ANTONIO ENTREVISTA 32 #3
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ENTREVISTA 32 #3

Don Antonio pidió este Temazcal al jefe Leonard Crowdog, se pidieron los permisos y todo, la historia no me la sé muy bien, porque esa más bien es platicada, pero la jefa Paty nos dice que cuando a él le llega ese pensamiento, de que en la Aldea de los Reyes tenía que haber un Temazcal, pero que no tenía que ser del centro.

Entonces se busca y se llega con el jefe Leonard Crowdog y se le piden los permisos para ponerlo, vienen y hacen todo lo que tuvieron que hacer para orientarlo y todo, y está orientado de acuerdo a como el jefe Leonar y su tradición.

¿Y por qué nos manda Toñito a Guayabos? Porque de allá es la tradición.

Entonces formó unos guerreros de la tradición para que se pudiera llevar a cabo ese inipi que es de esa tradición lakota. Y te das cuenta, que de repente él eleva la voz y dice:

• “¿Pero por qué si acá somos mexicas?”

Pero en esta conciencia, en este despertar de conciencia del que él hablaba, es fluir, porque la enseñanza ya había subido, ya había bajado, va al centro, regresa. Entonces te deja aquí con esta tarea y desde mi punto de vista, creo que coincide Ismael:

• ¿qué vio Don Antonio?

No lo sabemos, a nosotros no nos lo dijo: - “yo vi esto en ustedes y ahora hacen esto”-, ¿no?

Pero lo que él haya visto, pues yo creo que está funcionando y aquí estamos cumpliendo esa indicación, llevando una enseñanza que se trata de que sea como lo menos viciada posible.

Lo más pura, lo más limpia. Por eso es que nos hicimos danzantes del sol en Dakota del Sur también, allá en el círculo del jefe Leonard, ¿por qué?

Porque quería toda la enseñanza Impecable. Y él decía eso:

• que su andar sea impecable.

Aquí seguimos trabajando para lograrlo algún día.

Con todo esto, con todo lo que vivimos, yo siento una gran responsabilidad de llevar las acciones, la palabra, la enseñanza de alguien, de un ser tan iluminado espiritualmente, que uno voltea y dice:

• no, yo estoy muy lejos de todo eso. Me aplicaré, pero estoy muy lejos.

Y la otra parte que me siento triste, porque aquí llegó un abuelo, que era el abuelo Manuel Zárate y decía:

• “¿Dónde vienen los guerreros? ¿Dónde están los guerreros? No los veo”

Yo digo lo mismo, ¿dónde están los guerreros?

, ¿a quién le voy a enseñar? No hay nadie, ¿quién deja el ego a un lado y se aplica sin esperar nada?

El aplicarse por el llegar, por el trascender, por el cambio, por elevar su conciencia, esa es la tristeza de mi corazón.

¿Para dónde? Pues yo espero que nos diga, que nos mande señales y nos diga Don Antonio:

• “va por aquí, va por allá, va a llegar quien tenga que llegar en tiempo y en forma.

Y en esa parte espiritual, hay muchos trabajando, pero pocos que quieran ser auténticos mexicanos.

Aquí es entregar la vida, el alma, todo.

Y, por otra parte, pues me siento orgullosa, porque cuando voy como topo a otro espacio y me acuerdo de las palabras de Don Antonio, vas representando esos siete rayos del espíritu de Méxhico, que los llevas traspasando las fronteras, brincando los océanos.

También hay una parte de sentirse orgullosa, contenta de las tareas.

Eso de ser una partícula de Citlalmina también es complicado. A mis tiempos, pues también, tuve que viajar contra la corriente, casi casi decir:

• ¡Qué no hay mexicanos aquí que puedan moverse y hacer!

A mí me tocó lo del 85. Me toca como mujer.

Hay muchas, ahora habrá más, pero en aquel entonces no había.

Y a través de las pláticas con Don Antonio, el darme cuenta que las caminatas que yo me agarraba de jovencita, de 13, 14 años, al Zócalo o a la Basílica yo sola y le explicaba, creo que a Ismael, es que yo soy aries, tengo un carácter, o tenía un carácter así solamente explosivo, fuerte, mi palabra sigue siendo a veces muy fuerte y cuando yo tenía problemas en casa, salía, pero agarraba al Zócalo a caminar, era como un circuito y a Basílica, sin manda, sin deberle nada a la Virgen, me iba de rodillas, llegaba llorando de rodillas, mis caminatas las hice sin una conciencia clara, a los 13, 14 años.

Entonces cuando llega el 85, pues todavía me faltaba muchísimo.

Pero ese, date cuenta, que estas personas necesitan que su espíritu no se quede, consíguete el agua bendita.

Ponte a echarles agua bendita cada que salía, echa agua bendita de donde salieron para que su espíritu se vaya, cuando ya lo veo acá a la distancia.

¿Qué anduve haciendo tan jovencita? ese despertar.

Y después de eso, empiezo en la mexicanidad y de ahí me agarraron y ya no me soltaron.

Algo que le fui a preguntar, entre las pocas veces que yo fui sola, porque acá sí íbamos en compañía de Ismael, le digo:

• “Oiga Don Toñito, quiero que me platique, dígame, a ver, ¿cómo llegó la abuela Ana Luisa con usted? ¿Cómo llegó?”

Y que me dice:

-Eso es asunto de ustedes. Yo ya escribí mi historia. A ustedes les corresponde escribir la parte que sigue, siéntate con la abuela Ana Luisa y platiquen. Ustedes son los siguientes testigos. Ustedes tienen que escribir esa parte de la historia que falta.

Así fue, con esto que la abuela Ana Luisa Solís está llevando a cabo, se está haciendo la tarea y en su momento me tocará hacer lo mismo y a Olga de los reyes y a todos.