ENTREVISTA 29
SAGRADO Y CONSCIENTE
Olga de los Reyes
Rescatista y Altruista
Bueno pues, muchas gracias por este momento tan sagrado que me permiten compartir con ustedes, compartir un poquito de la magia que Don Antonio dejó en mi.
Cuando lo conocí, allá por el 2010, en ese entonces estaba en la búsqueda de conocerme, tratar de entender por qué y para qué estaba en esta vida.
Ya había hecho muchos intentos de encontrar maestros, en ese entonces estaba estudiando budismo, el maestro con el que estaba estudiando me invitó a un retiro de fin de semana, fui y la verdad es que regresé decepcionada.
Le compartí a uno de mis compañeros de la oficina que era muy difícil encontrar alguien que realmente me conectara, ya que yo no sabía exactamente lo que estaba buscando, pero sabía lo que no buscaba y él ya me había platicado de una persona desde hace muchos años que me decía:
—Te voy a presentar a una persona. Llevaba como siete años escuchando eso mismo y nada. Regresando de ese retiro íbamos platicando en el corredor de la oficina y justamente nos la topamos de frente cuando me dice:
—Justo ella es la que te quería presentar. Marina, Marina, ven te voy a presentar a Olga.
—¡Ay! ¿Es la Olga que me tienes diciendo hace siete años?
—Sí, justo ella me viene contando que viene de un retiro budista, pero está muy decepcionada y no encuentra lo que busca.
—¡Ay! Pues si quieres te invito a mi casa, hay un chamán de San Cristóbal de las Casas que a lo mejor puede ser la persona que estás buscando, se llama Don Lauro de la Cruz.
—Sí, sí voy, Marina.
—¡Es hoy!
Así que, ya saliendo de la oficina nos fuimos a su casa en Coyoacan.
Y ahí fue el momento en que conocí a Don Lauro de la Cruz.
Me pareció realmente un ser fantástico y posteriormente ella me invitó a ir a la montaña de Don Lauro, creo que, en 2009, y le dije: —¡Sí!
—. Fuimos en diciembre, allá en la montaña me presentó a otra persona que ella consideró que podría ser de mi interés, en ese momento Marina «le habló»: Moni te quiero presentar a Olga, ella se llama Mónica Ygotoku y seguramente ella va a responder muchas de tus preguntas.
Y Moni la primera pregunta que me hizo fue:
—Oye ¿Y ya leíste Regina?
Precisamente, le respondí, ese libro me lo acaban de regalar hace como tres semanas.
Lo comencé a leer, pero me pareció como muy raro, entonces lo volví a guardar en la biblioteca.
Moni me sugirió que cuando regresara lo leyera y fue lo que hice.
Regresé a mi casa, ahora sí que casi casi lo primero que hice fue agarrar el libro y obviamente ya no lo dejé hasta que lo terminé.
A los pocos días, me marca Moni y me invita a una visita guiada en el Templo Mayor y le dije: —¡Sí!
—. Fui, no conocía a nadie, nos dijeron, que nos formáramos para entrar y me formé ahí sin hablar con nadie, porque no los conocía, estaba ahí muy tranquilita, parada, esperando, de repente comencé a sentir como si me inundara una sensación de paz, de amor, de no sé, algo que nunca había sentido en mi vida y sí identifiqué de dónde venía, venía de detrás de mí, volteo y vi a un señor vestido de blanco, alto, delgado y recuerdo que la que estaba delante de mí, Carmen Meza, pues nada más le hice una señal, ella voltea y le digo:
—Oye, disculpa, ¿sabes quién es la persona que está detrás de mí? «Observo».
—¡Ah! Sí, es Don Antonio Velasco.
—¿Es el autor de Regina? «yo bien emocionada».
—¡Sí!
—¡Guau! ¡Qué energía tan maravillosa¡¡qué magia! Es que emana algo que nunca había sentido en mi vida, pero me da mucha felicidad.
—Sí, sí, sí, él es Don Antonio «me dijo muy segura».
De ahí que, ya nada más me quedé así paradita nada más, seguí sintiendo eso que emanaba de Don Antonio y a partir de ese momento dije:
-Es justo la persona que llevo buscando toda la vida! Buscaré estar cerca de él todo lo que pueda!
Esa fue la única certeza que yo tenía, a partir de ese día yo comencé a ir a todas las presentaciones de Don Antonio, empecé a conseguir todos sus libros, a leerlos, a empaparme de todo lo que él era.
Ya después me invitaron a ver unas conferencias o pláticas en casa de Don Antonio, ahí en Alumnos, comencé a ir a todas ellas.
En ese momento yo estaba viviendo una temporada complicada de depresión, ya estaba un poco «muy desesperada» y yo era demasiado tímida, casi no hablaba con nadie, ni tenía amigos.
Entonces, me atreví a ir con Don Antonio, vi que se pasó para su sala, estaba solito y pensé: «¡Híjole!
¿Seré capaz de acercarme y de hablar con él?
¡Ay! Sí, sí, lo tengo que hacer, lo tengo que hacer».
Me armé de valor atravesé la puertita llegué ahí a donde estaba Don Antonio sentado. Y le dije:
—Don Antonio, disculpe ¿podría brindarme unos minutos?
—Sí, sí, sí, siéntate.
Estaba muy emocionada y muy feliz de estar al lado de él, me preguntó Don Antonio:
—¿En qué te puedo ayudar?
—Es que quisiera su consejo.
