Aquel verano en Grove 27. Equilibrio
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27. Equilibrio

Sasha

Parece ser que la pregunta sobre las mariposas lo incomoda. No lo dice, pero tanto su postura como su gesto lo delatan. Se mira el tatuaje del brazo, lo hace como si lo estuviera fundiendo con rayos X, luego vuelve la vista al mar y se toma uno segundo para contestar.

—Es una larga historia.

—Me encantaría oírla.

—No. No te gustaría.

Su banalidad resulta incluso soberbia. ¿De qué va? ¿Acaso cree que no estoy preparada para oír la historia de su difunta esposa?

—Hay una historia de amor detrás, ¿verdad?

He dado en el clavo, ya que, tras escuchar mi deducción, se gira para mirarme. Siento como si me estuviera analizando; sus pupilas repasan mi rostro de una manera inquieta. ¿Será el primer amor del que me habló en el faro?

—Hay demasiadas cosas detrás. ¿Qué me dices de ti? ¿Llevas algún tatuaje? —está cambiando de tema.

—Pues lo cierto es que no. Hace tiempo que quiero hacerme uno, pero aún no he encontrado eso que reúna todo lo que quiero que signifique.

—¿Y qué quieres que signifique?

—Tampoco lo sé exactamente. En cierto modo, quiero ligarlo a la pérdida de alguien querido, al recuerdo… como imagino que tú has hecho con el tuyo.

Junta el entrecejo sorprendido.

—¿Cómo sabes que mi tatuaje es por una pérdida?

—No te enfades con Nora, pero me contó lo de tu mujer. Lo siento mucho.

—Ya. —Claramente, no quiere hablar del tema—. No significa ese tipo de pérdida y, de todos modos, no es por ella.

—Lo siento, no quería meterme donde no me llaman.

—No pasa nada. Tuve una vida antes de pasar por lo de Odette.

—Qué bonito nombre.

—Sí. Ya veo que te gustan los nombres franceses —trata de bromear recordando el momento en el que dije que también me gustaba el nombre de Marion.

Se toma unos segundos y prosigue—. Su muerte me hizo darme cuenta de muchas cosas.

—Inhala profundamente—. Y aquí estoy de nuevo.

—Exhala en algo parecido a un suspiro—. No podemos cambiar el ayer, pero podemos intentar que el mañana sea un poco mejor.

¿A quién perdiste tú? Si puede saberse, claro.

—Mi familia se rompió cuando mi hermana Sammy murió —le confieso—. Por eso creo que te entiendo; también hubo un antes y un después. Y créeme, el después es una puta mierda. Ya ni siquiera somos una familia.

Cierra los ojos cuando le cuento esto, parece no querer escucharlo, como si le doliera. El pobre debe empatizar de la misma manera que lo hago yo con él.

—Siento mucho lo de tu hermana. —Aprieta los labios—. Y ¿cómo… cómo…? —le cuesta soltarlo—. ¿Cómo lo lleva tu madre?

—No sé si la habías conocido de joven, pero…

Suelta el aire antes de contestar.

—Sí, algo.

—Pues olvídate de esa persona. Ahora es como un zombi. Sufre ataques de ansiedad, no duerme, tiene la tensión alta como has podido comprobar, siempre está de mal humor. Resumiendo: odia la vida.

—Todos odiamos la vida a menudo. Tú tienes pinta de hacerlo también.

—Yo odio que la vida me haya arrebatado a Sammy y que eso haya destruido a mi familia, pero yo no odio la vida.

Voy a hacer la carrera de periodismo, me haré famosa y yo no voy a firmar con seudónimo.

—Lo miro ladeando la cabeza y levantando una ceja—.

Voy a dar vueltas por el mundo entero hasta decir basta.

Y entonces volveré. En realidad, no sé a dónde, pero a Phoenix ya te digo que no.

—Me parece una genial idea. Tienes que seguir tu instinto y darles caza a tus sueños.

Tienes buena actitud para el periodismo; es un mundo bastante despiadado, no te voy a mentir, pero es a la vez adictivo.

Te pasaré algunos contactos, incluso para cuando tengas que hacer las prácticas. Me deben demasiados favores.

—¿De verdad? ¿Harías eso por mí?

—Claro, pequeña.

Me encanta como suena esa palabra de su boca. Lo hace con una tonalidad tan tierna, que me alegra el hecho de que me vea como una niña, en vez de como una adulta. Tiene cero interés en mí como mujer, aunque Norah lo tache de mujeriego. Eso me hace sentir segura a su lado.

—¿Conociste a mi padre? Se llama Alan Brown.

Qué manía tiene con mirar al mar antes de contestar. Creo que trata de que no analice su rostro. Por desgracia, antes de poder empezar a indagar sobre si conocía a mis padres y de qué exactamente, un bocinazo desde atrás nos hace darnos la vuelta.

Norah y Josh descargan las tablas, y mi nueva amiga me hace un gesto con la mano para que me acerque. Cuando me levanto para volver hasta donde ambos vehículos están aparcados, Elery me llama.

—Sasha. —Me giro sin contestar y veo que me lanza algo.

Lo pillo al vuelo de casualidad. Abro mis manos y descubro que es la llave de su camioneta—.

Es para que te cambies. La furgoneta de mi hermano está siempre llena de trastos.

