7. PRIMA LUX (LA ALBORADA)
P RIMA LUX ( L A ALBORADA)
El día de los juegos comienza con una procesión al amanecer.
Los gladiadores, vestidos con sus mejores y bien bruñidas armaduras, entran en la arena.
Se trata de que su aparición en escena sea lo más espectacular posible.
Bajo el suelo del Coliseo se extiende un laberinto de pasadizos y celdas.
Un conjunto de rampas y sofisticados elevadores conduce a los participantes hasta unos escotillones que se abren en el suelo del coso.
Las fieras salvajes y los criminales condenados a morir ese día permanecen confinados abajo, por el momento.
Un corredor subterráneo conecta el Ludus Magnus con el Coliseo y tal vez también con otros pabellones de escuelas gladiatorias imperiales.
Para lograr el máximo efecto escénico, probablemente se hace que los gladiadores emerjan del propio suelo de la arena.
Como si ascendieran del inframundo, son conducidos por asistentes disfrazados de dioses del Hades: Plutón, señor de dicho reino; Mercurio, guía de las almas de los difuntos, y quizá Caronte, el barquero de la laguna Estigia.
Estas divinidades tienen reservado un papel siniestro para un momento posterior de la jornada.
L A PROCESIÓN
Era un relieve caro. Provenía de la tumba de algún miembro de la élite, donde se instaló para comunicar a los curiosos que pasaran por allí que el ocupante de la sepultura había sido un magistrado y había patrocinado juegos para sus conciudadanos de Pompeya.
Sin embargo, no podemos dar por supuesto que la imagen representa una procesión concreta, pues el difunto pudo haber organizado más de un espectáculo de ese tipo.
Tampoco cabe suponer que en ella se está mostrando el desfile al completo, ni que todas las procesiones eran iguales.
De hecho, el relieve nos plantea ciertos interrogantes: ¿Qué recorrido seguían las procesiones?
¿Quiénes participaban? ¿Qué evocaban aquellos desfiles? ¿Por qué se celebraban?
El recorrido
La procesión esculpida en el relieve de Pompeya está teniendo lugar dentro del anfiteatro.
En sus partes superiores izquierda y derecha, se observan festones de tela estampada que representan el entoldado o velarium que cubría las gradas.
En una novela latina se describe una procesión que avanza por Corinto hacia el recinto, que —como ya hemos visto— estaba situado fuera de la ciudad 7 .
Una inscripción funeraria de Pompeya indica que Aulo Clodio Flaco, tres veces magistrado principal, patrocinó espectáculos cada vez que ocupó el cargo.
En el primero de los que promovió, además de payasos y mimos, presentó una procesión seguida de toros de lidia, toreros, púgiles y tres parejas de gladiadores que combatían sobre una estructura elevada (se les llamaba pontiarii, «hombres del puente»), todo ello en el Foro.
En el segundo, organizó nuevamente una procesión en el Foro, acompañada también de toros, toreros y púgiles.
En esa ocasión, sin embargo, añadió una cacería con jabalíes y osos, y reemplazó los elementos teatrales por treinta parejas de luchadores (de lucha libre) y otras cuarenta de gladiadores.
En ese segundo evento, la procesión habría recorrido la calle hoy conocida como Vía de la Abundancia desde el Foro hasta el anfiteatro 8 .
Según una reconstrucción moderna, se ha sugerido que el recorrido de la procesión en el anfiteatro de Puteoli era el siguiente: entrada por las puertas orientales para realizar una vuelta de honor (o para cruzar directamente la arena), y salida por las puertas opuestas, rodeando el espacio por el exterior en sentido contrario a las agujas del reloj hasta las puertas meridionales, donde la procesión se dispersaba.
Los dignatarios ascendían por una escalera separada que los llevaba hacia el palco de honor, y los participantes y el personal de servicio descendían por otro tramo de escaleras hacia las oscuras entrañas del anfiteatro.
Pero, si bien es perfectamente posible y muy evocadora, esta reconstrucción se basa solo en la disposición de puertas y escaleras, y en una analogía con el recorrido del sol 9 .
No sabemos dónde comenzaba la procesión en Puteoli, pero en Pompeya (al igual que en Corinto), la pompa atravesaba la ciudad y atraía a multitudes a su paso.
Es posible que las cosas fueran muy diferentes en Roma.
Un pasadizo subterráneo se extiende aún hoy desde el Ludus Magnus hasta la enorme subestructura del Coliseo.
Para lograr el máximo efecto dramático, allí el desfile de gladiadores no tenía que aparecer en la superficie hasta el momento final, cuando surgía espectacularmente desde aquel hipogeo bajo la arena.
