ENTREVISTA 37
EL ENCUENTRO: PRIMER CONSEJO DE VISIONES
Tiahoga Rouge
Cineasta Ambientalista
Luego, ya estando trabajando en la India, una mañana de sábado, tocaron a mi puerta tres personas maravillosas que llegaron a mí para ir a estudiar con el Dalai Lama y crear años después, esta fusión de la danza sagrada del Tíbet y de México.
El libro de La Mujer Dormida…, se publicó bajo el seudónimo de “Ayocuan”, pero ahí fue cuando entendí quién era Antonio Velasco Piña, entendí esta cercanía y la inspiración que tenían ustedes Nicolás Núñez, Helena Guardia y Ana Luisa Solís, sobre esta unión entre estas dos grandes naciones.
Cuando regresé a México en 1988, pude participar en la ceremonia de la caminata de Tlatelolco al Zócalo. Ahí fue que a Don Antonio lo conocí por primera vez personalmente, significó para mí un regreso increíble a México, después de haber estado en la India.
De pronto, todo tuvo un sentido muy distinto a la misión que yo tenía que hacer, regresaba de la India con una nueva dimensión, con un nuevo conocimiento, con una nueva inspiración para llegar a este México que estaba despertando.
En una ocasión, en casa de Ana Luisa Solís justamente, en una cena que ella organizó con Helena, Nicolás, Mario, Fernando mi compañero, estaba Don Antonio con Gabi (su esposa), ahí nos conocimos formalmente y en ese momento se inició esta gran relación de amistad que seguirá viva aunque él ya no esté físicamente, la relación con Don Antonio seguirá, el está en mi corazón y en mi mente sus enseñanzas y su inspiración.
Mi primera vivencia con él, fue el 2 de octubre de 1988, cuando se formó el primer círculo de Regina, me sentí muy honrada que él me hubiera considerado para formar parte de este primer círculo.
Es casi inexplicable en palabras, fue algo muy profundo y espiritual.
Fue una misión que sabemos, quienes formamos parte de ese círculo, que nos une y que además marcó un rumbo decisivo en nuestros destinos.
En mí, marcó el camino de la biología, ecología, fortaleció mi misión en la restauración ambiental, en el despertar de los sitios sagrados mayas.
Inclusive en ese peregrinaje maya en 1989, fue mi hija Citlali y mis padres que también tenían un vínculo de amistad muy importante con Don Antonio, estuvo también Alberto Ruz y José Argüelles.
Fue maravilloso que estuvieran ellos tres, Antonio, Alberto y José.
Lo comenzamos en Palenque, fuimos a Edzná, Cobá, fue absolutamente increíble, filmamos e hicimos una película, como el preámbulo para el año 2012.
Teniendo en cuenta que Arguelles sostenía que, era el final del mundo, cuando en realidad era un nuevo comienzo en el final de una era y hacer esta peregrinación con un sentido muy espiritual fue increíble y cuando terminó el peregrinaje hicimos el “Primer Consejo de Visiones” en Huehuecóyotl, Aldea Ecológica en el Estado de Morelos.
En ese tiempo también Fernando y yo, estábamos trabajando con el proyecto de “Biosfera 2”, que era justamente la recreación del planeta, un proyecto de la Nasa en EU; explicar cómo funciona la biosfera; cómo nosotros como seres humanos y como también somos responsables del manejo integral de la biosfera, para mantener su salud y esta gran fragilidad que existe en el equilibrio de todos los seres vivientes.
Ese primer Consejo de Visiones se inició al pie del Amate, en Huehuecóyotl, (aldea ecológica en el estado de Morelos).
Ahí estaba Don Antonio Velasco Piña, Arguelles, Alberto, John Allen, que vino desde Biosfera 2, Ana Luisa, Nicolás, Laura Curi, Helena, y formamos este “Primer Consejo de Visiones”.
Sentí y fue como tener una visión del planeta vivo, nació la responsabilidad de mantener toda la parte espiritual del despertar de México y cómo México era el lugar desde donde podía surgir esta nueva visión sagrada para el mundo.
Por eso se propuso crear este consejo de visiones que se llevó a cabo cada año, hasta el año antepasado en Metztitlán, todavía estaba vivo nuestro hermano Alberto Ruz.
A raíz de ese “Primer Consejo de Visiones” ahí pudimos presentar a Don Antonio y Alberto, a mí me tocó presentarlos, porque yo tenía esta amistad de muchos años con Alberto.
Mis padres y yo fuimos los que llevamos Alberto a esa tierra en donde nació Huehuecóyotl.
Fue como el primer encuentro de unir estas fuerzas, mentes y espíritus innovadores que se atrevían a ver más allá, a volar y poder abrir ese techo, conectarse con lo espiritual, con el más allá y encontrar una misión profunda en lo que nos sigue.
Después, vino otro evento importantísimo, que fue la fundación de Casa Tíbet con Tony Karam, cuando el Dalai Lama vino por primera vez a México, fue precioso porque se dio el encuentro entre Don Antonio Velasco Piña y el Dalai Lama, tuvimos la misa ecuménica en Catedral y nuestra visita a Teotihuacan.
Las amistades de esos tiempos las seguimos cultivando y trabajando. Estamos unidos todos alrededor de una idea profunda, de una misión de hacer una diferencia en el despertar de México, de trabajar la espiritualidad prehispánica, reconocer la riqueza espiritual del México prehispánico.
Creo que esos años fueron muy muy importantes y todo lo que había surgido después, ha sido la construcción sobre esto mismo, esa son las grandes vivencias, el legado de Don Antonio, un ser humano excepcional, siempre abierto, siempre increíble.
—¿Cómo pudo él, unir la historia con su imaginación y ligar a esta espiritualidad de México?
Para mí Antonio es un genio, que además se atrevió a brincar estas barreras académicas, él tenía todo el fundamento académico, el conocimiento histórico, pero él brincó más allá de eso y se atrevió a hacerlo e inspiró a toda una nueva generación.
Regina se publicó en 1987, fueron casi 20 años después del movimiento estudiantil de 1968.
Realmente yo creo que Regina es su obra maestra, en el sentido de que pudo madurar todas estas ideas, unir todos los diferentes cabos en los diferentes planos.
Regina es el legado que inspiró a toda una nueva generación de mujeres y de hombres a tener una misión, a respetar, a amar a México, respetar y amar nuestras raíces profundas, prehispánicas, tradiciones, danza, sabiduría, conocimiento y transportarlo a la época actual, revivirlo, ponerlo a flor de piel y hacernos ver este conocimiento antiguo, Olmeca, Tolteca y de todas las culturas que están vivas en nuestro país.
Nuestro deber es hacerlo renacer, revivir y unir nuestros corazones y nuestro espíritu con este conocimiento, para realmente lograr un México que renace maravilloso.
Finalmente, creo que México es uno de los países más maravillosos del mundo, no existe otro igual.
Sin embargo, lo hemos destruirlo, dañado su selva, destruimos la biodiversidad, destruimos nuestra cultura, destruimos nuestra espiritualidad y creo que la gran misión que nos deja Don Antonio, el gran legado, es no olvidar que tenemos esta misión reparadora y que a nuestra generación nos toca restaurar, el agua, el suelo, la biodiversidad, la cultura, el amor y tejer estos vínculos para este México que debe de reinar.