5. QUARTA VIGILIA (LA CUARTA VIGILIA)
Q UARTA VIGILIA ( L A CUARTA VIGILIA)
L A SEGURIDAD
Este gladiador que nos encontramos en una epístola de Séneca prefirió matarse de una forma degradante a luchar en la arena.
Y en la noche previa al espectáculo, no pudo encontrar un mínimo de soledad para suicidarse más que en aquella letrina desierta.
Su acción hace que nos preguntemos por los motivos y los métodos de los suicidios, o por si los gladiadores eran personas bastante proclives a cometerlos, o por los niveles de la seguridad en su pabellón.
Pero hay una pregunta previa a todo eso: ¿dónde se alojaba a los gladiadores normalmente?
El satírico Juvenal aporta más datos en la misma línea:
Los que combaten con armadura ligera [literalmente, desnudos] tienen que mantenerse separados de los que lo hacen con armadura pesada.
Ni siquiera las redes se mezclan con las túnicas infames.
El que combate desnudo no guarda en una misma celda el tridente ni las hombreras protectoras.
Las celdas más remotas de la escuela son las que se reservan a estos, los más despreciados.
Incluso en la prisión tienen cepos distintos 3 .
No es un pasaje del todo claro, pero parece sugerir que no solo los de armadura ligera se alojaban en espacios aparte de los de armadura pesada, sino que, entre los propios reciarios, a los de origen esclavo, que luchaban «desnudos» (o, para ser más precisos, con un paño taparrabos), se los separaba de los voluntarios libres, portadores de las aquí llamadas «túnicas infames».
Séneca y Juvenal emiten sendos juicios con una fuerte carga moral, pero lo que de ellos se deduce es que cada gladiador dormía con los de su mismo tipo.
Tiene sentido: eran los que entrenaban juntos.
En un ludus, se establecían lazos entre los hombres según el estilo (armatura) en que lucharan.
Así, los gladiadores solían erigir lápidas por aquellos hombres que habían combatido en su mismo estilo: los mirmilones por un mirmilón, por ejemplo 4 .
Pero eso no excluía otros lazos y relaciones.
A veces, a los fallecidos los homenajeaban también gladiadores que luchaban en otros tipos de combate, e incluso otros miembros del personal de la escuela.
También se podían establecer relaciones con personas ajenas a la familia gladiatoria: ¿Se acuerdan de «Sergiíto», el viejo y maltrecho gladiador que huyó a Egipto con la esposa de un senador?
¿Podemos encajar algo de esto en el mapa que nos dibujan las pruebas arqueológicas?
Hasta el momento, se han localizado cinco pabellones gladiatorios.
Dos están en Roma. El Ludus Magnus era un edificio adyacente al Coliseo.
Casi la mitad de sus ruinas pueden verse hoy desde las mesas de las terrazas de los restaurantes de la Vía de San Juan de Letrán; el resto permanecen sin excavar bajo tierra 5 .
Al sur del Ludus Magnus , en 1938, se realizaron brevemente prospecciones para investigar un complejo similar, aunque más pequeño, identificado como el Ludus Matutinus, la «Escuela Matutina», donde se entrenaba a quienes luchaban contra las fieras.
Hoy continúa sepultado bajo las edificaciones de la ciudad moderna 6 .
Dos de los otros pabellones gladiatorios localizados están en Pompeya y han recibido la visita de innumerables turistas a lo largo de los años.
El más pequeño se ubica en el noreste de la ciudad, en el camino hacia la Puerta de Nola.
Su denominación técnica es V 5.3 (todos los edificios pompeyanos están identificados por tres números: el primero [romano] se refiere a la región de la ciudad; el segundo, a la manzana, y el tercero, a la entrada principal del edificio en cuestión).
Fue allí donde Cresces, el reciario, y Celado, el tracio, presumieron del atractivo sexual del que gozaban entre las chicas.
El estilo de la escritura de más de un centenar de grafitos gladiatorios hallados en el lugar indica que fueron grabados a principios del siglo I d.
C., puede que aún en vida de Augusto (que reinó del 31 a.
C. al 14 d. C.). El edificio sufrió daños en un terremoto en el 62 d.
C. y se cree que, después de aquello, los gladiadores fueron trasladados a otro sitio.
En noviembre de 2020, se derrumbó tras unas fuertes precipitaciones.
Se cree asimismo que el segundo de los pabellones localizado en Pompeya (VIII 7.
16) fue aquel al que se mudaron los gladiadores en algún momento posterior al terremoto del año 62.
Está ubicado en el suroeste de la ciudad, junto al Templo de Minerva y Hércules, y a los dos teatros, y se halla próximo a la Puerta Estabiana.