Los participantes
Una manera de analizar quiénes intervenían en tales procesiones es preguntándose por los que no están representados en un relieve como el de Pompeya.
Si aceptamos la interpretación que identifica como ayudantes tanto a las figuras con cascos y escudos como a los hombres que conducen los caballos, entonces los gladiadores no tendrían cabida en los desfiles.
Pero aun si no fueran personal asistente, sino gladiadores, estaremos de acuerdo en que cuatro parejas (una a caballo y tres a pie) difícilmente darían para un gran espectáculo.
El caso es que sabemos por numerosas fuentes literarias que los gladiadores eran el elemento esencial de la pompa.
Es posible que fueran anunciados con unos carteles identificativos.
Al protagonista del caso expuesto en una declamación jurídica ficticia lo presentaron con una nota en la que se avisaba que había tenido que venderse a una escuela gladiatoria para conseguir dinero para pagar el funeral de su padre.
En la ficción, el público exigía y obtenía su liberación para que no tuviera que luchar 10 .
Y no se puede decir que el promotor del evento saliera perdiendo, pues se ganaba el favor del público al concederle lo que pedía y, con ello, hacía pública profesión tanto de su humanitas como de su munificencia.
En el desfile también podía haber participantes que no pertenecieran a las familiae de gladiadores.
Los prisioneros de guerra bárbaros —destinados a luchar contra fieras o unos contra otros en combates masivos— aparecían a veces en las procesiones imperiales 11 .
Y no hay que olvidar el caso de los condenados.
En un relieve de Esmirna se representa a dos parejas de hombres que, cubiertos solo con unos taparrabos, van ligados unos a otros por cadenas sujetas a collares metálicos de esclavo (véase la imagen 9 del encarte fotográfico).
Son arrastrados por otros dos que visten túnicas y cascos.
Las fieras a las que vemos luchando en el registro inferior nos indican que los prisioneros se dirigen a la arena y dan a entender cuál será su probable método de ejecución.
El hecho de que los guardias lleven casco nos revela que la escena forma parte de la representación; puede tratarse de su entrada en la arena o de la procesión inaugural.
También algunos malhechores especialmente notorios, destinados a muertes espectaculares, pudieron haber formado parte de la pompa 12 .
La novela latina antes mencionada es El asno de oro (también conocida como Las metamorfosis) de Apuleyo.
La procesión en Corinto es la aventura final del protagonista, Lucio, mágicamente transformado en un burro.
Bajo esa forma bestial, va a participar en una ejecución en la arena.
Sobre un escenario levantado para la ocasión, Lucio tendrá que mantener relaciones sexuales con una mujer a la que han condenado a morir por asesinar a su marido, a su cuñada, a dos cómplices y a su propia hija.
Pero no era con aquel sexo bestial con lo que se pretendía matar a la mujer; de hecho, el propio Lucio está aterrorizado ante la posibilidad de que una o más de las fieras que soltarán a tal fin lo despedace a él también.
El caso es que, aunque casi inconcebibles para nuestra mentalidad moderna, semejantes alardes no eran simples productos de la imaginación de los novelistas, sino que realmente se escenificaban en los juegos gladiatorios.
El relato nos muestra que también un animal —y no solo los caballos de los gladiadores que actuaban montados— podía formar parte de la pompa: en ese caso, no sería uno de los peligrosos (pensemos que Lucio no sabe qué fiera salvaje soltarán), sino alguno de los domesticados.
Al menos sería así en los espectáculos de provincias, donde tales bestias eran una de las atracciones principales que se publicitaban en letras grandes 13 .
El significado
El relieve pompeyano no nos revela nada sobre una de las vías sensoriales mediante las que también se experimentaba una jornada de juegos: la olfativa 14 .
Los munera apelaban a todos los sentidos y el olor era un elemento importante.
Sobre el público se rociaba una fina bruma de perfume que, normalmente, se elaboraba diluyendo azafrán en agua o vino.
Estas sparsiones eran lo bastante importantes como para ser anunciadas en los carteles de Pompeya, y eran un ingrediente convencional en los espectáculos del Coliseo.
En algunos anfiteatros, el perfume se esparcía por medio de unas ingeniosas bombas neumáticas que proyectaban chorros al aire, muy a lo alto, que luego se dispersaban y caían en forma de llovizna sobre las gradas.
En el Circo Máximo, demasiado espacioso para el alcance de tales bombas, eran los esclavos quienes rociaban el perfume a mano.
En la procesión, seguramente se utilizaba también a esclavos con rociadores y puede que se llevaran también unos altares móviles en los que se quemaba incienso.
Esas fragancias despertaban en los romanos sensaciones muy distintas a las nuestras. La mayoría de ellas apestaban.