ENTREVISTA 33
Antonio fue un estandarte de la Mexicanidad
Sandra Castañeda
Numeróloga tántrica
Siempre les digo a todos mis alumnos que la lean, es una lectura que les dejo de tarea.
Cuando lo acabé de leer, despertó algo muy profundo en mí, a mis alumnos les digo que es una lectura iniciática, te conecta con la mexicanidad de manera muy poderosa, aunque seas extranjero y no tengas una raíz mexicana, si te toca leer ese libro, es porque algo te une a las raíces mexicanas, a lo profundo del ser.
Antonio, lo conocí a los 16 años al leer su libro de Regina, de ahí empiezo, en el año 2000, mi proceso de conocimiento, de búsqueda, entro a una escuela en donde uno de mis maestros fue Jorge Berroa, quien era un médium cubano, él fue maestro de Antonio Velasco Piña, de Laura Esquivel, de Leticia Bernal, Ana Luisa Solís, de mucha gente, eran grupos pequeños, pero creo que gente muy interesante.
Un día yo le digo a Jorge:
- “Jorge, ¿por qué me tocó ser alumna tuya?”
Y él me decía, Moniquita:
- “Moniquita, ahorita no lo entiendes, lo entenderás después, pero los dioses tienen pies de piedra, todos los demás tenemos tenis y pisamos piso, como tú y yo.”
Cuando estaba estudiando con él, el maestro sutil que llegaba a través de el y con quien me tocaba hacer todas mis tareas eran con el maestro Beethoven, así fue como a través de estas reuniones que yo entendí y conocí la resonancia, la matemática resonante o la numerología resonante.
Jorge muere en el año 2006 y se desintegran todos los grupos de estudio, yo siempre estaba en la búsqueda de los compañeros de estudio o de con quién se habían quedado con el legado de Jorge Berroa.
En una expo, dando yo una conferencia, conocí a Juan quien me conecta con Leti Bernal, quien fue una de las mejores alumnas de Jorge y médium también.
Entonces retomo el estudio con ella y ella a su vez me dice. “iTenes que ir a conocer a Antonio Velasco Piña y dije:
- “Bueno, pues ahí voy.”
Para mí la imagen que tengo de Antonio Velasco Piña, es la de un hombre inmensamente humilde, cálido, bondadoso, generoso, amorosísimo. Era una biblioteca andante, con Antonio había mucho de que platicar y que decir, tantas experiencias, tantas cosas.
Finalmente, un día me recibe en la casa de la calle de Alumnos en la colonia San Miguel Chapultepec y ahí ya conecto con Regina y le platico a Antonio la historia de mi familia, una anécdota con mi madre sobre el nacimiento de una niña, cuando se lo platico me dice:
- “Tú tienes que estar aquí”
Y estuvimos platicando en su despacho y luego me pasó al cuartito que era de Regina y saca del baúl cosas y me las daba en las manos y me decía.
- “Tócalas, revísalas, siéntelas, aquí estuvo ella. Mira, estas son las tablillas tibetanas de estudio de Regina”.
- También tenía un metal ahí medio raro que habían sacado de una de las cuevas de Teotihuacan y me lo mostró.
Luego le platiqué varias experiencias que había tenido con Moctezuma, él como que iba confirmando y me dice:
- “Te vas a seguir conectando con más personas.”
Ese primer encuentro con Antonio fue como activar mi linaje mexicano, poder conectar varios cables que tenía como sueltos en mi historia personal, darle un sentido.
En esa primera ocasión me quedé sola en el cuartito de Regina. Antonio se tenía que ir me dijo:
- “Mira, guarda todo en su lugar cuando acabes, nada más cierras la puertita y te vas.”
Digo, ¿así ya? ¿de veras?
- “Sí, sí, sí, aquí tú te quedas, si te quieres ir en la noche, vete hasta en la noche, no importa, adiós.”
Y se da la media vuelta, se va y dije:
- “Me puedo robar todo ahorita y ni quién se dé cuenta.”
Así era de aperturado, de generoso, de confiado nuestro muy querido Antonio.
Al paso del tiempo, se dio la oportunidad de poder apoyarlo con algunas entrevistas que le hice para mis programas en las redes sociales.
