2. PRIMA VIGILIA (LA PRIMERA VIGILIA DE LA NOCHE) #6
Pese a sus deformados, maltrechos y corpulentos físicos, a los gladiadores se les solía describir como «bellos».
A veces, eso era algo que se decía en sentido irónico.
Cicerón caracterizó la troupe de Vatinio como una banda «de apariencia impresionante, de buena calidad y famosa».
Pero, según él mismo, en el fondo no eran más que las piltrafas de los calabozos de esclavos rurales, por lo que, en realidad, Cicerón estaba lanzando una pulla sarcástica al poco agraciado Vatinio, de quien se burló diciendo que «el más hermoso era él mismo» 92 .
Aun así, no había ironía cuando a los gladiadores se los describía como «hermosos» en los epitafios de sus lápidas.
La mayoría de ejemplares de estas inscripciones funerarias son de la mitad oriental —grecoparlante— del imperio, donde los gladiadores se esforzaron por equipararse con los atletas de alto nivel.
Durante siglos, para estos últimos ser «bellos» (kalos) había sido casi igual de importante que ser buenos deportistas.
Pero no todos los «gladiadores bellos» han sido localizados en el imperio oriental.
Según Séneca el Viejo, era «a los más atractivos» de los reos a quienes se enviaba a las escuelas gladiatorias 93 .
Aquí tal vez venga muy a cuento el concepto francés de la jolie laide, la fealdad atractiva encarnada en el magnetismo sexual de actores tan baqueteados y curtidos como Thierry Godard.
Tertuliano afirmaba que los gladiadores voluntarios libres «se tenían por más bellos por sus mordeduras y cicatrices».
El oscuro glamur de la violencia era un componente principal del atractivo sexual de los gladiadores.
Juvenal dejó muy claro qué era lo que a Epia, la mujer del senador, le atraía de Sergio: «Era gladiador.
Esto los convierte a ellos en Jacintos […
]. Es el hierro de lo que se enamoran» 94 .
El hierro (ferrum) era su espada (gladius), y ambas eran maneras coloquiales de referirse al pene 95 .
En el Arte de amar, el poeta Ovidio pregunta a Briseida, la concubina de Aquiles, «¿acaso era eso mismo, lasciva, lo que te gustaba: que las manos del vencedor vinieran a tocar tus miembros?
» 96 . La otra gran parte del atractivo sexual de los gladiadores estribaba en la transgresión.
Una sirvienta de El Satiricón de Petronio dice que su señora es una de esas mujeres a las que la arena les pone en celo; lo que le procura especial placer es besar las cicatrices del látigo 97 .
Para algunas mujeres, y muy probablemente también para algunos hombres, los gladiadores eran la rudeza sexual romana por excelencia.
Pensar en practicar sexo con un gladiador era excitante, transgresivo y peligroso, pero también podía ser muy gracioso.
Una lámpara de terracota hallada en Arlés, en la Galia, muestra a una mujer y a un hombre haciendo el amor sobre una cama mullida y confortable (véase la imagen 6 del encarte fotográfico).
Algunas interpretaciones dicen que ella lleva puestos cinco brazaletes en el brazo derecho y que, en ese preciso momento, está compaginando (se supone que no sin dificultad) una actividad sexual vigorosa con unos ejercicios con pesas 98 .
Lo más probable, sin embargo, es que llevara puesta la equipación de un gladiador tracio: una protección (manica) en el brazo derecho, una espada curva (sica) en la mano derecha y un escudo rectangular pequeño (parmula) en la izquierda.
¿Se lo ha quitado todo a su amante gladiador o es una de esas mujeres satirizadas por Juvenal porque se entrenaban para saltar a la arena?
Aunque es a ella a quien están penetrando, ha conseguido darles la vuelta a los roles de género convencionales.
Es ella quien lo está montando a él —mulier equitans, lo llamaban los romanos—, la que posee el control absoluto.
Blande tanto el escudo como la espada. En cualquier momento podría herir o, incluso, matar a su pareja sexual.
No es de extrañar que el hombre extienda los dedos de su mano izquierda en señal de alarma (¿o tal vez de perverso placer?) y que levante la mano derecha, como un gladiador cuando se sometía a su rival.
Esta sorprendente imagen no era pornografía que hubiera que esconder y con la que se buscara obtener una excitación furtiva en la más estricta soledad.
Hablamos de una lámpara para iluminar una estancia.
En un catálogo de un millar largo de lámparas romanas que se conservan hoy en Suiza, pero que se encontraron sobre todo en la Galia, la tercera categoría de escenas más abundante es la erótica 99 .
Y la segunda mayor, la de los gladiadores y su equipación.
Esa lámpara la veía toda la gente de la casa: mujeres, niños, visitas, tal vez esclavos (si bien sus materiales relativamente baratos y el hecho de que fuera un artículo producido en masa implican que tal vez sus dueños no se podían permitir sirvientes).
La imagen es de aquellas que da que hablar.
Está pensada para hacer reír al espectador.