9. TEMPUS MERIDIANUM (MEDIODÍA)
T EMPUS MERIDIANUM ( M EDIODÍA)
Pero el entretenimiento más característico del mediodía es la ejecución pública de reos de muerte por crímenes graves como asesinato, traición, sacrilegio o incendio premeditado.
Los condenados ad flammas son quemados vivos.
Los condenados ad bestias pueden ser liberados antes de sus grilletes para que corran por la arena y diviertan a la multitud mientras son perseguidos por las fieras.
También pueden ser azuzados con látigos para que vayan hacia donde están estas, o se puede optar simplemente por dejarlos atados a una estaca.
Existe incluso la posibilidad de combinar estas dos últimas penas: el prisionero es atado a una estaca montada sobre un pequeño carro que se empuja hacia las bestias salvajes para que den buena cuenta de él.
A veces, se obliga a los reos a representar escenas de mitos.
Desde luego, los animales de ese momento —grandes felinos, osos, toros—, a diferencia de muchos de los ejemplares que han aparecido por la mañana, sobreviven al trance.
Algunos son asesinos experimentados que han adquirido fama entre el público, que incluso los reconoce por sus nombres.
A otros hay que provocarlos antes. La historia de Androcles, perdonado por el león al que había quitado una espina de la zarpa, es bien conocida por su excepcionalidad: un desenlace así era muy raro e improbable.
L AS GRADAS MEDIO VACÍAS
Séneca cuenta que las gradas se vaciaban a mediodía 2 .
En una ocasión, Domiciano ofreció no solo aperitivos, sino almuerzo para todos los asistentes al Coliseo.
Tan excepcional generosidad le valió efusivos elogios del poeta Estacio: jamás se había visto algo así en el pasado, con aquellos servidores de comida que tenían la apostura de un Ganímedes, y con aquel vino, que fluía con mayor profusión que en tiempos de la mitológica edad de oro 3 .
Habitualmente, salvo que se hubieran traído su propia comida, los espectadores salían a comprar algo a los vendedores callejeros que se congregaban en la gran plaza que rodeaba el recinto 4 .
Además, necesitaban estirar las piernas.
Los asientos eran demasiado estrechos 5 , por mucho que los romanos de la Antigüedad fueran más bajos que los occidentales modernos; debían de sentirse en ellos más o menos como hoy lo hacemos nosotros en un avión de una aerolínea de bajo coste.
Los senadores tenían permitido usar cojines 6 .
En la jerárquica sociedad romana, donde imperaba la persistente sensación de que sentarse cómodamente a ver un espectáculo podía ablandarle a uno el carácter (hasta tal vez asemejarlo al de un griego, ¡no lo quisieran los dioses!), ese era un privilegio que no se hacía extensivo a las clases inferiores.
Con cojín o sin él, tras varias horas sobre un banco de piedra o de madera, a todo el mundo se le dormía el trasero.
La gente se dispersaba para charlar con los amigos.
La arena y su graderío, con los espectáculos y la música continuos, no era el mejor sitio para mantener una conversación.
Si no había cubierta entoldada, se refugiaban en los pasadizos y bajo las arcadas para huir de las inclemencias del clima: el sol mediterráneo, abrasador en verano; el frío y la lluvia en invierno.
Paradójicamente, si había entoldado protector, eran los de la élite —los que más cerca se sentaban del coso— quienes quedaban más expuestos.
A los senadores se les permitía usar sombreros de ala ancha 7 .
Dadas las normas que regulaban la vestimenta en los juegos, es poco probable que quienes ocupaban las otras localidades más arriba disfrutaran de semejante concesión.
Una idea popular en tiempos modernos, que en ocasiones han admitido también algunos estudios especializados, es que los espectadores solían tener sexo con prostitutas durante los juegos 8 .
Lo cierto es que las prácticas sexuales en espacios públicos no estaban bien vistas.
Para los romanos, practicar sexo en el exterior, a la vista de otros, era una señal de barbarie.
Tan salaz error de concepto moderno nació del hecho (real, este sí) de que muchas prostitutas acudían a buscar clientes bajo los sombreados arcos del Coliseo vacío, cuando no se estaban celebrando los juegos.
El público se dispersaba porque los números de entretenimiento del mediodía, centrados en las ejecuciones, eran el punto más bajo del cartel 9 .
Como dice un personaje de El asno de oro, los gladiadores aportaban su famosa valentía, y los cazadores de fieras su probada agilidad, pero los reos de muerte solo se servían a sí mismos como banquete para los animales 10 .
En algunas inscripciones que han sobrevivido en localidades de la Italia provincial, vemos anunciadas ejecuciones.
En Puteoli, un espectáculo de cuatro días incluyó cuatro fieras no especificadas, dieciséis osos, otro número indeterminado de herbívoros y cuatro noxii (condenados) destinados a la ejecución 11 .
