Aquel verano en Grove 19. Lily
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19. Lily

Sasha

Su confesión refiriéndose a que le gusta la novia de Tom Holland me sorprende, pero la naturalidad con la que lo ha dicho, cuando se ha dejado caer en la cama, me confunde.

Sin embargo, dejo de darle importancia en cuanto abro el armario y compruebo que la mayoría de la ropa antigua de mi madre ya está doblada.

Me tiene estupefacta la rapidez con la que se seca la ropa en este lugar, y es que la temperatura diurna da para eso y mucho más.

Norah no ha abierto la boca, se ha dedicado a chatear con el móvil todo el rato, así que cuando levanta la vista y me encuentra vestida con el tejano con dobladillo para que se luzcan bien las Converse y la camiseta metida por dentro del pantalón, se le escapa la risa.

—¿Qué? —le recrimino.

Claro que parece que ella va una discoteca y yo al instituto en los noventa.

—Pareces sacada de otra época.

—Lo sé. Esta ropa era de mi madre cuando tenía mi edad más o menos. Estaba en la casa todavía.

—¿Tu madre cabía en ese pantalón?

—Se ve que sí. —Me miro el trasero en el reflejo del espejo que hay en la parte interior de una de las puertas del armario—. Quiero ir cómoda. Además, ya he notado que ha refrescado.

—Sí y donde vamos el aire sopla un poco. Te acostumbrarás.

—¿De verdad no te gusta nada?

—Yo no he dicho eso. Solo he dicho que pareces de otra época.

Pero te queda genial, tienes un cuerpo increíblemente bonito.

—Me sonrojo al notar esa pequeña pausa tras decir esto.

Noto sus ojos detenidos en mi cintura—. Aunque te pusieras una falda de los años veinte, te quedaría preciosa. Es solo que, no sé…

—¿Qué? —Trato de no mirarla mucho y fingir que me acomodo el cabello frente al espejo—. Dilo.

—Pues que vamos a una fiesta. ¿Es así como sales de fiesta tú?

—En realidad no es que salga mucho. Solo trato de ir cómoda y ser yo.

En cuanto lo digo me doy cuenta de que ha sonado algo seco. Creo que piensa que son palabras recriminatorias, pero no lo son.

—No quería ofenderte. Me alegra que cuando vayas conmigo quieras ser tú.

—No me has ofendido; hace falta mucho más para ofenderme. Con mi vestuario no lo vas a conseguir, o con el de mi madre, mejor dicho.

—Tu madre de joven seguro que estaba cañón. Mañana le preguntaré a la mía a ver si conserva fotografías de esa época.

—Ay, sí, por favor. En mi casa encontré algunas y sí, mi madre era muy guapa. Ojalá las hubiera traído para que las vieras, estoy segura de que la rubia hippie de al lado era tu madre.

—¿ Hippie dices? ¿Qué te hace pensar eso?

Me encanta su sarcasmo. Nos reímos a la vez. La observo sentada en mi cama, con su falda corta y su top roquero, y me parece una chica increíble. Norah es de esas personas que cuanto más las conoces, más guapas las vas viendo. Y yo a penas la conozco y ya la veo preciosa.

—Hablando de cosas del pasado de nuestras madres… ¿Quieres ver algo?

—Eso ni se pregunta.

Me agacho a su lado para sacar de debajo de la cama la caja de madera y se la pongo sobre el regazo.

—¿Y esto?

—Pues no lo sé, pero algo me dice que debe contener cosas interesantes. La encontré en el fondo del viejo armario de mi madre.

—¡¿Y no la has abierto?! —dice moviendo el candado con un dedo y comprobando que está cerrado—. Yo ya la habría dinamitado si hiciera falta.

—La verdad es que al dejarla debajo de la cama la había olvidado. Buscaré alguna herramienta y la abriré cuando mi madre esté comprando o algo así.

—No me lo quiero perder. No olvides llamarme.

Vuelvo a sostenerla en mis manos y de nuevo la introduzco debajo de la cama, esta vez un poco más hondo, por si acaso.

