Aquel verano en Grove 41. Pandora #2
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41. Pandora #2

—Vale, chicos. La finalidad no era discutir. Era saber qué sentíais el uno por el otro, y parece haberse resuelto esa duda.

—Ahora te toca a ti —me recuerda Norah.

—Es que yo no tengo dudas.

—Pero tal vez él sí. —Con ese argumento nos deja mudos a todos. Se cuela un silencio incómodo entre los tres—. Venga, Josh, mueve tu culo y dale un morreo a Sasha.

—Norah, de verdad, esto ya ha sido bastante incómodo —bromea—. Dejémoslo aquí. Me vale con el recuerdo que me llevo de vuestro beso

—No os vais a escaquear. —Se levanta y le cede el sitio a mi lado.

Josh pone los ojos en blanco y claudica ante su insistencia.

A mí se me empieza a disparar el pulso. Se levanta para acercarse y justo cuando va a sentarse de nuevo, de su bolsillo trasero cae un destornillador al suelo. ¿Será una señal?

Norah se agacha para cogerlo, mientras Josh se acerca. Está indeciso, se lo noto. Fija la vista en mis labios y la respiración se me agita. Esto no está bien, algo me dice que esto no está bien.

Acorta la distancia y justo cuando va a besarme, Norah nos interrumpe.

—¡La abrí! —grita contenta.

Nos separamos de golpe para mirarla.

Para mi sorpresa se encuentra con la vieja caja de madera entre las manos, con el candado abierto. Había olvidado por completo su existencia. Ahora sí que el corazón bombea a un ritmo frenético.

Norah me la tiende, me cede el honor de ser la primera en ver lo que contiene. Josh se aparta y le deja su puesto a mi lado. Él no sabe de qué va la cosa, pero entiende que es algo que ambas traíamos entre manos. Se mantiene de pie observándonos.

Ahora que la tengo entre mis dedos siento pánico.

—¡Venga, Sasha! Muero de intriga —me apresura mi amiga.

Tomo aire porque un presentimiento muy latente, parecido al que me ha hecho sentir la fotografía encontrada en la chimenea, se apodera de todo mi ser.

Norah me da un codazo y reacciono abriéndola de golpe.

A priori contiene fotografías y cartas, pero recuerdo que sonaban algunos objetos en el fondo. Me siento como si estuviera abriendo la caja de Pandora.

Como tardo un poco en sacar algo de su interior, Norah se me adelanta y saca unas fotografías.

—¡Lo sabía! —grita.

Me muestra dos imágenes en las que podía verse a nuestras madres con dos jóvenes más.

—¿Ese es mi padre? ¡Cuánto pelo! —exclamo riendo.

—No me refiero a eso, fíjate en cómo mi madre mira a Elery en las dos fotos. Sabía que habían sido novios o algo así en algún momento —aclara Norah.

Eso hace que centre toda mi atención en la fotografía y descubra un pequeño detalle que a ella se le ha pasado por alto y que Josh se apresura a aclarar.

—Estás muy equivocada, Norah —dice él, fijando la vista desde arriba, como si supiera más que nosotras.

—Pero fíjate. No hay más ciego que el que no quiere ver —insiste ella.

Me fijo una vez más en ese detalle que ella ha pasado desapercibido; Elery y mi madre tienen las manos entrelazadas, pero en la fotografía apenas se aprecia porque justo la tienen por detrás de la pierna de él.

¡Boom! Es como si algo estallara en mi cabeza y rápidamente me apresuro a sacar las otras fotografías.

Las paso rápidamente, una detrás de la otra, a cual más bonita.

La respiración se me empieza a agitar, el corazón me bombea con fuerza.

Mi madre riendo enamorada, sentada en el regazo de un chico, en una tira de fotografías de fotomatón, en bañador en la piscina del Marilyn, patinando, surfeando, en la arena de la playa, brindando con una limonada…

Un sinfín de imágenes que describen la bonita e intensa historia de amor que vivió siendo joven, y no, el otro hombre no es mi padre. ¡Es Elery!

