ANTONIO EPÍLOGOS #2
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EPÍLOGOS #2

A las dos llega una Doctora especialista en COVID. Ella ve los análisis, dice que es un caso casi seguro de COVID. Toño no está en condiciones de hacerse prueba de covid y deciden mejor atacar el tema de los intestinos.

Se le dan medicinas para ello y los clásicos tés de la abuelita para que sus intestinos trabajen, ¡Y lo van a lograr!

También se consiguen tanques de oxígeno que llevan Eamon, Santiago Pando y el joven Latapi.

Toño, en la tarde, ya se puede sentar, ya tiene apetito, Laura le prepara algo especial, entiendo que betabeles y espinacas con la sazón de Laura. También llegan Ismael y Rubén, del grupo de los topos, para apoyarnos.

Después de comer, nos pusimos a ver una película, era obligado “Como agua para chocolate”. Toño la recuerda perfectamente. Llega un presente de Carlos Daniel, un ajuar completo: pijamas, ropa interior, cepillos dentales, etc., etc.

La comida con los Tés hace su efecto. Los intestinos empiezan a trabajar quitándole a Toño su mayor molestia.

Importante, en algún momento de la película, Toño me dice profundamente emocionado que no entendía por qué sus amigos nos tomábamos tantas molestias por él.

Me le quedé viendo, también serio, y le dije: ¿Toño, en serio no lo sabes?

¿no te has dado cuenta de todo lo que nos has dado?

Nos cambiaste en muchos aspectos el sentido de nuestras vidas, nos mostraste un México distinto al que conocíamos, querido Toño”.

Él, como respuesta nada más se sonrió y los dos seguimos viendo la película de Laura[8].

Durante el día y la tarde todos trabajando, Laura y Pola con sus celulares, apoyándose en Sandra, Eamon, Alejandra (mi hija), Alberto, Ana Luisa, Vero y muchos amigos, buscando enfermeros COVID, entiendo que no fue fácil, Al final se consigue a un joven, de nombre Kevin que va a acompañar a Toño en la noche.

Me toca volver a salir a obtener un uniforme COVID para él, me acompaña Rubén. Nos lo proporcionan mis compadres Flavia y Horacio, son Doctores que trabajan en cancerología y cuentan con todo el equipo, mi hija Alejandra les había pedido apoyo.

Al regresar me encuentro a Toño, a NUESTRO Toño de siempre, platicando con Ismael, escuchándolo y preguntándole sobre su trabajo con los topos[9], con la atención y el interés que siempre le han caracterizado

Ismael nos pide al grupo que escuchemos la opinión de otro doctor, un joven doctor cuyo nombre era Ricardo, con otra línea de trabajo, que tiene interés en analizar a Toño, sólo que el especialista cerraba su consultorio a las 9 de la noche. Toño acepta y nos quedamos a esperarlo.

En ese lapso, el enfermero que va a cuidar a Toño se prepara, Pola le da las ultimas instrucciones, Laura se retira a descansar, Ismael sigue hablando con Toño, también llegó una llamada de mi hija Alejandra, que como varios, había apoyado todo ese día a distancia, consiguiendo enfermeros y medicinas.

Le pregunto a Ale si desea hablar con Toño, los dos se quieren mucho.

Ella me dice que no, ya que Toño está muy delicado.

La corrijo, le digo que lo contrario, está escuchando con mucho interés a Ismael y ya me hizo una seña para hablar con ella.

Los dos pudieron hablar por teléfono por última vez.

Ya cerca de las 11 llega el tercer doctor, muy especial.

Para empezar, llega en un VW (un bocho), lo que nos permite calificarlo como “distinto”.

trae la línea homeópata, más cerca los pensamientos de Toño y de Laura, segunda palomita, además de mostrar interés de ver a un paciente que no conoce a esa hora de la noche, tercera palomita[10].

En la consulta da esperanzas, menciona que el covid es probable pero no definitivo.

Ve a Toño fuerte y piensa que bien cuidado la puede librar.

En su plática menciona, como para distraernos, algo sobre amuletos, piedras que curan y otras cosas (ojo: no como parte de su tratamiento, sólo como plática).

Le pido que de la vuelta y vea la cantidad de esos objetos que había en el estudio donde estaba Toño. Sólo se sonrió.

Su punto de vista interesante, en otra línea médica.

Toño se entusiasmó con su plática. Con plena conciencia me llama ¡Poncho!

, no se da cuenta que estoy atrás de él y sube la VOZ ¡¡PONCHO!

! Le digo: Aquí estoy Toño. - ¡VE que se le pague al doctor sus honorarios!

¡MAÑANA mismo! -Toño-, le digo, con gusto, pero mañana es domingo y no sé si Laura tenga banca electrónica.

Toño, insiste; ve que se le pague. Me volteo con el doctor y le pido que si no tiene inconveniente en que le paguemos el próximo lunes, él sólo sonríe y dice que está de acuerdo[11].

Lo anterior lo menciono para que se den cuenta que Toño ya estaba muy recuperado, las medicinas, los tés de Laura y de Pola, la mejora de sus intestinos, lo tenían ya muy tranquilo, y a nosotros también.

