ENTREVISTA 25
Estas son las mejores parejas, esas son las buenas, las que son completamente diferentes, pues veme a mí con Gaby, somos el agua y el aceite.
Marián de Llaca y Maldonado
Escritora
Yo quería conocer a Ayocuan, el libro lo leí como cinco veces, lo tenía subrayado por todos lados, así que me propuse conocer a Antonio Velasco Piña y un día platicando con una amiga muy querida que se llama Arlette Teja, le conté un día del libro que estaba leyendo Ayocuan, se lo regalé, le dije:
—Tienes que leer este libro.
Ella leyó el libro y después me pidió que fuera a su casa a verla, me dijo de un amigo muy querido y también es abogado de toda la familia, se llama Francisco Lerdo de Tejada y Arlette le platicó a “Paco” de mí y le dijo:
—Dile por favor que venga a verme.
Entonces, fui a tener una conversación con Paco, el mejor amigo de Antonio Velasco Piña, le dije:
—Yo he leído este libro, ya me lo sé de memoria, yo quiero trabajar para México y por México y quiero conocer a esta persona, a Ayocuan.
—Mira, si lo vas a conocer, yo tengo contacto con esta persona, él está de manera directa e indirecta al mismo tiempo. Entonces, lo que él pone en ese libro de que está trabajando con un grupo pequeño es cierto, pero no lo hace de manera directa. Ahorita lo está haciendo a través de mí.
Entonces, me invita a trabajar al grupo, eran muy poquitas personas, había contadores, “Poncho” Alfonso Pérez, había como compañeros de Paco que eran contadores, abogados y gente así, como muy esotéricos todos y empezamos a hacer meditación con Paco.
Nos reuníamos una vez a la semana, yo era la más pequeña del grupo, me sentía como muy privilegiada de estar ahí.
Después, llegó más gente, ya éramos muchos, ya no cabíamos, fue entonces que nos cambiamos de local, a un lugar más grande y Toño llegaba de vez en cuando a dar pláticas. Era todos los jueves que nos reuníamos con Paco y entonces yo le pregunté a Paco que si Toño era Ayocuan y me dijo:
—Esa es una pregunta que no te puedo responder de manera directa, porque me tiene prohibido decir que sí. Pero, yo te lo dejo a tu buen criterio.
Mientras tanto, yo estaba estudiando metafísica en aquel entonces, con una mujer que se llama Jacqueline Montequio.
«Yo me empecé a sentir traidora con Jacqueline, porque yo decía, ya estoy siendo alumna aquí de Paco, de Toño y Jackie es mi maestra de metafísica y no sabe que yo estoy yendo con otras personas aprender otras cosas». Y entonces le dije:
—Oye, Jackie, te quiero confesar que, estoy yendo a un grupo donde también estoy aprendiendo, también es muy esotérico y quiero invitarte.
En ese entonces era muy amiga de Carito y de Nilda, éramos las tres alumnas de Jacqueline Montequio. Entonces le dije:
—Yo quisiera invitar a Caro y a Nilda, pero primero quiero invitarte a ti para que conozcas.
—A ver pues, vamos.
Entonces ya fue Jackie y una vez que dio el visto bueno, me dio autorización de invitar a Nilda y a Carito, empezamos a ir todas a estas pláticas.
El acercamiento que tenía con Toño era de vez en cuando, era como si él estuviera atrás de Paco.
Paco era como su frente y él estaba atrás como acompañando, observando, viendo «así».
Después de eso, yo tenía mi acupunturista Soledad Ruiz, «antes de ser acupunturista, era directora de teatro», pues era muy amiga de Eduardo Maldonado, con quien yo además trabajaba «él era director de cine». Entonces Eduardo me dijo:
—Y tienes que conocer…
Porque, Eduardo me mandaba a todos lados y yo era súper obediente.
Eduardo, me dio el libro de Ayocuán y me mandó a clases de metafísica con Jacqueline Montequio, me mandó a acupuntura con Soledad.
Entonces, estuvimos en una cena juntos con Eduardo.
«En ese momento Soledad estaba casada con Milos, que era director de cine polaco, quien además enseñó a Soledad acupuntura».
En esta cena yo hablé de Antonio Velasco Piña y de Paco, Soledad dijo:
—Yo quiero conocer a esos señores.
—Sí, cómo no, con mucho gusto yo te voy a presentar con Antonio y Paco.
Después, estando ya frente a ellos les digo: —tengo aquí esta mujer que es acupunturista, sigue las tradiciones mexicanas, es conchera y se las quiero presentar—, los presento y ellos se hacen muy amigos.
Luego Toño, antes de escribir Regina, empezó a organizar caminatas alrededor de la Pirámide del Sol en Teotihuacan y esas experiencias de caminar con Toño alrededor de la Pirámide fueron extraordinarias «de los mejores recuerdos que yo tengo».
