Aquello que reclama su nombre X
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L a mujer accedió recibir a la comitiva policial, así que subieron en el ascensor que los llevaría al último piso.

Los miembros del grupo de búsqueda estaban entusiasmados con todo el proceso detectivesco y parecían estar fungiendo como los guardaespaldas del Novato, quien de alguna forma asumía el papel de jefe, incluso para el capitán, que siempre había sabido estar al mando, tanto en su tiempo en la milicia como ahora de civil con sus muchachos.

Los hombres del grupo de búsqueda tomaron asiento en la sala del apartamento. El Novato los miró con ojos de desaprobación. Terminada la reunión, la mujer se retocó el pelo y el vestuario para luego reencontrarse con la visita dirigiéndose al uniformado.

—Soy toda oídos, capitán, ¿en qué le puedo ayudar?

—Pues, señora, dígame, ¿conoce usted a John Doherty? —preguntó el capitán, quien de inmediato se puso en pie.

—Claro, fue mi esposo hasta hace unos meses. Como entenderá, ahora no sé nada de él —contestó extrañada al ver que quien le hablaba no era la persona que esperaba.

—Disculpe el malentendido, quien hará las preguntas aquí soy yo, el oficial de policía encargado del caso.

Ellos son una comitiva que viene conmigo desde Bahía Luz —profirió el Novato lanzándole una mirada de desaprobación al capitán, que se veía más ansioso de lo habitual—.

Entiendo, entonces, que ustedes ya no están casados.

—Hace ya unos seis meses no estamos juntos. Se fue de la casa, no sé para dónde. No lo he visto, pero tenemos temas pendientes.

—Mire bien estas dos fotos.

La mujer se dio tiempo para inspeccionarlas. Sus ojos iban de un lado a otro tratando de descifrarlas.

»—Discúlpeme la pregunta: ¿se separaron en buenos términos? ¿Sabe de alguien que quisiera hacerle daño a John?

—No creo que nadie quisiera hacerle daño, pero ¿por qué las dos fotos? En una parece más joven y en la otra está como lo vi la última vez. ¿Le pasó algo? —respondió preocupada.

—John Doherty ha muerto el día de ayer en Bahía Luz y estamos aquí para esclarecer su deceso.

La mujer buscó el respaldo del sofá antes de sentarse.

Una mezcla de sorpresa y tristeza la invadió.

Lloró, lloró con desconsuelo, como si aún John fuera su esposo.

El grupo, de manera tácita, compartió la idea de que aún lo quería.

El Novato esperó a que se calmara para seguir la ronda de preguntas.

—¿Sabe si John tenía familiares cercanos?

—Sí, un hermano y una hermana. Son mayores, pero no viven aquí en la ciudad. ¿Será que pueden decirme cómo murió?

—¡Ajá! Pues eso es lo que venimos a resolver —intervino el capitán, apresurándose a contestar.

Nuevamente se había entrometido, por lo cual recibió una mirada de reproche del Novato. El comentario no fue nada inteligente.

—¿Insinúan que yo tuve algo que ver? En ese caso, yo no voy a hablar más. ¡Fuera de mi casa! Ya mismo.

El Novato replicó de inmediato:

—Señora, nadie la está inculpando. Me sorprende su actitud, aún más cuando en ningún momento he dicho cómo murió, ni mucho menos que haya sido asesinado.

Se hizo un silencio sospechoso. La mujer bajó la cabeza y dio la espalda. El Novato continuó:

»—Lo que queremos es esclarecer la visita de John a Bahía Luz. Las condiciones de la muerte fueron muy particulares y esperamos su colaboración. ¿Puedo continuar?

—Si es así, pues adelante, pero no me vengan a joder involucrándome con su muerte.

—¿Compartían ustedes bienes o propiedades? —continuó el Novato.

—Este apartamento y el auto. Todo está a nombre de los dos y decidimos que yo le compraría su parte. Pero eso no es ningún crimen, ¿o sí?

—No, para nada. ¿Tenían alguna fecha o acuerdo pactado?

—Sí, el próximo mes. Insisto en que eso no me convierte en culpable.

—Le reitero que para nada. Sin embargo, vamos a necesitar que identifique personalmente el cuerpo y tendrá que ir con nosotros más tarde a Bahía Luz.

—Pero… okey, okey, okey, solo déjenme reajustar mi agenda. Esto me toma por sorpresa, y pues soy una mujer muy ocupada.

—Esperamos que pueda acompañarnos. Nuestra intención es salir del muelle 27 a las dos de la tarde.

—Descuiden, yo… yo haré todo lo posible. Bueno, yo… yo estaré ahí. Estén tranquilos.

—Ahora, con su permiso, no le quitamos más tiempo. Sabemos que es una mujer con una agenda muy apretada. Igualmente confiamos en que pueda resolver todos sus asuntos y acompañarnos.

El grupo de búsqueda se dirigió a la salida. En sus cabezas rondaba la idea de que por fin habían descubierto un motivo: el apartamento. Algo que fortalecía el interés sobre el robo de identidad. Si alguien quería ocupar el lugar de John, no era solo por su nombre.