ANTONIO ENTREVISTA 22 #2
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ENTREVISTA 22 #2

Oírlo hablar de Regina, de Méxhico, de los Niños Héroes o del General Ángeles Dauahare, realmente era como una delicia, porque él se emocionaba y tenía tanto amor que lo transmitía y lo contagiaba.

Así, por ejemplo, tuvimos la oportunidad de ir juntos a Teotihuacan y que nos explicara las cuatro etapas, ya de la segunda etapa de Teotihuacan «de la ya más conocida de estas etapas», la Olmeca, Maya, Zapoteca, Náhuatl y cómo para cada una de estas culturas había significado algo y esa experiencia de él, de hacer el recorrido, hacer la caminata.

Precisamente, hace poco estuve en Teotihuacan haciendo la caminata con personas que aprendieron de él, con Lulú Olivera y su grupo, yo pensaba mientras caminábamos: «Esta caminata por primera vez la hicieron precisamente Antonio Velasco Piña y Don Uriel en el lado masculino y la enfermera que se llamaba Leticia y Regina por el lado femenino, y hoy nosotros los emulamos, además, los recordamos y estamos de alguna forma transmitiendo su enseñanza a nuevas generaciones».

Me parecía muy interesante «los tuve tan presentes».

Releí el libro de El despertar de Teotihuacan que, cuando yo estuve ahí, lo primero que hice fue:

—Quiero visualizar la llama en la punta de la pirámide del sol, quiero conectar con esta energía que Regina dejó, este testimonio «que no importaba si ibas o no ibas ahí». Si tú conectabas con la llama en cualquier lugar del mundo, estabas contactando con esa energía.

Por supuesto que, esos son los grandes legados de ellos, porque eso que ella enseñó no habría trascendido en el tiempo y en el espacio, si Antonio no se hubiera dado a la tarea de escribirlo y luego de practicarlo, no solamente dejarlo en el escrito, sino a que algunas personas lo hicieran con él y lo practicaran, entonces se convirtieron sus escritos en letra viva, en enseñanza.

Es por eso que yo agradezco a él todo su empeño, su dedicación para hacerlo y ver nuevas generaciones incorporándose, también participando con entusiasmo, con mucha admiración y creo que también con conocimiento de causa de lo que estaba sucediendo.

Por otra parte, me han preguntado últimamente en ciertas fechas: ¿Cómo puedo aprender lo que Antonio sabía y lo que Antonio enseñaba? Y yo les decía:

—Tenemos un gran tesoro porque afortunadamente él escribió y lo que escribió es su legado, es ese legado que, si nosotros leemos, analizamos, compartimos o hacemos círculos de estudio, se convierte en enseñanza, en letras vivas.

Es decir, me parece muy interesante y poderoso el hecho de que lo haya escrito, que lo podamos leer, lo podamos compartir, que ahí está su enseñanza, ahí se quedó, pero que, además, creo que sus libros son portales.

Cuando uno lee los libros de Antonio, uno puede «si tiene esa intención», contactar con él o con maestros sutiles que obviamente te van a ampliar o te van a ayudar a tener al frente más información, para profundizar sobre los temas que Antonio trató.

Para ilustrar mejor, ya sea que su seudónimo, Patricia Zarco o que haya sido su discípula, una discípula muy disciplinada y que pudo tomar su enseñanza de manera muy profunda.

Creo que dos de los libros, La viuda Olmeca y El séptimo cadete, también son una profunda lección de historia contemporánea que, nos ayuda a comprender «desde mi perspectiva» lo que está sucediendo en este momento planetario, pero que también nos ayuda a contactar con el llamado que se está haciendo a Méxhico en este momento.

Que obviamente, ahora ya Antonio «desde donde está», está también siendo parte de ese llamado sutil, está siendo parte de ese grupo de conciencias que nos están impulsando, que nos están haciendo saber y sentir más sobre Méxhico, como una nación «desde el punto de vista más sagrado» del papel que le corresponde en este momento a Méxhico, en este concierto planetario.

Así que, realmente ahora «creo que desde otra perspectiva», si nosotros vamos a visitar el museo del Castillo de Chapultepec, sí antes hacemos una lectura previa, pues la visita que vamos a tener al castillo va a ser totalmente diferente de que si lo hacemos sin esta lectura «aun cuando contratemos un guía, porque obviamente el guía no nos va a hablar de este aspecto más sagrado» o cualquiera sobre la Independencia nacional, sobre tantas cosas que él platicó, acercarnos al Templo Mayor, si hemos leído el libro de Tlacaélel, creo que tenemos una posibilidad de hacer conjunción entre todos estos vestigios que tenemos y estas lecturas de los escritos de Antonio Velasco Piña, nos pueden dar una visión, una orientación para vivir estos tiempos de una manera mucho más poderosa y con mayor capacidad de impulsar hacia dónde se ve la visión de Méxhico, desde este plan más sagrado.

Es por esto que, el valor de lo que Antonio hizo, al asumir su papel de testigo con tanto amor, con tanta dedicación, con tanta precisión y nosotros tomar todo lo que él dejó escrito en los libros, creo que puede ser de incalculable valor en este momento para todos, no solo los mexicanos, creo que para todos.

