22. Lámpara de araña
Megan
No puedo empezar a pintar hasta que Sasha llegue.
Me ha parecido que ella y Norah tenían algo de qué hablar, así que no espero que lleguen pronto.
Lo mejor que puedo hacer es buscar viejas sábanas y cubrir todo para no mancharlo.
Empezaré por el salón. Anoche lo reestructuré y empieza a tener forma, pero urge una mano de pintura y que se haga algo con ese fuego hogar tapiado y desaprovechado.
Pienso en Sammy y en lo que le hubiera gustado ese fuego encendido; siempre decía que teníamos que comprarnos una casa así, para poder colgar los calcetines en Navidad y sentarnos frente a las llamas a jugar a un juego de mesa.
Tardo más de lo que imaginaba en encontrar una vieja escalera.
Rezo porque me aguante y esté en condiciones, ya que voy a tener que utilizarla mucho y, para ser sinceros, las alturas no son lo mío.
Cubro todos los muebles del salón y sonrío al darme cuenta de que parece una concentración de fantasmas.
Arrastro la escalera hasta justo la mitad de la sala y me alzo para ver si logro descolgar esa gran lámpara de araña.
¿Pesará mucho? Tal vez debería esperar a Sasha.
Es una reliquia y me sabría muy mal que se rompiera.
De todos modos, voy a investigar cómo poder descolgarla, aunque no vaya a hacerlo ahora.
Subo hasta el último escalón, al principio me tambaleo un poco y eso no me gusta nada, luego me doy cuenta de que soy yo; la escalera parece muy estable y robusta. Trato de no mirar abajo. Cojo aire, me suelto poco a poco y consigo mantener el equilibrio perfectamente. ¡Venga Megan! ¡Tú puedes!
Justo en el momento en el que pienso que debería haber desconectado la electricidad primero, por si tiene algún cable pelado o algo así, se oye de nuevo ese extraño ruido que ya he asimilado como el timbre de la casa.
—¡Está abierto! ¡Estoy en el salón, Sasha! ¡Ven! ¡Necesito tu ayuda!
Oigo los pasos de las chicas avanzar mientras yo fijo la vista en el enganche que aguanta toda la lámpara. ¡Bingo! Si el cable es largo no creo que necesite quitar la corriente eléctrica, tan solo depositarla en algún lugar.
—¿Podéis arrastrar el sofá hasta aquí? Quiero dejar la lámpara ahí.
No las oigo rechistar ni nada, tan solo oigo las patas del sofá arrastrándose por el suelo hasta quedar al lado de la escalera. No me atrevo a descolgarla aún, sigo investigando si está sujeta a otro enganche o no.
—Gracias, chicas. —Bajo la vista con miedo a sentir vértigo, pero no, parece que lo controlo. Eso sí, aquí abajo no encuentro a quien creía, y la mirada algo preocupante del joven Josh me sorprende—. ¡Oh! Lo siento. Hola, Josh, ya bajo.
—¿Megan? —Una voz que reconocería hasta en el fondo del océano me atraviesa como un rayo, pasa por mis oídos y me va directa al alma.
Muevo la vista unos centímetros al lado del joven y me topo con unos ojos del color del mar.
El mundo entero se detiene a mis pies, todo, absolutamente todo lo hace con una sacudida lo suficientemente brusca para desestabilizarme.
Lo miro un instante, nuestras miradas se encuentran, el pulso se me acelera y de repente todo se torna borroso.
Trato de enfocarlo. Alguien me llama a lo lejos, como si lo hicieran desde el infinito.
Oigo mis propios latidos como si se anidaran en mis oídos.
Pum-pum, pum-pum, pum-pum. Miro la lámpara de araña, tampoco logro enfocarla, y cierro los ojos a la espera de la inevitable caída.
Recobro la conciencia enseguida, oyendo cómo le dan órdenes al chaval.
—¡Josh, los pies en alto! Ve a buscar un poco de agua.
El chico coloca algo bajo mis pies y sale a toda prisa del salón.
