ENTREVISTA 36
EL PORTAL: LA TESTIGO DEL TESTIGO
Tatiana Coyolxauhqui
Escritora
En el silencio de la noche,
el Viento, mensajero de flores y de nidos,
con inefable y arrullador acento,
hace vibrar tu nombre en mis oídos.
Antonio Velasco 2 de octubre, 2018 Tlatelolco.
A veces cuando siento el viento, recuerdo ese poema, el viento trae palabras de nuestros ancestros, de nuestros antiguos y ese es mi motivo para iniciar con el viento, un personaje, un elemento que todo el tiempo está trayendo a nosotros palabras, cosas que no podemos ver, pero que ahí están.
Así mismo, hubo un día que me recomendaron llevar a mi hijo a una clase de yoga para niños y esa clase era en la colonia Cuauhtémoc, la muchacha era una persona de aquí de Nayarit; Ana Luisa que rentaba el departamento de Río Balsas, donde vivía Toño con Gabi, era una casa muy grande que tenía un apartamento, ella y otra persona rentaban ese pequeño departamento en donde tenía un circuito para dar clases de yoga para niños y estuve sentada viendo como jugaba con el niño, platicamos de nuestra amiga en común, que es una mujer que tiene una academia de yoga y ella me dijo:
—¡Ay, mi casero te va a caer muy bien! Deberías de platicar con él, es un viejito que escribió un libro y le gusta mucho platicar, es como de tu onda.
—¡Ay! ¿cuál será mi onda?
Así empieza el texto que yo escribí de como conocí a Toño, la muchacha ya sabe cuál es mi onda:
—Y ¿quién es tu vecino?
—Antonio se llama, escribió un libro, no me acuerdo como se llama, un libro famoso.
—¿Antonio Velasco?
—Si.
—¿El de Regina?
—Ándale, así se llama el libro
—¡No! Sí preséntamelo por favor.
—A bueno, si quieres invita a un par de amigos y yo le digo que baje a charlar, porque él es muy amable y le gusta bajar a platicar.
Invité a un par de amigos a charlar, llevamos un pastel, ella hizo un té, fue como una reunión informal, él se sentó y platicó de cómo había escrito Regina y cuando terminó yo le dije:
—Qué gusto, yo leí su libro en la preparatoria y yo la verdad es que, quisiera escribir, pero no puedo hacerlo, me cuesta trabajo porque tengo demasiadas ideas.
—¿Cuántos años tienes?
—39.
—¡Ay, no, no, no! Estas muy joven, pero ven a mi oficina.
Me dio su tarjetita, después lo llamé y me citó en su oficina una mañana de un 2 de octubre, yo estaba muy despistada porque mi hijo era pequeño y estaba como que apenas entendiendo que onda, tome mi coche me dirigí a periférico y llegue tarde, cuando estaba a punto de tocar, dije: —¡Chin!
Es tarde, qué pena, ya no voy a tocar, bueno sí, porque es 2 de octubre, no es el señor del 2 de octubre, me citó y yo estoy llegando tarde…
— estaba como en esa sensación y me abrió la puerta sin que la tocara la mera, mera Doña María Tere, la sacerdotisa de este cuento, por lo menos del mío:
—Ay, señorita la estaba esperando Toño, pase. Ya se fue.
—Ay, no, señora, qué pena…es que yo…el tráfico…
Y entonces yo le empecé a platicar lo que le quería decir a Toño a María Teresa (su hermana), en ese momento se estableció una relación de Tatiana con María Teresa, que se hizo profunda en paralelo de con Toño. Así es como yo conocí a Toño, ella me dijo:
—Venga la próxima semana a la misma hora, pero llegue temprano y yo me voy a asegurar de que la reciba.
Regresé la próxima semana, a la misma hora, ya fui y me disculpé, el maestro me recibió y ahí empezó el cuento. Cuando llegué pensé: —Ay no, yo no quiero hablar con el señor es un señor y está viejito, me cae mejor la señora…— Y estuve un rato abajo con María Teresa, qué pena, me dijo:
—No, tranquila, él es muy amable.
Total, subí y le platiqué que quería escribir un libro, que a mí me gustaban los Zapatistas, que yo había estudiado filosofía, que no era especialmente amante del 68, pero que yo nací en Tlatelolco y que si quería ser mi maestro. Y me dijo:
—No, no quiero ser tu maestro, porque para ser maestro se necesitan 7 años y yo me voy a morir antes. Entonces no tengo tiempo y además yo ya estoy jubilado, pero puedes venir a platicar conmigo todos los lunes de 11 a 2 y ahí me vas preguntando, te voy dando cosas para leer y ya.
—Oiga, pero yo no tengo con qué pagarle.
—Yo no te estoy cobrando, yo ya estoy jubilado y lo que sí, es que yo solo voy a hablar de lo que yo quiera cuando yo quiera y puedo ser tu amigo, si quieres.
Me fui sorprendida, fui su amiga, me parece que es la mejor manera de tener un maestro.
