XXXV
U n grupo de enfermeras se sumó a la búsqueda de John por todo el hospital, revisando salas de espera, habitaciones y baños, así como otros espacios donde pudiera haberse escondido. Fueron de un extremo a otro del hospital sin encontrarlo.
En los pasillos, el Novato se cruzó con una de las enfermeras que había atendido al ahora fugitivo.
—Hola, ¿sabes si John Doherty sigue con medicamentos intravenosos? Debo hacer su traslado y quiero confirmarlo.
—Eh… sí. Bueno, a él le retiraron los medicamentos porque se lo iban a llevar.
—Perfecto. Yo acabo de diligenciar todos los papeles en el área administrativa. ¿Sería cosa de ir por él o qué debo hacer?
—Pues… no estoy segura. Creo que debe hablar con la jefe. Ella puede ayudarle con eso. O también con el doctor, supongo.
—Excelente, gracias.
El Novato se despidió y tomó el ascensor.
La enfermera, por su parte, sacó el teléfono para advertir a la jefe que la policía se llevaría a John.
Al leer el mensaje, la jefe aceleró el paso.
Revisó los consultorios del primer piso, habló con seguridad, pero nadie daba razón de John.
Aún confiaba en encontrarlo antes que la policía.
Además, quería evitar tener que explicar cómo un paciente —o un detenido, que en este caso era lo mismo— había desaparecido.
Al pasar cerca del ascensor, por donde se ubicaban las zonas de alimentación en el primer piso, notó que los clientes regresaban a la cafetería tras haber sido desalojados por la alarma. Entonces lo sintió: «Ahí debe estar».
Cruzó la puerta. Y lo encontró. John estaba sentado con la señorita Abril, mirándola fijamente, esperando una respuesta.
La jefe se acercó con paso firme.
—Nos has dado un buen susto, John. Hola, señorita Abril, un gusto.
—Solo vine por un café. ¿Acaso ustedes se conocen? —preguntó John.
—John, dulzura, creo que todo el mundo la conoce. Es una reportera famosa.
—Así que reportera famosa… ya decía yo, entonces ha sido un café muy especial, de primera plana —dijo John con cierta perspicacia, al descubrir la identidad de Abril.
—Solo voy a dejar claro que esto no ha sido una entrevista… la haremos después, y de manera formal.
John asintió levemente. Ambos se levantaron de la mesa.
Aunque la verdad parecía haberse fragmentado, sembrándole dudas no solo sobre la identidad, sino también sobre las intenciones de la reportera, John caminó sin cargar con aquellas tribulaciones, parecía que nada le era más importante que sanar.