ANTONIO ENTREVISTA 22 #3
55%

ENTREVISTA 22 #3

Para concluir, Antonio Velasco Piña desde mi perspectiva, amplió el horizonte de muchas personas «yo incluida», nos mostró a través de su vida, sus libros y diversas actividades nuevos caminos.

Tuve la posibilidad de acompañarle a algunos eventos públicos y siempre había personas que se acercaban con admiración y gratitud hacia él.

También tuve la oportunidad de presenciar su respuesta frente a la crítica mordaz a su persona, así como a sus libros y sorprendentemente respondía con calma y con amor.

Estas actitudes me inspiraban a ser mejor.

Su legado desde mi perspectiva, es su vida, un ejemplo de congruencia y buena voluntad, su determinación para hacer y su generosidad para enseñar, su infinito amor a México y sus pacíficas acciones en favor de un mundo mejor.

La verdad es que, ha sido muy poderoso y muy amoroso de su parte, impulsar a tantos, creo que a partir de este trabajo se darán cuenta que hay tantos y tantas personas que dan testimonio del amor, de las enseñanzas y de la presencia de Antonio Velasco Piña en esta vida.

*Anexamos artículo que nos escribió la maestra Leticia E. Bernal Graacida previo a esta entrevista.

Amor en Acción Pacífica.

Agradezco la invitación para escribir sobre nuestro querido Antonio. Recordar cómo le conocí naturalmente, me lleva a sus libros. La primera vez que tuve contacto con él fue leyendo “Regina, dos de octubre no se olvida”.

Esta lectura me hizo entrar en una especie de trance, así que los días que duró, estuve rodeada de una especie de energía que me hacía sentir ávida de saber todo lo que aquel escritor narraba.

Al terminar la lectura sobrevinieron muchas preguntas: ¿Cómo podía el autor saber tantas cosas?

, ¿De dónde venía la información? Efectivamente, parecía un testigo, pero un testigo omnipresente en todos los espacios que relataba la historia.

Y luego Regina ¿Era real? Si lo era, evidentemente su trayectoria tendría consecuencias en la Historia y al ir transcurriendo el tiempo lo fui confirmando. Así como pude comprobar otros hechos.

Al terminar la lectura, quería leer más de su autoría y al mismo tiempo surgió un deseo, llegar a conocerlo personalmente.

Para mi fortuna se cumplieron ambas cosas.

A Regina le siguió “Tlacaélel” y una vez más pensé que Antonio sólo podría haber escrito esta historia de la manera como lo hacía, si hubiese estado ahí, lo cual, en ese entonces, me parecía imposible, así empecé a intuir que él era inspirado.

Me mantenía al pendiente de los libros que publicaba y los leía con interés; esto fue influyendo de manera decisiva en mi visión de la Historia de México y de mi perspectiva sobre la vida, bueno no sólo la mía, sino la de mi familia también.

En enero de 2001, el destino me dió una sorpresa, tuve oportunidad de conocerlo ahora sí, de manera personal, en las meditaciones que Jorge Berroa (médium cubano) hacía en la Condesa. En el intermedio acostumbrado, me acerqué a nuestro querido escritor y sin más le dije:

“Usted no me conoce a mí, pero yo sí lo conozco.”

Él me miró con cierto desconcierto, entonces agregué:

“Porque he leído todos sus libros.”

Él rio con ese gesto que le caracterizaba, seguramente no fue ajeno a la admiración que le tenía, pero sencillo como era, siguió conversando conmigo hasta que el descanso terminó.

Transcurrieron tres años en los que coincidimos en las semanales meditaciones, así como en algunas tareas a las que nos convocó Jorge Berroa.

–“Si alguno de ustedes posibles lectores ha meditado en grupo, sabrá a lo que me refiero” -.

En el silencio compartido se van generando sutiles lazos de hermandad y buena voluntad, así este encuentro fue profundizando la relación con el escritor, lo que me permitió conocerlo como persona y entablar amistad.

En este tiempo conocí a un hombre sencillo, con un profundo amor a su esposa Gaby, a su hijo Carlos Miguel y a México.

Manifestaba un alto compromiso social y de servicio, inclusive a veces en detrimento de su persona.

Admiraba profundamente a Regina y procuraba difundir lo que había aprendido con ella.

Tenía una gran capacidad para escuchar y muchas cosas que compartir, sin embargo, jamás arrebataba la palabra, con paciencia guardaba silencio mientras no se le invitaba a participar.

Tenía incontables e interesantísimas experiencias, que muchas veces me llevó a pensar que yo quería una vida como la suya.

Afortunadamente de algunas de estas mágicas historias dejó constancia en sus escritos.

A lo largo de estos años, compartimos algo más, una profunda admiración y amor por Jorge Berroa, así como por los maestros con los que habíamos entrado en contacto y de los cuales abrevamos tanta sabiduría a través de Jorge: Mahatma Gandhi y Antonio Cortina.

Así que cuando Jorge Berroa partió de este plano, su ausencia nos unió, tuve entonces la oportunidad de entrar en contacto con su familia y conocerlo en otras circunstancias.

Doña Gaby, su esposa, permaneció atrapada en una silla de ruedas los últimos años de su vida, por lo que Antonio estaba al pendiente de ella, procurándola y haciendo su existencia lo más cómoda posible.

Siempre manifestó su amor a Carlos Miguel, diría yo hasta su último aliento, tratando de dejarlo en las mejores condiciones a su alcance.

Antonio Velasco Piña desde mi perspectiva, amplió el horizonte de muchas personas, yo incluida, nos mostró a través de su vida, sus libros y diversas actividades nuevos caminos.

Tuve la posibilidad de acompañarle a algunos eventos públicos y siempre había personas que se acercaban con admiración y gratitud a él.

También tuve la oportunidad de presenciar su respuesta frente a la crítica mordaz a su persona, así como a sus libros y sorprendentemente respondió con calma y con amor.

Estas actitudes me inspiraban a ser mejor.

Su legado desde mi perspectiva es su vida, un ejemplo de congruencia y buena voluntad. Su determinación para hacer y su generosidad para enseñar. Su infinito amor a México y sus pacíficas acciones en favor de un mundo mejor.