Aquel verano en Grove 33. Tío postizo
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33. Tío postizo

Sasha

Odio que se esconda para hablar con mi padre.

Qué harta me tienen. No le digo nada cuando me devuelve el teléfono.

La dejo que vuelva a lo que estaba haciendo, pero ella me sigue con la mirada mientras me acerco a Josh.

¿Por qué nos espía? Seguro que cree que me gusta este chico.

Quiero ayudar, pero no sé por dónde empezar y, en vez de preguntarle a ella, se lo pregunto a Josh.

Al parecer, él ya ha acabado de cortar el césped, o mejor dicho, los hierbajos secos, y quiere proceder a regar; me deja elegir si quiero hacerlo yo o si prefiero echarle una mano a mi madre.

Además, hay que volver a limpiar los residuos de la pulidora antes de hacerle el tratamiento a las baldosas, las cuales necesitan mínimo doce horas de reposo.

Y también ir pintando el esqueleto de los parasoles, de las sillas, las tumbonas y las mesas, conforme Elery las vaya lijando.

Elijo la tercera opción; trabajar cerca de Elery me apetece más.

El hombre se encarga de elegirme la pintura y las brochas. Luego me da unas breves instrucciones, a las cuales yo respondo con un levantamiento de cejas bastante sarcástico.

—¿Qué? —pregunta indignado.

—¿De verdad vas a enseñarme cómo pintar?

—No todo el mundo sabe, y tratándose de alguien de tu edad…

—¿Estás prejuzgando a toda una generación?

—Sí —afirma sin pestañear.

Me preparo para rebatirlo cuando mi madre se mete en mitad de la conversación.

—Sasha, te había preparado el rodillo para que hicieras la entrada. Ya he dejado los bordes de los marcos de las puertas con cinta.

—¿Yo sola? ¿Toda la entrada?

—Bueno, es que creí que estaría Norah contigo.

—Pues ya ves que no.

No le hago caso y abro el bote de pintura que Elery me ha traído, dispuesta a empezar con lo planeado.

—Iría bien que la entrada quedara pintada hoy —insiste.

Elery alza la vista sin levantar la cabeza del todo y nos observa a ambas como el que está viendo un partido de tenis. Finalmente, decide interceder.

—Si es tan importante, dejemos esto y vayamos a pintar la entrada.

Abro los ojos de par en par, indignada porque esté cediendo a la petición de mi madre. Justo cuando voy a rechistar, ella vuelve a hablar.

—No importa. Cuando venga Norah, ya lo harán. Había pensado que como era un tramo que es fácil de pintar, podía hacerlo sola sin problemas. Pero ya que lo hagan luego entre las dos.

Pongo los ojos en blanco demostrándole mi disconformidad. Él calla. No me acaba de gustar esto que ha hecho. ¿Qué demonios le pasa? ¿Le da miedo que me acerque a un hombre mayor que yo? ¡Por dios! ¡Si es de la edad de mi padre! ¿Ahora se va a poner en modo madre protectora? Es para flipar.

***

Lo cierto es que el rato se me pasa volando. La radio suena a todo volumen. Josh está un poco como mi madre, y cada dos minutos se ofrece a ayudarme o me propone algo más para hacer, pero no quiero. Prefiero acabar esto.

Observo a mi madre llevarse ambas manos a la parte baja de la espalda. Echa la cabeza hacia atrás estirado el cuello y, cuando la devuelve a su sitio, veo cómo se desestabiliza. Tiene que sujetarse en la máquina que Josh ha dejado en medio para no caerse.

Elery ha dado un respingo al ver lo mismo. Me da la sensación de que estaba a punto de salir a su rescate, pero finalmente no ha pasado nada.

—Estoy bien —dice al ver que la hemos visto—. Hace días que no tomo la medicación en condiciones, es todo.

Se ha vuelto a marear. Está cansada. Desde que estamos aquí está muy activa, pero paralelamente parece agotada. Hace un rato le estaba hablando con mal tono y no entendía sus comportamientos, pero ahora mismo me gustaría ir a ayudarla. No obstante, no lo hago.

El que sí lo hace, para mi sorpresa, es Elery.

—Yo me encargo de echarle el tratamiento a las baldosas. Ve a descansar.

—No necesito descansar —responde ella—, solo tomar la maldita pastilla —gruñe antes de desaparecer.

¿De qué va? ¿Por qué le habla así a alguien que quiere ayudarla?

En cuanto desaparece, Elery me interroga:

—¿Qué medicación toma?

—Creo que acabaríamos antes si te dijera lo que no toma. De todo: ansiolíticos, antidepresivos, somníferos… ¡Ah! Y la de la tensión, que es lo que va a tomarse ahora.

