ANTONIO ENTREVISTA 26 #2
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ENTREVISTA 26 #2

Alejandra: Y la gente encantada, 500 personas, el auditorio saturado, porque había gente de pie inclusive, yo creo que éramos muchos más.

Todos participando con Nicolás los ejercicios teatrales rituales.

Me acuerdo de su caracol rojo ¡estuvo fantástico.

“Poncho” Alfonso Pérez también estuvo por acá muy importante su presencia.

Había otros invitados importantes, arqueólogos, personas de la fundación hermética, Luis Suarez.

Lo más bonito fue esa mesa de los menes, (sabios mayas) me encantó. Mi cuñada haciéndoles la entrevista como buena socióloga. Los menes compartiendo su cultura y su magia.

Había muchas cosas sueltas de todo ese conocimiento que gracias a Toño se compaginaron, se unieron, se fusionaron, hicieron un cuerpo más completo, Porque sentíamos que le faltaba el alma a todo ese conocimiento que nosotros teníamos. Así que fue fabuloso conocer a Toño.

En nuestro evento del 2012, la gente estaba fascinada con las pláticas que nos daba Antonio. Y nos preguntaban:

—¿Cuándo regresa? ¿cuándo regresa?

Pudimos traerlo de invitado un año más para un evento masivo que organizamos. Fue el último porque dejamos de recibir el apoyo del gobierno. Ni modo.

En otra ocasión, en México, vimos a Antonio participando en las obras de teatro participativo que convocaba Nicolás.

Era fabuloso, el momento mágico cuando Toño aparecía en la obra de Apocatástasis.

Al final íbamos caminando por un sendero del bosque de Chapultepec y toda la luz nos daba de frente, luego bajaba la luz y te encontrabas con Antonio al lado del ahuehuete el Tlatoani y nos saludaba con un abrazo ¡Ay!

es un abrazo que no se me olvida porque ya estábamos en un momento muy catártico de la obra y en ese momento el aparecía. Era un hombre alto y muy agradable.

Todo ese trabajo interior que nos brindó el taller de Nicolás y su famoso teatro de alto riesgo era fabuloso, me encantaba participar.

Lástima que no podía asistir los tres días a la semana que trabajaba el Taller.

Iba los lunes cuando podía y los miércoles a danzar Citlalmina, la danza mexicana y budista.

Era un trabajo muy bonito, un trabajo de desarrollo interior que compartía principalmente con la gente que es activa.

Qué bonitos, qué buenos, qué profundos talleres, nos dio Toño con Nicolás apoyándose en sus distintas inquietudes, pero amalgamados de una manera tan mágica, que era fabuloso.

Con cuanto ingenio de Nicolás y con qué gran corazón de Antonio, nos compartieron sus trabajos. Antonio manejaba esa parte importante, la parte mágica y la parte mística interiorizándote

-¡Vuelve tu sueño una realidad! ¡hazlo! ¡participa! ¡muévete! A mí me encantaba participar en las dinámicas del taller, porque me gusta mucho el movimiento corporal, viví momentos mágicos, muy místicos, muy sagrados.

Muy agradecida también, cuando nos citaban a meditar en el cuartito de Regina, el cuartito de Regina sí que era una sorpresa allá en la colonia Chapultepec.

Por otro lado, recuerdo las caminatas en el Bosque de Chapultepec que nos dirigía Toño.

Desde niña para mí el bosque fue algo muy especial porque visitaba el ahuehuete “El Sargento” en el bosque de Chapultepec, era mi visita semanal, mi abuelita me llevaba, ahí nos sentábamos y veíamos la fuente.

El recorrido allí, en esa parte tan sagrada de Chapultepec tenía un gran significado.

Íbamos en familia al Club Chapultepec y antes de entrar al club, hacíamos una caminata por el bosque, y visitábamos al “Sargento”, a mi abuelita le encantaba.

Ahí nos la pasábamos horas observando a las palomas, a los pájaros, el viento, yo era una chiquita, visité el bosque hasta los 14 años, desde niña, niña bebé, hasta los 14 años.

Tendría 21 años, cuando conocí a Toño en Teotihuacan, ya iba yo con un hijo en brazos, y otro de la mano de 3 años.

Cuando vivíamos en Oaxaca íbamos mucho a Monte Albán, mi hijo aprendió a caminar, como decía Toño, en la pirámide de Monte Albán, ahí fueron sus primeros pasos.

Marte: Hay dos anécdotas muy interesantes con Toño. Un día le pregunté:

—¿De qué tamaño es Regina?

—Del tamaño del que la lea.