Abro los ojos y me sujeto al sofá asustada, arañando la sábana que cubre el viejo sofá chéster. Sigo viendo la antigua lámpara sobre mí.
—¿Qué ha pasado?
—Estás bien, no te has golpeado con nada, he logrado pillarte al vuelo. —De nuevo esa voz electrizante.
—¿Qué?
La confusión se apodera de mí. Un millón de recuerdos atraviesan mi mente en forma de destellos. La playa, su sonrisa, el vino blanco, Amber, el dolor que sentí, mi marcha de Grove, mi corazón roto.
Me incorporo de inmediato y trato de ponerme en pie, pero no estoy preparada para ello y me desestabilizo de nuevo. Elery me sujeta por el brazo y me ayuda a sentarme.
En ese momento entra el joven con el vaso de agua y me lo coloca entre las manos.
—Gracias, Josh. —Apenas lo miro.
Apenas lo he hecho con Elery, el cual aguarda sin mediar palabra. Ha enmudecido.
—¿¡Qué ha pasado!? —grita Sasha mientras entra a toda prisa y tira la bolsa al suelo con la compra—. ¿Se ha caído desde la escalera? —pregunta alterada.
Oír cómo se preocupa por mí me da un pellizco en el corazón. No todo está perdido.
—Se ha mareado —aclara Josh—. Pero no se ha caído, Elery la ha rescatado al vuelo.
—Estoy bien, no ha sido nada. La tensión, la tengo un poco alta, es todo.
—Ya haré yo todo lo que sea en alto, mamá, no te vuelvas a subir a esa escalera.
Sé que no es momento de rechistar, sobre todo después de recibir su preocupación, así que asiento y punto. Noto cómo Elery me sigue con la mirada. Aguarda callado, no sé qué espera, pero no logro mirarlo.
—Voy al baño a refrescarme la cara. Ya está, todo controlado. —Por fin me pongo en pie—. ¿Puedes mostrarles los electrodomésticos que fallan? —le digo a mi hija.
—Claro, eso es fácil. Todos —bromea.
—Venga, echemos un vistazo. —Por fin oigo de nuevo la voz de Elery.
Se adentran en la casa y yo aprovecho para encerrarme en el baño. Apoyo ambas manos en el fregadero y dejo caer la cabeza. No me puedo creer esto. ¡Elery! ¡Está en Grove! ¿Por qué Amber no me lo dijo?
Levanto la vista para observar mi rostro en el espejo y veo como una gota de sangre se desliza desde mi nariz y cae en el lavabo.
¡Mierda! Pues sí que me ha traicionado la tensión hoy.
Lavo mi cara con agua fría, dejo caer la cabeza hacia atrás un rato y cuando está controlado, tapono el orificio nasal con un poco de papel higiénico. Así no puedo salir ahora.
Abro mínimamente la puerta y espío por la rendija.
Se ha convertido en un hombre de espaldas anchas.
La camiseta se le ajusta a la musculatura, lleva el cabello alborotado sin ser largo del todo y se le ha oscurecido un poco, ahora es castaño, pese a que se le siga viendo bastante rubio, claramente degradado por los rayos del sol.
Las entradas en la frente delatan su edad, sigue teniendo un cabello bonito, pero en menos cantidad.
Mientras le da unas indicaciones al chico, se gira y puedo observarlo de frente sin que él me vea.
Sigue siendo guapo, con unas arruguitas en la comisura de los párpados que se pronuncian cuando alza la sonrisa.
Eso lo hace más interesante. Sus ojos siguen del mismo turquesa, de color mar; a veces azulados, a veces de un verde intenso.
La barba le queda genial; de joven apenas se la dejaba crecer dos días y al tercero ya se afeitaba.
Pero ahora creo que forma parte de su personalidad.
Se ve que la lleva cuidada y que la debe mantener en su justa medida.
Cuando sonríe asoma ese hoyuelo en forma de línea de expresión; Elery no tiene un hoyuelo convencional, sino que es alargado y envuelve su sonrisa.