Cuando un maestro es verdaderamente un maestro, no quiere ser tu maestro y puede ofrecerte una sincera amistad y a mí Antonio Velasco, me ofreció su amistad, yo lo admiraba, lo quise, porque me paternó, fue mi psiquiatra y en sus enseñanzas era muy amable, siempre muy sencillo, me sentí a gusto y me empecé a sentir mejor porque yo no me sentía muy bien por ese tiempo y conforme fui aprendiendo él hacía referencia siempre:
—Para este tema, busca a Ana Luisa Solís, a este otro, busca a Paty Ríos, busca a “Coyote” Alberto Ruz.
Nunca se montaba todas las glorias, sino él pensaba o decía que el conocimiento, lo había generado con su generación, con un grupo de amigos, siempre intercambiando. Muy amable y me permitió conocerlos, a muchas de sus personas más estimadas. Hubo un día en el que me dijo:
—Bueno, te voy a llevar a Chapultepec, trae a tus amigos, van a caminar.
Junté mi grupito y fuimos… a la mitad del camino, yo lloraba, porque me di cuenta de que Toño era grande y lo oía que respiraba muy agitado, yo decía: —¡chin!
, no debí de haberlo traído, bueno, yo no lo traje—, iba yo con esa sensación y él parecía que podía leer la cabeza de las otras personas porque decía:
—Tranquila, tú debes de concentrarte en ti, silencio total todos y fíjense en cómo caminan y no se estén fijando en lo que hacen las otras personas.
Era muy amable, pero sí estricto, y nos fue explicando los pasos y el significado del transcurrir de la Caminata Sagrada en Chapultepec.
Hicimos una ceremonia de aguas en el lago una de las chicas sacó todo su kit para hacer la ceremonia de agua, todos sacamos las aguas que llevábamos, yo traía unas aguas que me había dado María Teresa y, en fin, dijo:
—Bueno yo ya me voy y ustedes se quedan y hacen lo que tienen que hacer y yo me voy.
—¡No maestro! ¿pero cómo? Que lo lleven, que lo acompañen «dijeron todos».
Y como que nadie quería dejarlo ir y él como que: —no les estoy preguntando y yo ya me voy— y yo me sentía súper responsable y todavía corrí un poco y lo alcancé, le di el escrito que yo había preparado, se lo guardó en la bolsa y me dijo:
—Regrésate, tienes que terminar la ceremonia, no me va a pasar nada y si me va a pasar no lo puedes evitar. Regrésate. Con esa sensación vas a tener que vivir todo…
…Y yo me regresé a aprender a estar con esa sensación, claro de que todo se puede terminar y también de que todo pues va a estar bien.
Fue un gran momento con Toño y el último.
Cuando le llamé por teléfono, un poco antes de que se sintiera enfermo o ya no pudiera llamarle más, llamé a su casa y le dije:
—Hola, ¿Cómo estás Antonio?
—¿Quién habla?
—Tu alumna no reconocida.
—Ay, ¿Cómo estás Tatiana?
—¡Eh, gooool! ¡Sí soy tu alumna!
Y se rió muchísimo, estuvimos platicando de que como estaba el clima y todo lo demás y eso es lo que recuerdo.
En cuanto a lo que aprendí con Antonio fue la personalidad de mi mayoría de edad, se la debo a él.
Lo primero que creo que podría decir es que, aprendí a ser amiga, a intentar ser amiga de todas las personas y aprender de cada una de ellas.
Como las personas pueden no caerte bien todas, pero todas tienen algo que puede caerte bien y entonces buscar eso de cada una, creo que eso es lo fundamental, admiraba muchísimo que era siempre amable con quien fuera, aunque él no se sintiera muy simpatizante de la situación, era una persona realmente oportuna, tenía la palabra correcta y era amable, le importaba hacer sentir bien a las personas y creo que eso es importante.
Acerca de la obra de Toño, es una obra contrahegemónica¡¡, me parece que es una obra que responde al dolor que todos quizá experimentamos en algún momento de nuestras vidas, cuando se nos rompe el corazón por completo, cuando pasa algo que no te gustaría que pasara y ya paso y lo que tienes que hacer después de eso para seguir viviendo, creo que el movimiento del 68 representó cosas muy importantes y hermosas para la humanidad ahora, pero que en ese momento fue un golpe muy duro para los jóvenes, para las personas que estaban vivas y que frente a ese dolor, este hombre hizo una obra muy interesante con una propuesta que ha sido criticada por un poco nacionalista y yo le preguntaba que si era nacionalista y me dijo: —que pensaba que sí—, yo le decía: —bueno, los zapatistas, algunos tienen la postura de que uno puede ser nacionalista y ser criticado, porque te identificas con el territorio y lo defiendes.
Y eso no le conviene a quien quiere ser dueño de todos los territorios—.
Parece interesante alguna postura de tener o de sentirse identificado con el lugar en el que vives y con la profundidad que él proponía, es darle capacidad de agencia a todo lo que está viviendo aquí, no solamente a las personas o los gobiernos, sino también a la montaña, al agua, al río, al trueno, a las flores, los cantos, a la amistad y a las casualidades de por qué nos conocemos y a ese gran tejido y me parece que, por eso, cuando yo batallaba para entrar a la maestría, me decía:
—Yo por eso escribí una novela, de alguna manera, yo escribo como yo quiero, ves y ya y digo lo que tengo que decir sin que me limite un método.
Admiro mucho eso de él y todas las propuestas, que él intentó a partir de sus textos, todas las ganas que tenía de dotar de sentido su corazón y el de los otros, quienes lo leemos.