ENTREVISTA 30
Si barremos con conciencia, iluminamos al planeta.
Patricia Ríos
Jefa Danzante Lakota
Francisco (mi esposo) y yo, éramos novios, él vivía en México y yo acá en Guadalajara.
Entonces encontramos en el grupo de meditadores un libro maravilloso de Toñito que se llama “Tlacaélel: el azteca entre los aztecas”, lo comenzamos a leer y de ahí nos dimos cuenta de otro libro maravilloso de “Ayocuan” que es “La mujer dormida debe dar a luz” y estábamos en esas lecturas profundizando y conociendo, cuando mi marido y unos amigos que vivían en México dijeron:
- y por qué no buscamos a don Antonio, vamos viendo si lo encontramos.
Ellos lo buscaron en los teléfonos que había en las guías amarillas antiguamente, -en los teléfonos que ya casi no se usan tampoco-, pero había teléfonos y teníamos unas guías amarillas como libros, ahí buscaron y encontraron Antonio Velasco Piña, su teléfono, le hablaron por teléfono y Toñito fue el que les contestó y ya le dijeron:
-Estamos un grupo de meditadores en Guadalajara trabajando y estamos encantados con los libros de “Ayocuan” y “Tlacaélel” y nos gustaría platicar contigo.
Y rápidamente les dio su cita, él tenía una oficina de abogados o de derecho, no me acuerdo si en Coyoacán o la Roma, en algún lugar él tenía ahí una oficinita, fueron a visitarlo, platicaron y lo invitamos por primera vez a Guadalajara.
El vino a Guadalajara, nos habló de los tiempos sagrados en la primera charla que tuvimos con él, empezamos desde entonces -desde 1981- ya toda la vida empezamos a traer a Toñito mínimo dos, tres, hasta cuatro veces al año venía con nosotros y a seguir todas sus prácticas, empezamos a seguir todas sus novelitas, cada una nos iba inspirando, cada una nos iba llenando de luces, de qué seguir, cómo seguir y nos fuimos preparando.
Toñito nos fue preparando para la novela de “Regina” la cual vio la luz en 1988, que era la que estábamos esperando con mucho amor, con mucha alegría, ya en 1988 conocimos por fin a nuestra hermanita mayor Regina que fue un parteaguas en nuestra vida y nos empezó invitar Toñito en México a conocer a Paco Lerdo de Tejada, fuimos algunas veces a una lavandería, donde había reuniones, ahí conocimos también a Ceci Albarrán con la que tuvimos después ya muchísimas aventuras, después conocimos a Ana Luisa Solís, a Ponchito, Anita Montero, a todos los hermanitos del clan y muy especialmente, a nuestra gran abuela Soledad Ruiz con la cual también empezamos a recibir y a seguir sus enseñanzas.
Don Antonio nos inspiró muchísimo a esta comunidad en la que yo vivo ahora, la comunidad de “Guayabos” que entonces también estaba comenzando y también tenía la gran oportunidad de ir al Teopantli Calpulli con Titolopochtli, (el maestro Domingo Díaz Porta), yo estuve ahí en el Teopantli cuando estuvo también en formación, estábamos en las dos comunidades apoyando, trabajando muy fuerte y fue cuando Toñito nos empezó a mandar a hacer caminatas ceremoniales para prepararnos para el gran evento en México, empezamos a hacer caminatas ceremoniales los días 21, que eran las caminatas masculinas y los 12 que eran las femeninas.
Empezamos buscando las rutas con los sahumadores, tempranito, hacíamos las caminatas a las tres de la mañana muy a gusto, cuando nos veían los enfermeros, los perritos y ya de ahí todos nos íbamos a chambiar.
Cuando empezamos a hacer esas caminatas, buscando las rutas sagradas femeninas y masculinas, se nos empezaron a presentar los guardianes, se nos presentó, don Florencio Gutiérrez, es un gran danzante y un gran guardián de la comunidad de México, se nos presentó, nos empezó a guiar con su sahumador adelante, nosotros atrás y empezamos a buscar las rutas, a prepararnos para la caminata de México, hacer meditaciones, hacer un trabajo personal que siempre Toñito nos invitaba, siempre nos invitaba primero hacer una reflexión interior, a una disciplina muy profunda interior, después comunicarlo con el grupo y hacerlo comunitario a la humanidad con servicio, siempre trabajando con servicio.
Toñito también nos fue guiando, nos fue invitando a hacer las visitas al norte de América, nosotros fuimos, tuvimos la gran oportunidad de estar con los navajos, estuvimos ahí en un ratito visitando las abuelitas, haciendo temazcales con las abuelitas, recibiendo sus enseñanzas sagradas, la dancita, también empezando a ver y acercarnos a lo que era la Danza del Sol, empezar a observar.
Después de ahí, fuimos con Dahani a visitarla a la comunidad Cherokee y fuimos hasta Bermont a visitar la comunidad de Dahani que tiene una villa bellísima que se llama” la villa de la paz”, ahí también estuvimos un ratito aprendiendo las enseñanzas de la abuelita Dahani, que es maravillosa.
