ANTONIO EPÍLOGOS
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EPÍLOGOS

TRES DÍAS CON ANTONIO VELASCO PIÑA

CARTA TESTIMONIO DE ALFONSO PÉREZ REGUERA

Amiga(o)s:

Nos está encargando el querido Coyote, Alberto Ruz, un pequeño testimonio de lo que nos tocó compartir con Toño, al pequeño grupo que lo pudimos acompañar este fin de semana, que partió a nuevas aventuras.

Antes de empezar con la tarea encomendada, me gustaría relatarles un par de encuentros previos.

Toño y yo desayunamos, con sana distancia, por última vez el 12 de diciembre.

Me tocó el Toño que todos conocemos, con su andar ya lento, entiendo que tenía alguna dificultad en su columna y en sus piernas.

Una plática agradable, hablando de sus cosas, de mi familia (él considera a mi hija mayor Alejandra como su nieta, así la ha tratado).

Obligado en la reunión tocar su trabajo y su obra.

Él consideraba que no había hecho mucho, me parece que así lo sentía, aunque por otro lado estaba satisfecho por haber cumplido con su tarea y, también, como todo el año nos lo dijo, con fuertes deseos de volver a estar con Gaby.

Al regresar a su casa, Toño se dio cuenta que había olvidado sus llaves y no había nadie que nos abriera.

Esta circunstancia nos permitió estar un momento más con él.

Nos subimos al auto y fuimos a la Basílica de Guadalupe, era 12 de diciembre, llegamos en el vehículo hasta donde se podía, un par de cuadras antes, desde ahí hicimos una pequeña oración.

Al dejarlo, pude saludar a Carlos Miguel, estaba arreglando su moto, y dejar en buenas manos a AVP.

En esa semana, nos propusimos un segundo desayuno para el sábado 19 con un grupo de amigos: Laura Esquivel, Helena Guardia, Aurora ballesteros, Yogui, Nicolás Núñez , Paty Torres y su servidor.

Algunos no podían, estaban fuera y los que confirmamos, al final decidimos cancelar el compromiso, ya que un día antes se anunciaba el semáforo rojo en la ciudad de México.

La última semana, el 23, recibimos una llamada de Ale mi hija y otra de Alberto , avisando que Toño se había caído.

Hablamos con Toño y con Carlos Miguel. Carlos Miguel nos dijo que Toño no quería comer, Carlos Miguel hablaba de un enfermero, Toño no lo aceptó, decía que estaba tranquilo y que estaba bien.

Me quedé con la preocupación, el día 24 decidí ir a verlos.

Ya estaba una doctora, la doctora Luz Neida (luego supe que era del grupo de los topos) .

En la mañana había estado acompañándolo Erika (una mujer que todavía no tengo el gusto de conocer).

Toño dormitaba, le habían colocado una sonda para pasarle suero.

Me saludó entre sueños, tomó algunas llamadas y se volvió a dormir.

Entendí que no había que estorbar a la doctora y salí.

Carlos Miguel me acompañó y mencionó que urgía convencer a Toño de meter ya un enfermero.

El día 25, en la tarde /noche recibí una llamada de mi amiga Pola, del grupo de los topos, diciéndome que estaba con Toño y que requerían apoyo para mover a Toño a una clínica, la doctora decía que era urgente internarlo.

Me despedí de la familia y fui a casa de Toño. Ahí vi a Sandra Arau, a su esposo Eamon, a los topos y a Carlos Miguel. Estaban bajando a Toño para llevarlo a casa de Laura Esquivel, aunque el plan realmente era llevarlo a un hospital.

Me tocó ayudarlos y estar presente cuando Carlos Miguel le pide la bendición a su padre.

Parecía presentir que ya no lo iba a volver a ver.

Los topos me platicaron que se estuvo buscando el servicio de una ambulancia para trasladar a AVP, no se pudo obtener.

Ellos tienen permiso de transportar enfermos, siempre que en el protocolo los acompañe un doctor, lo que se cumplía en este caso.

Así salió Toño a casa de Laura en la camioneta/ambulancia de los topos.

Carlos Miguel y yo los íbamos a seguir en mi auto, sin embargo, Carlos Miguel no se sentía bien y me pidió regresarlo, no era conveniente acompañar a su papá si no se sentía bien.

Esto me retrasó unos minutos y luego ya pude salir a alcanzarlos a casa de la querida Laura. Al llegar vi a Laura hablando con Toño, todavía con Toño dentro de la camioneta/ambulancia, convenciéndolo de la necesidad de internarlo, apoyada por la doctora que seguía cuidándolo.

Al mismo tiempo, Sandra y Eamon , por celular, buscaban un hospital “no COVID” que recibiera a AVP.

Todos llenos, finalmente se consigue la clínica San Ángel en Mixcoac.

Laura, afortunadamente, ya había convencido a Toño de la necesidad de hospitalizarlo.

Y de ahí salimos un grupo compacto al hospital.

Al llegar a la clínica nos dividimos, algunos fuimos a tratar los asuntos administrativos y los demás entraron por urgencias con AVP. El hospital fue claro: si el paciente tenía síntomas de COVID, no podían dar el servicio. Para entonces ya era bastante noche, y a esperar los análisis previos.

