XVIII
La comitiva nazi llega a Montserrat alrededor de las cinco de la tarde. La casualidad quiere que, mientras bajan de los coches y pisan por primera vez el recinto del monasterio, en la iglesia los monaguillos estén cantando esta estrofa del Virolai:
Mística Fuente del agua de la vida,
manad del Cielo al corazón de mi país;
dones y virtudes dejadle por florida;
haced, por favor, vuestro paraíso
Cuando el abad recibió la petición de las autoridades para organizar una recepción para la comitiva de las SS, no sabía qué pensar. Para evitar reunirse con ellos, decidieron que fuera uno de sus monjes más jóvenes, que había estudiado en Alemania, el que los recibiese.
El Reichsführer-SS y su séquito suben hasta la explanada a pie.
Han dejado los coches oficiales en la zona de aparcamiento, un poco más abajo.
Una hilera de gente los saluda con la mano derecha levantada al cielo.
El aire es frío y la mayoría llevan abrigos.
Las crestas de la montaña, recortadas mágicamente sobre ellos, los observan silenciosas.
Los uniformes militares de los nazis contrastan fuertemente con los hábitos de los benedictinos. Todos los monjes visten la túnica negra que les cubre hasta los pies, ceñida a la cintura con un simple cordel.
Cuando el monje joven se acerca al Reichsführer para estrecharle la mano, este murmura, en alemán:
—Montsalvat, endlich!
Aquello deja extrañado al monje, que le pregunta cortésmente cuál es su interés por el monasterio.
—Dieser Ort birgt mehr, als es scheint. Er birgt den Weg zur höchsten Macht. Den Schlüssel, der die Zukunft unseres Reiches öffnen wird!
Este lugar guarda más de lo que parece, piensa el monje, mientras intenta seguir las palabras del líder nazi. «Guarda el camino hacia el poder supremo. ¡La llave que abrirá el futuro de nuestro Reich!»
Y entonces añade que quiere saber más detalles sobre la orden de caballeros que custodia este poder, e insiste en visitar las cuevas para buscarlo.
El monje joven, pese a su formación académica, nunca había oído ninguna conexión entre Montserrat y aquel mito medieval.
La referencia le parece fruto de una obsesión más que de una realidad.
Así que intenta desviar la atención contándole la tradición de besar la mano de la Virgen de Montserrat.
La virgen negra. El otro levanta la mano de forma tajante, en señal de negación.
No quiere saber nada de vírgenes negras e insiste en ver las cuevas y todo el entorno natural.
Pide, eso sí, que dos de sus ayudantes puedan revisar el archivo del monasterio, en busca de algunos documentos que les interesan.
Así que mientras la comitiva principal se dirige a la Santa Cueva, por el sendero de tierra que sigue la Vía del Rosario, otro monje, que no sabe alemán, acompaña a los ayudantes al archivo.
Pese a los estragos de la guerra, el archivo, situado en una de las estancias interiores del monasterio, no ha sufrido ningún desperfecto.
La sala es rectangular, hecha de piedra y madera, en línea con la arquitectura tradicional del monasterio.
Las estanterías de madera maciza alojan miles de códices, pergaminos y documentos en papel.
Las gruesas paredes mantienen unas condiciones perfectas para la conservación de los documentos.
El aire huele a papel viejo y cera, como si el archivo fuera un testigo silencioso de siglos de secretos.
Los nazis le entregan al monje un listado de documentos que quieren ver.
El listado lleva el sello de la Ahnenerbe, la organización de las SS encargada de la investigación histórica y arqueológica.
La lista incluye pergaminos antiguos y muy valiosos, algunos relacionados con la fundación del monasterio.
Cuando el monje les lleva lo que han pedido, ellos revisan los pergaminos con rapidez y toman muchas notas. Parecen habituados a leer este tipo de documentos.
Hay un documento que, sin embargo, no está en el archivo. Ellos insisten en verlo, señalándole el nombre en la lista y haciendo aspavientos en alemán, muy alterados. El monje no tiene más remedio que mostrarles el libro de registro, donde consta la retirada del documento.
Da la casualidad de que, mientras los ayudantes leen el nombre de la persona que retiró el documento muchos años atrás, el Reichsführer está admirando, en la Vía del Rosario, el Primer Misterio de Gloria, precisamente una obra suya encargada por la Liga.
La anotación del registro dice:
Fecha: 9 de febrero de 1902
Título: Sobre la Custodia del Cáliz Sagrado
Retirado por: Antonio Gaudí y Cornet
Profesión: Arquitecto