También tuve la fortuna de ir a las reuniones que hacía los domingos en su casa, donde platicaba de historia, tengo grabadas esas clases, fueron a lo mejor unas tres.
Él era un encanto, te embelesaba con su palabra, nos daba la oportunidad de entender la otra cara de los sucesos, la cara sensible, la sublime, la sutil de la historia, te la contaba como cuento; tú podías estar ahí cinco, seis o siete horas y pareciera como si hubieras estado una y no querías que acabara, era tan anecdótico, tan cálido.
También, en dos ocasiones me tocó hacer caminatas sagradas con él en el bosque de Chapultepec, aún ya con lo frágil que estaba, aún con lo deteriorado, él decidió ir, estar acompañándonos y explicándonos todo, cómo entrar correctamente al sagrado bosque de Chapultepec, en fin, creo que los que conocimos a Antonio fuimos privilegiados.
También recuerdo que una vez tuvo un problema con su banco, creo que sacaron el dinero de sus cuentas, algo así. Y entonces decidí apoyarlo haciéndoles entrevistas sobre sus libros y que las personas cooperaran económicamente. Le dije a Lety:
“Lety cómo ves?, a lo mejor podemos hacer algunas pláticas sobre sus libros que sean de cobro y de esa podamos apoyar a Antonio.”
Le gustó la idea, las llevé a cabo y las grabé, tuvieron buena respuesta.
Después Antonio recuperó su dinero del banco, hizo un ritual de protesta en su banco con algunos amigos
y recuperó su dinero.
Pero en el ínter le ayudamos. Esas entrevistas las sigo viendo en mi canal y me siguen gustando mucho.
La última que hicimos fue sobre “Regina”, fue muy chistoso porque fue justo la última plática. Un día saliendo de una de las entrevistas ya para llevarlo a su casa, cuando nos íbamos al carro para llevarlo me dice:
- “¿Cuál queda pendiente?”
Y le digo:
- “Regina”
- Responde “¡Ahh! La mera mera, nos la aventamos después.”
Se quedó pendiente, esa ya no se hizo, no saben cómo lo lamenté, decía:
- “¿Cómo no se hizo “Regina”?”
Yo conocí a Antonio, ya tarde, le agradezco y lo bendigo, creo que pudimos hacer juntos cosas importantes.
Otro momento también muy interesante fue, yo ya había conocido a Antonio, y fui a un pueblito adelante de San Antonio, Texas, que se llama Fredericksburg.
Ese pueblo se hizo famoso porque de ahí era uno de los generales que firmó la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial.
Entonces, en su honor, construyeron un museo de la Batalla del Este, adentro de una de esas salas hay un submarino y pues tiene su aparato, no sé cómo se llama “La Mirilla” por donde ellos veían. Y ahí escucho a Antonio que me dice:
- “Niña, acérquese al aparato. Aquí hubo un marino que tuvo una gran toma de conciencia.”
Entonces yo me acerco y me dice:
- “Gírelo a la izquierda.”
Entonces lo giro y me dice:
- “Cuando lo hizo el marino, vio los cascos de los barcos de guerra. Gírelo a la derecha.”
Lo giro y me sigue diciendo:
- “Cuando lo hizo, vio una isla paradisiaca de esas bonitas del Pacífico. Gírelo al centro.”
Lo giro al centro y me explica Antonio:
- “Niña, fue aquí cuando hizo la toma de conciencia el marino y llegó a un entendimiento profundo y dijo, como con un giro de mirilla: pasé de sentir miedo a sentir paz.”
Entonces me sigue diciendo Antonio:
- “Esa es la vida, niña. ¿En dónde está puesta su mirilla? ¿En la guerra? ¿En lo que no tiene? ¿En lo que le falta? ¿En lo que no hay? ¿En el futuro? ¿En el miedo? O gira su mirilla y pone su mirilla en lo que sí tiene, en lo que sí hay, en lo que sí ha logrado, en los sís de la vida.”
Esa conexión con el fue sensacional, sensacional, así fue.
Otra de mis anécdotas, que yo jamás he dicho esto en público, ahora sí que me voy a permitir hacerlo con todo el respeto del mundo.
Mi abuelo, el papá de mi mamá, era político, era el hijo de mi abuela, yo le decía mi bocha o bochita, se llamaba Ambrosia.
