ENTREVISTA 30 #2
Y pues empezamos a ir a visitarlo, el grupito se deshizo, algunos quisieron regresar a la laguna desobedeciendo al abuelo, jamás pudieron regresar.
Se quedaron sin su carrito, volvieron a ir en camión, regresaron, intentaron seguir haciéndolo, porque alcanzamos a hacer tres círculos completitos.
Empezamos en el Tempisque, muy cerquita de San Juan Cosalá, de ahí seguíamos hacia Ocotlán, por toda la rivera, entonces ya nos seguían muchísimos, de hecho, ahí nos encontramos a otro abuelito que se llamaba Tlacaélel, y que estaba allí también en la laguna, y nos acompañó, nos acompañaba hasta llegar a la zona de Michoacán.
Cuando llegábamos a la isla de Mezcala, que es una isla muy sagrada, tomábamos una lanchita, porque ya no podíamos caminar, porque se unen Michoacán y Jalisco, parece mar, la laguna se convierte en mar y llegábamos hasta Ocotlán, por donde sale el Sol, y ahí seguíamos todas, todas las poblaciones, todas, todos, nos seguían niños e indígenas, los de la floresta, Catrines, sabían que íbamos a llegar y nos andaban siguiendo, y todos empezamos a hacer conciencia de nuestra laguna, todos tenemos que hacer algo, que cada quien tiene que hacer algo bonito por su laguna: recoger basurita, orar, venir a saludarla, darle comidita, hablarle con cariño, pedirle perdón, porque nosotros algo le estamos haciendo, ella está triste, se quiere ir y no podemos dejar que se vaya.
Entonces seguimos después con la tradicional enseñanza de don Florencio Gutiérrez.
Y en eso estábamos cuando, don Antonio nos pidió que fuéramos a Michoacán, fuimos a Michoacán, y ahí nos encontramos al gran jefe, que ya fue nuestro guía espiritual desde 1989, empezamos a ver a nuestro gran jefecito Luciano Pérez, lo conocimos en Michoacán, en una reunión donde también fue la abuelita Ana Luisa Solís, todos los abuelitos fuimos, nuestra abuelita Margarita que le mandamos por cierto mucho amor en donde está con su hijita, nos encontramos ahí, y bueno, estuvimos felices.
Nos encantaron los temazcalitos con el gran jefe Luciano, y bueno, seguimos nosotros con nuestra misión de la laguna, y el jefecito Luciano empezó a venir a visitar a Guadalajara, empezó a venir a darnos su enseñanza, y nosotros seguimos su enseñanza, mi marido, mi hijo, y yo, y varios miembros de la comunidad, Paquito, mi hijo, tenía cuatro años, en 1989, cuando empezó a venir el tío Luciano, y seguimos sus enseñanzas, y empezamos a recibirlo en nuestra casita.
Estábamos también comenzando nuestra comunidad en Guayabos, apoyando también a Teopantli siempre apoyando también a Titoloposhtli, y ya nos dedicamos más y más a nuestra comunidad, por que empezó a ser una tarea muy grande construir una comunidad también, y seguimos trabajando, seguimos orando siempre por nuestra amada laguna.
Don Florencio después nos dejó regresar a verla y nos mandó al primer Visión, que fue ir a la montaña a pedirle perdón, podíamos ver a la laguna desde lejos, no tocarla, y cada uno subió a su montañita, admiro a la lagunita, vimos todo lo que habíamos hecho en esos tres añitos, y la vimos preciosa, perfecta.
Se empezó a recuperar la lagunita, pero pedimos perdón cada uno de nosotros, y empezamos a hacer todavía un cambio mayor de vida, con mayor compromiso.
Cuando el tío Luciano llegó, pues fueron 14 años de una enseñanza maravillosa, en donde el tío nos dio muchísima disciplina, porque era muy disciplinado, el tío había sido sargento en Vietnam, tenía una educación militar, entonces era impresionantemente disciplinado, entonces era así como empezamos esa disciplina, en compañía y constante presencia de Toñito que venía y nos visitaba, coincidía a veces con la presencia del tío Luciano, estaban los dos grandes maestros enseñándonos.
Nosotros, poco a poquito, empezamos a crecer en estas enseñanzas, despacito, poco a poquito, a compartir esta enseñanza de Regina, de Tlacaélel, y después de la tradición Lumi, Piel roja, Cherokee, Navajo, nosotros trabajamos mucho con el Norte, con esos abuelos y compartiendo esas enseñanzas con la comunidad, sobretodo ya que se abrió el temazcal en nuestra comunidad, y empezamos a hacer las disciplinas.