Sirva de ejemplo, cuando leemos este libro que escribió después de 30 años de Regina, donde hay todos estos testimonios de lo que inspiró ella «creo que igual de la misma manera, podemos darnos cuenta de todo lo que puede acontecer que inspiró él a través de esas enseñanzas de Regina», una prueba es este grupo de Lulú Olivera, haciendo las Caminatas Sagradas.

El amor que le podemos profesar a Antonio, se hace más poderoso en la medida en que nosotros seamos capaces de tomar esas enseñanzas y aplicarlas, hacerlas vivas, a través de nuestras acciones, de nuestras palabras, de nuestro compartir.

De igual modo, otra enseñanza que practicamos es este vínculo poderoso con la Volcana Iztaccíhuatl.

Cuando mi hijo se iba a ir a vivir a Europa le dije: —tenemos que ir a pedir permiso— y fuimos a la Piedra del Conejo, en Amecameca «que todavía no estaba cercado, Antonio me había contado, un día la encontré» y le dije: —vamos a meditar aquí para que tú sientas…

—, fue algo tan poderoso que mi hijo me dijo: —¡ay mamá!

tus brujerías, pero sí funcionan—, ahí fue lo primero que yo vi, el poder de esa conexión, el poder de realmente como asumir esa presencia, esa energía y reconocer que nací mexicana, mexicano porque lo decidí, tengo un pacto y si me voy a salir, igual también estoy aquí para hacerme presente.

Todas estas observaciones se relacionan también con que, a partir de Antonio Cortina «cuando empecé ya hace 24 años» me pidió que fuera al Izta, ahí me tienes y a partir de ahí encontré ese vínculo con esa energía en el valle donde se une la energía del Popocatépetl y la Iztaccíhuatl, un lugar tan poderoso y que me resultó muy orientador, realmente he conectado ahí con posibilidades, cosas, pero fue parte de toda esta enseñanza.

Así que, «cuando yo conocí a Antonio Velasco Piña al mismo tiempo casi estaba conociendo a Jorge Berroa, aunque sí yo ya tenía capacidades mediumnicas aumentaron con el trabajo que estaba haciendo ahí», empecé a tener sueños y en ellos veía a Antonio Velasco Piña en la época mesoamericana como un gran maestro, podía reconocer a uno de mis hermanos «el que me prestó el libro por primera vez», como era también su discípulo y pude contactar con cosas de vidas pasadas de él y siempre en este sentido de ser un maestro, tener unas enseñanzas muy poderosas y recién falleció tuve un sueño, soñé que él estaba preparando una fiesta, como una reunión muy grande, había mucha gente y yo estaba ahí con él ayudando, yo terminaba mi participación y le decía «además estaba totalmente vestido de blanco, súper rejuvenecido y el lugar era tan bonito»:

—Bueno pues ya me voy.

—¡No!, no te vayas, quédate.

—No, yo tengo que regresar.

—Te deberías de quedar.

—No, sí me tengo que ir.

—Bueno, ahorita te llamo uno de mis ayudantes para que te regrese.

La verdad lo vi tan bien en el sueño, nunca pensé que estaba muerto.

Cuando desperté dije: —¡Ups! ¿Qué fue todo esto?

—, además, tenía claro como lo vi tan fuerte, tan rejuvenecido, tan bien y cómo todas estas personas que estaban alrededor de él, lo ayudaban, lo vi bastante bien y me quedé muy contenta, muy tranquila, porque lo pude ver así.

Luego, a veces se ha canalizado en alguna meditación, una vez que fuimos a hacer algo a Chapultepec y verlo tan claro, tan lúcido, como habla de que él ya está en otro proceso, no requirió tiempo para entrar en esa conciencia despierta, todo eso me da mucho gusto y me hace sentir que hemos sido muy afortunadas de poder conocer personas como él y como Jorge, que realmente nos han enseñado y que nos han puesto frente a nosotros caminos muy hermosos.

En efecto, creo que Antonio, ahora donde está, sigue enseñando e impulsándonos a más y mejores cosas.

Por otro lado, en alguna ocasión me habló para felicitarme por el fin de año y me dice:

—¿Y en qué estás?

—Fíjate que los maestros me piden que el 6 de enero haga una circunvalación alrededor de la bandera, previamente una caminata de Bellas Artes allá, pero que tienen que ser 44 personas.

«Porque esto iba a ser previo a sostener un mantra por 24 horas por México, para poder sostenerlo me habían pedido que hiciéramos eso».

—No te preocupes, ahí nos vemos ese día.

Y fue muy curioso, porque sí llegó, éramos 42 y una alumna me dice:

—Pues mi esposo y mi hija están en el carro ¿si quieren los traigo?

Luego, que llegaron, entonces Antonio me dijo:

—Si nos detiene la policía, cualquier cosa, no te preocupes, tú sigue y yo me quedo con ellos y veo qué pasa.

Precisamente, esa parte que él tenía de facilitar las cosas siempre, sí sabía que alguien estaba haciendo algo por bien, más para Méxhico, para el bien de la humanidad, él se prestaba y facilitaba las cosas, es decir, no fue para nada cerrado o que se hicieran las cosas a su manera y a su modo, no, no «se trata de esto, yo me sumo».