Ella fue educada también en el oriente y tiene una combinación bellísima de toda su tradición, Cherokee con la tradición oriental y después nos fuimos a Seattle a visitar al abuelito Joe Washington con pieles rojas y ahí estuvimos también viviendo con ellos, ellos viven bellísimo, ellos viven frente al mar, ellos son guardianes del mar y hablan con las ballenas los delfines con todos los animales marinos, nos tocó una ceremonia bellísima con el abuelito Joe Washington en donde saludaba a toda la energía del mar sagrado y se comunicaba con todos esos seres bellísimos del mar.
El abuelito Joe Washington tuvo la gran oportunidad de venirnos a visitar, estuvo aquí físicamente.
El llegó en 1989 al Teopantli Calpulli con Titolopochtli, estuvimos ahí y llegó con un águila en su hombro desde Canadá, la trajo en avión, y esa águila maravillosa nos estuvo acompañando en toda la ceremonia y él la traía en su hombro izquierdo, salía vestido precioso con su traje tradicional de piel roja con su águila paradita aquí en su hombro y nos dijo que el espíritu de la laguna de Chapala que era la laguna más grande del país de México, importantísima en toda Amerikua se estaba yendo y que tenemos que hacer una tarea con esa lagunita y que él venía desde Canadá a ofrecer su espíritu.
Después de cuatro días de estar orando todos juntos soltó el águila, la soltó en el Teopantli calpulli, fuimos nosotros testigos de esa aguilita cuando voló, empezaba a volar a volar, se quedó paradita y después grito, voló alrededor del abuelo, alrededor de nosotros y se fue.
El abuelo Joe Washington estaba muy preocupado por la laguna de Chapala, muy preocupado y a nosotros nos llegó muy fuerte ese mensaje porque nosotros amamos la laguna de Chapala, la amamos desde pequeñitos hemos ido a la lagunita, somos hijos de la lagunita y cómo decíamos
-¿cómo que tu espíritu se está yendo? ¿Qué está pasando por aquí?
Y él dijo:
-Es muy importante hacer una tarea sagrada por esa lagunita.
Entonces siendo esa enseñanza la de Titoloposhtli y comentándolo con Toñito, fue que decidimos ir hasta Seattle para hablar más de esta situación y el abuelito nos dijo:
-Hagan algo por su laguna.
Entonces decidimos, bueno. Nosotros lo que sabemos es caminar.
-Empiecen a caminar, empiecen a caminar alrededor de la laguna y empiecen a buscar hacer una verdadera petición a los guardianes originales de la laguna.
Y nosotros dijimos
- ¿y cómo vamos a saber? ¿Qué vamos a saber?
Entonces guiados por Don Antonio Velasco Piña, por la abuelita Soledad y por el abuelito Joe Washington caminamos descalzos tres años alrededor de la laguna, tres años, le dimos tres vueltitas a toda la laguna.
Empezábamos caminando, teníamos un lugarcito donde siempre llegábamos desde chiquitos y en ese lugarcito empezábamos nuestras caminatas, tomábamos agüita de la laguna, caminábamos con nuestra agüita, llegábamos hasta el final de lo que podíamos caminar en ese día, le dábamos a la laguna esa agüita, tomábamos otra agüita y seguíamos caminando, nos íbamos ya a dormir rico y al día siguiente donde nos habíamos quedado, seguíamos caminando y cuando se terminaba el fin de semana que teníamos que regresar a la ciudad de Guadalajara, nos traíamos un poquito de esa agüita cada uno de los caminantes y la traíamos colgadita, la teníamos siempre con nosotros a la lagunita, nosotros ya orábamos día y noche por la laguna de Chapala, día y noche, lo único que pensábamos y soñábamos era regresar corriendo a la laguna, regresar, la soñábamos, nos hablaba, la veíamos perfecta, hermosa, nosotros la veíamos maravillosa, esa fue una de nuestras principales tareas guiadas por Toñito, por Soledad y por el mismo abuelito, Joe Washington con el que siempre estamos ya en contacto continuo.
Sucede que después de tres años de estado caminando la laguna, lo único que queríamos ya era ir corriendo a la laguna, era estar en la lagunita, sucede que uno de los miembros del grupo dice:
-creo que ya encontramos a uno de los guardianes mayores de la laguna y hay que irlo a visitar
Era Don Florencio Gutiérrez, que era un gran danzante guardián, enojón y regañón, que era muy tradicional.
Nosotros fuimos corriendo y pensábamos que el abuelo nos iba a felicitar, ¿verdad?
¿Que iba a estar contento? ¿Que iba a ser un abuelo parecido a Toñito?
Nombre¡, llegamos y él era presidente de la CROC y desde antes de entrar a su casita ya nos estaba regañando, íbamos pasando y nos decía
- ¿A qué vienen? ¿A que les dé su rasuradita?
Así era como nos recibía el abuelo y nos regañó porque habíamos estado caminando la laguna siendo tan pecadores y estando tan inconscientes, que como nos atrevíamos a haber hecho tal tarea y nos prohibió regresar a la laguna, así nos prohibió tajantemente.
Entonces pues yo le hablé a Toñito y dijo Toñito,
- ¡Ay don Florencio Gutiérrez! ¡hay que seguir con él, aguantar vara con don Florencio!
Pero es que le dije:
-Es muy diferente a ti, es muy diferente a los abuelos, es un regañón,
Pues sí, y no más laguna tenemos prohibido ir ¿Qué hacemos?
-Pues tienen que obedecer.
Pero ya nomás queremos ir a la laguna.
-Pues van a hacer ahora lo que diga Florencio Gutiérrez.