Aquel verano en Grove 51. Presentimiento
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51. Presentimiento

Sasha

¿Soñaba con un verano inolvidable? Lo tengo. ¿Con un amor intenso? Lo tengo. ¿Con recuperar a mi madre? La tengo. ¿Qué más puedo pedirle a estas vacaciones?

Estoy pensando sobre estos días en Grove, mientras Josh conduce de vuelta.

Norah está sentada entre los dos, acariciando una de mis manos.

La otra la llevo fuera de la ventanilla, jugando con el aire.

El viento me despeina, pero ya me he acostumbrado a estar así, sin importarme lo más mínimo el qué dirán, centrándome en ser feliz, porque lo soy.

Pacific Grove me ha devuelto ese sentimiento y ahora no quiero marcharme.

Sé que aún faltan días, pero ya temo por ese final.

Me da pereza empezar la universidad, alejarme de este lugar, de Norah, de Josh y del olor a mar.

No puedo entender que un día mi madre decidiera marcharse.

Phoenix no es un mal lugar, pero no tiene esta magia, ni este clima, ni esta gente, ni esta esencia.

Mis pensamientos van directos a mi madre.

No sé si ha pasado algo entre Elery y ella, sin embargo, lo que sí sé, es que estos días se ha vuelto a enamorar de él, y no la culpo.

Ni una sola vez guardo en mi memoria la imagen de mi madre mirando de ese modo a mi padre; con complicidad, con armonía, con sinceridad y con amor, que es exactamente como mira a Elery.

Además, es recíproco. Creo que ha llegado el momento de tener una charla con ella y decirle que soy suficientemente madura para entender que mis padres no se quieren y que pueden separarse tranquilamente.

En cuanto pienso eso, no obstante, otra duda asalta mi mente.

¿Qué va a pasar con mi padre si está enfermo?

Me pregunto cuánto tiempo hará que saben realmente que lo está, y me gustaría saber por qué jamás me lo han contado.

Aunque pensándolo bien, eso sería una buena explicación al porqué siguen juntos.

Supongo que no es ético abandonar a alguien convaleciente.

Claro está que jamás se lo hubiera perdonado a mi madre, y sé que tampoco hubiera llegado a entenderlo.

No lo hubiera hecho antes, pero las cosas han cambiado, y mi relación con ella ha mejorado a pasos agigantados.

Acabo de añadir una nueva canción a nuestra playlist .

Suena ahora mismo en la radio y he sabido que debe formar parte de nuestro verano.

Es Lover , de Taylor Swift. Norah aprieta más fuerte mi mano.

Los tres cantamos a la vez, desafinando, pero sintiendo cada palabra.

Sin duda, me guardo este momento en mi cajita de recuerdos.

Josh sonríe contento de vernos tan unidas, y saca una mano del volante para despeinar cariñosamente a Norah y hacerla rabiar.

Yo los observo con más amor del que jamás imaginé sentir.

No quiero volver a mi realidad. No quiero volver a sentir tristeza, no quiero.

Sin embargo, de repente, algo aprieta mi alma, como una corazonada de que algo va a pasar, o de que estoy olvidando algo. No sé qué será.

Abro el teléfono y me encuentro un mensaje de mi madre preguntando si todo va bien y que cuándo volvemos. Dice que ha tenido un pálpito raro y quería comprobar que todo iba bien. Me doy cuenta en ese mismo instante de que por fin ha sucedido; mi madre y yo volvemos a estar conectadas.

Le contesto que ya estamos de camino de vuelta, que no se preocupe, que todo va perfectamente y que venimos hambrientos.

***

No hemos hecho ni una parada, así que antes de mediodía llegamos a Grove. No asimilo el coche que hay aparcado delante del Marilyn hasta que Josh se detiene, aparcando justo detrás.

—¡Es mi padre! —grito emocionada. Apenas se ha detenido la furgoneta, que ya he saltado corriendo en su búsqueda—. ¡Papá! ¡Hola!

Entro a toda prisa y me encuentro a mis padres hablando en el salón, frente a la chimenea vacía.

Papá está sentado en el viejo sofá y mi madre habla con él estando de pie.

Se sujeta los codos, como si estuviera abrazándose a sí misma.

Tiene los ojos hinchados, sin duda ha estado llorando.

Él tiene los brazos apoyados en las rodillas, con la cabeza gacha y las manos cruzadas sobre la nuca.

—¿Qué está pasando aquí? —los interrumpo a la vez que él se pone en pie y se prepara para recibirme con los brazos abiertos. Corro hacia él y me cobijo en su abrazo. Su corazón va a mil. Mi madre se recoge disimuladamente las lágrimas, pero es imposible fingir que no está llorando—. ¿Qué os pasa?

