ENTREVISTA 32
Escuela de Guerreros
Pola Díaz Moffit
Rescatista
• Tú eres una guerrera ¡
Mis antecedentes de haber tenido algún contacto con Antonio Velasco , fue durante mi último embarazo, el cual fue de alto riesgo, me pasé seis meses con puro reiki, dos veces por semana, y ya tenía mucho tiempo, mi cuñada me prestó el libro de “Regina”, cuando lo terminé se lo regresé y me prestó “Tlacaélel” y derivado de eso ya don Antonio estaba en mi radar, por lo que cuando un día oyendo a Guillermo Ochoa en la tele, de repente empezaron a comentar acerca de su nuevo libro: “Cartas a Elizabeth, el cual tardé muchos años en tener en mis manos, porque tenía que darse todo, tiempo y dinero, entonces en un viaje me lo encontré en el aeropuerto y me lo compré.
Estos eran mis contactos previos con la energía de Don Antonio, entonces cuando lo conozco, fue así como un “click” de muchas cosas que ya había leído y un día él nos respondió la pregunta…
¿qué es un Guerrero? Y así nos respondió:
- “Bueno, un guerrero es aquel que no le teme a la muerte y esa vía puede conducirte a convertirte en un auténtico mexicano.”
Esa respuesta me dejó con muchas incógnitas…
y me hizo preguntarme, ¿le tengo miedo a la muerte?
Pensé, en los operativos de rescate, me he metido a los escombros, siempre pienso solo en rescatar, en ayudar, en aportar a mi equipo y a las situaciones por peligrosas y complicadas que sean, y nunca he sentido miedo a morir…
al menos de manera consciente… incluso antes de saber, de tener un poco más de conocimiento…
y en ese momento también nos empieza a hablar del efecto Citlalmina y nos dice:
- “Bueno, vuelvan a leer Tlacaélel, porque ahí explico muy bien esos temas, pero ustedes ya traen un trabajo, pero si quieren ser auténticos mexicanos, si quieren aprender a ser guerreros, vayan a Guadalajara con la jefa Pati Ríos (jefa de tradición lakota)”
Y eso fue en el 2010.
Fuimos a una de las muchas pláticas que dio en la Casa de Cultura “Reyes Heroles” ahí fue como el trato inicial, después nos dijo:
- “Vayan a verme a Alumnos”
Allá íbamos a Alumnos a verlo, platicábamos y en una de esas pláticas nos dijo:
- “Vayan a Guayabos, a Guadalajara, con la jefa Paty Rios... Aquí los abuelos están tratando de ponerse de acuerdo para ver si hay una escuela de guerreros”
Eso fue en 2010, me acuerdo perfectamente, y así lo hicimos, fuimos finalmente a Guayabos a presentarnos con la jefa Paty como nos había encargado Don Toñito, allá nos explicaron de que se trataba el entrenamiento, nos describieron las actividades que se requerían hacer.
Regresamos con Don Toñito, le dijimos, pues nos dijeron esto, que se trata de los ejercicios de la visión (búsqueda de la visión, una de las herramientas que utiliza la tradición lakota), de estar cuatro días sin comer, sin tomar agua, en la montaña, entre otras actividades y ahí quedó la información, mientras tanto, nosotros seguimos asistiendo con regularidad a alumnos, por lo menos una vez al mes, luego nos dijo:
- “Para ser guerreros, tienen que empezar las caminatas”
Y empezamos con las caminatas, en ese entonces todavía asistía Don Antonio y Toñito Olivera, las caminatas eran en el bosque, en la ruta femenina, masculina… pero más bien las del bosque, que eran las más cortas y empezamos a encarrerarnos.
Para el 2011 regresamos a alumnos a preguntarle acerca de la escuela de guerreros y nos dijo:
• “No, pues no hay acuerdo entre los abuelos, no se pusieron de acuerdo, no va a haber escuela de guerreros, váyanse con Pati, allá se hacen guerreros de a deberás”.
Está bien, pues allá fuimos en el 2011 y algo que era de cajón, era que regresando de todas las encomiendas, siempre nos reportamos con Don Antonio, y le contábamos todas las experiencias nos fue así, vimos esto, sentimos esto, intercambiamos experiencias, él nos daba su punto de vista, que siempre fue muy equilibrado, sin tendencias, muy transparente, esa parte a nosotros no solamente nos gustó, nos enamoró, porque era una persona transparente, honesta, congruente, ya que ahora en la actualidad hay muchos abuelos que no son congruentes, eso es muy complicado y nosotros veíamos eso en él, era verdaderamente una guía.
Al año que decidimos legalizar la asociación de Topos en el 2011, le preguntamos si nos podría acompañar, si podía hacemos el honor de asistir, y grande fue nuestra sorpresa cuando apareció, con su pantalón y zapatos blancos, su suéter como tipo andino, ahí decidimos invitarlo a ser socio honorario de los Topos, porque ya lo considerábamos nuestro guía de cabecera, para nosotros era ya nuestro guía, jamás le preguntamos: - oiga, usted quiere ser nuestro guía, quiere guiarnos-, era como un diálogo en donde estaba implícito, así lo entendíamos.
