12 .
Dentro de esas categorías generales, existía una prodigiosa diversidad de grupos de luchadores con armamentos específicos.
Solo mediante minuciosas investigaciones modernas se ha logrado identificar a los tipos principales 13 (véase la imagen 17 del encarte fotográfico).
Algunos son bien conocidos en la actualidad: el mirmilón (murmillo), con su gran casco con cresta y visera, su escudo rectangular grande y su espada corta, y su greba en la pierna izquierda; el tracio (thraex), también con casco con visera y cresta (esta última solía tener forma de grifo, el animal mitológico), pero con escudo pequeño, espada curva y grebas en ambas piernas; y, sobre todo, el reciario (retiarius), sin casco ni escudo, solo con armadura en el brazo izquierdo y equipado con tridente y red.
Otros son más desconocidos: el hoplomachus, con casco grande con visera y grebas en ambas piernas, que combatía con lanza y un pequeño escudo redondo; o el eques, que luchaba a caballo (al principio de los combates, al menos) manejando una o varias jabalinas y un pequeño escudo redondo.
Los estudios han ido procediendo por el método de la correspondencia entre las descripciones literarias (y, con menor frecuencia, los artefactos arqueológicos) y las imágenes visuales disponibles.
De estas últimas, las que vienen acompañadas de una inscripción con el nombre del tipo o estilo de gladiatura son las que sirven de punto de partida.
Ahora bien, si no hay inscripción, esa metodología puede conducir a certezas equivocadas.
Por ejemplo, la imagen de un gladiador con espada corta y curva siempre se ha identificado como la de un tracio.
Pero con ello se está presuponiendo que todos los thraeces empuñaban esa clase de armas blancas y que ningún otro tipo de gladiadores las usaban.
También se piensa que el laquerarius, que manejaba lazo o mangana, era idéntico al reciario con la única diferencia de que este último llevaba una red.
Sin embargo, se calcula que en aproximadamente el noventa por ciento de imágenes de gladiadores identificados como reciarios no se aprecia red alguna 14 .
Algunos tipos mencionados en las fuentes literarias, como el dimachaerus, que luchaba sin escudo y portando una espada en cada mano 15 , o los manii, citados por un personaje de Petronio 16 , aún no han sido identificados en el material visual superviviente.
Por otra parte, contamos con imágenes que no han podido ser asociadas a las descripciones que figuran en las fuentes literarias.
Desconocemos, por ejemplo, qué tipo representan las tres figuras de la imagen 1 del encarte fotográfico que forman el segundo grupo por la derecha en el registro central, a las que vemos tomándose un descanso.
Tampoco tenemos ni idea de qué son los dos gladiadores que están oyendo la decisión del editor en la imagen 18.
Además, los tipos de gladiadores no permanecieron inmutables a lo largo del tiempo.
Los «samnitas» y los «galos» de la República desaparecieron del panorama en tiempos del Principado, que fue cuando surgieron tanto el reciario como el mirmilón y el secutor.
Poco hay que distinga visualmente a estos dos últimos; la única diferencia significativa se aprecia en el casco del secutor, que no tenía cresta emplumada, y venía con visera con orificios para los ojos, en vez de con rejilla.
Puede que ambos descendieran del samnita 17 .
Asimismo, los gladiadores variaban de unas zonas del imperio a otras.
Los crupellarii, tan blindados en armadura que resultaban casi invulnerables, era una especialidad de las provincias gálicas 18 , lo mismo que los misteriosos trinquii mencionados en el intento de Marco Aurelio de establecer unos precios para los gladiadores 19 .
Como complicación añadida a las dificultades de interpretación, el equipo podía variar incluso dentro de un mismo estilo de gladiador.
El provocator, un tipo poco conocido para nosotros, difería del mirmilón sobre todo en que llevaba una placa de armadura que le cubría la parte superior del pecho, así como una greba que se extendía por debajo hasta la rodilla, y en la que posiblemente se acoplaba otro escudo más reducido.