En Paestum, para un acontecimiento de una única jornada, se anunció la presencia de «nobles» gladiadores, «grandes» osos y un solo noxius 12 , como si, con este último, simplemente se estuvieran apurando las sobras.
Séneca encontraba las ejecuciones de mal gusto y es posible que bastante más gente fuera de esa misma impresión, aunque tampoco deberíamos suponer que las opiniones de un filósofo estoico de línea dura y consejero imperial multimillonario fueran representativas de las de la mayoría de la sociedad.
No obstante, algunos escritores de la élite social romana acusaron a varios emperadores, como Calígula, Claudio o Heliogábalo, de disfrutar en exceso con el espectáculo de las ejecuciones.
Su mirada lasciva en esos momentos revelaba un fondo de crueldad tiránica 13 .
Resulta irónico que, de niño, Caracalla rompiera en llanto ante escenas semejantes…
y acabara siendo uno de los más crueles de todos 14 .
L OS NÚMEROS DE ENTRETENIMIENTO
Un día, Séneca asistió a los juegos al mediodía.
A esa hora, sabía que iba a presenciar unos números «juguetones, divertidos y relajantes» 15 , tal vez de mimos subidos de tono, de delicadas pantomimas, de acróbatas y malabaristas, o de animales haciendo trucos o bailando.
O quizá de paegniarii, «gladiadores de juguete» que libraban duelos burlescos con armas de madera o con látigos 16 .
(Por cierto, si no todos los paegniarii eran voluntarios, ¿cómo lo hacían algunos de los condenados a escuelas gladiatorias para quedarse con un papel no letal como ese?
¿Acaso la congenialidad con el humor visual o la posesión de cierta habilidad natural para la comedia física podían salvarle a uno la vida?).
Un elemento característico de los espectáculos de mediodía era la danza pírrica 17 .
En su origen, se trataba de una danza armada formal del mundo griego.
La Roma hegemónica se aficionó a traerse del este a jóvenes de buena familia para que reprodujeran allí la coreografía original.
Pero la danza pírrica se fue diversificando y el término llegó a aplicarse también a espectáculos de animales bailando.
A la interpretada por humanos, incluso se le añadió una trama para convertirla en una forma de pantomima.
Y llegó a adoptar giros más siniestros, como, por ejemplo, cuando se ataviaba a delincuentes convictos con vestimentas exóticas y se les obligaba a librar combates reales entre ellos.
Lo más llamativo para nosotros es que podía convertirse incluso en una forma de ejecución.
Plutarco nos cuenta que «se parecen a los niños quienes, al ver a los malhechores en el teatro a menudo con túnicas de oro y mantos de púrpura, coronados y bailando la danza pírrica, los admiran con la boca abierta y los creen felices hasta que los ven aguijoneados, fustigados y soltando fuego de aquella vestidura rica y florida» 18 .
Fueran cuales fuesen los divertimentos relajantes que esperaba hallar Séneca allí, él mismo nos dice que se encontró con algo que describió como «puros homicidios» en los que se hacía saltar a la arena a los reos por parejas para que lucharan entre ellos a espada y sin equipo defensivo ni entrenamiento alguno.
Aquellos combates eran a muerte y el vencedor era enfrentado de inmediato a un nuevo contrincante hasta que, al final, solo sobrevivía un hombre, al que se reservaba para la siguiente carnicería de ese tipo.
Ese de Séneca es un pasaje complicado de interpretar.
De entrada, deberíamos aclarar algunos conceptos erróneos al respecto.
Cuando él escribió que, «por la mañana, los condenados son arrojados a los leones y los osos; al mediodía, a los espectadores», no estaba siendo literal.
No es que el público despedazara a los reos, como han sostenido —con inquebrantable firmeza— algunos comentaristas sobre el tema en internet 19 .
Lo que quería decir Séneca era que se les sacrificaba conforme a los deseos de la multitud: «¡Mata, azota, quema!
¿Por qué es tan cobarde para acometer la espada?
, ¿por qué mata con tan poco arrojo?, ¿por qué muere con tanta desgana?
¡Que a golpes se les obligue a herir de nuevo, que los contendientes encajen mutuos golpes en sus pechos desnudos y de frente! ».
Tampoco es demostración alguna, como afirman algunos, de que Séneca se opusiera a los combates de gladiadores.
El filósofo deja claro que aquellos hombres eran criminales, no gladiadores.
Lo que él critica es la ausencia del arte, la habilidad y el equipo protector que dan a un combatiente una mínima oportunidad de luchar bien.
Y, por último, tampoco tiene nada que ver con las batallas masivas que a veces se organizaban en la arena 20 —como dicen algunos académicos—, pues el estoico hace una alusión explícita al cada vez menor número de duelos individuales.