Entonces el jefe Luciano nos invitó a la danza del Sol, a mi familia y a mí, y bueno, tenemos como 30 años o más, yendo a la Danza del Sol, a Dakota del sur, con el jefe Leonardo Crow Dog, que también se acaba de ir al cielo, hace un añito y cuando se acaba de ir el jefecito también, ya andan volando, ya andan danzando allá en el universo.
El abuelito, don Florencio Gutiérrez se burlaba mucho de mí, porque yo era absolutamente vegetariana, y me decía:
• Y tú, apio verde, ¿qué vamos a hacer?
• Ya me di cuenta de cómo eran las enseñanzas de don Florencio, y entonces en el día ayunábamos, totalmente, y cada que llegábamos, su esposa nos hacía unos tecitos, y don Florencio Gutiérrez nos daba galletitas de animalitos.
Estábamos esperando nuestra ración de galletitas de animalitos, nuestro tecito, nuestra regañadita, buena regañada.
• Tenía plumitas, siempre tenía plumitas, porque él era pajarero de San Juan de Dios, era gran pajarero Florencio Gutiérrez, atrapaba todos los pájaros, así nos decía.
• Atrapo todos los pájaros en vuelo, todos.
• Y siempre que llegábamos a su casa, me acuerdo que tenía un cuadro muy grande, de la última cena, ahí ponía plumitas, nosotros nada más no tocábamos nada, más así, humilde recibiendo regañiza, porque era regañiza, regañiza, regañiza, y ya cuando nos íbamos, decía:
-tomen una plumita, tomen una plumita.
Y entonces tomábamos una plumita y la guardábamos como un gran regalo, todavía tenemos algunas de esas plumitas.
Y cuando empezó a venir el jefe Luciano Pérez, iba a visitar al abuelo, fuimos cuatro veces, el tío Luciano llegaba con belices cargados de regalos para el abuelo, con pielecitas de oso, plumas de águila, y estábamos allá haciendo la visita ceremonial, el abuelo no habría su puerta, pero estábamos como guerreros, así paraditos dejábamos bien lleno de ofrendas la entrada del abuelo, ya llegaba el abuelo, se quedaba con las ofrendas.
Hasta que una vez nos abrió la puerta, abrió la puerta, y entramos. Entonces el tío Luciano, don Florencio Gutiérrez y el círculo, fumamos la chanupa por la paz, juntos, y don Florencio le dijo al jefe Luciano Pérez,
-Usted tiene permiso de hacer en el país de México su tarea, lo voy a estar vigilando, lo voy a estar acompañando, y lo voy a estar bendiciendo, tiene todo autorizado para en cualquier espacio del país hacer lo que tiene que hacer, bienvenido, le da la bienvenida, y el saludó a todos los abuelos, al abuelo Leonard, a todos los abuelos del norte.
Entonces el tío, después de ese permiso, comenzó a hacer el temazcalito de esta comunidad, con todos los permisos, hay que sacar todos los permisos, todos, antes de hacer el trabajo ceremonial, las bendiciones y protecciones de todos los abuelos.
Toñito estaba feliz, y Soledad Ruiz también, estaban felices porque ellos iban siempre cuidando, siempre protegiendo, siempre acompañando lo que se iba tejiendo en esta comunidad, y lo que iba guiando, inspirando nuestra gran hermana mayor Regina.
Regina que siempre ha sido nuestro valor.
Al mismo tiempo, empiece a ir con los aztecas, a danzar:
Dijo don Florencio.
-Usted vive aquí, viven en Zapopan, entonces busque a los hermanos Plascencia, y comience a danzar, también la danza de su estado, de su municipio, porque ahí se va a hacer una gran tarea.
Y empecé a buscarlos, hasta que ya nos encontramos, y soy danzante azteca también de la comunidad de Tata Juan y de Tata Chendo Plascencia y de la jefecita Celia Plascencia.
Entonces hemos hecho un trabajo muy hermoso, de unión de varias disciplinas.
De hecho, tata Juan y el abuelito Chendito Plascencia estuvieron, los llevo el jefe Luciano a Dakota, estuvieron en la Danza del Sol, en Dakota y estuvieron dialogando, participando con las comunidades.
El Tio Luciano le abrió todas las puertas al general Chendo y Chendito tiene 10 grupos ya en Estados Unidos, trabajando con los mexicanos indocumentados y llevando la danza, la danza azteca, a todas estas comunidades, que son maravillosos, son nuestros hermanitos, y ha sido un gran consuelo para ellos recibir la danza y la sabiduría, la sabiduría nata.
Toñito y Regina nos abrieron todas esas puertas que se fueron gestando en esta comunidad y en este corazón.