40. Cowboy #2
Lo cierto es que estaba guapísimo vestido de vaquero, y su vestimenta no estaba del todo injustificada.
Cada año, el baile de fin de curso giraba en torno a un tema diferente, y ese año la ambientación era vaquera.
Pero todo el mundo sabía que con eso nos referíamos a la decoración y, en ese caso, a algunas canciones.
Sin embargo, Elery no fue el único chico que fue vestido de cowboy .
Por lo que fuera, era un tema que a los hombres les gustaba más que a las mujeres, ya que la mayoría de ellas esperaban ese baile para poder lucir vestidos de princesas.
Ni Amber ni yo contestamos al comentario de la vestimenta, supuestamente de Alan.
Está claro que, con la emoción, Sasha no se percata de que lo poco que se ve de ese joven no pertenece a la fisonomía de Alan.
Elery es mucho más alto y siempre tuvo un cuerpo bien esculpido por el deporte; se nota por el antebrazo que apoya en mi hombro en esa fotografía.
Por suerte, en esa época, aún no llevaba ningún tatuaje.
En cuanto Amber capta la incomodidad del momento, cambia de tema:
—Sash, cariño. ¿Por qué no vas a ayudar a Norah? Ha dejado las puertas al sol y ya deben estar secas. Tenéis un buen rato colocándolas en su lugar, ultimando retoques y puliendo detalles de los marcos.
—Es verdad. Le había dicho que lo haríamos juntas.
Me cede el viejo retrato y sale en busca de su amiga, dejándonos a los tres en el salón.
En cuanto me aseguro de que no puede oírnos, le dedico una mirada desafiante a Elery.
—No vuelvas a hacer eso —le exijo.
—¿El qué? —dice como si la cosa no fuera con él.
—¡Casi me da un infarto!
—¿Sabes por qué, Megan? Porque le ocultas cosas a tu hija y eso acaba pasando factura.
¿Qué tiene de malo que sepa que tuviste una vida antes de ella?
Fuiste joven como todos nosotros. Deja de ocultarle cosas.
Si se entera por sí sola, que lo hará, si no lo hace antes por Gladys, te saldrá mucho más caro.
Quiero reaccionar a sus palabras, pero Amber sostiene su discurso.
—Tiene razón, Megan.
—¿Pero es que os habéis vuelto locos? No es tan fácil, hay demasiado detrás, no lo entendéis.
—¿Por qué no pruebas a contárnoslo a nosotros primero?
—Elery me hace enmudecer con su propuesta—.
Creo que ya ha quedado claro que no somos tus enemigos, y sí, sabemos que algo está pasando y que no estás aquí por amor a Grove, ni porque Alan te lo haya pedido.
Hay algo más, de ti depende si quieres comértelo sola o quieres confiar en personas que una vez te quisieron.
—Que te siguen queriendo —le rectifica Amber.
No vengo preparada para esto. Todo lo que había podido imaginar que sería mi regreso a Grove para nada se parecía a esto.
No contaba con tener a las dos personas que más quise en el pasado a mi lado, en mi casa, ayudándome con el Marilyn y tratando de serenar mi relación con Sasha.
¿Hubiera sido esta mi vida si no me hubiera marchado?
Cada vez que me asalta una duda de ese calibre, Sammy vuelve a mi mente y me respondo yo sola. Todo ha sido como debía ser. A pesar de ello, se me pellizca el alma al ver realmente la preocupación de los dos. Trago saliva antes de contestar.
—Dejadme pensarlo, ¿vale? Valoro mucho vuestro gesto, pero no sé si estoy preparada.
—Tómate el tiempo que quieras, cariño —añade Amber dulcemente, frotando mi brazo.
Elery tan solo asiente con la cabeza, y con ese gesto damos por zanjado el tema.
—Y ahora, señoras… Perdón, señoritas. Vayamos a llenar esa piscina y a poner los nuevos toldos y telas de los parasoles individuales.
—Pero si aún no he comprado… —quiero rechistar, pero Amber me hace un gesto con la mano para que no lo haga.
Entre ellos dos, han elegido la tela y están haciendo tanto por el Marilyn que tengo muy claro que sin ellos nada de esto estaría siendo posible.
