41. Pandora
Sasha
Trato de deshacerme de mi madre por una tarde con la intención de poder quedarme a solas con Norah en la casa.
Si todo va bien, al final del día la piscina estará llena y tal vez podamos estrenarla juntas.
Pensar en eso me hace vibrar por dentro.
Además, mi madre estará más que entretenida con los libros, le van a faltar horas para elegirlos, lo cual la mantendrá lo suficientemente ocupada para ignorar la presencia de Elery.
Sé que no le ha hecho gracia que la pusiera en ese compromiso; no recuerdo a mi progenitora haciendo alguna actividad con alguien del sexo opuesto que no sea mi padre.
Le va a costar un poco relajarse, pero cuando consiga llenar esa estantería se dará cuenta de que ha valido la pena.
Había pensado en pedírselo a Amber, pero olvidaba lo de la exposición. Suerte que Elery está dispuesto a todo.
Ahora solo nos queda lidiar con Josh. No quiero pedirle que se marche; no soy tan mala, pero es que no puedo dejar de pensar en quedarme a solas con Norah y en volver a tocar su piel.
—¿Qué queréis hacer? —pregunta mi amiga.
Me desinflo un poco al ver que lo incluye.
—¿Ahora sí contáis conmigo? —añade molesto desde el borde de la piscina, donde observa como cae el agua.
—Oh, venga, Josh. ¿No me digas que te has molestado porque no te invitamos a venir con nosotras?
La miro y noto cómo está tratando de disimular que sabe perfectamente que es así.
—Si sobro, solo tenéis que decirlo. Creí que estábamos formando un buen trío. —En cuanto dice eso se sonroja y vuelve a fijar la vista en el agua.
Nosotras dos arrancamos a reír sin medida.
—¿Qué? —pregunta enfadado—. No es lo que estáis imaginando.
—Ya te gustaría a ti —bromea ella.
Por un momento he imaginado eso y ahora soy yo la que se sonroja.
—Os habéis enrollado, ¿verdad? —Me mira a mí para formular esa pregunta.
No sé qué contestar.
—Esto no cambia nada, Josh —se apresura a decir ella.
—Te equivocas, Norah. Esto lo cambia todo.
Se da media vuelta y empieza a recoger las herramientas que han quedado por medio.
Nosotras nos miramos. No podemos dejar que se vaya enfadado.
Me acerco a él.
—Queremos que formes parte de esto —le suelto sin más, quizá eligiendo mal las palabras.
—¿Qué? —La cara de pánico del chico es para enmarcarla.
—¡Joder, Josh! Que hay que aclarártelo todo —trato de ponerle algo de humor—. Quiero decir que no sabemos cómo va a salir. No estaba planeado y vamos a necesitar un amigo que equilibre esto.
—Ya. Necesitáis a alguien que os encubra y mienta por vosotras, ¿no? —añade con desdén—. Pues lo siento, pero no.
—Josh, no te vayas —insiste Norah—. De verdad que eres muy importante para nosotras.
—Es que no estoy entendiendo nada. Hace dos días querías que te incluyera en mi viaje, después reaccionaste como una inmadura cuando te confesé que Sasha podría empezar a gustarme.
¿Te das cuenta de lo que haces, Norah? Eres egoísta, todo lo quieres para ti.
Eres caprichosa y lo que tú deseas, en el momento en que lo deseas, siempre está por encima de todo y de todos.
Nos deja mudas a las dos con su declaración. A Norah se le inundan los ojos de lágrimas ante la acusación de su amigo.
—Eso no es cierto —balbucea.
—Sí, sí lo es y siempre se te consiente. Sasha no es como tú, y sabes que le estás vendiendo el momento, porque no te permites enamorarte y dejar de desear lo que quieren los demás.
—Nadie me está vendiendo nada. —No puedo callarme más. Norah arranca a llorar y entra en la casa. Miro desafiante a Josh—. Bravo. Veo que no entiendes el papel tan importante que desempeñas en su vida. —Tomo aire y lo expulso en una exhalación.
—Lo siento. De verdad. Pero si no se le recuerda que a veces se pasa, acabará dañando a las personas que quiere como en su momento hizo su madre con la tuya y con mi tío.
—¿A qué te refieres? ¿Qué pasó entre ellos?
—No me compete explicarte esto. Pregúntales a ellos. Yo me marcho.
—¡Ni hablar! Primero vas a explicarme lo que sabes.
—No. —Se gira con mirada autoritaria—. Primero voy a arreglar lo que acabo de estropear, porque yo sí valoro lo que tengo. Además, en cierto modo me siento aliviado si vosotras dos estáis juntas; me quito la presión de tratar de gustarte.
—Siento si he hecho que me malinterpretes.
—Tú no has hecho nada, y entiendo a Norah. Espero que lo que le he dicho la haga reaccionar y no la cague.
—Gracias, Josh. Para mí también eres alguien muy importante en este lugar. Y también voy a echarte de menos cuando me marche, pero de manera diferente. Siento no haberte invitado a venir con nosotras ayer, no volverá a pasar.
—Ya. —Exhala como fingiendo su rendición. Sin embargo, baja el nivel de hostilidad; es un buen chico.
Entramos en la casa y no vemos a Norah en el salón. Así que le escribo en mensaje y me confiesa que está en mi habitación.
—Deberías hablar tú primero con ella —lo insto a subir.
—Sí. Voy. —Se encauza escalones arriba.
—Josh.
—¿Qué? —Me mira desde la mitad de la escalera.
