XLVI
Saludó a la pareja con un gesto de su mano y ellos respondieron de la misma forma. Aunque mil preguntas le surgieron, el presidente no fue capaz de pronunciar palabra alguna, ni siquiera de intentar detenerlos. Todos continuaron su andar.
Abril y John dejaron que la noche los llevara de paseo en una caminata tranquila, refrescada por la brisa, algo que él amaba hacer, algo que a ella le estaba gustando.
No tenían prisa por llegar a ningún lugar, así que tomaron cada bocado nocturno para alimentar su jugueteo y reencontrarse con el ánimo festivo que una nueva aventura suele dar.
Las preguntas sobre el caso jamás llegaron. La reportera cedió y John, después de mucho, disfrutaba las simplezas de la vida, descubriendo un mundo inédito en cada pequeño detalle y encontrándose a sí mismo en cada uno de ellos: un inicio que le vendría bien para borrar las cicatrices del pasado.