ANTONIO ENTREVISTA 22
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ENTREVISTA 22

EL MAESTRO SUTIL

Leticia E. Bernal Gracida

Canalizadora

Recordar cómo le conocí naturalmente me lleva a sus libros. La primera vez que tuve contacto con él fue leyendo Regina: dos de octubre no se olvida. A uno de mis hermanos siempre le ha interesado leer y alguna vez me dijo: —Mira, toma este libro.

Era el libro de Regina… Yo entré en trance varios días, porque no podía soltar la lectura, no sabía por qué, era como si yo estuviera dentro de la historia y además me iba conformando una visión tan diferente de las cosas que conectaba en mi corazón.

Así que, había algo que me decía: —¡Esto es real! ¡Esto es cierto!

Cuando terminé la lectura, empezamos a comentar entre hermanos «los que no habían leído el libro empezaron a leerlo», pero en mi surgió la idea de que quería leer más sobre él.

Entonces busqué y leí el libro de Tlacaélel.

En alguno de los pasajes de esta nueva lectura, Antonio habla de cómo el flechador del cielo está a la orilla del lago y está sosteniendo el arco y la flecha hacia el cielo, la postura.

Por alguna razón, entre las escenas que él describe en Tlacaélel, esa me conmovió muchísimo y yo me preguntaba: «¿Cómo alguien puede escribir con tanta precisión esta escena si no estuvo ahí?

», lo cual, me daba la idea de que todo lo que estaba escribiendo, le estaba también llegando de algún lugar diferente.

Desde siempre en la familia hemos tenido contacto con médiums, con estas historias más sutiles y yo pensaba: «Es que él debe de tener algún tipo de vínculo, no puede ser tan exacto todo lo que cuenta, tanto en Regina y luego en Tlacaélel, si no tiene una fuente de información más sutil».

Indiscutiblemente, fue que Antonio me conquistó en la lectura, porque después yo buscaba los libros, cada libro que salía lo leía, pero fue conformando una visión diferente de la historia de México y, por lo tanto, me fue formando una visión diferente del presente en México.

Eso fue muy curioso, darme cuenta que lo que él contaba luego pasaba, de alguna forma estaba ahí presente.

Cuando yo leí Ayocuan, bueno, el libro La mujer dormida debe dar a luz, que está escrito por su maestro y Antonio hablaba de esta visión ecuménica, de la relación México-Tíbet.

De momento, cuando yo empecé a ver que, primero el Dalai Lama y los Lamas venían yo decía: —¡Claro!

, estas son pruebas fehacientes de lo que él dice, es real— y por esas causalidades del destino, estaba en Teotihuacán cuando visitó el Dalai Lama.

Fue algo que mostró que me estaba diciendo que esto era real.

Dos años después, fui a Teotihuacan, el día que estuvieron el 21 de marzo de 1992, los Lamas del monasterio Loseling, que fue cuando llegaron estos hombres vestidos de negro, uno se pregunta: —¿por qué estaba ahí?

¿Para qué estaba ahí? —. Y después, ya platicando con él y narrando estas cosas de manera más profunda, por ejemplo, en el libro El despertar de Teotihuacan, vuelves a pensar y a sentir que tienes un vínculo con la persona ¡Claro!

Somos mexicanas, mexicanos y tenemos un vínculo, porque por eso elegimos ser en este momento, pero yo me daba cuenta que de alguna forma también tenía un vínculo.

Por otra parte, empezaron en el año 2000 ir a la casa de Jorge Berroa (médium cubano) a meditar algunos de mis hermanos, mi hermana regresa y me dice:

—¿Qué crees Leti? ¿Quién crees que va a meditar a la casa de Jorge? ¡Antonio Velasco Piña!

—¡No! Pues lo voy a ir a conocer.

Y resulta ser que Jorge me invita a la primera meditación de enero del 2001 y pensé: «doble intención de estar ahí».

Así es que, fui y vi a Antonio Velasco Piña, en cuanto pude me acerqué y le dije:

—Yo lo conozco a usted, ya sé que usted no me conoce a mí.

Él se quedó con cara de…, ¿cómo?, «¡una loca más que se acerca a mi vida!» Lo hacía con mucho respeto, pero sí, a veces yo creo que lo sacábamos de onda, así que le dije:

—Sí, es que he leído todos sus libros y una vez que leí Regina no he podido dejarlo, siempre que sale un libro yo estoy al pendiente y lo leo.

Luego, imagínense pasamos tres años meditando juntos en casa de Jorge, a veces Jorge un fin de semana o algún día decía: —vamos a hacer un trabajo especial—, resultó que, coincidíamos tanto él como yo en esas experiencias, fuimos tejiendo más profundamente la relación. Para ilustrar mejor yo les decía:

—Cuando uno medita en grupo, empieza a entretejer lazos de amistad, de conocimiento, de relación con las personas, de una manera diferente, porque en el silencio lo que se teje es mucho más poderoso, a veces que lo que se teje con las palabras.