También, empezamos a hacer caminatas sagradas por la avenida Reforma.
Todos esos trayectos de abrir las rutas sagradas son de las cosas que más agradezco de haber aprendido de Toño.
El amor por caminar, de saber que cuando caminas abres toda una ruta energética, sin tener que hacer mayor cosa.
Dicho lo anterior, después vino el libro de Regina y se empezaron a hacer unas reuniones con Soledad, Nilda y con Anita, todas las que muy orgullosamente se llaman “El Primer Círculo” «Yo no sabía nada». Así que, cuando me habla Ceci Albarrán y me dice:
—Oye Marian, yo quiero que tú participes en mi círculo.
—¿De qué me estás hablando? ¿Cuál círculo?
—Ya llevamos un año reuniéndonos, ya hicimos la ceremonia en Aldea de los Reyes y estamos muy felices y encantadas.
—¿Por qué no supe nada? ¿Por qué así? ¿Por qué?
Estaban personas que yo había conocido, no solo eso… «yo me casé antes de que saliera el libro de Regina» Cuando me iba a casar, le dije a Paco:
—Yo toda la vida he visto y he soñado que a mí me casa un chamán y yo quiero casarme en un ritual con un chamán. ¿Con quién me recomiendas que me pueda hacer esta ceremonia de boda?
—Mira, nosotros sabemos «Toño y yo», que hay una persona que está al pie de los volcanes, pero no lo conocemos. Si tú vas y lo encuentras, pídele que te case.
Así que, me fui a Tepetlixpa, fui casa por casa con Evaristo «con el que me iba a casar», preguntando ¿Aquí vive Don Faustino Rodríguez? Casa por casa, hasta que llegamos a la casa de Don Faustino y me dijeron:
—Sí, aquí vive Don Faustino Rodríguez, «lo conocemos».
—Quiero que me case
—Pues si tienes la voluntad, te caso. Si no, no. «me dijo Don Faustino»
Y yo, como siempre he tenido mucha voluntad para todo en mi vida, dije:
—Pues, a ver, está pidiendo a mi voluntad. Eso está fácil. ¡Ahorita mismo ya sé que sí me va a casar!
Entonces, empezamos a ir a casa de Don Faustino todos los domingos, nos citaba a las 7 de la mañana «ahí llegábamos a despertar a las gallinas, a los niños y a medio mundo».
Estar con Don Faustino fue… lo amé con todo mi corazón.
Don Faustino siempre dijo: —que yo había sido como la hija que, él no había podido tener—.
Luego, cuando Toño escribe, yo le cuento de Don Faustino y me dice, Toño:
—Yo lo quiero conocer.
—¿Por qué?
—Porque desde hace mucho yo sé que existe Don Faustino, pero no nos conocemos, yo lo quiero conocer.
—Sí, cómo no, vamos a hacer una reunión.
Y esta reunión, en donde se conocieron Toño y Don Faustino, fue en una ocasión en la que Don Faustino tuvo una crisis, él tenía los pulmoncitos bastante enfermos «tenía enfisema pulmonar», me habló la familia a las tres de la mañana y me dijeron:
—Don Faustino se está muriendo y no sabemos qué hacer y no tenemos dinero.
Entonces, a esa hora, Evaristo y yo nos fuimos a Tepetlixpa, nos trajimos a Don Faustino a un hospital y me acuerdo que dije:
—Yo tengo un chorro de amigos aquí en la mexicanidad que tienen mucho dinero y entre todos tenemos que pagarle a Don Faustino.
Y así le hablé a Ceci y a Paco, le hablé a medio mundo y todos aportaron un poquito.
Hasta Jacqueline aportó dinero para poder sacar a Don Faustino a flote.
Luego se fue Don Faustino a recuperar a mi casa «estuvo en mi casa viviendo dos meses seguiditos».
Hasta que pudo regresar a su casa en Tepetlixpa.
En ese tiempo Toño conoció a Don Faustino y ahí tuvieron una plática muy larga, yo me salí del cuarto «los dejé solos».
El vínculo que yo establecí con Don Faustino, fue muy fuerte y muy profundo hasta que se murió «poco tiempo después, porque ya estaba muy grande».
Don Faustino yo sé que me cuida, yo sé que él siempre está conmigo y Toño siempre fue muy lindo y muy amable conmigo, siempre fue un hombre muy amoroso.
Luego me fui a vivir a Jalapa, dejé de participar ya totalmente en los círculos sagrados y todo eso.