Ese presentimiento extraño que tenía se materializa en este momento. Sea lo que sea, no me va a gustar.

—Siéntate, hija, tenemos que contarte algo.

En ese momento, Josh y Norah aparecen con mi maleta.

—Papá, ellos son mis amigos.

Me detengo a hacer las presentaciones, pero rápidamente notan que el ambiente está caldeado y deciden marcharse.

—Encantado, señor Brown. —Josh le da la mano—. Nosotros tenemos que irnos. Nos vemos otro rato por aquí.

Mi padre tan solo asiente con la cabeza y finge una sonrisa.

Norah mira a mi madre, después a mi padre y finalmente a mí. Noto cómo se resiste a marcharse, pero finalmente cede.

—Estaré en mi casa, ¿vale?

—De acuerdo —contesto con la voz apagada.

—Solo tienes que llamar o venir sin avisar. Te espero, ¿ ok ?

—Sí, tranquila.

Veo la duda en sus ojos, pero finalmente se acerca y me besa en los labios antes de marcharse.

Veo la sorpresa en la mirada de mi padre, que busca la de mi madre como pidiendo alguna explicación. Ella se mantiene como si estuviera congelada, tan solo se permite dedicarle una sonrisa cariñosa a Norah para decirle adiós.

En cuanto desaparecen, me siento al lado de mi padre.

—No le deis más vueltas, no soy una niña, sé lo que está pasando.

Él busca la mirada de mi madre de nuevo.

—¿Se lo has dicho sin mí? —le recrimina.

—Te dije que no era una buena idea. Ella ha sacado sus propias conclusiones.

—No era así como debían ir las cosas —refunfuña.

—¿¡Podéis dejar de hablar como si no estuviera presente!? —les grito a los dos.

Ambos callan a la vez. No saben ni cómo empezar.

Pero no hace falta que lo hagan, ya que el silencio se ve interrumpido por unos gritos en el pasillo.

—¡Elery! ¡No! —Amber trata de detener a Elery, que se presenta en el salón enfurecido, con los ojos ensangrentados de rabia. Lo sujeta por el brazo.

En cuanto me levanto y se percata de mi presencia, baja un poco el nivel.

—¿Puedes dejarnos a solas, Sasha? —se dirige a mí—. Aquí hay algo que resolver y no voy a esperar otros veinte años.

—¿Qué mierda está pasando? —Levanto los brazos al cielo.

—Ven, cariño. —Amber viene hasta mí y me saca del salón, sujetándome por el codo—. Déjalos. Ven conmigo.

Norah aparece justo cuando entramos en la cocina, y entiendo que al llegar a casa no ha podido no contárselo a ambos. Los dejamos sumidos en un silencio abrumador debido a la pesadez de la tensión.

Amber se pone a preparar infusiones.

—¿Qué está pasando, Amber? Dímelo, por favor. —Me giro hacia Norah—. ¿Tú lo sabes?

Niega con la cabeza. Ahondo en su mirada y la creo.

—Si te piensas que los jóvenes sois complicados, los adultos lo somos mucho más. Sobre todo, cuando en el pasado se dejan cosas sin resolver.

—¿Qué hay que resolver? ¡Amber! ¡Mi padre está enfermo! ¿Tú crees que es el momento de resolver algo?

Amber me mira confundida. Siento que quiere decirme algo, pero no lo hace.

—Yo no puedo decirte nada, cariño. Ellos lo harán cuando acaben de hablar.

Pone las tazas sobre la mesa, Norah sujeta mi mano y es entonces cuando se oyen gritos y el sonido de un mueble que se arrastra.

Me levanto y, sin dejarme detener, me acerco hasta la entrada del salón.

Me aferro al marco de la puerta. Amber me sujeta para que no entre, pero puedo verlos y oírlos perfectamente, aunque ellos a mí no.

Elery tiene a mi padre sujeto por la camiseta, y mi madre lo intenta separar.

—¡Basta! ¿Podemos hablar como adultos? —les recrimina ella.

—Sasha, cariño, no está bien esto —Amber trata de convencerme para volver a la cocina.

Sigo atónita. ¿Se están peleando por ella? No doy crédito. Mi padre habla alto, pero al estar de espaldas a mí, no puedo llegar a entenderlo del todo. Solo habla él. Mi madre está entre los dos a modo de barrera.

—¿Qué pretendías con este plan de mierda? —le recrimina Elery—. ¿Que te perdonara por robarme todo esto? —Levanta los brazos y acaba posando sus ojos en mi madre—. Esto era su sueño, y el mío lo era ella. Me robaste mi vida y a la mujer que amaba, y que sigo amando.