—Asiento con la cabeza—. ¡Ah! Y mándame a Josh con las tablas, creo que está demasiado contento de que estés aquí y no quiero que se le vayan los ojos hacia el interior del vehículo.

Me sonrojo y lo hago de una manera que es imposible disimular. Abro los ojos de par en par y Elery explota en risas. ¿Me está insinuando que Josh podría estar interesado en mí? No me ha parecido eso en ningún momento. Y, por favor, rezo por que no sea así o Norah acabará por no hablarme más.

—¿Ya te está seduciendo ese gañán? —bromea Norah al verme sonrojada.

—¡Qué va! Es un tío genial.

Miro a Josh, que lleva ambas tablas bajo los brazos y cierra la parte trasera de la furgoneta con el pie.

—Ya. Demasiado genial —dice entre gruñidos el joven.

¿Soy yo o ha utilizado una tonalidad hacia su tío que no mola?

—¡Va! ¡Cámbiate! No es el más bonito de mis biquinis, pero te irá bien. Que sepas que ya te he hecho tu primera fotografía junto al mar de Grove.

—¿En serio?

—Sí. Lástima que sale el viejo a tu lado. —No me gusta que llame a Elery así, pero no digo nada—. Tenía el encuadre perfecto al bajarme de la camioneta, los dos sentados en la arena sobre las tablas, mirando hacia el mar.

—¡Pásamela! ¡La subiré a Instagram!

—Vaya, hombreee. La primera foto que vas a subir y no es conmigo —bromea dándome un toque suave con su dedo índice en la nariz.

Consigue ralentizarme el pulso para después acelerarlo de repente. Pone el biquini sobre mi pecho sin importarle que sus dedos estén sobre mí.

—Ahora te la envío, pero cámbiate —me ordena.

No me lo pienso mucho más y me meto en la camioneta. Nunca en mi vida me había cambiado en un lugar así. Lo hago rápida y torpemente. Sé que nadie puede verme, pero me da terror pensar que pueda ser así.

Después de golpearme con todo, salgo y Norah no puede evitar mirarme de arriba abajo. No dice nada, solo me mira.

—¿Qué? ¿No me queda bien?

Por fin alza una sonrisa.

—Te queda más que bien. —Sacude la cabeza obligándose a mirar hacia el mar—. Venga, vamos.

Cuando llegamos, Josh ya se ha metido en el mar. Está tumbado sobre la tabla, nadando con ambos brazos, buscando adentrase un poco más.

—Nosotros nos quedaremos más cerca —me tranquiliza Elery.

Me prestan la tabla y dudo antes de meterme.

—Tranquila —me susurra Norah—, estoy aquí y Elery es un excelente nadador. No hay peligro. Además, mira el mar, está muy tranquilo. Hoy tan solo practicarás el equilibrio.

Oír eso me deja más tranquila. Y también que me diga que está aquí; sé que no tiene nada de romántico, pero me lo ha parecido y mucho.

Elery me espera unos metros más adentro.

Norah me pide que la imite nadando sobre la tabla, hasta llegar a donde está él.

Cuando llegamos hasta allí, se encuentra de espaldas a nosotras, mirando al horizonte, supongo que busca olas.

Vete a saber. Me impacta ver esa enorme espalda porque descubro que en la parte superior lleva un enorme tatuaje de dos alas, como si le nacieran.

¡Es una caja de sorpresas este hombre! Ahora entiendo que a la madre de mi amiga se le fundan las bragas con él.

Trato de imaginármelo de joven. Debió ser de esos por los que las chicas se peleaban.

Me hace gracia. Por un momento me pregunto si a mi madre y a Amber les gustaría por igual.

No pega nada con mi madre, es todo lo contrario a lo que es mi padre, así que declino esa opción.

***

Elery es un increíble maestro, sí, lo es.

Ha conseguido que me ponga en pie y que mantenga el equilibrio en apenas una hora.

Eso sí, a costa de las risas incontroladas de Norah, que ha tratado de ayudarme en todo momento y hemos acabado las dos bajo el agua infinidad de veces.

¡Mañana tendré agujetas! Me río y trago agua salada a partes iguales con cada chapuzón.

Tenemos al pobre Elery frito con nuestras carcajadas.

—Bueno, chicas, con vuestro permiso voy a acompañar a Josh un rato, a ver si estamos de suerte y podemos dar con alguna ola que valga la pena.

—Sí, sí. No te preocupes, yo seguiré con el equilibrio.

—Seguiremos —aclara Norah.

Lo vemos perderse nadando sobre la tabla, hasta que mi amiga me insiste en volver a ponernos en pie cada una sobre su tabla.

A ella no le cuesta nada. Evidentemente, a mí me cuesta horrores, pero lo consigo, tambaleándome un poco más de lo normal.

Esta vez no creo que aguante mucho, ya que cada vez noto que me desestabilizo más y más.

Lo hago hasta que Norah se posiciona delante de mí y me sujeta por los hombros.

Instintivamente, hago lo mismo y nos quedamos las dos apoyadas la una en la otra.

Por fin me siento segura. ¡Qué increíble sensación!

El sol ya está bajo, no sé ni la hora que es ni el rato que llevamos en el agua. Solo sé que tengo las manos arrugadas, pero que las tengo sobre la piel de Norah, y definitivamente creo que no podrían estar en mejor lugar. Pensar eso hace que el corazón me bombee un poquito más rápido de lo normal.

—¿Te gusta lo que ves?