En la madrugada sale la doctora, nos muestra los resultados: 88% de los pulmones carcomidos, síntomas muy claros de COVID. La clínica, por protocolo, no podía aceptar a Toño. Sólo aceptaban dejarlo en el cuarto de urgencias el tiempo requerido para que llegara la ambulancia.

Momento difícil, nadie se raja. Por una parte, Sandra y Eamon, la familia Esquivel, vuelven a hablar con Laura, le explican el riesgo, Laura se mantiene firme, consciente de lo que implica llevar a su casa un paciente con COVID , muy delicado.

Por otro lado, Ismael, Pola y Rubén, del grupo de los topos, (la doctora responsable ya se había marchado, bastante había hecho y al internar a Toño ya otros médicos lo iban a atender) se acercan conmigo y me recuerdan el estado de nuestro sistema de salud[5] .

Con estas dos alternativas nos ponemos a buscar una clínica COVID, no las hay. Después de un buen tiempo conseguimos que nos den la posibilidad de que se le reciba en la clínica Gabriel Mancera del IMSS, con la advertencia de que no tenían ambulancias[6].

La decisión no era nuestra, era de Toño.

Me toca a mí entrar a hablar con él. Me acompaña la doctora de la clínica.

Entre ambos le explicamos que, lamentablemente, es un paciente con un COVID que le está acabando sus pulmones, y que la clínica por protocolo no lo puede recibir.

Le explico que hay dos caminos: la clínica del IMSS, donde ya no lo vamos a poder ver (Toño estaba consciente de eso y siempre había dicho que no se le entubara)[7] y , si se complicaba su situación, posiblemente lo entubaran.

La segunda, tomar conciencia de lo que seguía y pasar sus últimos días en casa de Laura, con su gente (aunque con los protocolos debidos).

Toño decide ir con su amiga Laura y nos manda darle las gracias por recibirlo a pesar del riesgo.

Al salir, dimos el reporte al grupo: los tres topos, Sandra y Eamon, sobre la decisión de Toño.

Se le habla a Laura para dar a conocer la decisión, Sandra le hace ver los riesgos para que tome una decisión muy importante.

Laura sigue firme, su deseo es que Toño vaya a su casa.

Un segundo tema, no menos importante ¿cómo llevarlo?

Ya era un paciente COVID, requería ambulancia especializada, y ésta iba a tardar horas.

Nuevamente participan los topos, nos explican que pueden hacer ese tipo de traslados con el debido protocolo: trajes y cuidados especiales en su camioneta. Nos vamos por ese camino.

Yo me separo un momento del grupo, requiero ir a mi casa, cambiarme de ropa, bañarme y estar preparado para seguir acompañando a Toño, que se veía muy mal, sus intestinos lo molestaban, y la presencia del covid.

Regreso a casa de Laura, 3 o 4 de la mañana.

Pola se queda conmigo para la primera guardia con Toño.

Laura ya había dispuesto el lugar para Toño, una recámara /estudio separado de la casa principal, y otra para los que íbamos a hacer la guardia.

Sandra y Eamon se acaban de marchar a descansar un rato.

Le pido a Pola y a Laura que me dejaran hacer la primera guardia solo, lo aceptan. Pola antes ve que estén listos todos los protocolos: sanitizar el lugar, mascarillas 95, gel a la entrada y otras reglas que no recuerdo.

Se retiran Pola y Laura y me quedo con mi amigo. Supongo que en la clínica le dieron algún calmante ya que Toño dormitaba, con alguna pequeña queja, pero nada parecido a lo que habíamos visto en la tarde/ noche.

Me fue bien. Debo reconocerles que mi experiencia como enfermero es casi nula, pero Pola me explicó lo que tenía que hacer: cuidar la sonda, el tapabocas, ver que Toño descansara y otras cosas básicas. Me dijo que si veía algo grave le llamara.

Tomé mi lugar en un cómodo tapete y a esperar.

Me fue bien, en algún momento Toño se quejó.

Me paré de inmediato, él no entendía dónde estaba, le expliqué que en casa de Laura y que yo lo estaba cuidando.

Se me quedo viendo, asimilando este cambio en su vida, hizo otras preguntas y se volvió a dormir.

Así pasaron las dos o tres horas para que amaneciera, parándome a verlo y pedirle que se acomodara la mascarilla, tranquilizándolo y pidiéndole dormitara.

En la mañana, supongo que entre 6 y 7, entró Pola, con su uniforme especial, un traje especial blanco, que utilizan para atender pacientes de COVID.

Me pidió mi reporte, se acerca con Toño para observarlo. Al despertar Toño, ella me pide apoyo para mudarlo de ropa, ella hace todo, yo sólo la ayudo moviendo a Toño, por supuesto, usando guantes especiales.

También se encarga y coordina con Laura que nos dé asistencia un médico a distancia. A mí me toca lo más fácil, convertirme en mandadero, ir a comprar los medicamentos a la farmacia. Lo que hacemos a lo largo de la mañana, con la ayuda de estas mujeres.

También le preparan tés especiales a Toño y logran que tome sus medicamentos, lo que va a mejorarlo poco a poco.