Se me cristalizan los ojos inevitablemente y las imágenes se resbalan entre mis dedos hasta quedar esparcidas en el suelo.

Josh se apresura a recogerlas.

Norah está en shock igual que yo.

—Tú… —me dirijo a Josh—. ¿Tú sabías esto?

—Me enteré ayer. Oí a mis padres preguntarle a Elery por tu madre.

Querían saber cómo estaba llevando la vuelta de Megan, y hablaron de lo sucedido cuando ella se marchó.

Lo escuché todo sin que ellos se dieran cuenta.

Pero estoy totalmente seguro de que, si le pregunto a mi tío, él me contaría la verdad sin problemas, y más ahora que al parecer ya ha asumido su presencia de nuevo.

—¡Qué-fuer-te! —Por fin reacciona Norah—. Han fingido no conocerse y míralos. Parecían la típica pareja de guapos de instituto.

—Pe-pero, ¿y mi padre…?

Rebusco en las fotografías, pero no doy con ninguna en la que salgan ellos dos como pareja. Él sale de vez en cuando en alguna, pero claramente como parte del grupo.

—A ver, vamos a procesar esto —dice Norah cerrando la caja—. Elery y Megan eran pareja, pero mi madre estaba loca por él, o eso reflejan las imágenes. Sigo sin entender qué pinta tu padre ahí.

—Si queréis saberlo, yo lo sé. Por lo menos lo que he escuchado. Está claro que cada uno tendrá su versión —añade Josh ante nuestro desconcierto.

Norah asiente rapidísimo, pero yo apenas reacciono, sigo un poco en shock . Quiero, pero me aterra saber la verdad, algo me dice que no será de mi agrado.

—Sasha, querías abrir la caja y querías respuestas —me recuerda Norah—. Bien, pues aquí tienes algunas. Les va a tocar a tus padres aclarar todas las demás.

Me convence con su argumento y asiento yo también.

—Pues, por lo que entendí, mi tío se fue a Europa con una beca para estudiar periodismo y tu madre lo dejó justo cuando él se iba. Supuestamente, Amber se metió en la relación o algo así. Luego Alan, o sea tu padre, aprovechó el momento para ir a por tu madre.

—¿Qué? —Mi amiga no da crédito—. ¿Cómo se metió mi madre entre ellos?

—Yo detalles no sé, pero al parecer inventó algo, generó un malentendido o metió cizaña para que eso pasara y bueno, no sé cómo fue. Desconozco también el motivo por el que Megan se tuvo que ir de Grove. Se ve que cuando Elery volvió el primer trimestre, ella ya no estaba, y nunca más volvió.

—Eso es absurdo —recrimina Norah—. Nadie desaparece de la vida de alguien por un malentendido, y si lo hace, no tarda veinte años en volver.

—Yo solo te cuento lo que he escuchado por encima.

—Y… ¿Y mi padre fue tras ella? —insisto.

—Sí. Elery no lo tiene en gran estima; su nombre iba acompañado de alguna palabrota para definirlo. Solo sé que, supuestamente, en esa época era su mejor amigo y que actualmente está casado con tu madre. Ata cabos tú misma.

—¡Flipante! —añade Norah—. Ni las telenovelas mexicanas. Elery y Megan enamorados, mi madre loca por Elery y ese tal Alan enamorado de Megan también.

—No creo que fuera exactamente así —me aventuro a decir.

Nos mantenemos unos segundos en silencio y mi cabeza empieza a hacer exactamente lo que mi amigo ha sugerido; atar sus propios cabos.

Abro de nuevo la caja y saco todas las fotografías. Las observo una a una. Busco algo en concreto hasta que doy con ello.

—¡Aquí está!

—¿El qué? —añaden los dos al unísono.

—El colgante de la mariposa.