Elery no dice nada más, tan solo mira hacia la casa con la mirada perdida.

Justo en ese momento, aparece Norah.

—¡Ya estoy aquí! ¡No lloréis! Y traigo mucha energía. —Levanta ambas manos al cielo—. ¡Guau! Esto ya empieza a parecer una piscina.

—Pronto podremos hacer una buena barbacoa y darnos un baño. ¡Por fin tenemos una amiga a la que sacarle provecho! —añade Josh.

—Yo creo que el provecho os lo estamos sacando nosotras a vosotros —declaro.

—Créeme, Sasha, cuando esa piscina esté activa, tendrás que echarnos de aquí —anuncia Norah.

—Para que eso pase cuanto antes habrá que darle caña a esto —nos interrumpe Elery—. Josh, te toca ayudarme. Deja a las chicas que acaben con el mobiliario.

—¡Voy! —responde él.

—¿Amber ha venido? —le pregunta el hombre a la chica.

—Sí, está con Megan en el baño.

—¿En el baño? —me intereso.

—Sí, se han encerrado allí al ver la cara de tu madre. Mi madre tiene remedios de hippie para todo. No te preocupes, he oído que es tan solo un pequeño golpe de calor.

Elery mira hacia la casa varias veces, pero finalmente le hace un gesto al chico y los dos bajan al fondo de la piscina, cargados con el producto que tienen que pasar por las baldosas con un par de mopas anchas.

Norah rescata uno de los pinceles que he dejado en remojo y se pone a pintar una tumbona a mi lado.

Suena What’s up , de 4 Non Blondes. ¡Me encanta esta canción!

Josh empieza a silbar la melodía, Elery la tararea y Norah se decide a empezar a cantarla.

Va subiendo el tono y es algo contagioso, así que, al cabo de nada, la siguen ellos dos a viva voz y desde la piscina.

Por último, yo lo hago también. Cantamos en voz alta, cada uno en su mundo, pero sincronizados.

Es un momento tan increíblemente especial que no podría describirlo con palabras para que alguien que no sea yo pueda entenderlo.

Simplemente hay que sentirlo. Personas que hace unos días no conocía de nada y que ahora mismo es como si formaran parte de mí.

Como si este lugar siempre lo hubiera hecho.

Me emociono, pero lo disimulo gritando la letra.

Cuando acaba la canción, los cuatro vitoreamos como si estuviéramos en un concierto. Por lo bien que lo hemos hecho. Norah sonríe mientras me mira y el corazón se me ensancha. Me acaban de regalar probablemente el mejor momento que he tenido en años.

Veo que Amber aprieta el brazo de mi madre, y me doy cuenta de que han salido al oírnos cantar.

Hasta Sirius ha venido a ver qué pasaba.

Mi madre está sobrepasada por el momento, le veo el brillo en los ojos, y no como el que ha mostrado estos últimos años, es una emoción diferente.

Pero sí, está muy emocionada. Amber aplaude y ella lo hace también, a la vez que ríe, y cuando cree que nadie la ve, se recoge una lágrima que estaba a punto de escaparse.

Tampoco ha sido para tanto. Este lugar la está cambiando, y todavía es pronto para hacer esa valoración, pero yo diría que es para bien. Siento un poquito de paz al pensar eso.

Al final, Amber ha decidido pedir unas pizzas para comer todos juntos. Elery no se queda con nosotros, decide ir a comer con su hermano; tiene que hacer un par de reparaciones a domicilio. Josh debería ir, se lo ha prometido a su padre, pero Elery lo ve tan cómodo entre nosotras que decide dejarlo.

—Quédate. Yo te cubro, me inventaré algo. Le diré a tu padre que te he pedido yo que te quedaras por algo.

—Gracias, tío.

—Eso, gracias, tío —se burla Norah.

—Yo siempre seré tu tío postizo, enana. —La despeina como si tuviera ocho años.

No puedo evitar reírme por cómo la deja.

Él me mira y baja la tonalidad hasta un punto más seria—.

Puedo ser el tuyo también, si lo necesitas.

Solo llámame y le partiré las piernas a quien sea.

A veces es más fácil hablar con tu tío que con tus amigos —vuelve a bromear, pero yo siento que lo ha dicho de verdad. Simplemente lo sé.

Por suerte, mi madre no ha oído eso, ya que se encuentra en la cocina cortando las pizzas antes de sacarlas al jardín.

Amber sale en ese momento con vasos apilados y un par de botellas, una de agua y una de cola. Besa a Elery en la mejilla y veo cómo él se va.

