Aquello que reclama su nombre V
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—¡Aquí… aquí está lo que encontraron los muchachos! —exclamó el presidente.

Los presentes se abalanzaron sobre el canguro para examinarlo de cerca.

—Creo… creo que toca esperar a los agentes.

—Pero nunca esperamos a nadie, menos a la policía —dijo otro concejal.

—Sí, sí, pero ellos son de afuera, tienen sus leyes. Me refiero al vivo y al otro.

—John Doherty, ¿verdad? —intervino otro de los presentes.

—Eso, a esos… o a ese mismo.

—John Doherty es el nombre que aparece en los documentos que están en el canguro —dijo un miembro del grupo de búsqueda.

Todos miraron al presidente con un claro mensaje: «¿Y qué esperamos?

Veámoslo ya mismo». El capitán se tocaba la cabeza mientras se volvía al navegante, al boquisuelto de su equipo que había metido la pata.

Supo que fue él, porque justo en ese momento se tapaba la boca con la mano para no dejar salir otra cosa.

La cafetera gorgoreaba y el aroma levantaba los ánimos, impulsándolos a ojear el canguro.

—¿Qué hacen ahí? —dijo el sargento, asomando al salón, dándoles un buen susto a todos.

—Hola, hola, estamos revisando unas cositas que encontraron el capi y sus muchachos. Parecen ser las del vivo.

No le sorprendió el actuar de la comunidad. Se unió al grupo y tomó el canguro para vaciarlo, con un gesto que pretendía establecer que la ley, a la cual representaba, comandaría la investigación.

Buscó por encima de los hombros al capitán para hacerle un buen reproche, pero no lo encontró. Supo desaparecer a tiempo.

El Novato llegó y también le abrieron campo. El sargento le ordenó grabar todo en video. Al preparar la cámara de su teléfono, leyó un mensaje que lo puso en alerta. Decidió guardárselo hasta el momento oportuno.