Capítulo nueve
Mi abuela y los astros (y los problemas)
Mi abuela avisó a todas sus amigas y a todos sus pretendientes de que se iba a Grecia. Estaba feliz como una pascua, es más, como tres pascuas juntas.
Ella y yo siempre hemos tenido una conexión especial. Nos caemos bien, nos entendemos y, lo que es bastante sospechoso, comprendemos perfectamente nuestras respectivas excentricidades. Nuestra forma de vestir extravagante, nuestras ideas extrañas s y, sobre todo, nuestra pasión por los horóscopos.
Sí, lo admito: tengo debilidad por los astros. Plutón, Neptuno y todo lo relacionado con la astrología. Mi abuela no sale de casa sin haber leído al menos una docena de horóscopos. Los analiza, los compara, los resume y solo entonces, satisfecha, cruza la puerta.
Ella es Sagitario: puro fuego, con la maleta siempre lista junto a la entrada. Yo... lo mismo. Dos Sagitario juntos son un peligro público. A veces nos basta con una mirada: nuestros cerebros se conectan como dos Wi-Fi enloquecidos. Yo pienso, ella capta.
Sally, en cambio, es Acuario. Una personalidad completamente fuera de lo normal. Vive en su propio mundo paralelo, está a años luz de nosotros... y quizás por eso a veces se pierde. Pero ella y yo nos complementamos a la perfección.
Y así, nuestro trío, una abuela Sagitario explosiva, una nieta Sagitario borderline y una Acuario intergaláctica, se están preparando para unas vacaciones de trabajo que prometen chispas. Y quizás también alguna catástrofe cósmica, pero esas ya forman parte del paquete.