Apollo (Romance militar de héroes alfa nº 4) Capítulo diecisiete #2
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Capítulo diecisiete #2

Tuve que sonreír, pero en cuanto volví a pensar en Blue, se me borró la sonrisa.

—Entiendo lo que me estás diciendo —dije—. Pero si hay miles de millones de mujeres en el mundo, ¿por qué coño tuve que liarme con la mujer de Leo?

—Ella fue la mujer de Leo. —Jax se encogió de hombros—. Fue es la palabra clave aquí.

Me eché hacia atrás y miré a los demás con incredulidad.

—La vida es para los vivos —dijo Troy.

—Todo lo demás es ruido de fondo —añadió Max.

—Leo ya no está. —Kass soltó un largo suspiro—. Tu reloj sigue corriendo.

Ah, mierda. Era típico de estos tipos simplificarlo todo, respaldarme sin condiciones. Su apoyo casi me desbordó.

—Pero... —Tuve que aclararme la garganta—. ¿Qué diría Leo?

Se hizo un momento de silencio. Los chicos intercambiaron miradas. Fue Max quien lo rompió.

—Leo ya dijo lo que tenía que decir. —Max me miró a los ojos—. Yo estaba con Leo cuando murió. Os conté lo que dijo justo al final. ¿Os acordáis?

—Sí, ¿y?

—La verdad es que no logré descifrar sus últimas palabras —admitió Max—. Hasta ahora. Hasta hoy.

No fui el único que miraba a Max como si se hubiera vuelto loco.

—¿Qué quieres decir?

—Sentado aquí, escuchándote... ahora todo cobra sentido.

—¿Raider? —dije, frotándome la cara—. No tengo ni idea de qué me hablas.

—Leo vivió unos minutos después del impacto. —La nuez de Max subió y bajó al tragar con dificultad—. Usó su último aliento para pedirnos que encontráramos a River, que la protegiéramos. Y luego, justo antes de irse, dijo...

La voz ronca de Max se fue apagando. Sabía lo difícil que era para él hablar de la muerte de Leo. Ya era bastante duro escuchar la historia. No podía imaginarme tener que contarla.

El pecho de Max se hinchó con una respiración profunda que le asentó la voz. —Mientras Leo moría, dijo algo muy extraño. «Ahora lo veo», murmuró, y sus labios esbozaron una sonrisa que nunca olvidaré. Y luego dijo: «Veo cómo acaba todo. Dile a Apollo que está bien».

Mi brusca inspiración fue el único sonido en la habitación. —¿Estás diciendo que Leo sabía que iba a conocer a Blue? ¿Que de alguna manera previó mi situación antes de morir y la aprobó?

—Oye, llámame loco si quieres, pero sé lo que oí. —El único ojo de Max permaneció clavado en mí—. «Dile a Apollo que está bien». ¿Qué otra cosa podría haber querido decir?

No tenía respuesta para eso. Porque no la había, al menos no una que tuviera sentido.

—Es raro de cojones —dijo Troy—. Pero Max tiene razón.

—No es tan descabellado como suena —intervino Kass—. Los tíos a los que disparan o vuelan por los aires hablan de estas cosas todo el tiempo, de saber cosas que no deberían saber cuando vuelven.

—Me has hablado de las experiencias que has tenido rescatando pacientes al borde de la muerte —dijo Jax—. ¿En qué se diferencia esto?

Jax y los demás no se equivocaban. Estudios de laboratorio recientes habían demostrado una avalancha cognitiva masiva en el cerebro de ratas segundos, incluso minutos después de la muerte.

Varios artículos científicos revisados por pares sobre experiencias cercanas a la muerte también mostraban respuestas neurológicas al estrés fisiológico.

Y los pacientes que casi morían volvían con historias como estas constantemente.

Los médicos de campo de batalla como yo lo llamábamos «el fenómeno».

¿Había experimentado Leo esa avalancha cognitiva mientras agonizaba en los brazos de Max? ¿Había visto el futuro? ¿Su cerebro había establecido conexiones extraordinarias en el último momento que le permitieron saber cómo acabaría todo?

—No sé mucho. —La voz ronca de Max interrumpió mis pensamientos—. Pero creo que Leo previó tu dilema. Respondió a tu pregunta antes incluso de que la hicieras.

El silencio se espesó en la pequeña habitación hasta que apenas podía respirar. ¿Tenía razón Max? ¿Me había dado Leo luz verde antes de morir?

Era mucho que asimilar, y sin embargo...

Un peso enorme se me quitó de los hombros. No estaba traicionando a mi hermano. Estaba siguiendo su ejemplo. De alguna manera, después de hablar con mis hermanos, comprendí que era libre de elegir mi camino.

El camino que llevaba directo a Blue.

—Parece que nuestro trabajo aquí ha terminado. —Jax se levantó con un gruñido y se estiró la espalda—. Vamos a hacer lo que haga falta para que esto funcione.

El resto de mis hermanos salió en tropel de la habitación y se puso manos a la obra. Jax se quedó rezagado y caminó conmigo hasta el ascensor. Me pasó el brazo por el hombro, me dio un apretón de oso y me soltó. —Tanta cháchara me está dando dolor de cabeza.

—Pues no lo parece, con toda la boca que has soltado ahí dentro. —Pulsé el botón de llamada—. Has sido una fuente inagotable de sabiduría irritante, Maestro Yoda.

Jax soltó una risita y luego esbozó una mueca socarrona de resignación. —Es todo mérito de Emme. Me ha subido tanto la inteligencia emocional que algunos días hasta parezco un ser humano.

—Y que lo digas, Mayhem. —Le di una palmada en la espalda, sonriendo—. No olvides nunca que te conocí mucho antes de que Emme entrara en tu vida y lo cambiara, bueno, todo.

Su sonrisa se ensanchó. Las puertas se abrieron, entré en el ascensor y pulsé el botón de mi planta. En el último momento, Jax puso la mano en la puerta e impidió que se cerrara.

—¿Apollo? —Me movió las cejas de forma sugerente—. ¿Qué le dijo el váter a la mierda?

Volví a sonreír al recordar a un Jax mucho más joven robando libros de chistes de la biblioteca para hacerme reír cuando era niño, a pesar de la vida de mierda que compartíamos.

Había sido mi único salvavidas en aquella época.

Había madurado, evolucionado, y sin embargo aquel brillo travieso y desafiante en su rostro no había cambiado en absoluto.

—Ni idea. —Le seguí el juego—. ¿Qué le dijo el váter a la mierda?

—Estamos todos metidos en esto, tío. —Jax me guiñó un ojo y las puertas se cerraron.