—¿Nos vamos? —pregunta a la vez que se pone en pie dando un respingo.

—¿No te llevas una sudadera? Mira que luego refresca.

—No hace falta, esta camiseta es de algodón y es realmente gruesa. Además, mañana quiero madrugar, no voy a quedarme tanto como para que la madrugada me bañe con su frescor.

—Como quieras, sino ya te dejaré la mía.

—¡Hecho!

Caminamos un rato hasta llegar a la playa, pero no es en la arena donde está la movida, sino en las rocas, como ya me había avisado Norah.

Conforme nos aceramos ya se puede oír la música.

No es exageradamente escandalosa, ya que puedo oír rugir el mar filtrándose entre la melodía Techno.

Hay bastantes jóvenes. Jamás hubiera pensado que en este lugar existiera tanta juventud.

Los hay de varias edades, desde adolescentes de dieciséis años, hasta alguno que yo diría que ronda los treinta; ese debe haberse colado.

Norah tira de mí cuando apenas estamos a unos metros de un grupo que baila alrededor de la hoguera.

—¡Chicos! Esta es Sasha, es de Phoenix y va a pasar el verano en Grove, así que portaos bien con ella.

Creo que el alcohol ya los tiene achispados, ya que algunos empiezan a vitorear mi nombre alzando las cervezas. Norah se ríe y yo me hago más pequeña. Tira un poco más de mi mano y me planta justo al lado de una chica de rasgos orientales y un grupo que intuyo son sus amigos.

—Estos son Tiffani, Ronnie, Jake, Dakota, Emily, Nicole, Ros, Jasper… ¿Qué demonios? Ya los irás conociendo; las presentaciones son un rollo. Vamos a buscar una copa.

Apenas me deja interactuar y ya me está arrastrando hasta donde hay varias neveras de playa clavadas en la arena, con bebidas de todo tipo. Saca una lata y me la cede.

—¿Quién paga todo esto? —me preocupo.

—Pues alguno de los padres ricachones que tienen la mayoría.

No es nuestro caso —bromea—. En realidad, se solía hacer un bote común, pero hace ya un tiempo que los pijos se adueñaron de la movida, y los demás encantados.

¡Bebida y disc jockey gratis! Diferenciarás las fiestas financiadas y las que no por la música; cuando hacemos bote común, como mucho, alguno se trae la guitarra y es otro tipo de fiesta.

Ambas me gustan, pero si me sale gratis, pues mejor.

No digo nada, tan solo asiento con la cabeza.

—¡Ya estabais tardando! —La voz de Josh nos sorprende desde atrás.

Norah grita del susto y después pega a su amigo en el hombro repetidamente. Son una extraña pareja. Él clava sus ojos en mí, tanto que tengo que desviar la vista.

—¿Os lo estáis pasando bien?

No sé si se está dirigiendo a mí, ya que ahora finjo tener la vista perdida en el ambiente como si buscara a alguien. Qué mal se me da disimular.

—¡Lo estábamos! —Oír a Norah decir eso hace que me gire en la dirección donde ha clavado la mirada mientras ha dicho eso.

—¿Qué pasa? Si acabáis de llegar.

—Ya. Y ella también. —Levanta una ceja indicándole la dirección, para que él lo vea con sus propios ojos.

Los tres observamos a una chica que me resulta familiar. Es la misma que había en la hamburguesería, rodeada del brazo de un joven guapo y que consiguió incomodarme.

—¿Quién es? —pregunto inocentemente.

—Nadie importante —se apresura en contestar Josh.

—Es la zorra que engañó a Josh.

—Esa boquita. No la llames zorra, se llama Lily y no me engañó, ya no éramos pareja.

—Sí te engañó, Josh. Otra cosa es que ya lo hayas superado, pero yo no se lo perdono.

—Está bien. ¿Podemos tener la fiesta en paz? Deja a Lily a lo suyo.

—Lo intento, pero es que no deja de mirar hacia aquí y, como entenderás, no me hace gracia que te controle.