—Gracias. Sé que hace poco que nos conocemos, pero tú y ella sois como esa familia que se elige, y sé que ha sido una buena elección.
Finge que se emociona con la mano en el corazón, dándole al momento algo de humor. Sonrío y lo dejo que vaya a calmar a su amiga.
Recojo un poco y paso la escoba dentro de la chimenea que Elery ha destapado hoy. Me topo de nuevo con ese marco y lo observo un rato. Hay algo que no me acaba de cuadrar, pero no logro dar con lo que es; es como si fuera un presentimiento.
Pasados unos minutos, oigo una carcajada de Norah y entiendo que deben haber arreglado lo estropeado hace un rato, así que con el marco en la mano subo hasta mi habitación para unirme a ellos.
En cuanto llego, efectivamente ambos están sentados en mi cama y riendo.
—¿Va todo bien? —pregunto tontamente.
—Sí, claro que sí —apunta Norah con una alegría desmesurada; cualquiera diría que hace un rato estaba llorando.
—Hemos hecho un pacto que te influye —confiesa él.
—¿Y eso?
—Que conste que yo salgo perdiendo —bromea de nuevo el chico.
—A ver, sorprendedme.
—Porque después, pase lo que pase con vosotras, yo tengo terminantemente prohibido acostarme con ninguna. Me parece injusto, pero bueno —se hace la víctima.
Norah me mira y, pese a todo lo que Josh ha dicho antes sobre ella, lo que veo en sus ojos me llena el alma, porque su mirada no miente. Y a pesar de eso, esa complicidad entre ellos dos me anuncia algo raro.
—La cosa es así, Sasha —Norah me hace un gesto para que me siente a su lado—: no queremos ni dudas ni mierdas. Aquí y ahora, vamos a aclarar esto.
—Me parece bien —asiento, pero algo me dice que la cosa no acaba ahí.
—No te escandalices con lo que voy a decirte, pero creo que es justo para todos, y disipará cualquier fantasma.
—Suéltalo ya, Norah —espeto ansiosa.
Josh me mira expectante.
—Vamos a besarnos entre nosotros y luego hablaremos de lo que nos ha hecho sentir.
—¿Cómo? —No doy crédito.
—Pues eso. Un triángulo de besos, pero con esa finalidad.
—A ver si me aclaro. ¿Quieres que bese a Josh?
—Sí, y yo también lo haré.
—No entiendo.
—Que sí, Sasha. Hazme caso. Funcionará.
Josh se encoge de hombros dándome a entender que la idea ha sido de ella.
—Está bien —cedo—. Acabemos con esto. Empezad vosotros. No sé si quiero mirar.
—No —niega rápidamente ella—. Empezaremos tú y yo.
Acerca sus labios a los míos y, pese a lo extraño de la situación de estar besándonos bajo la mirada de otra persona, me dejo llevar.
Cierro los ojos y disfruto de su boca, esa que tanto me gusta y con la que tan bien encajo.
Nuestras lenguas juegan traviesas y sujeto su cara para profundizar el beso.
Muerdo su labio inferior, lo succiono con cariño; lo pongo todo en ese beso, quiero que le demuestre lo que realmente siento. No deseo que haya más dudas.
Nos separamos con el pulso agitado y, si no fuera por la presencia del chico, juro que le arranco la ropa y la saboreo mejor. Finalizamos el beso con el golpecito cariñoso del dedo índice de Norah en mi nariz y una sonrisa de complicidad.
Josh nos mira atónito. Tiene que recolocarse el pantalón.
—Lo siento. Es un impulso natural, no era mi intención —nos aclara avergonzado.
—Supera eso si puedes —reta Norah bromeando—. Ha sido increíble —declara—. Una montaña rusa de sensaciones. Nuestras bocas encajan a la perfección y el beso ha sido perfecto. Ni una gota de saliva extra, ni un choque de dientes. Simplemente perfecto.
—Se me ha erizado la piel y he sentido deseo —añado sin vergüenza.
—¡Te toca! ¡Ven aquí! —Norah tira de la camiseta de Josh y lo atrae hacia ella.
Seguimos sentados en la cama. Norah está en medio de nosotros dos, así que solo tienen que girar la cabeza.
Siento una punzada de celos al ver cómo juntan la boca.
Al principio cierro los ojos, pero me obligo a mirar.
Se intuye el movimiento de lengua y cada vez me gusta menos.
¿Por qué habrá querido hacer esto? ¡Mierda!
Norah va a rendirse a los pies del beso de Josh.
En cierto modo lleva más tiempo deseándolo a él que a mí.
Él parece cómodo, no lo veo nervioso. Aunque no la toca. Para mi gusto está durando demasiado.
Estoy a punto de levantarme enfadada, esto me supera. Pero justo cuando voy a hacerlo, paran. Se miran a los ojos, y mi corazón está a punto de romperse en mil pedazos cuando los dos a la vez expresan lo sentido.
—Nada. ¿Y tú? —le pregunta ella a él.
—Nada.
—¿Nada de qué? —pregunto confundida.
—Menuda decepción —añade Norah.
—¿Perdona? —se molesta Josh—. Lo mismo digo. Además, ha sido tuya la idea, ahora no critiques.
—No sé, no te ofendas, creí que serían de otra manera.
—¿Hubieras preferido que te hubiera puesto los pezones de punta?
—¡No! ¡Qué creído eres!
Verlos discutir por nada me hace gracia. Está claro que no han sentido nada el uno por el otro y el beso no ha sido de su agrado.