Aquel verano en Grove 49. La furgoneta
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49. La furgoneta

Sasha

Nos adentramos de nuevo en la sala e instintivamente busco a mi madre.

No la encuentro por ningún lado. Norah busca a alguien también, pero no me ha dicho a quién.

Nos separamos cuando yo me aproximo a Amber.

Está hablando con ese viejo del pañuelo extraño y las manos largas.

No me gusta nada cómo le pone la mano en la cintura, así que lo interrumpo sin miramientos.

—Amber, ¿has visto a mi madre?

—Esto… Tu madre no se encontraba muy bien y Elery la ha llevado a casa. Pero ya me ha escrito para decir que está mejor. Y a Elery lo he visto por aquí hace un momento, no sé. —Analizo sus gestos y algo me dice que miente, no sé exactamente en qué.

De últimas, decido no pensar más en eso, sobre todo cuando de nuevo el hombre ese trata de acaparar su atención. Me aparto y voy directa hasta donde se encuentra Alberto, que está claro que ya no lo está pasando tan bien.

—¿Vas a quedarte ahí parado mientas ese viejo no la deja de tocar?

Me mira sorprendido.

—Perdona, ¿y tú eres?

—Oh, sí. Soy Sasha. Yo estaba con Norah el día que saliste de su casa descalzo y poniéndote los pantalones.

—¡Ouuu! —Se rasca la nuca—. ¿Eras tú? No me fijé mucho, la verdad.

—Ya me di cuenta de que te urgía marcharte —bromeo—. Pero en serio, Alberto. ¿Por qué no estás a su lado?

—Porque estaban sus padres por aquí, y porque no sé si me quiere ahí. Nosotros no somos…

—¿No? ¿Y qué haces aquí?

—Ella me ha invitado.

—¿Y por qué crees que te ha invitado?

—Por… ¿educación?

Me golpeo la frente y lo miro levantando las cejas.

—Porque le importas. Y que sepas que su hija acepta que seas menor que Amber; es más, te describió como alguien que la hace feliz. Así que, si a su hija no le importa, ¿qué más te da lo que digan los demás?

El joven mira a Amber y al viejo, que trata de coquetear con ella de todos los modos posibles. Suelta la copa, coge aire y me mira.

—Gracias, Sasha. Qué triste que una niña me tenga que dar una lección —bromea.

—¡Eh! ¡Que ya tengo dieciocho!

—Gracias, de verdad. —Me da un abrazo muy rápido, apenas me toca, y se envalentona yendo hacia la mujer que creo que ama.

No soy muy experta en el amor, pero solo por cómo la mira, a mí también me vale. Lo sigo con la mirada, y Norah llega en ese momento.

—Sasha, vamos a…

—Shhh —la mando callar con el dedo en los labios—. Fíjate en eso.

Las dos observamos la escena. Alberto llega educadamente al lado de Amber, que se sorprende, pero lo mira con complicidad. Él le susurra algo al oído y seguidamente le da la mano al hombre, imagino que presentándose, y sin más le planta a Amber un beso que deja a media sala atónita.

Yo aplaudo para mí misma.

—Ya era hora de que alguien le quitara el plasta ese de encima a mi madre —dice Norah.

—Ya era hora de que dejasen de esconderse por el qué dirán. ¿No te parece?

Me mira y asiente. Se muerde el labio y alza una sonrisa pícara.

—Eres increíble, Sasha.

—Oh, gracias. Tú también lo eres, peque.

—¿Peque? Ese apodo hay que discutirlo. —Decide seguir los pasos de Alberto y me besa en mitad de la sala. No es un beso pasional, es más bien algo cariñoso, desde la complicidad y el amor.

Le respondo. No dura mucho, pero me da la vida.

—¿Qué me he perdido? —La voz de Josh aparece detrás de nosotros.

—Nada. Creo que este evento no da para mucho más.

—¿Me buscabas? Me ha dicho Mike que has preguntado por mí.

—Sí, creo que se me ha caído el móvil en tu furgoneta. ¿Me dejas las llaves? Que vamos a ver si lo encuentro. Mi madre me mata si pierdo otro.

No entiendo por qué le miente con eso, ya que ninguna de las dos lleva el móvil encima. Los hemos dejado en el bolso compartido en el que Amber nos ha guardado las cosas, junto a las suyas. Aun así, yo no digo nada.