Considero que Antonio Velasco Piña fue una persona que estaba muy conectada, tenía una conexión muy importante, hizo cosas increíbles, participamos en cosas increíbles, es lo que yo veo, más que él como persona, era todo lo que generaba, como cuando vino el Dalai Lama a México, cuando bajaron los bastones desde Alaska, que estábamos en Teotihuacan recibiendo a todas esas personas y todavía me acuerdo cómo temblaba la tierra de Teotihuacan, cuando entraron todos los guerreros con sus banderas, corriendo alrededor de la explanada de Quetzalcoatl y finalmente por todo lo que él generaba, hizo que nosotras, las que quedamos tuviéramos una relación tan fuerte, íntima y con tanto amor, eso a mí me parece súper valioso y también muy importante.
Cuando murió Paco, a mí me dolió muchísimo «yo vivía en Jalapa», lloré tanto que cuando hice una meditación, le prendí una vela y claramente vi como su mano atravesaba las capas energéticas para tocarme, de forma similar lo sentí con Don Faustino «mi padre espiritual y mentor».
Esa conexión con Paco y Don Faustino, tan profunda «no la tuve con Toño».
Con él fue otro tipo de relación, otro tipo de alianza, claro que yo no dudo de su poder y su nivel de conexión «claro que lo tenía».
Me acuerdo que una vez me dijeron que, en Coyoacan, había una casa en donde el portal estaba totalmente abierto y pasaban como espíritus, presencias y la dueña de la casa «era una gringa, ahí toda despistada, muy mística», yo no sabía si creerle o no, «tenía mis dudas» y le pedí a Toño que me acompañara un día a esa casa y Toño llegó a esa casa de Coyoacan con su bastón y le dije:
—¿Y ese bastón, Toño?
—Pues, es mi bastón. «era un bastón común y corriente, como de viejito».
—Este es el bastón que yo tengo para identificar ciertas cosas.
Entonces, se sentó en la sala junto a mí, tocó el bastón tres veces y se quedó sentado con los ojos cerrados. Y después de un rato me dijo:
—Sí, aquí hay un portal abierto, puedes confiar en este lugar.
Ya después, invité a mi amiga Nilda a conocer el lugar y ya empezó a ir un montón de gente, se empezaron a hacer muchas cosas en esa casa. Ya cuando la vi muy llena de gente, yo tomé distancia. «Así me pasa cuando ya veo que la cosa se pone “chistosita”», tomo distancia.
Cuando Toño murió, fue muy especial, porque yo iba camino a Puerto Vallarta y claro que medité por él «me dio mucha tristeza», eventualmente yo le hablaba, no me separé totalmente de él, cada vez que le hablaba me decía:
—¡Qué Milagro!
—Mira qué milagro, tú siempre te me desapareces y apareces en los momentos más inesperados. ¡Pero qué milagro!
—Sí Toño, así soy, voy y vengo, pero siempre estás en mi corazón.
Por tanto, de las últimas veces que hablé con él, le conté que tenía esta pareja con la que estoy ahora, le dije:
—Toño, sabes, es un muy buen hombre, pero sabes qué diferentes somos, no tenemos nada que ver, somos el agua y el aceite, de veras digo: «qué increíble que sea una buena pareja para mí», pero ¡No medita! ¡No le interesa! ¡No es espiritual! ¡Come carne! ¡Nada que ver conmigo!
—¡Esas son las mejores parejas! ¡Esas son las buenas!
—¿De verdad?
—¡Pues veme a mí con Gaby! Somos el agua y el aceite.
Entonces me acordé de estas presentaciones de los libros de Toño, en donde llegaba Gaby y yo decía: —qué increíble esta mujer—, llegábamos todas de huipil, con huaraches, nuestros caracoles, nuestros faldones a las presentaciones y Gaby llegaba perfectamente bien vestida, de tacones, medias, súper elegante, súper formal y yo decía: —Qué chistoso esta mujer con Toño, no tiene nada que ver y es el amor de la vida de Toño y de ella también. Así que, por eso Toño me decía:
—Las mejores parejas son esas, las que son completamente diferentes, porque ahí es donde tú te complementas, seguramente él te aterriza como a mí me aterrizaba Gabi, porque si no Marian, anduviéramos volando como papalotes en la estratosfera.
Tú y yo necesitamos parejas muy aterrizadas, muy concretas, muy estructuradas.
—Sí, así es él…
Para concluir, el legado de Toño, yo creo que hizo algo muy bien hecho «la verdad», despertar una conciencia mexicana, Toño era un amante de México, él tenía una misión de despertar «con mucho orgullo» nuestra esencia ancestral.
Además, este legado era también, la capacidad para mover masas «se corría la voz y llegaban miles de personas», este despertar en el corazón de las masas, este despertar por el amor a México sembrado en la conciencia amorosa y colectiva me parece que es el legado más importante de Antonio.