Su piel no es la misma —me pregunto si olerá igual—, tampoco su pelo, ni su cuerpo, pero sus rasgos únicos siguen intactos, los reconocería pasaran los años que pasaran.
Sigue dándole indicaciones al chico a la vez que sostiene a Sirius en brazos y lo acaricia.
En una de esas, manda a Josh a buscar algo y señala en la dirección en la que me encuentro.
Cuando se percata de que entre la rendija de la puerta están mis ojos observándolo, clava los suyos en los míos unos segundos, hasta que el chico reclama su atención y dejamos de mirarnos en la distancia.
¿Y ahora qué? Tengo que salir, pero no me atrevo.
Si para algo no venía mentalizada, era para encontrarme con él.
Nada apuntaba a que estuviera en Pacific Grove, creí que estaba en Europa, y me parecía una distancia suficiente para poder viajar a este lugar sin tener que temer encontrarlo.
Supe que tendría que afrontar su recuerdo, pero no que iba a hacerlo con él en persona.
Tal vez se me haya ido de las manos encerrarme en el baño, debo llevar más de media hora. Creo que he perdido la noción del tiempo envuelta en mis pensamientos.
—Mamá, ¿estás bien? —Oigo la voz de Sasha pegada a la puerta y decido abrir. Coloco algo parecido a una sonrisa en mi cara y salgo.
—Estoy bien, cariño.
Me permito acariciarle la cara cariñosa e increíblemente no se aparta.
—Tienes cara de cansada. Sube a descansar —me ordena, como si ella fuera la madre—.
Danos un par de pautas para que mi amiga y yo empecemos.
Al final, los abuelos de Norah han mandado a Amber un equipo de mudanza que ha empaquetado los cuadros y los ha llevado hasta el lugar donde va a exponer.
Así que Norah puede quedarse con nosotras.
—Estoy bien, de verdad. Es solo la tensión. Quería descolgar la lámpara, es todo.
—Ya lo han hecho. Han descolgado todas las lámparas y dejado una simple bombilla para que podamos limpiarlas y pintar tranquilas. Me han dicho que cuando haya que volver a ponerlas, vendrán y lo harán encantados.
—¿Han?
—Sí, Josh y su tío.
—¿Su tío?
—Ay, mamá. Sí, su tío. ¿Vas a repetir todo lo que te digo? —Sasha está empezando a sacar su coraza.
—¿Ya se han marchado?
—No, están acabando de cargar la lavadora, se la llevan, pero no hay mucha esperanza.
El microondas no tiene arreglo, pero la nevera sí.
Le han cargado algo de gas, no me preguntes dónde, pero ahora enfría bien.
En cuanto a la lavadora, pueden dejarnos una de sustitución los días que estemos aquí o podemos comprar una nueva si crees que vamos a seguir haciendo uso de la casa más a menudo.
—Pues, no sé. No había pensado en eso.
—Se han ofrecido a hacer un repaso a la instalación eléctrica y, además, Josh ha insistido en venir en horas muertas a poner la piscina en condiciones. ¿Qué te parece?
La ilusión inesperada de mi hija por todo esto no me deja margen para emitir ninguna queja ni decir que no a nada.
Claro que no quiero que Elery esté rondando por aquí, no lo quiero cerca de mí, ni cerca de ella.
Pero no puedo negarme; Sasha merece tener ilusiones y la veo contenta con sus nuevos amigos, con el lugar y con la casa. No puedo negarme.
—Me parece bien, hija. Nos será de gran ayuda. Pero no hace falta que venga también su tío, que la gente tiene una vida. Creo que somos capaces de hacerlo nosotras con ayuda de tu amigo.
—No lo conoces, mamá. Elery es encantador y si no quisiera venir, lo habría dicho claramente.
—¿Qué sabes tú de cómo es ese hombre? —Se activa mi alarma interna.
—Algo más que tú, seguro. —Empieza a ponerse a la defensiva, así que aflojo.
—Bueno, pues les pagaré, que apunten las horas.
