Capítulo 8 #3
—No estaba solo en el recinto de contenedores —confesó por fin y bajó la mirada—. Iba conmigo una amiga.
—Precisamente estamos identificando a esa mujer a través de la matrícula de su coche. Pero, ya que está usted aquí, puede decirnos ahora mismo su nombre. —Florian abrió su cuaderno de notas.
El calvo se rascó detrás de la oreja y miró a su abogado.
—Hay un problema —terció este de inmediato—.
A través de la matrícula no darán con esa mujer.
El coche pertenece a mi representado. Ocurre que su acompañante es una persona que no posee permiso de residencia en la República Federal de Alemania.
Comprenderán que, por esa razón, se trata de un asunto delicado, pues el señor Burakow tiene mucho interés en que su amiga no se vea obligada a abandonar el país.
Durante un momento reinó en la sala un silencio tenso, y Julia se preguntó qué significaban las palabras del abogado.
Por lo visto, Burakow era un ladrón que había llevado a una cómplice al recinto de contenedores.
¿O se le estaba escapando algo? Sorprendentemente, la cara de Pavlo Burakow se puso de un rojo oscuro de un segundo a otro.
—Quizá podría usted explicárnoslo con un poco más de detalle —instó Florian al abogado. Este volvió a darle un toquecito a su cliente.
—Verán —empezó Burakow con un hilo de voz—. Tengo una página web, y por eso estaba con Alina en el recinto de contenedores. —Se sacó una hoja de papel del bolsillo del pantalón y se la entregó a Florian—. Yo mismo tengo alquilado un contenedor. Aquí pueden ver la factura del último mes.
—¿Cuál es el apellido de Alina? —quiso saber Florian.
—Petrowa. Pero, por favor, no la persigan. Necesita el dinero.
—¿Y qué estuvo haciendo usted la noche en cuestión en el recinto de contenedores? —Florian pasó por alto la petición de Burakow y siguió presionando.
Julia tuvo la sensación de que el rojo de la cara de Burakow se intensificaba todavía más.
—Yo no tengo nada que ver con el asesinato —aseguró el calvo—. Grabamos películas en lugares especiales, y esa noche queríamos rodar otra vez en un contenedor. Pueden comprobarlo ustedes mismos.
—Sigo sin entender de qué va todo esto. —En la voz de Florian vibraba la impaciencia.
Se le tensaron los músculos de la espalda cuando se inclinó sobre la mesa, acercándose a Burakow—.
Díganos de una vez qué se traía usted entre manos allí.
Estamos hablando de un asesinato. ¡Deje de andarse por las ramas!
—Es muy sencillo —interrumpió el abogado a Florian—.
Mi representado dirige una página web de gran éxito.
Graba porno en lugares fuera de lo común, y en las películas actúan él mismo y una compañera.
La noche en cuestión trabajó con Alina Petrowa.
Existe abundante material grabado con su correspondiente marca de tiempo.
Espero que ahora comprendan por qué mi representado se encontraba en el recinto de contenedores.
—¿Que rodaron un porno? ¿En esta época del año, en un contenedor helado? —preguntó Martin Saathoff, incrédulo—. ¿Y por qué no lo ha dicho desde el principio?
—¿Y qué querían que dijera? —Pavlo Burakow se encogió de hombros con gesto impotente—. ¿Que estuve allí toda la noche y habría tenido tiempo de sobra para cargarme a esa mujer? Pensé que, si hacía como que solo había entrado a robar, quedaría libre de sospecha.
El abogado de Burakow levantó la mano al instante y conminó a su cliente a guardar silencio.
—El señor Burakow no tiene nada que ver con este asesinato —repitió con voz firme—. ¿Podemos irnos ya?
—No tan deprisa. —Florian negó con la cabeza—. No acabo de entender por qué abrió usted precisamente el contenedor del cadáver, si tenía uno alquilado. —Dio unos golpecitos con el dedo en la hoja que Burakow le había entregado—. Según este documento, su contenedor está tres filas más allá.
—Como ya he dicho, mostramos sexo en lugares insólitos, casi siempre siniestros. Abrir un contenedor ajeno forma parte del juego. Sex and Crime. ¿Entiende?
—¿Y por qué no forzó el de al lado?
—Pues porque entonces igual habría cantado a la primera que era cosa mía. —Burakow se dio una palmada en la frente—. Me alejé un poco a propósito. El contenedor lo eligió Alina.
—¿Qué hizo entre la una y las cuatro de la madrugada en el recinto de contenedores? —preguntó Florian, tomando notas.
—Tuvimos sexo. Puedo poner las grabaciones a su disposición; verán que en ese intervalo no salimos de nuestro contenedor.
—¿Notó algo fuera de lo normal esa noche? ¿Vio a otras personas u oyó algún ruido?
—No. —Burakow negó con la cabeza—. Rodamos nuestra película, quisimos cambiar a otro contenedor y nos topamos con la muerta. Salí del recinto en coche con Alina y di media vuelta enseguida para llamar a la policía. —Suspiró—. Pensé que era lo mejor, pero probablemente fue un error.
—Desde luego que no —replicó Florian y miró a Martin Saathoff.
—De momento no tenemos más preguntas —dijo Saathoff y se levantó—. Un compañero los acompañará para que puedan entregarle el material grabado.