43. La caja
Sasha
—¿Qué hacemos ahora? —pregunta Norah.
—¡Nada! —contesta Josh—. Hay que hacer como si no supiéramos nada. ¿Entendéis que es cosa de ellos?
—¿Y tú entiendes que también es cosa mía? Es mi madre la de esas fotos. Ahora entiendo toda esa falta de amor hacia mi padre. Ella nunca superó a Elery, y ahora… —Me llevo ambas manos a la boca.
—Ahora la has mandado a solas con él a Monterey —acaba la frase mi amiga.
—Chicas, no seáis alarmistas. ¿Habéis visto a Megan? Ni de coña se acerca de nuevo a mi tío. No hagáis un drama donde no existe. Actualmente, son dos adultos funcionales con vidas distintas. Ellos ya no se dejan llevar por la oxitocina, ya han pasado por eso.
—Me parece mentira que estés poniéndole edad al amor, Josh —le recrimina Norah.
—No es eso, solo trato de que no os montéis películas. Y otra cosa os digo, si esa chispa llegara a avivarse, será porque aún estaba prendida y dejaron una historia a medias.
—No digas bobadas —lo corto.
—Venga, chicas, hagamos que lo pasemos todos bien el resto de las vacaciones. Ya tenemos la piscina, no lo estropeéis ahora. Sabéis que tengo razón. Hagamos que este verano sea inolvidable.
Lo miro fascinada por su templanza. Tiene razón. Me acerco a él, sujeto su cara en mis manos y le planto un beso de tornillo que lo dejo temblando.
—Si es que te lo mereces —bromeo al separarme de sus labios.
Norah se queda boquiabierta. La miro y la tranquilizo.
—Nada —digo con respecto a lo que me ha hecho sentir.
—A mí me ha puesto cachondo —afirma él.
Las dos le damos un empujón, una por cada lado.
Dejamos la caja sobre la cama para que en otro momento la pueda revisar con detenimiento.
Por el momento, bajamos hasta la cocina, nos preparamos algo de comer y, cuando recogemos todo, Josh anuncia que tiene que marcharse; es la segunda vez que su padre lo llama y teme que lo vaya a regañar.
En esta ocasión, ha traído el skate en vez de la furgoneta.
—¿Ese es tu método de transporte? —bromeo.
—No por mucho tiempo. Al final he tenido que dejar la furgoneta en un taller de verdad. Mi tío es un manitas, pero no ha podido con el carburador. Así que en un par de días estará en mis manos.
—¡Qué emoción! —grita Norah.
Y aunque sé que no debería, porque ya ha quedado más que claro todo, siento una brizna de celos por su desmesurada alegría. Me obligo a no darle más importancia.
—¿Y te queda mucho? —me intereso.
—Detalles del interior, pero lo básico está.
—Queremos ser las primeras en subirnos, no se te ocurra mostrársela antes a ninguna Lily —lo reta Norah con los brazos en jarra.
—Bueno… esto… —duda, no sabe qué contestarle—. La cama fue lo primero que instalé.
—¡¿Qué?! —La joven se lleva ambas manos a la boca—. Eso quiere decir…
—¿En serio, Norah? ¿Tan pardillo me ves? Lily no ha sido, ni será, la única mujer en mi vida.
—Pero, ¿quién…?
El joven decide cortar la conversación:
—Hasta aquí el interrogatorio. En cuanto tenga la furgoneta, nos escapamos a donde queráis, si os parece bien.
—Depende —se apresura a decir mi amiga.
—¿Depende de qué? —le contesta él, poniendo los ojos en blanco.
—¿Vas a traer a tu follamiga también?
—Oh, venga, Norah, no te hagas la celosilla con tu novia delante —bromea.
Oír de la boca de Josh esa palabra hace que las dos nos dediquemos una tímida mirada. ¿Novia? Parece ser que Josh tiene más fe en esta relación que nosotras mismas.
Suelta el skate en el suelo, sujetándolo con un pie, y antes de marcharse se gira y nos dice:
—Por cierto, me ha encantado lo de antes. Cuando queráis repetimos.
Esquiva la colleja que Norah iba a propinarle y por fin se marcha.
Nos quedamos mirándolo. El ruido de las ruedas en la acera se va volviendo cada vez más lejano hasta que lo vemos desaparecer.
—¿A ti te ha gustado? —La sorprendo con la pregunta.
—Sí, ha sido excitante —contesta como si nada.
—Pero si has dicho que había sido decepcionante.
—Y el beso lo ha sido, pero no sé, a la vez… Cuando he visto a Josh besándote, no me ha dado celos, me ha despertado otra cosa.
—¿El qué?
—Joder, Sasha. Pues me ha excitado. Ya sé que es raro, y que alguien como tu quizá no lo entienda.
—¿Alguien como yo? —Cruzo los brazos instintivamente.
—No te pongas a la defensiva, no quiero que suene a ofensa. Josh es mi amigo y te aseguro que siempre lo será, aunque se tire a doscientas Lilys en su furgoneta. Pero ya te dije que, si se me hubiera presentado la oportunidad, pues me habría acostado con él.
—Pero Norah, me confundes. ¿No hemos hecho ese trío raro para aclarar esto?
—Y lo hemos hecho. Ninguna de las dos tiene sentimientos por él. Pero reconoce que está cañón, y que el simple hecho de imaginarlo jugando entre nosotras es excitante. No tiene nada que ver con el amor.
¿El amor? ¿Habla de lo nuestro como «el amor»? Me desconcierta.
—Bueno, no sé si estoy preparada para algo así.
Me siento algo ofendida y no debería estarlo, porque ella ha sido sincera conmigo y de esto se trata la vida; de ser sinceros y de aceptarnos y querernos, pese a todo.