—Me parece justo. Se lo puedes decir tú misma, te esperan en el jardín, creo que ya han cargado todo lo que querían llevarse a reparar.
—¿A mí? —pregunto aterrorizada.
—Sí. Anda, sal.
Suelto el aire que he retenido sin querer más de la cuenta y me doy media vuelta para salir a afrontar este momento.
—Pero mamá…
—¿Qué? —Me giro y me señala la nariz. Tardo unos segundos en acordarme de que llevo un orifico tapado—. ¡Oh! ¡Mierda!
Me quito el trocito de papel higiénico que apenas está manchado con sangre seca y me lo guardo en el bolsillo del pantalón avergonzada.
Miro con temor hacia la entrada. La puerta está abierta y, al final del camino empedrado, veo a Elery acabando de anudar una cuerda para que no se mueva la lavadora sobre la vieja camioneta desconchada.
Ahora entiendo por qué llamaba mi atención ese vehículo, es como si el universo hubiera estado tratando de avisarme desde que llegamos.
—¡Señora Brown! —me grita el joven a la vez que voy acercándome con los brazos en cruz. No tanto a la defensiva, más bien sujetándome los codos, abrazándomelos a mí misma y reuniendo el valor que necesito para poder volver a estar cerca de él.
Al oír mi apellido de casada, Elery levanta la vista y la calva en mí, pero sigue con lo suyo y el muchacho es el que habla.
—Nos llevamos todo esto a reparar. Mi tío le ha dado algunas instrucciones a Sasha de todo. Le traeremos una lavadora de repuesto mientras decide qué hacer. Si me deja un teléfono y un correo electrónico, mi padre le pasará un presupuesto de todas las reparaciones.
—Sí, claro.
—Puede anotarlo aquí. —Me cede algo parecido a un albarán dónde indica todo lo que se llevan. Lo relleno con mis datos y se lo devuelvo—. Le he dicho a Sasha que la ayudaremos un poco con todo esto. Creo que esa piscina sería mucho más útil y un bien para todos si estuviera activa —bromea el joven.
—Claro que sí, Josh. Pero voy a pedirte que me factures las horas, no voy a permitir que trabajes gratis solo porque quieras darte un chapuzón.
El chico sonríe.
—¡Ni hablar! Eso no será trabajo, lo haremos entre todos.
—Insisto, Josh.
—Que no, señora Brown, que no.
—Llámame Megan.
—¿Brown? —Elery nos sorprende colándose en la conversación. Está con una mano en la puerta abierta de la camioneta, esperando a que su sobrino acabe. No me he permitido mirarlo mientras hablaba con el joven.
—Se llama Megan —aclara el chico.
Pero Elery ignora el comentario del joven.
—¿Te casaste con Alan? ¿Con Alan Brown?
Por un instante, he podido ver en su mirada la duda, albergando la posibilidad de que le dijera que no. Aprieto bien los brazos entrelazados, ahora sí es un apostura totalmente a la defensiva.
—Sí, es mi marido. —Decir eso me rompe más a mí que a él, pero esa es la única verdad.
—Estupendo. —Y tras decir eso se sube a la camioneta y da un portazo—. ¡Vamos, Josh! ¡Tenemos mucho trabajo!
El joven nos mira a los dos. Creo que empieza a entender que Elery y yo ya nos conocíamos. Sin embargo, no dice nada al respecto, simplemente obedece a su tío.
—Nos vemos luego —alcanza a decirme el chico.
—Hasta luego, Josh.
Se sube a la camioneta y el vehículo sale chirriando ruedas. Eso hace que Norah y Sasha salgan de la casa. Sirius se asusta y se sube al árbol de un salto. Incluso Amber sale a toda prisa con la vista en el final de la calle, viendo desparecer la camioneta rojiza.
—Pero ¿qué demonios? —Amber levanta los brazos como pidiendo una explicación, hasta que se percata de mi presencia al otro lado de la calle y, sin mediar palabra, entiende lo sucedido. Se lleva ambas manos a la boca y yo… Yo no puedo con esto.