—Sí, claro. Fíjate entre los asientos, dos veces he perdido el mío ahí.

—Gracias, Josh. —Coje las llaves al vuelo y tira de mi mano para que la siga.

—En serio —digo cuando Norah abre la furgoneta—, Josh es muy fácil de engañar.

—Díselo a Lily, que hace con él lo que quiere —bromea.

—En ese caso, creo que no es tan tonto. Simplemente, le saca partido, igual que hace ella.

Entramos por la puerta corredera de la parte trasera, y cierra tras de mí.

—No te he traído a aquí para hablar de esos dos —dice pícara, señalando la cama al fondo.

—¿Estás loca? ¡Estamos en un parking ! Y Josh podría entrar en cualquier momento si tardamos.

—Loca, por ti. —Tira de mí y me obliga a sentarme en la cama.

Me siento un poco nerviosa cuando empieza a llover y dentro del vehículo suena como si fueran granizos del tamaño de una pelota de tenis—.

Sasha, relájate. ¿No querías experimentar y hacer locuras conmigo?

—Asiento—. Pues este me parece un buen momento para hacer una. —No me deja rechistar y me besa.

Me besa lento. Deja que su lengua baile con la mía hasta que empiezo a sentirme cómoda.

Poco a poco nos recostamos. Yo debajo y Norah encima.

Al llevar las dos vestidos cortos, hay total libertad para que nuestras manos encuentren su objetivo con facilidad.

Sus dedos se hunden en mí enseguida. A mi cuerpo no le pilla por sorpresa, ya que la humedad ya ha empapado mi tanga.

Sube su vestido para tener más movimiento, y trata de ponerse encima de mí a horcajadas.

No sé qué pretende, pero se golpea la cabeza con el techo y consigue hacerme reír.

Se oyen voces muy cerca de la furgoneta, pero a ella no parece importarle. Admiro esa seguridad que tiene.

Tira de mi tanga hasta sacármelo por los pies.

Cuando sube lo hace dándome besos en los muslos.

Ansío sus labios en los míos, pero se detiene a medio camino y decide besarme los otros labios.

Por un instante me quedo sin respiración.

No esperaba eso. Nunca antes alguien había puesto su boca en mi nido del placer.

Tardo menos de medio minuto en relajarme y empezar a disfrutar los movimientos de su lengua.

Enredo los dedos en su pelo con ambas manos y la aprieto contra mi bajo vientre cada vez que gimo.

Ella alza la vista de vez en cuando para mirarme.

Sube una de sus manos a mi pecho y utiliza los dedos de la otra para penetrarme mientras su lengua vibra salvaje.

Pellizca mi pezón y yo le tiro del pelo, esta vez ya no tan suave.

Llevada por la pasión, arqueo la espalda conforme se acerca el orgasmo y, cuando me deshago en su boca, dejo escapar el gemido más grande que jamás he emitido.

Cuando separa su boca de mis entrañas, se limpia con el antebrazo y sonríe.

—Guaaau —digo con la respiración entrecortada.

—Eso digo yo. No creí que fuera a conseguirlo hoy. Pensé que necesitaríamos más práctica —dice orgullosa, dejándose caer a mi lado.

—Tienes que enseñarme a hacer esas cosas.

—Claro que sí, tenemos aún mucho verano para practicar.

—¿Mucho verano? —digo burlona.

Bajo mi mano y compruebo que ella está muy excitada; se ha excitado dándome placer. Así que esta vez soy yo la que baja lentamente y le saca el tanga.

—Seré una buena alumna. Lo prometo.

Trato de replicar el modo en que ella lo ha hecho, y unos minutos después consigo mi cometido. Los orgasmos de Norah no son como los míos; yo necesito gritar, ella gime mordiéndose el labio, llegando a dejárselo hinchado.

Tratamos de recomponernos, tumbadas, tan solo oyendo nuestras respiraciones agitadas y el goteo incesante que parece una metralleta. Ha aumentado la lluvia.

—Deberíamos volver o…

Unos golpes fuertes por el costado de la furgoneta nos asustan.

—¡Norah! ¡Sasha! ¡Abridme!

Nos recolocamos los vestidos y le abrimos.

Poco podemos disimular; esta vez, nuestras melenas están enmarañadas como si… Como si hubiéramos tenido sexo.