Mi padre aprieta los puños y los labios.

—Siempre fue tuya. Siempre lo he sabido.

Ella solo llora desconsoladamente con cada palabra entre ellos dos.

—¿Y entonces, Alan? ¿Por qué la has hecho venir sola a Grove en estas condiciones?

—Porque necesitaba hacer las paces con su pasado. Porque yo lo necesitaba, Amber lo necesitaba y tú también.

—¿Yo? ¿Ahora piensas en mí?

—No, no solo en ti, pero hay algo que te pertenece y no encontraba otra manera de hacerlo.

Elery enfurece en su totalidad y le lanza un puñetazo que lo hace caer al suelo.

Me llevo ambas manos a la boca. Amber y Norah me sujetan más fuerte.

—Hay que ser muy hijo de puta, Alan. Para quedarte a la mujer que amo, engañándola, y devolviéndomela enferma, sin la certeza de cuánto tiempo podré tenerla a mi lado.

Todo cobra sentido en ese momento.

El mundo se tambalea bruscamente a mis pies.

Amber y Norah me sujetan más fuerte. Me quedo en shock .

Mi madre… ¿Está enferma? ¿Es ella? ¿Se va a morir?

Amber me abraza. Empiezo a llorar. Norah se une al abrazo y lloramos las tres.

¿Qué clase de pesadilla es esta? Primero Sammy y ahora, cuando apenas he recuperado a mi madre…

¡No puede morirse! Me aferro a los cuatro brazos que me sostienen con fuerza.

Tras el silencio en que ha quedado la sala, se oye un sollozo triste, profundo y amargo que llama mi atención.

Levanto la cabeza y veo a mi madre que está socorriendo a mi padre, que llora desconsolado en el suelo; no ha sido ella la del sollozo que se me ha clavado en el alma, ha sido mi padre.

Llora. Por fin llora. En estos cuatro años apenas he visto alguna lágrima furtiva.

Pero ahora lo hace con fuerza y con dolor.

Elery los mira confuso, a los dos.

Mi padre le susurra algo a mi madre, pero no logro oír el qué.

—No, Alan, ahora no —le suplica ella casi en un murmullo, mientras lo sienta en el sofá.

Elery sigue con los puños apretados y la mandíbula tensa.

Me deshago del abrazo y me planto al lado de mis padres. Elery me mira nervioso, como arrepintiéndose de sus actos. También lo hace mi padre. El labio inferior le sangra, tiene los ojos enrojecidos y las lágrimas enmarcan su cara, totalmente empapada. Parece que quiera contarme algo.

—Nooo, Alan, te lo suplico —mi madre insiste.

Pero sea lo que sea, él ya no está dispuesto a callar. Alza la vista hacia un Elery abrumado y tenso, y se dirige a él sin miedo.

—No es mi mujer lo que he querido que recuperes. Sigo queriendo llevármela a Phoenix para que haga su tratamiento.

—No voy a dejar que te la lleves. —Le tiembla el labio a Elery—. Esta vez no. Yo iré a su lado, donde le den el mejor tratamiento, no vas a separarme de ella nunca más. La amo y ella a mí. Ese es mi lugar.

—Lo sé —solloza de nuevo. Coge aire y sigue—, ahora lo sé. Pero todavía hay algo que también es mío, más mío que de nadie, que amo con todo mi ser y, sin embargo, te pertenece también a ti.

Con esas palabras consigue que el silencio llegue hasta a doler. Creo que todos en esa sala hemos dejado hasta de respirar.

Entonces, cuando una cree que la vida no puede dar más vuelcos… Mi padre me mira y se me eriza la piel, y el miedo recorre mi espina dorsal como si un rayo me atravesara en su totalidad.

Elery me mira también, totalmente confundido, incluso diría que aterrado. Busca algo más, está descolocado, se detiene en la mirada de mi madre, la cual no puede dejar de llorar.

—La vida me arrebató a mi pequeña —vuelve a sollozar mi padre.

Me destroza el alma cuando mete a Sammy en todo esto—.

Desde entonces no he parado de darle vueltas y sé que esto es lo que debo hacer.

Megan ha estado tan perdida en su dolor que no ha sido capaz de razonar esta decisión.

Pero alguien tiene que hacerlo. Perdóname, hija.

Me mira. Estoy aterrada y no controlo las lágrimas ni el temblor de mis manos.

—Papá. —musito.

—Lo siento, Elery, siento todo este dolor. No he venido a devolverte a Megan, la amo, siempre la he amado y siempre la amaré. —Aprieta los ojos para decirlo. Tres, dos, uno…—. Quería que conocieras a tu hija.