Aun así, me doy media vuelta y trato de huir hacia el interior de la casa.
Cruzo la puerta y, en cuanto estoy a punto de subir rumbo a mi habitación a encerrarme, Norah me sujeta por la muñeca.
—Sasha, no me he explicado bien del todo. —Miro su mano en mí y subo la mirada hasta sus ojos para tratar de descifrar si miente—. No vamos a volver a hacer nada así si tú no quieres.
—Yo, es que…
—Quiero estar contigo, ¿vale? No haría nada que tú no quisieras, y no, no voy a enrollarme con Josh ni con nadie a tus espaldas. Te lo prometo. Quédate tranquila.
—Vale. —Exhalo, no sé si convencida, pero sí dándome cuenta de lo absurdo que es mi enojo.
Sin soltar mi mano, me adelanta y tira de mí hacia la habitación.
Cierra la puerta y antes de que pueda decir nada, su lengua está dibujando el camino de mi cuello hacia mis pechos.
Allí de pie, contra el marco de madera, consigue erizarme la piel con sus besos.
Baja sus manos de mis pechos hasta mi cintura, la rodea hasta posar las palmas en mi trasero para atraerme hacia ella.
Es entonces cuando se topa con mi teléfono móvil.
Lo extrae del bolsillo y, cuando voy a quitárselo para dejarlo sobre el escritorio y que no sufra ningún accidente, ¡va y suena!
Empiezo a estar excitada, así que no quiero aceptar la llamada, pero, al sujetarlo, sin querer, lo hago.
—¿Sasha? —La voz de mi padre se oye como a lo lejos. Norah me besa para que olvide el aparato, pero vuelvo a oír su voz—. ¿Sasha? ¿Hija? ¿Estás ahí?
Separo nuestros labios y susurro lo más bajo que puedo:
—Mierda, es mi padre, tengo que cogerlo.
—Nooo —ronronea mientras baja sus manos intentando desabrochar mi pantalón.
—Shhh. —Me llevo el dedo índice a la boca para pedirle silencio—. ¿Papá?
—Cariño, por fin te encuentro. ¿Te pillo ocupada?
—Esto… —Norah trata de introducir su mano por debajo de mi pantalón, pero me zafo de ella pidiéndole calma con la mano. Se aleja hasta quedarse sentada en la cama—. No, papá, dime. ¿Va todo bien?
—Llevo toda la mañana tratando de hablar con tu madre, pero no hay manera.
—Ya, bueno, creo que anda demasiado entretenida —lo digo con segundas, pero él no lo capta, claro.
—Eso es bueno.
—Esto… Papá, ¿te encuentras bien?
—Sí, Sasha, estupendamente. Con ganas de veros.
—De eso quería hablarte. ¿No crees que deberías venir ya?
Me preparo para ofrecerle mi argumento y reprocharle que quiero resolver muchas dudas, cuando él me sorprende con su respuesta.
—Sí, hija, tienes razón. He decidido que voy a adelantar mi viaje. Pronto me tienes ahí.
—¡¿Sí?! —No puedo esconder mi alegría—. Cuando llegues no vas a reconocer este lugar. El Marilyn está quedando increíble.
—¿Tanto habéis avanzado?
—No estamos solas. Nos están ayudando mucho, sobre todo… —justo en el momento en que voy a nombrar a Elery, algo en mi interior, después de haber destapado la caja de Pandora, me pide que no lo haga—. Sobre todo, Amber y Norah —miento a medias.
—Me alegro de que todo esté yendo bien entre ellas dos, y de que te hayas amigado con su hija también.
«¿Amigado?», pienso burlona. Realmente mi padre tampoco sospecha ni lo más mínimo mi orientación sexual.
—Sí, lo cierto es que encajo en este lugar de una extraña manera. Me gusta. Ojalá lo hubiera descubierto antes. A Sammy le hubiera encantado, ¿sabes? No entiendo por qué tanto secretismo si es un lugar increíble.
Tarda en contestar. Mierda. No he debido mencionar a mi hermana.
—Los adultos somos muy complicados.
—Papá, que tengo dieciocho años —le recrimino.
Con eso consigo sacarle una carcajada.
—Tienes razón. Pero para mí siempre serás mi niña, pase lo que pase.
—¿Y qué puede pasar? ¿Que me cambie de sexo? En ese caso, continuaría siendo tu hijo —bromeo.
—Totalmente de acuerdo. Pero no lo olvides nunca, ¿de acuerdo?
Siento un ápice de tristeza en sus palabras y deduzco que el recuerdo de Sammy le ha provocado ese sentimiento de paternalismo.
—Te quiero, papá. No te pongas sentimental ahora —trato de quitarle seriedad al asunto—. Empieza a hacer las maletas. Te espero impaciente.
—Os quiero —lo dice en plural, como si se estuviera despidiendo, y se me encoge el corazón, e inevitablemente se me nublan los ojos—. Hasta pronto, cariño.
Nos despedimos y, cuando cuelgo, Norah me observa en silencio. No digo nada porque no quiero llorar. Ella tan solo me hace un gesto, golpeando el colchón dulcemente para que me siente a su lado. Cuando lo hago, me abraza, besa mi cabeza y encuentra las palabras adecuadas.
—Todo va a salir bien. No estás sola, y sea lo que sea que te esconden, lo que le pase a tu padre, lo superaremos juntas.
La abrazo más fuerte, si cabe, porque Norah se ha convertido en estos días en esa persona a quien quiero aferrarme y con la que quiero compartirlo todo. Incluso lo que de aquí a una semana presiento que me va a romper el alma.