Me emociono. Pienso en mi madre y lo feliz que la haría empezar a verle el brillo al lugar.
Ojalá todo hubiera sido de otra manera, ojalá ella y yo hubiéramos tenido una relación mejor, ojalá no se hubiera visto obligada a marcharse de aquí por mi culpa, ojalá ahora no tuviera tanto que esconder.
Todo sería tan fácil en este momento… Pero no.
Nunca nada es fácil. Debo haber sido muy mala en otra vida, porque en esta lo estoy pagando todo a un alto precio.
Suspiro para sacar la frustración que mis pensamientos me generan y sigo instintivamente a mis amigos. A mis amigos. ¡Dios! Casi veinte años después, siguen aquí.
Sacudo la cabeza y me dispongo a centrarme en el ahora. Hace demasiado tiempo que vivo en el pasado.
—Chicos, voy a vestirme —les anuncio—. No es muy práctico trabajar en pijama.
Elery lleva su vista a la bata desabrochada.
—Por mí no hace falta que te cambies. Es más, debería ser tu uniforme de trabajo —bromea.
Me sonrojo al instante con la insinuación de que le gusta lo que ve. Amber le propina un golpe en el hombro para obligarlo a caminar y mirar hacia delante. Yo me quedo perpleja ante sus palabras. ¿Le sigue gustando mi cuerpo?
Una descarga eléctrica recorre cada uno de los poros de mi piel. Se me eriza hasta el alma con ese pensamiento. Los pezones se me yerguen y es entonces cuando cierro mi bata y huyo escaleras arriba.
***
No voy a negar que me he tomado un poco más de tiempo en arreglarme antes de bajar.
Me he permitido hacer una locura, ni siquiera sé por qué lo he hecho, pero he recortado unos tejanos viejos convirtiéndolos en shorts .
Aunque ahora que me veo, creo que me he pasado de cortos. Pero lo hecho, ¡hecho está!
Cuando veo pasar a Sasha y Norah con la puerta de una de las habitaciones, llamo a mi hija.
—¿Me prestas una de mis viejas camisetas?
La sorprendo con mi petición, pero sonríe efusivamente.
—¡Claro! ¿Cuál quieres? Son tuyas, ponte la que quieras.
—La que sea, hija, elígela tú. No quiero ponerme una de estas blusas de vieja que tengo.
—Podemos ir de compras si quieres.
Creo que veo el cielo abierto cuando me propone eso.
—Me encantaría.
Entra en su habitación y cuando pasa junto a la mía me lanza una camiseta que pillo al vuelo. Cuando la desdoblo me doy cuenta de que es la de REM. Me tiemblan las manos. No sé si debería. De todos modos, me la pongo.
Ya no me va tan grande como cuando era joven, pero no me queda nada mal.
He rejuvenecido diez años con esta vestimenta.
Sonrío. Me gusta. Toco el cuello de la camiseta, esta no es la del agujero.
Al hacer eso, irremediablemente pienso en mi colgante de la mariposa monarca.
¿Lo tendrá aún? ¡Claro que no! Menuda tontería.
Cuando por fin arreglo bien mi pelo y me siento cómoda, bajo.
Al verme aparecer, los tres que trabajan en el jardín me miran expectantes con la boca abierta. Sobre todo, Elery, que no puede dejar de mirar su vieja camiseta. Amber sabe perfectamente de quién es, pero no dice nada, solo sonríe pícara. Sin embargo, Josh no puede callar su sorpresa:
—¡Megan! Estás…
—A ver lo que dices, jovencito, que tengo muy buena puntería —lo amenazo con el teléfono en la mano.
Todos ríen ante mi comentario.
—Muy guapa, iba a decir. —Se rasca la nuca—. ¡Si parece que tenga mi edad!
—Oh, gracias, chico. Buen intento. De igual modo, te agradezco el piropo.
—Creo que la palabra que utilizan ahora los jóvenes es «cañón» —aclara Amber—. ¡Estás cañón, nena! —dice simulando poner voz de camionero.
Elery ríe negando con la cabeza, pero no dice nada.