Nos despedimos de Toño, era pasada la una de la mañana, y acompañamos al doctor a la salida de casa de Laura. Nos muestra su VW en perfecto estado, bromeamos un poco y nos despedimos. Voy a mi casa a descansar.

Un tema personal. Al llegar a casa veo a Meche, mi esposa, durmiendo en otro cuarto, la despierto a distancia, le doy las buenas nuevas sobre Toño.

Todo el día estuve con un paciente COVID, y al entrar a mi cuarto encuentro todo cambiado: veo mis cuadernos de trabajo, las fotos de mis hijas y los Nietos, un libro de Regina que Toño le había dedicado a mi nieta Zoé de tres años, mi computadora y otras cosas.

¡No entendí que ya me habían confinado!, y me parece que con justa razón.

El tercer día de Toño, el domingo, no me toca a mí, le toca a Laura, En mi caso me paré a las 10 (no había dormido el día anterior) y se me informa por mi esposa Mercedes y mi hija Mercedes, que estaba confinado, les digo que tengo que ir por las medicinas del tercer doctor.

Mi hija dice, y así lo hizo, que ella va a tomar mi lugar apoyando a Laura ese domingo y que ella va por las medicinas.

Me quedo tranquilo (además no me daban opción). Recibo un par de llamadas de mi hija Alejandra y de Laura, me dicen que Toño está bien, que está desayunando. La otra hija, Mercedes, sale a la farmacia para luego ir a casa de Laura y yo me dispongo a descansar.

A los diez minutos vuelve a hablar Alejandra, me informa que el enfermero había reportado un paro respiratorio y que nuestro Toño había dejado de existir en este plano.

Mi sensación es rara, finalmente Toño se vuelve a salir con la suya, no va a tener que padecer un cuerpo enfermo que poco a poco se le iba a ir desgastando, se pudo despedir y bendecir de su hijo, nos dedicó un día a los amigos, nos permito jugárnosla con él y, como recompensa, nos dio un espléndido momento el sábado, y a Laura también el domingo, y al final, se va tranquilo.

Meche, mi esposa, le habla a Meche, la hija, que apenas iba llegando a la farmacia, le dice que ya no es necesario comprar más medicamentos y que mejor vaya directo a acompañar a Laura. A mi me permiten romper el encierro para también acompañar a Laura y ayudarla en lo que se pueda.

Al llegar a su casa, Laura nos platica de la despedida de Toño[12], le pido me deje irle a avisar a Carlos Miguel y a su amigo Olaf[13], se me permite ir, Meche y Laura se quedan. Poco más tarde llegan nuestros queridos topos, con dos personajes más: Olga y Sergio.

En la casa de Toño, al llegar, tengo la suerte de encontrar a Olaf desayunado, ya le había hablado Laura, Carlos Miguel no estaba, todavía no estaba enterado, ya que había salido a dar un paseo en su motocicleta.

Platicamos Olaf y yo, le digo lo que pasó con Toño los dos últimos días y él me da datos sobre cómo lo cuidaban en su casa, a él le tocaba mucho de ese trabajo.

Los dos tristes nos damos un abrazo virtual, me invita un taco que le acepto y le pido me deje regresar.

También le advierto que todos los habitantes de esta casa son probables (casi seguros) portadores de COVID y que se encierren.

A Toño ya no lo pueden ayudar (ellos lo iban a ver ese domingo, ya no se pudo).

Al regresar a casa de Laura ya no son tan claros los recuerdos.

Por supuesto la presencia de los topos. Otro detalle, Sandra había llevado una foto de Toño, del día más feliz en la vida de Toño, la foto era de su boda con Gaby.

También habían puesto un altar con una flor especial de la que hablará Laura y con la foto que aporta Sandra.

Pude conocer al enfermero del segundo turno.

Dos detalles sobre él. Primero su nombre; Miguel, lo que en cierta forma hizo presente a Carlos Miguel en la despedida de Toño, y segundo, él, por actividades distintas a sus servicios de enfermero, había realizado caminatas sagradas con otros amigos que las siguieron organizando a la partida de Paco Lerdo de Tejada, era, también, una persona que sabía del trabajo de Toño.

La gente se organiza, hay que ver el papeleo, buscar a los médicos, hablar con la queridísima Tere, hermana de Toño, y su sobrino Fernando Arévalo, eso lo hace Laura, con el apoyo de Fernando, Sandra, Eamon y Meche.

Los topos no paran; sanitizan y limpian el lugar, ven que se cumplan los protocolos, se presentan con sonajas y tambores y le cantan alabanzas a Toño, como siempre atentos, ahora ya como guerreros lakotas, al servicio de los que se les disponga.

Laura me invita a comer (a todos, pero yo llegue más tarde). No pierdo la oportunidad[14], mi Toño no se fue en medio de una tragedia. Mi Toño se fue en una meditación, en silencio y después de haberse puesto en manos de DIOS, nada que reprochar, mucho que agradecer.

Entre otros recuerdos, llega un grupo de danzantes cercanos a los topos, del grupo que mes con mes prepara temazcales en la aldea de los Reyes, entre ellos llega nuestro amigo Felipe, cantan en voz baja alabanzas a Toño. No lo pueden ver, no deja de ser un asunto de coronavirus.