Para alguien puede ser una mujer que se resbaló con una cáscara de plátano y se murió o es la líder de todo un movimiento. De acuerdo con el tamaño que tú tengas, de ese tamaño es Regina.

Un día estando nosotros en la casa de Medicina, Alejandra llegó de danzar con su cinta roja en la cabeza, entonces la enfermera que cuidaba a la abuelita le dijo:

—¡Hay esa cinta roja! ¿por qué la trae?

Es que fue a danzar, le dije; y la enfermera nos comentó que ella alguna vez de joven había usado las cintas rojas. ¿Y entonces Alejandra le preguntó de dónde?

—En Tlatelolco. Porque iba una muchacha llamada Regina que nos enseñaba.

En ese momento, para nosotros quedó claro que Regina existió, porque una persona que ni siquiera conocíamos, ni nunca habíamos tenido contacto con ella, más que era la enfermera de la abuelita, nos dijo que, en Tlatelolco en 1968, una jovencita llamada Regina fue a enseñarles la mexicanidad, que esa jovencita trabajaba de edecán del 68.

Se refería a la Regina de Toño a nadie más.

Nosotros nunca hicimos esto muy público, porque como dijo Toño:

—Hay cosas que siempre debes guardar en silencio.

Y creo que hasta ahora ya de viejo, entiendo qué es ser un Olmeca: es vivir una vida en silencio y hacia adentro.

La segunda anécdota de Toño, fue cuando en una ocasión fue en el árbol del Sargento en Chapultepec, él se me quedó viendo a los ojos y me dijo:

—Acuérdate que, “sí ves hacia afuera, todo es un sueño, pero cuando vez hacia adentro despiertas”.

Ahora lo entiendo, es una frase de Carl Gustav Jung que la tengo en mi libro.

Finalmente, la tercera anécdota que guardo muy bien de él, es que siempre me entusiasmó para que yo escribiera, porque yo no soy escritor soy pésimo, porque tanto el primero como el segundo libro los escribí por consejo de él, es más el primer libro él es el que escribe el prólogo y el segundo libro tiene mucho de él, porque me fue organizando esas reuniones de las mujeres y de eso yo fui tomando notas.

Y de ahí salió el libro y de ahí me dediqué a escribir ¡increíble!

Nunca he sido un buen escritor, ni jamás novelista, ni nada, pero me encanta escribir.

También, recuerdo mucho a Toño en su relación con Alberto Ruz, le decía “compadrito”, fueron muy cercanos. Alberto era una persona muy especial y muy extraño para la gente. Mi hijo, cuando conoció Alberto me dice:

—Oye, conocí al rey de los hippies.

Porque Alberto platicaba, que él “nació” en Woodstock, y que a partir de Woodstock sintió cuál era su vocación y siempre anduvo muy cerca de Toño.

Qué cosa tan maravillosa haber tenido por tanto tiempo, la oportunidad de estar cerca de Antonio Velasco Piña, un maestro.

La última vez que estuve con él, lo llevé a su casa una noche en Rio Balsas en la Alcaldía Cuauhtémoc, fue la última vez que platiqué con él, incluso planeamos que me iba a apoyar para publicar otro libro y de hecho más adelante lo publiqué, El Retorno de los Mayas.

Después de que estuvo aquí en Mérida, prácticamente lo dejé de ver, porque nos alejamos físicamente y sabía de él y de Alberto Ruz a través de Poncho.

Para concluir, gracias a Toño entendí, que es la época de las mujeres y, además, el legado que nosotros creemos «que son muchos legados», pero creo para mí, el más grande legado de Antonio, fue su amistad.

Alejandra: No sólo sus escritos, sino también su corazón,

Marte: Sobre todo su corazón.

Alejandra: Otro legado de Toño fue que gracias a él conocimos a Mary Sloan de Casa Tíbet México y con ella hicimos viajes muy bonitos, muy holísticos, muy místicos.

Gracias a ella y a su hija Ana de Casa Tíbet, Nueva York, pudimos hacer eventos mexicanos-tibetanos en Yucatán cada año, los cuales seguimos haciendo hasta hoy.

Acaban de visitarnos cinco monjes hace dos meses, nos mandaron cinco Gueshes, cantantes de cantos multifónicos.

Todo esto tiene una raíz, ¿de dónde viene? su antecedente es Regina, gracias a Regina hasta la fecha.

Porque si pensáramos, sí Toño no hubiera existido en nuestras vidas, ni todo lo que conocimos a través de sus escritos, no hubiéramos podido haber seguido en esa dinámica en la que andábamos arque-astronómica, pues seguiríamos siendo medio pseudo científicos y agnósticos, como decía mi padre.