—Norah, Lily hace mucho tiempo que pasó página; no me controla, no me espía y no me habla ni por las redes sociales. Se acabó y punto. Déjala que mire, estará tratando de averiguar quién es Sasha.

Vuelvo a mirar a la tal Lily y nuestras miradas se cruzan. Siento un escalofrío al notar la intensidad con la que lo hace. Es muy guapa. Tiene mucha presencia, diría que es hasta incluso algo intimidatoria.

Llaman desde lejos a Norah y esta grita alegremente antes de salir corriendo a abrazar a otra chica.

La sigo con la mirada, sonrío instintivamente al verla tan feliz.

Está en su salsa, así que decido dejarla disfrutar y dejo de prestarle atención.

Me he quedado con Josh y no sé de qué hablar.

Piensa, Sasha, piensa, lo que sea, no es tan difícil.

—Me han dicho que lo arregláis todo en tu tienda. —¡Dios! ¡Penoso! Como si eso mismo no me lo hubiera dicho él en otra ocasión. Definitivamente, disimular no es lo mío.

—Bueno, todo, todo, no. Mi padre es un crack y mi tío tiene buena mano también. Yo simplemente estoy ahí. De momento, hago lo que puedo.

—¿Crees que podríais venir al Marilyn en algún momento? Pagando, claro. —No sé por qué tengo la necesidad de aclarar eso—. Entre el microondas que echa chispas y la lavadora que tira agua, empieza a darme miedo esa casa.

Josh suelta una carcajada al ver que le hablo totalmente seria y a la vez con cara de aterrorizada.

—Sí. No te preocupes. Mañana se lo diré a mi tío.

Mi padre quiere quedarse en la tienda todo el día con el desastre de mi hermano, y yo estoy de retén con Elery.

Mi tío se acercará en algún momento de la mañana.

En cuanto le diga que es para ti, irá encantado; le has caído muy bien, me ha repetido varias veces que eres una gran chica.

—Me mira enarcando una ceja—. Y no intenta ligar contigo, créeme. Norah exagera siempre con él.

—Yo… Ni se me había pasado por la cabeza eso. A mí también me parece un gran hombre. Tiene algo diferente, no sé, no se parece en nada a mi padre, y mira que deben rondar la misma edad.

—Tú también lo ves, ¿verdad? Sí que es especial, sí. No entiendo por qué ha vuelto a Pacific Grove, con la carrera que lleva a sus espaldas.

—Yo creo que en algún momento se ha sentido perdido, y este lugar es como un cable a tierra. Le hace sentir seguro y, por lo que me contó, ya estaba cansado de viajar. A mí me parece bien. Uno siempre vuelve donde fue feliz.

—Tú siempre volverás a Phoenix, imagino.

—No te creas. No es un lugar que me haga sentir especialmente bien. Cuando acabe la universidad, espero ya tener un destino.

—Siempre puedes quedarte aquí, aunque yo no lo haría. De hecho, cuando tenga la furgoneta arreglada, pienso viajar por todo América. Siempre he querido viajar solo, conocer mundo…

—Pero ¿te irás solo?

—¡Por supuesto! Aunque no prometo que regrese igual —bromea—. A lo mejor vuelvo con una mujer y dos hijos.

Sé que es broma, pero por un momento he visualizado eso y Norah no estaba en esa furgoneta. Ya sabía yo que ella y él no acababan de vibrar en la misma sintonía.

—¿No vas a presentarme a tu nueva amiguita? —Una voz todavía desconocida nos interrumpe.

Es la tal Lily y Josh se incomoda, lo noto, aunque haya estado diciendo que no le importaba su presencia.

—Claro, ¿cómo no? Ella es Sasha, pasará el verano con nosotros.

—Hola, Sash. Soy Lily. —Para decir eso apoya su antebrazo en el hombro de Josh y le acaricia la mejilla.

¿Qué hace? ¿Está marcando terreno?

