53. Fluimos
Sasha
—¿Dónde está Josh? —pregunto—. ¡Voy a matarlo si no viene!
—No va a venir. Odia las despedidas —nos aclara Norah—. Ha prometido que su primer viaje será cruzando el país para ir a verte. Pero no quiere despedirse.
—Lo que no quiere es que lo veamos llorar —bromeo.
—Sí, eso tiene más sentido —apunta Norah, y todos nos echamos a reír.
El tiempo se agota.
Alan da un abrazo a Norah y otro más fuerte a Amber, mete a Sirius en su traspontín y decide llevarlo con él en su coche.
Mi madre y yo nos turnaremos para conducir el suyo.
Mientras tanto, las cuatro nos abrazamos de lado, formando una cadena, y miramos en toda su plenitud la fachada del Marilyn.
Estoy segura de que cada una está rescatando los mejores recuerdos para guardarlos con mimo para siempre.
Amber, Norah y Dobby se quedan a solas en nuestro jardín. Ellas se encargarán de cerrarlo y comprobar que todo esté en orden. Mi madre y yo debatimos junto al coche quién va a conducir el primer tramo, cuando una vieja furgoneta aparece pitando y formando un escándalo.
—¡Oh! ¡Dios mío! ¡Es Josh! —grito—. Ya no tendré que matarlo.
Noto como mi madre se desinfla al reconocer la furgoneta del joven.
Pero entonces, algo inesperado pasa. Del asiento del copiloto se baja Elery a toda prisa, llevando consigo un bolso sobre su hombro.
Viene a toda velocidad, bastante agitado, y se planta frente a nosotras. Las dos permanecemos en shock .
¿Qué está pasando? No entiendo nada. Trae cara de asustado y la respiración entrecortada.
Deja caer el bolso. No sabe a cuál mirar de las dos; lleva sus ojos de la una a la otra sin descanso.
Parece que va a decir algo, pero en vez de eso nos abraza con ímpetu.
Nos cobija en su pecho, una en cada brazo y aprieta con fuerza.
Mi madre se rinde enseguida y le rodea la cintura.
Él besa su cabeza repetidamente. Y finalmente yo cedo y lo abrazo también.
Es entonces cuando posa sus labios en mi cabello dándome un único beso.
—Esta debió ser mi vida. Nadie va a arrebatármela de nuevo. Me voy con vosotras, si me queréis. —Afloja el abrazo para obtener nuestra respuesta.
Mi madre llora y suelta un emocionado y tremendo «sí» entre sollozos.
Ni se lo ha pensado. Lo ansiaba más que nada en el mundo.
Entonces busca mi aprobación, y miro a esos preciosos ojos aterrados, del mismo color turquesa que los míos, y no puedo hacer otra cosa que asentir con la cabeza, a la vez que trato de no emocionarme más de la cuenta.
El temblor de mi labio, no obstante, me delata.
De nuevo nos abraza fuerte. Amber y Norah aplauden como si estuvieran viendo una película. Lo hacen igual o incluso más emocionadas que nosotras.
Josh me rescata de los brazos de Elery y me despeina como hace siempre con Norah.
—Adiós, prima.
Me impacta oírlo llamarle así, pero no me desagrada. Esa relación me cuadra más entre nosotros dos.
—Adiós, primo. Ven a verme, ¿eh?
—Sabes que lo haré, y me traeré a la pesada de la que te has enamorado.
Lo abrazo fuerte.
Es la primera vez que veo a mi madre abrazada a Elery y, para ser sinceros, me gusta lo que veo.
Con la emoción, nadie ha reparado en que mi padre, o sea, Alan, está junto a su coche de pie, observando la escena con toda la dignidad que puede. Entonces Elery se encamina con firmeza hacia él y enmudecemos todos a la vez, tensos. Sin embargo, cuando se encuentra delante le dice:
—Voy a marcharme con vosotros. Voy a cuidar de ambas para siempre. No he venido a quitarte el sitio, vengo a ocupar el que me pertenece. Es tu familia, pero también es la mía. No voy a renunciar a ellas jamás. De ti depende si quieres seguir formando parte de esto.
Mi padre, Alan, al que jamás voy a dejar de llamar papá, no tiene nada que rechistar. Así que asiente con la cabeza, e increíblemente Elery le da un abrazo. Al principio no reacciona, pero enseguida el abrazo es recíproco. Se palmean la espalda. Imagino que es así como lo hacían cuando eran amigos.
Amber y Norah aprovechan para despedirse de Elery también.
Decido entonces hacer el viaje en el coche de mi padre y dejar a mi madre con el amor de su vida.
Norah viene a besarme una última vez con la ventanilla bajada.
Mi padre mira hacia otro lado con el motor encendido, en un intento por darnos algo de intimidad.
—Te quiero —me susurra.
—Te quiero —le respondo en silencio, gesticulando cada sílaba con mi boca.
—Fluimos, ¿vale?
—Fluimos.
Me besa de nuevo.
Elery y mi madre emprenden el camino por delante de nosotros.
Cuando Norah vuelve con su madre, ella la abraza. No alcanzo a verlo, pero creo que por fin llora. Las observo por el retrovisor. Se les escapa el perro y corre tras el vehículo. Eso me hace reír.
Atrás queda el viejo Marilyn, cada vez más pequeño. Atrás queda mi primer y gran amor.
Abro la aplicación de música y añado una última canción. August , de Taylor Swift. Aquí finaliza nuestra playlist de «Aquel verano en Grove».