Aquello que reclama su nombre XXII
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L a exesposa y el oficial avanzaron. Había resultado más que bien llevar la atención del pueblo a una rueda de prensa en el Concejo y no al hospital.

Tuvieron una entrada tranquila que calmó de buena forma los ánimos de la señora, aunque súbitamente comenzó a verse nerviosa.

Algo apenas normal para semejante tarea que ahora tenía entre manos.

El sargento aprovechó el momento para realizar una llamada.

—Hola, doc, ya llegamos.

—Okey, amigo, nos vemos arriba y hablamos con ella.

—No. Creo que será mejor ir directo al grano. Quiero entregar el parte médico en la morgue.

—Primero debo ver los resultados, que entiendo ya llegaron, ¿no?

El sargento, antes de contestar, hizo una pausa. Algo lo inquietaba. Para él, la mejor manera de resolver el caso era el reconocimiento del cadáver.

—Déjame pensarlo, doc —dijo antes de hacer una nueva pausa justo frente al ascensor, que abrió sus puertas invitando a entrar tanto a la exesposa como al sargento—. Voy a llevarla a la sala de juntas médicas. Si pones allí algo de café y unos panecillos, te lo agradezco. Te busco en el recibidor.

—Solo porque quiero ver a dónde quieres llegar con esto, allá te veo.

Antes de presionar el botón de destino, las puertas se abrieron y, para desdicha de la ex, se oyó un…

—Casi nos dejan atrás, pero como el lema del Canal, ¡las noticias primero!

Abril y el Novato los alcanzaron. Ninguno habló en el ascensor, el ambiente estaba tenso al igual que en la patrulla. Apenas volvieron a abrirse las puertas en la planta superior, todos salieron como expulsados del elevador.

El sargento tiró del brazo al Novato.

—Dame los análisis y llévalas a la sala de juntas médicas. Yo reviso esto con el doc, los alcanzo luego.

—Bien, pero mira lo que te acabo de enviar. Parece que alguien no quiere perder el tiempo.

—La vida te da sorpresas —dijo sonriendo el sargento.

En una página de clasificados aparecía publicado el anuncio de un lujoso inmueble, en uno de los sectores más exclusivos de la ciudad.

Resaltaban los acabados, su amplitud y la buena vista a los parques emblemáticos de la zona, señalando su cercanía con la naturaleza, al igual que destacando su tranquilidad y fácil acceso, como quien dice: «Te lo mereces» y «Es por lo que tanto has trabajado».

El precio era tentador para quien tuviera la billetera gruesa y la necesidad presente.

Así que el aviso no tardaría en recibir ofertas.

—Esta es la mujer más fría que he conocido en la vida —ironizó el sargento—.

Sencillamente una mujer muy ambiciosa, demasiado calculadora, o tal vez las dos cosas y mucho más.

Eso de publicar un aviso tan rápido lo dice todo, aunque muy tonta al exponerse así.

Lo único que la trajo aquí fue el certificado de defunción.

¡Ve con ellas! Yo hablo antes con el doc. Tengo que tomar algunas decisiones.

—Sargento, yo no sé qué haría en este caso —apuntó el Novato—. Lo único seguro es que el Departamento de Policía tiene la atención puesta en la investigación.

—Tal vez es hora de improvisar un poco. Ahora nos vemos.

La exesposa y Abril esperaban unos metros más adelante, guardando distancia. El Novato avanzó hacia ellas y las guió a la sala de juntas, mientras el sargento lo hizo en sentido contrario para encontrarse con el doctor.

A tan solo unos metros del ascensor se topó con el médico. Lo detuvo allí, en el pasillo, y buscaron un lugar más tranquilo para hablar. Aquello que pasaba en Bahía Luz era la suma de unos eventos que debían verse con cuidado, ordenarse y concretarse en una decisión final.