XXI
El equipo del Canal llamó a Abril, quien ya tenía señal.
El teléfono repicó sin respuesta y los desvió al correo de voz.
Intentaron un par de veces más, pero no contestó.
A pesar de ello, sabían que de alguna forma ella estaba persiguiendo la noticia; solo les quedaba esperar la llamada de vuelta y seguir sus instrucciones cuando fuera el momento.
Entre tanto, disfrutaban de unos sándwiches que el presidente ordenó para calmarles el hambre.
Así, no solo ganaba tiempo, sino también sus favores.
El salón se fue llenando, como un gran concierto a punto de iniciar. La voz se había corrido rápidamente en Bahía Luz. Por ahora, los asistentes aguardaban a que el recital noticioso comenzara.
El presidente miraba otra vez su reloj, luego a los miembros del Canal, después al auditorio que seguía llenándose y, por último, a la puerta de la oficina donde trasladó la radio.
Le urgía comunicarse con el sargento, pues para él ya deberían haber comenzado con la rueda de prensa y aclarado el asunto en tiempo récord.
«El caso de la misteriosa muerte en Bahía Luz» era el titular que se imaginaba para la noticia, pero, como muchas otras cosas, no estaba saliendo como él esperaba. Aun así, se daría como tenía que ser.
—Hola, hola, sargento. Lo estamos esperando. Dígame una cosa, ¿cuál es la demora? ¿En cuánto tiempo llegan? Aquí están esperando a la señorita Abril. ¿Algún problema en el camino? ¿Todo bien? Cambio.
Las palabras del presidente llegaron justo en el silencio sostenido entre las damas en la patrulla. Y antes de alcanzar a responderle, el auto desaceleró y se estacionó.
—Llegamos —dijo el sargento.
Tanto Abril como la exesposa parecían estar librando una especie de batalla en sus cabezas, como si la entrevista hubiese continuado telepáticamente.
La reportera contuvo sus palabras en la garganta y la ex mantenía el aliento con la tensión que se necesita para sostener una bocanada de fuego.
Las dos, en lo suyo, se mantuvieron en una pausa que solo esperaba una excusa para quebrarse, desatando, bien fuera más preguntas o las llamas.
»—Dije que llegamos. Pensé que los tres queríamos terminar con esto cuanto antes.
Las dos mujeres salieron de su estado y pusieron los pies fuera de la patrulla, cerrando las puertas de un golpe seco, llevando hacia ellas las miradas del grupo de búsqueda, que ya había descendido de la camioneta.
—Como que estuvo tensa la cosa, ¿cierto, capi? —dijo el navegante.
—¡Ja! Sí. Creo que esa era la idea del sargento —comentó el capitán.
—Esto apenas comienza, señores —intervino el Novato.
Todos esperaban impacientes a las damas para entrar al hospital, lugar al que finalmente los guió el sargento. Ellas se tomaban su tiempo: la ex, sacudiéndose el mal momento; la reportera, analizando la siguiente jugada.
—Ya le extrañaba la voz. Desde que embarcamos estuvo muy callado; pensamos que no nos quería hablar —dijo uno de los buzos al Novato.
—Prudencia, solo eso, prudencia. Algo que se necesita mucho aquí —respondió el Novato con tono firme.
Abril revisó su celular, el cual mantuvo en silencio durante el trayecto. Vio las llamadas de su equipo y, antes de entrar al edificio, atendió un asunto con ellos, mientras la exesposa se puso frente al Novato.
—¿Entramos o qué? —espetó la exesposa—. No la necesito a ella preguntándome cosas.
—Tiene razón —respondió el Novato.
—No voy a contestar preguntas de nadie más; solo las de ustedes, oficiales, y no la quiero a ella cerca, por favor —exigió la exesposa.
El Novato se encargaría de Abril para facilitarle el ingreso tan pronto desatorara los pendientes en su teléfono.
«Hola, chicos —les escribió Abril a sus compañeros—. Llegamos al hospital, vamos a la morgue. Ustedes quédense con el presidente del Concejo. Aquí no hay espacio para cámaras, pero les aseguro que la historia se está poniendo muy interesante».
El sargento le hizo una seña a la exesposa, invitándola a seguirlo hacia el interior del hospital, y, por fin, comenzar la tarea para la cual había ido. Parecía que todo ya se estaba encaminando; sin embargo, en Bahía Luz el destino solía obedecer a sus propios caprichos.