—Sí, sí, sí, dime.
—¿Cómo se le hace para ser feliz? «Y él se me quedaba viendo, así como muy profundamente».
—¡Ya sé qué vamos a hacer!¡Sí, mira, de ahora en adelante vas a empezar a fingir que eres feliz!
Y me sorprendió muchísimo su respuesta, me quedé en shock, porque no sabía exactamente qué quería decir eso y le pregunté:
—¿Cómo fingir que soy feliz?
—Sí, tú piensa que ya eres feliz, imagínate que eres feliz, piensa que eres feliz y ya, es todo lo que tienes que hacer.
—¡Ay! Bueno, bueno, lo voy a comenzar a hacer, le agradezco mucho, Don Antonio.
—Sí, sí, sí, con mucho gusto.
Ya me fui y seguía pensando en esa respuesta y me dije:
—¡Bueno! Ya está, voy a empezar a pensar que ya soy feliz, en todo momento voy a empezar a pensar, siempre ¡Ya soy feliz! ¡Ya tengo todo lo que necesito para ser feliz!
Se convirtió como en un mantra ya para toda mi vida y de repente me di cuenta que comencé a ser feliz con el paso de las semanas, de los meses, de los años.
Creo que ese es el consejo más importante que me han dado en mi vida, porque me rescató de la depresión, de la tristeza, de la oscuridad en la que sentí que vivía, así conocí a Don Antonio, ya compartí ese momento especial y memorable dentro de mi vida, realmente hay muchos momentos memorables porque Don Antonio se convirtió en la persona más coherente que yo he conocido en mi vida.
Yo desde niña no tuve religión, a mí no me guiaron por ese camino, yo no sabía rezar, no sabía pedir, no sabía nada de Dios, no sabía nada de eso, pero era muy infeliz, lo único que pensaba en mi mente siempre de niña era: «Yo quiero conocer gente que es feliz, porque yo necesito saber cómo se le hace».
Así que, empecé a pedir porque llegaran maestros a mi vida, que me enseñaran a ser feliz y creo que fueron tantos años, tantos años de pedir que…
Finalmente Don Antonio llegó a mi vida y yo no conocía nada de Jesús, pero yo había escuchado que era un ser muy maravilloso y yo cuando conocí a Don Antonio, yo dije:
—Yo creo que Don Antonio es como Jesús, yo creo que Don Antonio es mi Jesús, va a ser mi brújula.
De modo que, quise conocer más cómo vivía Don Antonio, cómo le hacía para emanar esa luz, esa tranquilidad, esa paz. Él decía que: «Yo no leía sus libros, que yo los estudiaba, porque siempre que nos veíamos, yo llegaba con el libro y con un buen de banderitas de preguntas».
Es así que, tuve ese regalo, que Don Antonio tuviera la paciencia, el amor, ese amor incondicional de estar escuchando las preguntas de alguien completamente ignorante, tenerme paciencia.
La verdad es que es algo que me ha marcado mucho, Don Antonio nunca discriminó, yo nunca vi que discriminara a nadie, nunca vi que le hiciera feo a nadie, nunca vi que tratara mal a nadie y eso creo que me hizo sentirme escuchada, me hizo sentir amada, me hizo sentir importante y yo sé que Don Antonio era siempre igual con todos.
Él tenía un corazón tan grande, que era capaz de hacer sentir a todos de la misma manera que me hizo sentir a mí y que me sigue haciendo sentir.
Esos momentos, el que me diera el tiempo para aconsejarme, siempre me estaba preguntando:
—¿Cómo vas con la pareja? ¿Cómo va Pemex? ¿Qué pasó? ¿Ya tienes pareja? ¿Qué pasó? ¿Ya tienes novio?
Siempre eran las preguntas que me hacía y me las hizo durante más de 10 años, cuando nos veíamos, siempre, siempre, siempre y yo le respondía:
—¡No, amigo!
—No te preocupes “¡Amor y mortaja, del cielo baja!”.
Un dicho que con frecuencia me decía y también sobre la importancia de tener pareja.
Él me decía: «Que tuvo la fortuna de haber encontrado al amor de su vida y aunque eran diferentes y aunque no compartían muchas cosas juntos, el amor era más grande que aquellas desavenencias que pudieran tener».
De igual modo, me dijo: —Que una de las maneras en las que tiene uno que evolucionar, es a través de la pareja—.
Entonces, él siempre me contaba de Doña Gaby, cómo la conoció, dónde la conoció y lo importante que era Doña Gaby, la brújula que era Doña Gaby en su vida.
Eso me ha motivado a estar abierta a tener una relación, aunque yo decía:
—Pues no, realmente no, creo que no es tan necesario tener una pareja.
Eso era lo que pensaba antes de conocerlo. Pero ya después que él me explicaba: «Que es muy importante tener el reflejo y el amor de la pareja en nuestra vida», entonces él siempre me decía:
—Estate atenta, estate al pendiente, va a llegar.
Y pues yo sigo teniendo fe, me daba consejos de cómo atraer a la pareja, he seguido todos sus consejos, hasta ahorita no he logrado tener pareja, pero estoy segura que lo voy a lograr.
Por otra parte, con respecto al trabajo, también, yo le decía que no me sentía como a gusto, trabajando donde estoy y él me decía:
—Tú no entiendes por qué estás en Pemex, pero nunca debes de salirte. No sé si algún día alcances a entender, pero es muy importante que trabajes en Pemex.