En Roma, una inscripción recuerda a un provocator que luchaba con spatha, una espada larga típica de la caballería, en vez de con la convencional, más corta: el gladius 20 .
Vemos también apartarse de la norma a un reciario del relieve de una cerámica de la Galia, que en vez de ir casi desnudo, lleva un casco, armadura corporal y grebas 21 .
Por último, hay que contar con las vacilaciones en los nombres de los tipos de gladiadores.
A un secutor o a un mirmilón se le llamaba «contrarreciario» si se enfrentaba a un reciario 22 .
¿No podría ser que los manii citados en Petronio fuesen el nombre que un aficionado daba a un tipo conocido generalmente por otra denominación? 23 .
Si bien los contornos generales de los diferentes estilos de gladiadores son bastante claros, deben evitarse dogmatismos al tratar esta cuestión.
El patrocinador de los juegos podía modificar el equipo con el que saltaban a la arena los combatientes en ocasiones determinadas.
Julio César hizo que una vez los participantes salieran con armas de plata, por ejemplo 24 .
Calígula, llevado por su preferencia por los «tracios», contrincantes de los mirmilones, aumentó el nivel de peligrosidad de los combates para estos últimos al aligerarles la armadura 25 .
Mujeres gladiadoras
Hay un tipo de gladiador que ha suscitado recientemente mucha atención 26 y que se distinguía de los otros no por su equipamiento, sino por su sexo; me refiero a las mujeres.
Las interpretaciones suelen valorar este fenómeno, pues aunque poco frecuentes, las gladiadoras no fueron ninguna novedad efímera, sino que libraron combates serios.
También se ha dicho que no existía un prejuicio negativo general hacia las mujeres que luchaban, aunque sí lo había de índole social contra la participación de las damas de la élite en la arena 27 ; que las luchadoras estaban allí para demostrar su valentía (virtus), y que incluso, en casos extremos, algunas mujeres tomaban parte en los juegos a modo de desafío, rompiendo las expectativas de género en aras de conseguir «fama y gloria» 28 .
Puede que fuera así, pero el problema es que la mayoría de estas ideas no encajan del todo bien con la evidencia disponible.
Solo ha sobrevivido hasta nuestros días una imagen visual de mujeres gladiadoras 29 : concretamente, en un relieve escultórico de Halicarnaso (actual Bodrum, en Turquía; véase la imagen 19 del encarte fotográfico) 30 .
A las dos participantes que allí vemos se las llama Amazona y Aquilia (femenino de Aquiles).
Es evidente que ambos son nombres artísticos y que, por tanto, ninguna procede de la élite, pues, en ese caso, habrían utilizado su nombre real, ya que su estatus habría contribuido al atractivo de su cartel.
Se las representa combatiendo con idéntico equipo: escudos grandes y espadas cortas, y brazos derechos protegidos por manicae de armadura segmentada.
Sin embargo, como a menudo sucede en el arte romano, se produce una elisión temporal: la lucha continúa, pero, a la vez, se ha acabado.
Se han quitado los cascos y los han depositado en el suelo.
(Y no tienen crestas. ¿Son estas mujeres provocatores, secutores u otro tipo distinto de gladiadoras?) Sobre ellas, se lee una inscripción que nos dice que la contienda terminó en empate y que ambas fueron indultadas.
No sabemos quién encargó el relieve ni dónde estaba ubicado originalmente.
No es una lápida funeraria. Dos son las ideas verosímiles que se han sugerido al respecto: o bien ese elemento escultórico formaba parte de un monumento público más amplio erigido por el patrocinador de un espectáculo para dejar constancia de uno de los momentos reseñables de sus juegos, o bien se instaló en la escuela gladiatoria a la que pertenecían Amazona y Aquilia para conmemorar un hecho destacable en la historia de aquella familia 31 .
Sea como fuere, se trata de un caso reseñable en dos sentidos.
En primer lugar, era muy raro que ambos combatientes salieran vivos y enteros de la arena (stans missus).
Y, en segundo lugar, se da el hecho notable de que ambas luchadoras eran mujeres (recordemos que estamos ante un monumento único).