ENTREVISTA 26
Lo Sagrado Femenino y el Gran Poder de las Mujeres
Marte Trejo y Alejandra Lópezllera
Escritores
Marte: Ale y yo, conocimos a Antonio Velasco Piña, de una manera muy curiosa, porque nosotros andábamos en esa época por los ochentas, en la ciencia, éramos científicos.
Yo era presidente de la Sociedad Astronómica de México, éramos astrónomos, científicos y versados en esas ondas.
Estábamos haciendo un estudio sobre Teotihuacan que más adelante lo publicamos como Las Ciudades del Cielo.
El 21 de marzo estaba haciendo las alineaciones de la pirámide del Sol con el Sol y pasaron junto de mí dos señores vestidos de blanco, se acercaron a mí y me dijeron preguntaron:
—¿Qué estás haciendo?
Yo me sorprendí por su pregunta, pero procedí a responderles, Yo les expliqué muy versado en el asunto: pues estoy haciendo esto y el otro, luego ellos se presentaron, uno de ellos era Antonio Velasco Piña y el otro era Domingo Díaz Porta, con el cual todavía guardo una gran amistad.
Lo tengo aquí en las redes y nos comunicamos constantemente, vive en Venezuela, entonces ellos me dijeron:
—Porque no vienen Vengan con nosotros?
—Y yo pensé intrigado, pues vamos a ver, dije yo ¿Qué quieren estos señores?
Y los seguimos y llegamos al momoxtli, a la plataforma que está enfrente de la pirámide del Sol, en donde ya había una gran reunión de grupos de danza prehispánica y meditadores.
Entre otros estaba: Mazatl Galindo y su mamá Xilonen y muchos...
muchas... muchas personas ataviadas con plumajes y toda la cosa ¡
Esa fue la primera vez que vi Antonio, además, esa misma tarde siguió la fiesta de Teotihuacan en el parque ecológico Peña Pobre en Cuicuilco y nos invitaron, hubo una gran reunión y también ahí estaba Antonio.
Recuerdo que se sentó en el quicio de una puerta y yo me senté junto a él, empezamos a platicar y en esa ocasión me regaló el libro de Regina 2 de octubre no se olvida ¡Ese libro para mí es un tesoro, porque él mismo me lo autografió ese día, fue un gran regalo!
Él era muy cariñoso, era muy fácil de estar con él, realmente te sentías muy contento a su lado, cuando me entregó el libro, me dijo:
—Tómalo, léelo y me dices qué opinas.
Me despedí y después obviamente me puse a leer Regina... Regina fue un cambio en mi vida, porque yo, el científico ¡o el que se creía científico... desperté al camino de lo sagrado por primera vez.
Anoche platicamos con Alejandra y yo de eso.
Sentimos lo que era realmente lo sagrado, algo que nunca habíamos percibido.
La verdadera historia sagrada del México profundo, era otro enfoque totalmente distinto, estábamos acostumbrados a la arqueología dura, a las ideas europensantes, etcétera.
Para nosotros fue algo maravilloso leer Regina algo tan distinto y tan profundo, a los dos nos marcó mucho.
Alejandra: Bueno, yo sentí a partir de esa primera vez que los conocimos en Teotihuacan, que tanto con el maestro Domingo Díaz Porta, como con Toño y con todo el resto de las personas que estaban ahí en Cuicuilco, sentí mucha alegría por saber de algo nuevo y espiritual.
Esa fue la primera, pero no la última vez que nos vimos. Cada fin de semana veíamos a la maestra Xilonen, el evento en Cuicuilco duró toda una semana.
Para mí fue un parteaguas entre toda la parte arqueológica, que ya llevábamos años trabajando con Marte y la parte muy mexicana de distintas culturas. Que también eran culturas astronómicas y muy científicas.
Marte daba muchas conferencias en la Sociedad Astronómica, en algunas yo también participé hablando sobre cosmogonía.
Nosotros traíamos una frecuencia completamente diferente, no estábamos inquietos por cuestiones sagradas, ni conocíamos las cuestiones holísticas, pero a partir de esa experiencia, llega a nuestra vida la parte holística y eso fue fabuloso.
También conocí a Cecilia Albarrán, miembro del grupo de estudios de historia sagrada. Un día me la encontré en una reunión y le digo:
—Ceci me encanta la danza, pero jamás he hecho danza. «En mi niñez hice mucha danza, pero nunca hice danza mexicana».
-Ceci me encanta la danza Mexica pero nunca la he practicado ¡En mi niñez hice mucha danza, pero nunca mexica ¡
—¡Ah ¡pues acercarte a nosotros, a Nicolás Núñez y Ana Luisa Solís, me dijo.
Y gracias a Ceci me acerqué y comencé a danzar Citlalmina, una danza sagrada tibetana mexicana.
Pero, además, siempre tuve interés por las danzas sagradas tibetanas, sentía que eran parte de mi esencia, Lo budista no era desconocido para mí, porque el hermano de mi papá era budista y en su casa, su esposa era también budista.
Desde que nací, yo veía el budismo como parte de mi vida en mi familia, mi padre siempre fue agnóstico, completamente científico, neurocirujano y él lo decía:
—No, no, YO soy agnóstico, nada de fe, nada de esas cosas.