—¿Quieres que vayamos a visitar los bosques donde hibernan las mariposas monarcas?

—me pregunta Norah—. No es época para que puedas verlas, pero el lugar es precioso.

Te enseñaré también algunas tiendecitas móviles de souvenirs .

Está a unas dos horas de aquí por eso. No sé si te apetece, volveríamos tarde.

—¡Ah! Pues sí. Me gustaría comprarme algo. Aunque no sé si… —Rezo por que mi madre me deje el coche. Me apetece mucho ir a ese lugar; he visto fotos por Internet, no puedo no ir.

—¿Aún estarán esas tiendas? —pregunta mi madre.

—¡Uy! Ahora hay un montón —responde Amber—. En aquella época solo había la de la vieja Doris. ¿La recuerdas? Pobre mujer. —Le desbloquea a mi madre algún tipo de recuerdo y ella se queda sonriendo en su mundo.

—Sí, sí la recuerdo. Fuimos de excursión a pasar el día con los del instituto.

—Esto… ¿me dejarás el coche? —le pregunto sin apenas mirarla.

Josh se mantiene callado. No deja de mirarnos. Creo que espera una invitación.

Ella se lo piensa un momento.

—Claro. Sí, salid a pasear. Pero tened cuidado con la carretera, no está cerca.

¡No me lo puedo creer! Ha dicho que sí, sin más.

—Bueno, primero pintaremos la entrada —le aclaro.

Ella me mira y alza una sonrisa apretando los labios, yo la miro y hago lo mismo, y pese a todo, en este momento, mi madre y yo compartimos un instante de complicidad.

Lo peor de todo es que me ha gustado; me ha hecho sentir bien.

No sé por qué no puedo mantener esta actitud con ella. Todo sería mucho más fácil.

Amber nos trae unas batas viejas que utiliza para pintar.

Norah ni se lo piensa al quitarse la camiseta y ponerse una de ellas sobre el sujetador.

Yo me corto un poco porque está Josh, y voy al baño para hacerlo, aunque no tiene mucho sentido, ya que el sujetador es exactamente lo mismo que un biquini. Pero no sé, simplemente lo hago así.

Ella sola se adjudica pintar las partes altas, así que se pasa el rato sobre la escalera.

Yo la voy observando desde abajo. Tiene unas piernas preciosas.

Lleva un short ancho y desde aquí puedo verle la ropa interior blanca.

De nuevo empieza el hormigueo. Tengo que dejar de mirarla. Me sonrojo y agacho la cabeza.

—¿Josh vendrá con nosotras? —me animo a preguntar.

—No —contesta sin pensarlo.

—¿Por qué no lo has invitado?

—Porque últimamente está un poco gilipollas y porque no sé, me apetece pasar un rato juntas, solo las dos.

Me deja muda. Ya sé que le apetece estar juntas como amigas, pero no puedo evitar que me vibre hasta el alma. Siento que Josh se quede fuera de la ecuación, pero es que estar a solas con Norah empieza a parecerme, cada vez más, el mejor de los planes.

***

La entrada la dejamos lista en apenas una hora. Nos cambiamos y ya estamos preparadas para nuestro paseo en coche.

—¡Me llevo esto, Megan! ¡La traeré otro día como nueva! —le comunica Josh a mi madre sin aclarar de qué se trata.

El joven tan solo saca la cabeza para saludarnos con la mano. Tengo la sensación de que está un poco mosqueado porque Norah no lo ha invitado a venir, pero trata de disimularlo.

A ambas nos ha picado la curiosidad por saber qué es lo que se lleva.

Así que, sin decir nada, tan solo comunicándonos con la mirada, las dos salimos a toda prisa a ver de qué demonios se trata.

Cuando llegamos al jardín delantero, lo vemos pedalear forzosamente la vieja bicicleta de mi madre.

Le está costando un poco. Además, es tan alto que parece que vaya subido a una bicicleta de niños.

Ver eso consigue que explotemos en risas a la par.

Reímos tanto que Norah necesita apoyarse en mí para no caerse, mientras con la otra mano se sujeta el vientre que le duele de tanto reír.

Yo he dejado de hacerlo porque solo puedo mirarla y fingir que no me estoy muriendo por besarla.

¿He dicho besarla? ¿Qué tendrá esta chica?

Tengo la sensación de que cada vez nos complementamos mejor, empiezo a entender su humor, sus gestos y, por momentos, incluso llego a interpretar su mirada.

Nunca había sentido tanta complicidad con nadie, y esto da miedo.

Lo da porque sé que va a doler, y mucho.