Evidentemente, a lo largo de estos años compartimos algo más, una profunda admiración y amor por Jorge Berroa, así como por los maestros con los que habíamos entrado en contacto y de los cuales abrevamos tanta sabiduría a través de Jorge: Mahatma Gandhi y Antonio Cortina, pero cuando Jorge parte de este plano en el año 2006, nuestra amistad se hizo más profunda, ya que creo que cuando perdemos a alguien que amamos, las personas que coincidimos tendemos a unificarnos.

De ahí que, fuimos a hacer un trabajo al Iztaccíhuatl juntos para despedir a Jorge «cosas de esa naturaleza».

Como, para Antonio Velasco Piña era muy importante la presencia de Antonio Cortina, él empezó a consultar a Antonio Cortina a través de mí y eso fue haciendo que cosas más personales empezaran a fluir entre nosotros y que tuviéramos una visión, tal vez diferente uno del otro «para mí con una profunda admiración y un profundo respeto».

De manera que, después él invitó a su hijo Carlos Miguel a que viniera a meditar aquí a la casa, para que también entrara en ese contacto con Antonio Cortina, con Jorge Berroa «en su momento», con Mahatma Gandhi y bueno, también empecé a tener un vínculo ya más familiar, porque empecé entonces a contactar con Gabriela Arévalo (Gabi) de manera personal con Carlos Miguel y eso fue generando una relación.

Por otro lado, antes tuve oportunidad de estar en la casa de calle Alumnos, visitar el cuartito de Regina «como coloquialmente decimos» y hacer alguna meditación, pero previo a esto, siempre había una plática introductoria con él, ya fuera que me contara alguna experiencia que vivió con ella o alguna experiencia posterior, como cuando fue a Japón «realmente él venía muy conmovido», porque me decía: —es que, pues no es mi idioma, un día muy temprano «todos todavía estaban dormidos», me salí a caminar, encontré un monumento que me impresionó, me paré ahí frente a él y empecé a sentir algo común con esto que estaba ahí, de momento se apareció una mujer, realmente es como si ella me hubiera transmitido algo muy poderoso—. Después me dijo Antonio:

—Cuando escriba el diario te lo voy a prestar, para que tengas mayor información al respecto «lo cual hizo».

Por consiguiente, en algunas ocasiones él me llegó a invitar a su casa, me mostró algunos de los tesoros «que además eran muy personales y que él procuraba no hacer públicos para evitar algún tipo de malentendido», sobre todo en relación a Regina.

Admiraba profundamente a Regina y procuraba difundir lo que había aprendido con ella.

Por otro lado, en ese transitar del tiempo, en ese compartir y convivir, uno va descubriendo al hombre que está detrás de todo esto, vas descubriendo sus valores, su perspectiva, realmente llegué a admirar muchísimo el amor que le tenía a Gabi su esposa.

«Doña Gabi, permaneció atrapada en una silla de ruedas los últimos años de su vida, por lo que Antonio estaba al pendiente de ella, procurándola y haciendo su existencia lo más cómoda posible». Él me decía:

—Leti, yo no me puedo morir antes que Gabi, hasta el último día de Gabi, yo quiero estar con ella, quiero ayudarla, quiero servirle, quiero facilitarle la vida, quiero estar presente.

Yo creo que eso habla de la naturaleza de Antonio Velasco Piña, de las personas que saben amar de manera incondicional y de cómo también al mirarlos a ellos «a Gabi y a él», también te vas dando cuenta como las relaciones de pareja se van transformando con el tiempo.

Pero que haya algo, que es como un hilo conductor, en este caso yo creo que el hilo conductor: era el amor.

A veces con la edad, el deterioro del cuerpo, algunas circunstancias a lo mejor nos hacen cambiar, sin embargo, él siempre estaba al pendiente de Gabi y ella en su forma, con sus límites también estaba al pendiente de él.

Igualmente, otro aspecto que de verdad yo admiré en Antonio, fue el amor a Carlos Miguel «siempre manifestó su amor a hacia su hijo, diría yo hasta su último aliento, tratando de dejarlo en las mejores condiciones a su alcance», creo que sus tres grandes amores fueron Gabi, Carlos Miguel y México, de verdad que estos tres amores para él fueron motor en su vida, fueron brújula en sus decisiones, a veces él se decía a sí mismo:

—Es que ya sabes que soy muy desobediente. Yo agradezco mucho a los maestros sutiles que me sigan orientando, a pesar de que saben que muchas veces voy a desobedecer.

Pero su desobediencia «según como él la llamaba», siempre estuvo en torno al amor que tenía, un amor muy grande, muy poderoso que le orientó, creo que son de las cosas más interesantes.

A su vez, tenía una gran capacidad para escuchar y muchas cosas que compartir, sin embargo, jamás arrebataba la palabra, con paciencia guardaba silencio mientras no se le invitaba a participar.

Tenía incontables e interesantísimas experiencias «que muchas veces me llevó a pensar que yo quería una vida como la suya», a veces yo les decía a las personas «porque lo llegamos a invitar en varias ocasiones a que platicara con el grupo de la meditación»:

—Miren, si ustedes hablan, él se calla, pero nos vamos a perder de mucho. Entonces procuren preguntarle, él tiene mucho que compartir y tiene visión de las cosas que a veces nos ayuda a ampliar nuestros propios horizontes, porque no lo hemos percibido así.