Pero al conocer a Toño y a todo su grupo, viví una visión completamente diferente de cómo planteaba todas las cosas, de una manera tan sencilla, tan empática, me encantó y continuamos ese camino.
Marte: Bueno, efectivamente, Alejandra empezó a danzar Citlalmina, yo no podía danzar porque alguien tenía que cuidar a los hijos, ayudarlos en la escuela.
Alejandra: Alguien tenía que cuidar la casa.
Marte: Entonces, mientras Alejandra se iba a danzar, a mí me tocó la tarea de llevar a los niños a la escuela, pero gracias a Alejandra, también yo aprendí a danzar, danzamos en el Jardín Botánico de la Universidad.
Alejandra: Y en el jardín Frida Kahlo
Marte: Dónde aprendí la danza Citlalmina, que luego la hicimos en Coyoacan,
Alejandra: Con Lourdes.
Marte: Y bueno, en diferentes lugares.
Marte: Bueno, de ahí en adelante fuimos a varias pláticas con Antonio, varias veces fue a nuestra casa, vivíamos en la calle de Medicina, cerca de la UNAM y tuvimos un poco más de intimidad con él, llegué a tenerle un cariño muy especial.
En realidad, para mí el más grande legado que conservo de Antonio, es su amistad. Hubo ocasiones en que nos reuníamos en el Sanborns del María Isabel, a él le gustaba ir ahí. Platicábamos horas y así lo fui conociendo un poco más, pero siempre para mí, él era un iniciado.
Me acuerdo al decir iniciado de Humberto Eco.
Tiene un libro muy bonito que se llama el Péndulo de Foucault, en donde dice la diferencia entre místico y un iniciado.
Dice algo asó como que místico es el que ha descubierto la espiritualidad y a todo mundo trata de decírselo.
Entonces, quieren que mucha gente los vea, que todo mundo sepa que él, es un creyente, etcétera.
Y un iniciado es aquel que calla, que hace las cosas del espíritu, pero no tiene por qué decirlas, e incluso muchas veces cuando le preguntas algo, él te dice que no sabe.
Y así era Antonio, te daba a conocer lo que él quería darte a conocer y si tú te pasabas a hablotear y a decir cosas de más, él calladito en silencio te escuchaba, porque él era un Olmeca, no hablaba, no verborreaba, y cuando le preguntabas algunas cosas obvias, él te decía:
—¿A sí? No estoy muy enterado.
Y ¡Tan, tan¡, Pasábamos a otra conversación.
Así es como yo me acostumbré a tratar con Antonio.
Fuimos amigos por muchos años, de hecho, él fue el que me apoyó, me aconsejó para escribir dos libros: Las Ciudades del Cielo y La Enseñanza Prohibida.
Esos libros, él no me los dictó, pero me orientó muchísimo, y en sus pláticas fui construyendo los libros, porque Las ciudades del cielo originalmente era un libro científico.
Entonces, cuando platicábamos fui involucrando otro concepto de lo que era ese libro.
Y con La Enseñanza Prohibida, me mando más a fondo al escribir ese libro, porque me platicaba de las reuniones de Regina, de lo importante que era lo sagrado femenino y del poder que debían tener las mujeres, por eso el libro está enfocado en una mujer, porque Antonio me recomendó que hiciera un libro enfocado en una mujer no en hombres.
Tanto es así que, creo que fue para ustedes que lo escribí, para las amigas de Antonio de esa época.
Ustedes fueron como una semilla que crecieron con el riego de los conocimientos de Antonio.
Creció de una manera increíble, espectacular, y lo estamos viendo en el ahorita, entre otras cosas porque por primera vez México va a tener una presidenta.
Es admirable, como ese momento que comenzó en los años ochenta y que empezó con Antonio, ustedes las mujeres formaron esa primer semillita con los círculos femeninos.
Tantas cosas que vivimos y ahora eso se hizo exponencial, grandísimo.
Si pudiera hablar de otros de los legados de Antonio sería este: “Lo sagrado femenino y el gran poder de las mujeres”.
En el último libro que estoy haciendo «que estoy por terminar», hay una parte en donde platico sobre la Creación, el Génesis y entonces pienso o reflexiono: —¿Por qué Dios creó a un hombre?
Si tenía que haber creado a una Mujer ¡porque todos tenemos Madre y Adán y Eva, tenían ombligo—.
A fuerza tuvieron que tener una mamá, ¿verdad?
No fue un milagro, sino un ombligo que significa que teníamos Mamá.
Ese concepto sagrado femenino en gran parte, me hizo despertar esa visión que no tenía y bueno, las pláticas con Toño siempre fueron muy profundas.
La última vez que estuvimos con él, fue aquí en Mérida en el 2012, cuando vino él, Nicolás y todos los cercanos. Fue el año de La Profecía, de cuando el mundo se iba a acabar.
Alejandra: La profecía maya que realmente planteaba otra cosa y que la confundieron.
Marte: Y no era profecía, ni era maya. Antonio vino y fue la última vez que Nicolás hizo aquí sus locuras del teatro participativo.