Aquel verano en Grove 27. Equilibrio #2
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27. Equilibrio #2

Esa pregunta me atraviesa con un rayo, ya que delante de mí tan solo la tengo a ella.

Estoy a punto de balbucear al intentar contestar cuando, al levantar mis ojos de la tabla, descubro que Norah tiene la mirada en el horizonte.

La tonalidad del cielo empieza a volverse rosácea, amarillenta y violeta.

Jamás había visto esa mezcla de colores en algo que no fuera un fondo de pantalla o algo así.

Es realmente precioso. Todo en ese momento lo es.

En este instante tengo el alma ensanchada de emociones.

Estoy bien. No recordaba lo que era estar bien.

Embobada totalmente, observando la infinidad del horizonte, respondo:

—Es increíble, me encanta.

—A mí también —dice ella en apenas un susurro.

Cuando me giro, está mirándome, y no es por la magia del momento, juro que en este instante Norah me está viendo por dentro. Me mira a mí y mi corazón casi explota.

—¿Volvemos, chicas? —La voz de Elery nos saca de ese extraño momento.

Cuando intento contestarle, pierdo el equilibrio y, de nuevo, las dos caemos por última vez al agua.

Nadamos en silencio los cuatro. Apenas nos secamos con las toallas. Elery oculta de nuevo sus alas con la camisa y entre todos cargamos las tablas. Josh no ha hablado en todo el rato. Ni siquiera me mira. ¿Qué mosca le ha picado?

Volvemos a casa cada uno con el mismo vehículo con el que habíamos ido.

Elery vuelve a poner la música alta para evitar la conversación.

Me sorprende oír la voz de Katy Perry, debe ser cosa de Norah que él escuche esta canción.

Suena The one that got away . Golpea con los dedos el volante al ritmo de la canción.

—La versión acústica es mejor.

Baja el volumen un poco para oír lo que le digo.

—¿Qué?

—Esta canción tiene una versión acústica que es mil veces mejor. Por cierto, no esperaba encontrar a Katy Perry en tu lista.

—¿Por? ¿Me estás prejuzgando? —Sonríe pícaramente.

—No. Bueno, sí. No sé, es música bastante actual y no sé. Nada. Yo la escucho muchísimo.

—La música es música. O te hace sentir o no. Me da igual la época o si es country o pop. Bueno, si es rock , mejor, pero yo solo busco que me transmita lo que sea, que tenga alma.

¡Jo-der! Me veo reflejada en esa frase, podría haberla dicho yo perfectamente. Por eso mis listas van desde Taylor Swift, pasando por Maneskin, hasta Lewis Capaldi. Y ahora, desde que conozco a Elery, he añadido artistas de los setenta, los ochenta y los noventa.

—Además, esta canción me la descubrió Norah —confiesa—. Yo también aprendo cosas de la gente joven.

—Ahora que lo dices… Tienes razón, ya me lo había comentado.

—Oh, sí, cómo no. No va a dejar de chulear por esto —bromea.

—Te pasaré el link para que escuches la versión acústica. Tengo tu número por aquí. —Saco el móvil y busco su contacto, como si no fuera algo extraño que lo tenga.

Encuentro rápidamente el vídeo de esa canción en YouTube y le mando el enlace al instante.

—Recibido —dice al oír el sonido de su teléfono—. Después la escucho tranquilamente.

Noto como se va poniendo nervioso al entrar en la calle del Marilyn. Mira a ambos lados varias veces. Josh viene pegado y, en cuanto Elery se detiene, él lo hace también. Ambas nos bajamos de los vehículos a la vez.

Mientras Josh le ayuda a descargar a Norah su tabla, mantengo la puerta abierta y a Elery no parece gustarle.

—Tengo un poco de prisa, Sasha, si pudieras… —Lleva la vista a mi mano sujetando el marco de la ventanilla.

—Oh, sí. Perdón. Gracias por todo. Intentaré no caerme tanto el próximo día.

—Creo que Norah puede continuar con las clases. Tiene mucho nivel, y yo mucho trabajo.

Me deja helada con esa frialdad. ¿Qué le pasa a este hombre? Sigue mirando por el retrovisor incómodo.

—Sí, gracias igualmente por la iniciación.

—No ha sido nada.

Como veo que no está receptivo, cierro la puerta. Pero debe sentirse algo mal por su sequedad, y antes de marcharse me llama.

—Sasha. —Me giro—. Megan no ha sido tan mala madre, mírate, eres increíble. Ha perdido una hija, no dejes que sienta que ha perdido a dos.

—Pe-pero…

No me da opción a nada y sale de nuevo a toda velocidad, dejándome con la palabra en la boca.

¿Se está preocupando por mi madre? Está empatizando con ella, eso está claro. Aunque… ¿Megan? ¿La ha llamado por su nombre? ¡La conoce! ¡Lo sabía!

Norah se sitúa a mi lado sujetando la tabla de pie y vemos desaparecer los dos vehículos.

—¿Será posible? ¡Ni se ha despedido de mí!

—Tenía prisa. —Mientras ella sigue con la mirada en el final de la calle, algo llama mi atención al otro lado—. ¿Es esa mi madre?

Norah se gira y ve salir a ambas mujeres cogidas del brazo. Amber se mantiene en su línea, desde que la conozco la veo hermosa, pero mi madre… Está, no sé, ¿guapa? Se acercan hasta nosotras. No doy crédito de cómo, con soltarse el pelo y pintarse los labios, puede estar tan bonita.

—¿A dónde vais? —No se me ocurre nada más que decir.

—Pues tu madre y yo vamos a pasar un rato juntas, a jugar un billar y a escuchar buena música. No nos esperéis. —Se acerca a su hija y le besa la cabeza.

—Megan, te diría que mi madre no es una buena compañía, pero algo me dice que eso tú ya lo sabes —bromea Norah.

—Hace toda una vida que lo sé.

—Sí, pero aquí estás, cogida de su brazo.

De repente es como si la madre fuera yo y Amber fuera Norah.

Nunca la he visto actuar así con nadie. Mi madre no tiene amigos, solo conocidos y vecinos en Phoenix.

¡Joder, qué triste! Ahora que lo pienso, no era para nada feliz en Phoenix.

La muerte de Sammy solo fue la gota que colmó su estabilidad emocional en una vida que no deseaba del todo.

Mírala, está sonriendo. ¿Cuánto hacía que no sonreía ni se arreglaba? ¿Es esta la verdadera Megan? ¿Conocerá mi padre esta versión y por eso nos está obligando a estar aquí pese a la situación? ¡Necesito demasiadas respuestas!