Sigue a lo suyo, aunque no puede evitar desviar la mirada en varias ocasiones, hasta que se encuentra con la mía y, como si de dos adolescentes se tratara, fingimos no darnos cuenta.
Ha puesto música con su teléfono móvil que me regala un viaje en el tiempo.
Las canciones son tan suyas, tan de la época, tan nuestras.
Los cuatro trabajamos a la vez mientras el agua empieza a fluir por el suelo de las baldosas de la piscina.
Nos detenemos un instante a mirar la silueta de Marilyn Monroe dibujada con azulejos negros.
Un aleteo revuela en mi estómago. La piscina brilla, está reluciente.
El césped aún está bastante seco, pero ya no son hierbajos mal puestos; está perfectamente cortado y calculo que en unos días lucirá de color verde.
Las mesas están lijadas, pero hay que darles otra capa de barniz.
Colocar la tela de los parasoles es algo que nos está dando algún problema; Elery no deja que sea yo la que se suba a encajar la punta, y lo hacen él y Josh, mientras Amber y yo aguantamos las bases.
Como era de esperar, Elery se quita la camiseta.
¿Por qué? ¡Dios me odia! Como si no hiciera suficiente calor ya.
Ahora sí que no puedo evitar repasar cada milímetro de su cuerpo mientras trabaja.
Con cada gesto, se le marcan músculos que ni sabía que existían.
El corazón me bombea cada vez que el tatuaje de la mariposa monarca se deja ver.
Con el pliegue del brazo y con cada movimiento, parece que esté aleteando.
¿Por qué se ha tatuado unas alas en la espalda?
No sé, no va mucho con él. Pero claro, no conozco al Elery de estos últimos años, sus razones tendrá.
Aunque reconozco que me intriga. El tribal del hombro y del brazo sí van con él, y le quedan estupendamente.
Qué afortunada será la mujer que lo cace. Suspiro con ese pensamiento.
—¿Quieres una foto? —La voz de Amber me devuelve a la realidad.
—¿Qué?
—¿O mejor un calendario?
—¿De qué? —Hace un levantamiento de cejas en dirección a Elery. Está claro que me ha pillado mirándolo—. ¡Calla! —La empujo con el hombro sonriendo.
—Yo tengo que marcharme —dice mi amiga—. He quedado con el galerista para comer juntos y ultimar los detalles de la exposición.
—¡Qué ganas tengo de verla! —le digo emocionada.
—Pues mañana al atardecer no hagas planes —se inmiscuye por sorpresa Elery.
Espero que no haya oído nada más.
—¿Por?
—Pues porque tenemos una cita. —Hace una pausa al darse cuenta de que ha escogido mal las palabras—. Esto, que mañana es la inauguración y Amber estará todo el día allí. Si quieres paso a por ti y vamos juntos. Josh irá con las chicas.
—Vale —contesto sin estar muy convencida.
—Perfecto entonces —aplaude Amber—. Me voy.
Me da un beso en la mejilla, saluda a los chicos con la mano y desaparece.
—Así que mañana el día libre, ¿no? —pregunta Josh.
—Sí, claro —respondo sin dudar—. Aprovecharé para buscar un establecimiento donde vendan libros de segunda mano.
—Elery conoce un lugar en Monterey, que te lleve él. —Sasha aparece con esa idea justo en ese momento.
Me incomoda con eso y él se da cuenta.
—Lo siento, mañana está cerrado.
—Pues llévala esta tarde. Así mañana tendrá suficiente trabajo en colocar todo lo que compre.
—Esto… —Me mira y yo no sé ni dónde meterme. Menudo compromiso—. Si a ella le va bien… —acaba diciendo.
¿De verdad me está pasando esto?
—Claro que le va bien. No tiene la agenda muy apretada en Grove —bromea mi hija, y me mira—. Nosotros nos quedamos vigilando que la piscina se vaya llenando en condiciones.
—Claro, Megan, vaya con mi tío. Seguro que acaba comprando más cosas de las que tiene en mente. La camioneta es espaciosa.
Los jóvenes insisten.
Miro a Elery y me sonríe con un leve movimiento de cabeza, con el que, una vez más, me está diciendo que todo está bien.
—Bueno, de acuerdo.
—¿Nos vamos ya entonces?