Era una mujer muy fuerte, a sus 70, 80 años seguía lazando ganado, yéndose a la pizca, a sus ranchos. Cuando yo necesito fortaleza interna, pues a la que invoco es a mi Bocha.
El tema es que mi tío, en aquel entonces, era estudiante de la UNAM y le toca el movimiento del 68, mi abuelo trata de detenerlo y entonces lo pone a trabajar de edecán para las olimpiadas, sin saber lo que su hijo haría por el movimiento.
Mi tío pasaba información (no fue el único) de los estudiantes de la UNAM sobre el movimiento, por abajo de las puertas de los periodistas de las olimpiadas que estaban en el María Isabel Sheraton y así fue como el mundo se enteró de lo que ocurría en México sobre el movimiento estudiantil de 1968.
Entonces en la casa de mi abuela, en ese tiempo se vive el movimiento del 68 en su apogeo porque por un lado estaba el político mi abuelo y el estudiante de la UNAM, edecán de las olimpiadas, mi tío.
En una de mis charlas con Antonio, me dijo:
- “Sandra lo que a ti te toca es compartir información, pero es una información que es codificada a través de los números, por algo estuviste con Antonio Cortina (maestro sutil), te han ido preparando, vas a ir conociendo más la profundidad de la resonancia numérica, lo importante no es la característica del número, sino, es saber el nivel de la resonancia de la vida. Te han preparado para que tú lo compartas, de qué sirve que una persona tenga números de éxito cuando no vive en el éxito.”
Antonio, me enseñó a ver esa otra cara de la vida, cuando leemos sus libros sobre la Independencia, los Niños Héroes…
Estas nos dan esa otra cara de la historia, que te pone en un lugar mucho más maduro, más responsable, entender por ejemplo que la Conquista tenía que darse, era sí o sí, se tenía que dar.
Y el gran Tlatoani Moctezuma sabía que venía ese proceso hacia adelante.
Mira, yo creo que hoy por hoy, que Antonio físicamente no está, pero energéticamente sí, estará en cada uno de los procesos y en los trabajos personales que hagamos.
Por ejemplo, desde la numerología, Antonio es totalmente psíquico, él era 8, 9, 8, 9, 8, yo le decía:
- “Antonio, tú te niegas, tú dices que tú nada más eres autor. ¿Cuál que?, eres bien psíquico, eres un canal enorme.”
El número más psíquico de toda la energía es el 9.
Y él, pues tiene 2, pero aparte tiene tres ochos, que son los chamánicos, son estos poderosos sanadores, fuertes, valientes, igual que el 9.
Nada mas que el 8 es como muy irruptivo, muy intempestivo, reaccionario.
Y el 9 es más inteligente, es analítico, preciso, son de los dos números más perceptivos y más psíquicos.
Cuando yo le hice el estudio, que se lo estaba interpretando, creo que fue ahí donde yo lo conquisté porque a lo mejor él era un poco escéptico, pero de ahí yo me lo pude agarrar y le dije:
- “Mira, tú podrás decir una cosa, pero yo ya te conozco más allá de lo que tú te conoces, así que yo ya te entendí, me queda claro que tú sí eres.”
En cuanto a sus lecturas, en cuanto a vivir lo que vivió precisamente en ese movimiento estudiantil y el posterior al movimiento estudiantil, creo que fue lo más pesado para él, fue lo más tremendo, solamente una personalidad así lo podía hacer, tan es así que por eso era un Caballero Águila.
Chistoso por que un día le dije:
- “Antonio te conozco hasta el último lunar numerológico.”
Y finalmente, Antonio nos dio la oportunidad de observar la vida, no desde un lugar tan superficial, sino desde el entendimiento que la vida es mucho más profunda y que tiene un impacto tan poderoso que lo que una mente racional puede dar.
Antonio fue un estandarte de la mexicanidad en nuestro país.
Era un padre de la conciencia universal, porque a final de cuentas no importa en dónde estés, cuando tú lees sus obras, algo despierta en ti, algo se conecta en ti.
Entonces Antonio nos da esa gran oportunidad de poder abrir nuestra conciencia, nuestra mente y poder conectar con la historia, pero una historia resonante, una historia sutil.