Estaba en uso en el 79 d. C., cuando el Vesubio entró en erupción, pues en el lugar fueron hallados quince cascos de gladiador, entre otros muchos elementos del equipo típico para luchar en la arena 7 .
El quinto (y último) de los pabellones se identificó en un lugar anexo al anfiteatro civil de las afueras de la ciudad de Carnuntum, a orillas del Danubio, en la provincia de Panonia.
No ha sido excavado aún, pero el brillante y metódico empleo de sofisticadas técnicas arqueológicas modernas como las imágenes generadas por espectroscopia aérea, inducción electromagnética y georradar, han permitido obtener una sólida interpretación del yacimiento 8 .
Los dos pabellones ubicados en Roma y, casi con toda certeza, también el de Carnuntum fueron diseñados para alojar a compañías de gladiadores.
No así los dos de Pompeya. El más pequeño (V 5.
3) había sido un domicilio particular con anterioridad, y el más grande (VIII 7.
16) se realizó con la idea de que fuera un espacioso pórtico en el que espectadores de los dos teatros de la ciudad pudieran encontrarse y pasear durante los intermedios.
Aun así, pese a sus diferentes usos originales, los cinco pabellones comparten una distribución más o menos similar.
Una hilera rectangular de celdas, en varios niveles, rodean un área central abierta que se usaba para entrenar.
El Ludus Magnus contaba con su propio anfiteatro anexo de paredes de ladrillo que era solo un veinticinco por ciento más pequeño que el Coliseo y que, por tanto, tenía un tamaño equivalente al de la mayoría de los anfiteatros provinciales.
En Carnuntum, se han detectado dos patios circulares de entrenamiento (uno de ellos con gradas para espectadores).
Todos los yacimientos cuentan con otras habitaciones más grandes también.
Y es ahí donde comienzan los problemas interpretativos.
Aparte de unas pocas estancias cuya finalidad está clara —una cocina, un calabozo y un establo en el pabellón pompeyano más grande, y unas termas en el de Carnuntum—, no podemos sino aventurar conjeturas acerca de la función de cada una de ellas.
¿Estamos ante un comedor o un espacio de entrenamiento interior, una armería o un simple almacén, un ala médica o un depósito de cadáveres, una celda de castigo o un lugar de alojamiento para el personal de la escuela o para los gladiadores de más alto rango (el emperador Cómodo dormía en el cuarto del primus palus de los secutores en el Ludus Magnus)?
Tampoco tenemos ni idea de qué tipos de gladiadores ocupaban cada celda.
¿Cómo podemos saber cuáles eran esas celdas «más remotas» (según Juvenal) del rectángulo, si ni siquiera conocemos dónde se encontraba la entrada principal?
¿Cómo podemos identificar el «rincón obsceno» al que se refería Séneca?
Los antiguos moralistas (Séneca y Juvenal, entre ellos) ordenaban el espacio doméstico siguiendo criterios diferentes a los de los arqueólogos modernos.
La vigilancia en los pabellones gladiatorios
Como hemos visto en la introducción a este capítulo, el gladiador se mató asfixiándose con una esponja en la letrina colectiva vacía porque, durante la noche previa a un combate, todos los demás rincones del ludus estaban vigilados por centinelas.
Dado que la anécdota encontrada en Séneca es solo una de las pocas pruebas que tenemos, las hipótesis que se pueden manejar sobre los niveles normales de seguridad en los pabellones gladiatorios pueden llegar a ser muy divergentes unas de otras 9 .
De ahí que se pueda defender tanto la idea de que la seguridad era muy estricta como la de que no.
A favor de la primera, apuntan detalles como que Espartaco y los demás gladiadores de la familia de Batiato permanecían encadenados cuando no estaban luchando.
Para fugarse, tuvieron que hacerse con utensilios de cocina, lo que nos indica que las armas estaban guardadas en una armería a la que no tenían acceso o bien se almacenaban fuera del pabellón.
En una estancia del pabellón gladiatorio más tardío de Pompeya, los grilletes estaban fijados a la pared de tal forma que el preso solo podía permanecer sentado o en cuclillas.
En ese mismo complejo, hay una pequeña habitación junto a la entrada principal que se ha identificado como un puesto de centinela.
Dos inscripciones identifican a un hombre del Ludus Magnus como cryptarius, lo que podría traducirse como guardián o celador.
En una declamación jurídica ficticia tomada de un texto latino, un personaje relata su paso por un pabellón de gladiadores «encerrado en una prisión inmunda, entre el fétido abandono de las celdas».
La prisión de una cuadrilla de trabajadores esclavos parecía un palacio, en comparación.
Todo ello encaja con la imagen popular que hoy tenemos de aquel entorno: celdas húmedas y oscuras, confinamiento estricto y brutalidad.