—¡Por Dios! ¡Aquí huele a sexo y no me habéis invitado! —bromea.

—¿Qué dices? ¡Estábamos buscando el móvil! —dice ella.

Josh se va hacia la parte delantera y se sienta en el asiento de conductor.

—¿Qué móvil? ¿Uno de estos? —Levanta el bolso pequeño—. Tu madre me lo ha dado. Ya se ha ido casi todo el mundo. Me ha dicho que te diga que Alberto se queda a recoger con ella, que puedes marcharte. Así que os llevo a casa, que me ha salido un plan.

Nos sentamos junto a él antes de que arranque.

—¿A follarte a Lily le llamas plan? —le recrimina Norah.

—No. —Al mismo tiempo que dice eso, suena una campanilla desde su móvil. Lo saca y nos lo muestra.

—¿Te has descargado una de esas aplicaciones para ligar?

—Sí. Se llama Dakota, le gusta viajar, tiene un border collie precioso y me espera en Monterey en media hora. Así que chicas, os dejo en casa y me voy volando.

Las dos nos quedamos atónitas.

—¿Así que ese era el secretismo de cómo habías estrenado la cama de la furgoneta? —le pregunto.

—Sí. No me avergüenza decirlo. Me he topado con un par de chicas extrañas que querían cosas raras, pero las demás, de momento, bien.

—¿Las demás? —Norah no da crédito al oírlo hablar.

—Ya te dije que no era tan tonto como te creías. Y no sé, no sabía si podía contarte estas cosas. Ahora me siento mejor al poder hablarlo con las dos.

—Hombreee, gracias —añade ella sarcásticamente.

En cuanto nos deja en casa de Norah, no puedo evitar echar un vistazo hacia el Marilyn. Por un momento, he sopesado ir a comprobar que mi madre se encuentre bien, pero al estar lloviendo con tanta intensidad, enseguida nos hemos encaminado hacia la otra casa a refugiarnos.

Dobby se ha puesto como loco al vernos. Nos hemos quitado la ropa mojada, puesto un pijama y secado el pelo. Norah ha preparado palomitas y yo he rebuscado entre todas las aplicaciones de su televisor hasta dar con la serie de Beverly Hills 90210 .

—¿Preparada para ver qué demonios miraban nuestras madres de jóvenes? —comento mientras se sienta a mi lado con el bol repleto.

—Claro. Será divertido.

—Hacía mucho que no comía palomitas saladas —digo relamiéndome.

—Bien, pues ahí tienes otra locura para tu lista del verano.

—¿Comer palomitas saladas?

—Besar a alguien con los labios salados.

Junta los labios y me hace morrillos, y la beso, lamiendo la sal.

—Vale, hecho. Ahora veamos por qué Luke Perry les moja las bragas a nuestras madres. —Le doy al botón y la melodía de la serie inunda todo el salón.

***

Sobre las cuatro de la mañana nos despertamos en el sofá, dándonos cuenta de que los capítulos se han seguido reproduciendo automáticamente sin parar.

¿Cuántas temporadas tiene esta serie? Apago la televisión y despierto a Norah para irnos a la cama.

Subimos a su habitación, ella se deja caer a plomo y yo no puedo evitar llevar la vista hacia la ventana, la misma desde la cual me espiaba ella los primeros días.

Todo está en calma, aún no ha ni amanecido, pero entonces veo que se enciende la luz de la cocina y una alarma interna dentro de mí se activa.

Rápidamente, busco la camioneta de Elery frente a la casa, pero no está.

Me quedo más tranquila cuando veo a mi madre junto a la ventana de la cocina, con una taza en la mano y acariciando a Sirius.

Suspiro. ¿Qué pretendía encontrar? Y de ser así, ¿qué hubiera hecho?

Estoy segura de que fue el amor de su vida.

Jamás he visto a mi madre mirar a mi padre como lo mira a él.

¿Realmente me enfadaría por saber que está feliz con otro hombre?

No sé si me gusta por dónde se van encaminando mis pensamientos, así que trato de no pensar más en eso. Me meto en la cama y cierro los ojos.

Ya casi estoy dormida cuando mi mente me trae una imagen nítida. Un momento… ¿Mi madre llevaba todavía el vestido puesto? ¿Acababa de llegar?