—Encantada. Creo que ya nos vimos en la hamburguesería, supongo que ibas con tu novio. —¡Toma! ¡Tocada! ¿Qué se ha pensado? Yo también sé jugar, aunque no sé por qué lo hago.

Consigo que se incomode y baje el brazo de encima del hombro de Josh para colocar sus brazos en jarra sobre la cintura.

—Yo no tengo novio. Soy un alma libre.

—Sí, eso ya lo sabemos todos —se mete en medio Josh—. ¿Qué quieres, Lily? —Parece ser que la paciencia del joven no da para mucho con ella.

—Solo he venido a saludar, quería conocer a la próxima tía con la que te crees que vas a olvidarme.

—Yo ya te he olvidado, no digas bobadas. Y ella no…

Me da tanta rabia lo que está haciendo esta chica que decido sujetarme del brazo de Josh y fingir algo más.

—Créeme, Lily, ya te ha olvidado, ahora se mantiene muuuy ocupado. —Le paso a Josh el brazo por detrás y le rodeo la cintura mientras apoyo mi cabeza en su hombro cariñosamente, fingiendo ser su pareja.

La chica aprieta los labios y se le abren las fosas nasales. Sé que quiere decir algo, pero no lo hace. Sube la barbilla y se marcha, pero al pasar por mi lado inclina la cabeza y me susurra.

—Yo siempre consigo lo que quiero.

Me repasa como si tuviera una mirada láser y Josh me mira confundido.

—¿Qué te ha dicho?

—No lo tengo muy claro. —Y es cierto, porque no sé si con eso se refería a Josh o a mí.

En esos apenas dos minutos, Norah llega y nos encuentra medio abrazados.

Creo que ninguno de los dos se ha incomodado con ese gesto y por eso continuábamos así.

La cara de desconcierto de mi nueva amiga habla más que ella.

Mira a Josh enfurecida, me mira a mí y sale corriendo, chocándose con la gente y levantando arena con cada zancada.

—¡Norah! ¡No! ¡Mierda! —Salgo tras ellas hasta abandonar la playa.

Josh lo hace tras de mí.

Cuando llegamos a la calle, no sé para dónde se ha ido y me desespero. ¡Lo que faltaba!

—Ya voy yo, sé dónde estará —se ofrece él.

—Voy contigo.

—No. La conozco, a ti ni te escuchará.

—La pregunta es ¿sabes realmente por qué se ha ido? Me temo que yo sí, pero no tengo tan claro que tú lo sepas. —Se permite unos segundos antes de contestar y coge aire como si le pesara lo que va a decir.

—Hablaré con ella, no te preocupes. Le contaré lo sucedido y mañana ya podréis aclarar esto. Hoy va a ser imposible.

—¿Y ya está?

—Por hoy.

No estoy entendiendo nada. Aun así, capto que reaccionará mejor con él que conmigo, así que asiento.

—De acuerdo. Me vuelvo a casa. —Agacho la cabeza, miro al asfalto y me desinflo.

—Espera, he traído la furgoneta de mi tío, te acerco y luego voy en busca de Norah.

Dudo si aceptar, pero por la tranquilidad que Josh emite, deduzco que Norah está en un lugar seguro.

Sin necesidad de más palabras, me subo a ese vehículo que, por extraño que parezca, me hace sentir bien.

Apenas llevo unos días aquí y ya he estado dentro de esta vieja camioneta más que en cualquier otro lugar.

—¿Estarás bien? —se preocupa Josh en cuanto me deja frente al Marilyn.

—Sí, no te preocupes por mí, ve a ver a Norah.

—Tranquila. No está lejos de aquí. Tiene un banco preferido frente al mar al que va a sentarse cuando está rayada. —Aprieta los labios y oigo cómo exhala—. Y tú y yo nos vemos mañana.

¿Qué? Eso me descoloca totalmente. Me giro con el corazón algo agitado.

—¿Nos… nos vemos?

—Sí, claro. Mañana, en cuanto tengamos un hueco, mi tío y yo estaremos aquí.