ANTONIO ENTREVISTA 36 #2
93%

ENTREVISTA 36 #2

Estoy muy enamorada de la testigo del testigo, que es nuestra gran maestra, su persona, me parece que esta forma de ser tan bonita de Antonio, de alguna manera era la forma de ser de la crianza que tuvieron, porque María Teresa es así, es una persona inteligente, sagaz, amable, amiga y se las sabe todas.

Cuando le hablo de teoría, opina, cuando le hablo de literatura, opina, cuando le hablo de:

—Oye, las mesas de concheros…

—Hay pues fulanito y toma el teléfono…

Creo que es un tesoro María Teresa, me gusta mucho hablar con ella.

Un día fui a su casa a buscarla porque voy con frecuencia, pero entonces toqué y no abrieron, llamé y no contestaron y sentí horrible.

Y fui a la casa de su amiga, que vivía a unas calles, le hablé a Elvia y de pronto, venía María Teresa de la iglesia y le dije:

—No, por favor, no vayas a dejar de abrir la puerta.

Y entonces me dijo como Antonio en el bosque:

—Un día voy a dejar de abrir la puerta, pero mientras la pueda abrir te la voy a abrir.

Sobre la enseñanza, él se negó a enseñarme a escribir un libro y me ofreció su amistad y su amistad, me permitió una claridad, vamos a decir metodológica, no lo terminé de escribir, él reviso algunas cosas y todavía no lo termino de escribir porque hubo un punto en el que yo entré a la maestría y eso se volvió mi sueldo.

Y ahora estoy en el doctorado y entonces mi proyecto del libro, yo lo escribo como yo quiero, pues ahí lo tengo, tengo varias entrevistas, cachitos, en una sale la abuela Ana Luisa Solís, en otras sale Patty Ríos, Los Mágicos de México, se llama este cachito, no está terminado, pero ese libro un día va a ver la luz y claro que él es quien me enseñó cómo un día me dijo:

—Oye, y si tú pudieras hablar con cualquier autor, ¿con cuál hablarías?

—Pues con Michel Foucault, que es un filósofo.

Y ya me fui a mi casa y luego pensé: —¡Ay que animal! Le hubiera dicho con Antonio Velasco—, ahí estaba el autor, pero no se me ocurrió y luego fui y le dije:

—Oye, pues perdón

—No, bueno, pero con Antonio Velasco ya hablas, a lo mejor se te concede hablar con el otro que está muerto.

Ya cuando veamos el libro, vamos a ver, porque creo que mi estilo sí es diferente, creo que intercambiamos que él me escuchó, me siento muy escuchada por él y me sentí muy escuchada por él, porque él no pensaba demasiado en los zapatistas y ya en su libro de Legado del 68, ya aparecieron los zapatistas y en el prólogo que hizo “Coyote” de la última Regina, aparecía la Abuelita Tonalmi de la Danza de la Luna, que fueron un par de cosas que a mí me traían loca, yo iba le platicaba, él me prestaba mucha atención y daba sus opiniones.

Creo que fue una pequeña universidad ese recinto de Alumnos, para mí en el formato que la universidad no tiene, porque la universidad siempre te plantea: “Yo soy el maestro y yo sé y tú no” y ahí en esa universidad era “Somos amigos, vamos a charlar”.

Con respecto a las enseñanzas de vida, lo vi por 3 años, primero cada lunes, luego en el segundo año me cambió y era cada martes, luego en el tercer año me cambió, era cada miércoles, él era muy disciplinado y yo al principio estaba muy desorientada porque mi hijo había tenido un accidente y eso me había roto el corazón, entre la maternidad de un niño pequeñito y luego el accidente, pues estaba yo como muy deshecha y su personalidad, más que los consejos, alguien que trabaja sobre sí mismo tan profundamente su campo áurico, yo diría, te procura.

Por eso, cuando uno va a meditar hay un maestro meditador que sostiene en el sentido de que él, como se siente bien, es como si lo contagiara, él con la facultad de escucha que tenía y luego estas palabras siempre oportunas, me dotaba.

Hay muchísimos consejos y muchas cosas que viví con Antonio, pero lo que yo te quiero decir es que, tuve la suerte de que apareciera en mi vida un ser que energéticamente me sostuvo y me dijo: —Está bien—.

Por supuesto que, en la vida quizá este es el consejo, pasan cosas horribles, cosas que no te imaginabas, cosas que no estaban en el guion de nadie y si te quedas viva después de eso tienes una fortaleza para poder continuar.

¿Cuál es la fortaleza? Pues la de Regina, la de la del Gran Espíritu, pero ¿cómo lo encuentras si eres ateo o si eres filósofo?

En la amistad, en la amabilidad, y eso se materializaba en mi vida con María Teresa, que era más cercana porque sí me daban nervios, que él era señor, era viejito, muy cercano, muy papá, muy lindo conmigo y conforme fue pasando el tiempo nos teníamos mucha confianza, pero la otra señora como era mujer, pues yo me permitía hacerle más preguntas…

Y creo que esta posibilidad de mezclar el razonamiento con la fe, es una necesidad humana, sentir que en el fondo hay algo que nos une y algo que le da sentido a todas nuestras experiencias positivas. Me acuerdo que me decía Antonio:

—Ay, nosotros siempre queremos ser el que tiene la razón, el más guapo, el más bueno, el más lindo, el que sí lo hizo bien y siempre estamos perdiendo el tiempo en demostrar que somos eso y es mucho mejor usar el tiempo en construir esa bondad, esa inteligencia, ese convencerte a ti mismo, que convencer a los demás.