Para Topos, nuestro guía espiritual era Don Antonio Velasco Piña, nadie más.
Íbamos a hacer nuestros ejercicios a Guadalajara a Guayabos, pero siempre todo era como muy consultado con él, había un diálogo muy padre, Ismael tiene una forma muy particular de ser, a veces pareciera como irreverente, pero no, es su forma de ser.
Tuvimos que releer Tlacaélel, yo me cuento entre los que lo volvimos a leer y ahí comprendimos que, los topos, cuando se visten de topos, cuando se dicen topos, están aceptando la investidura, y ahí en ese instante de desastre, de confusión, de dolor, es cuando se manifiesta lo que don Antonio nos explicaba y que narra en el libro de Tlacaélel, ahí entra el efecto Citlalmina, en ese momento es cuando comprendes muchas cosas que tú traes encima, que no las tienes muy claras, como por ejemplo, eso de ser auténtico mexicano y que es el que no le tiene miedo a la muerte, la parte de los siete rayos, del espíritu de México, que Don Antonio los plasma en su libro de los siete rayos, que habla de los niños héroes, ahí nos habla de la valentía, el honor, el amor, el patriotismo, etc.
ahí en esos momentos es en donde todo comienza a tener sentido, en donde vamos entendiendo un poco más de lo que tanto nos explicaba don Antonio.
Algo que recuerdo es que a don Antonio le daba mucha tristeza que la memoria, el sacrificio de los niños héroes llegara a perderse, a olvidarse de la memoria colectiva, pero yo pienso que eso es muy difícil que se pierda, porque, aún el delincuente más rudo, siempre admira al valiente, el mexicano es muy valiente y lo ha demostrado de muchas formas, considero que es importante traer a la conciencia a los siete rayos, al espíritu de México, trabajar con ellos en la actualidad es una tarea titánica, pero necesaria.
Don Antonio nos fue explicando, diciendo que se tenía que trabajar, para que algún día se tengan más flores y árboles de donde cortar los frutos, como país, sobre esa conciencia colectiva, sobre lo que ya está en ese ADN que se dispara en los momentos propicios.
Por ejemplo, Don Antonio hablaba del fenómeno de los Topos, que decía, bueno, es que estos individuos, y la última vez que se lo escuché fue en la librería de Porrúa del bosque, la que está sobre la calzada de Gandhi, en ese momento, me parece que pasó algo, un sismo en no sé qué parte y dice:
• “Pero, hablando de conciencia planetaria yo conozco unos tipos que se enteran de que ocurrió un sismo o terremoto en alguna parte del mundo y ellos ya están con dos pies adelante para para ver si es viable que vayan a ayudar, si tienen que ir, ellos ya están listo, ellos siempre están listos, eso es tener conciencia planetaria […] ellos son un ejemplo de esta conciencia”.
Pero es algo que muchos mexicanos tienen que trabajar, porque está, pero no lo sacamos adelante, entonces esa guía a nosotros nos sirvió mucho, nos hizo darnos cuenta de la gran responsabilidad que teníamos, el visibilizar, ustedes tienen esto, no le tienen miedo a la muerte, tienen valor, tienen patriotismo, vas juntando los siete rayos, y dices:
• ¡Ay?, a ver en ¿cuál me va a tocar trabajar?
Don Antonio nos dice:
• “(…) y ustedes como mexicanos van por el mundo llevan su cultura y llevan el espíritu de Méxhico, además, impactan a otras personas. Obsérvese, toda la responsabilidad que llevan, que no se ve y que va más allá de si salvan o no salvan una vida…”
Pero esa misma capacidad de Tlacaélel, la capacidad de Citlalmina la tenemos todos los mexicanos, nada más hay que identificar el timbre que lo detona, que sale y que está, por ejemplo, en mi ámbito, yo lo plasmo así:
• “Hay matanzas en nuestro país, asesinatos, hay lo que quieras, ah, pues, sí, quién sabe en qué se habrán metido, ah, pues, sí, ellos se lo buscaron.
Pero hay un terremoto, todo mundo sale, “vamos a ayudar”, ya llevan la bolsa con agua, ya llevan la bolsa con alimento, no preguntan si se necesita, todo mundo sale y ahí aflora esa parte del espíritu de Citlalmina y de alguna forma ya ves más tangible esta parte de Regina, que es el despertar de la conciencia y muy independientemente de si la puedes hacer tangible o puedes traerla dentro de ti, esa partícula de divinidad, ahí está, entre nosotros, todos la tenemos, nada más hay que despertar un poco más, quitar el velo de la luna para poder ver un poco más amplio.
Me encantaba irnos a sentar al despacho y escuchar lo que Don Antonio tuviera que comentarnos en ese momento, pero también las respuestas, una vez le dice Ismael (Integrante del grupo de Topos) a Don Antonio:
• “Oiga, ¿cómo está eso?, usted narra de tal manera en sus libros que parece que usted estaba para detectar cada movimiento de los personajes, usted dice: que se dio la vuelta, volteó los ojos, hizo no sé qué gesto, ¿qué, usted estaba ahí?”
Y don Antonio le responde:
• “Eso fue lo que yo recibí, yo solamente transcribía lo que recibía.”