ENTREVISTA 18 #2
Cuando yo estuve en una situación difícil, Don Antonio luchó de una manera tremenda, siempre puntualmente cuando estuve en el arraigo, iba a visitarme, a darme ánimo, hizo cartas a la presidencia de la República, al Secretario de la defensa, a todas las autoridades que fueran menester, él les hacía carta, ceremonias alusivas a nuestra mexicanidad, de alguna manera transmitía él o su petición por mí, la verdad fue, me apreció mucho, nos apreciamos mucho, nos quisimos mucho la verdad, sin tener mayores contactos que los de estas pláticas.
Desayunábamos, una vez fue a comer con su esposa a la casa, comíamos cuando él estaba en la delegación de Coyoacán, me invitó a dar una plática del General Felipe Ángeles, la di en el auditorio de una escuela, en un lugar con Laurita Esquivel y Don Antonio, en fin, siempre estuvo pendiente, siempre me invitaba a platicar en algunos eventos importantes, como el Aniversario sobre los 100 años de la batalla de Zacatecas, que no pude estar, tenía una cirugía reciente de la vista y como ponen un gas no podía viajar a Zacatecas donde fue la plática, cosa que me dolió mucho porque dejé plantado a Toñito y sí, eso me caló mucho.
Siempre preocupado por mi vista, me preguntaba Antonio:
- “General ¿cómo está?, ¿cómo están sus ojos?, ¿ya puede leer mejor?”
Pues sí mi amigo con lentes y con buena luz y con algún trabajo, ya puedo leer mejor. Pero siempre preocupado por mí:
- “Su salud ¿cómo está general?”
Pero ¿por qué? ¿Por qué ese cariño? Bueno, el mío hacía él no lo pongo en tela de duda, no lo dudo nadita, yo sentía un cariño muy fuerte por él.
Dos veces con otras personas que no hablaban bien de él, me enfrenté a ellas, sin mayores consecuencias, pero el cariño de el por mí, yo creo que era más grande que el mío por él, yo lo admiraba, lo respetaba, sí lo querían mucho, pero Toñito ¡carambas no sé!
, no sé por qué, me brindó tanto de su cariño, tanto de su tiempo, no sé:
- Mi amigo, por qué no vamos aquí, mi amigo, por qué no hacemos esto, mi amigo, por qué no hace una plática de aquello.
Sí, sí, sí, sí, siempre estaba pendiente y dispuesto a complacerme, no sé qué percibió él en mí.
Yo creo que el auténtico mexicano, más que yo, es él, tenía un amor profundo por México, quizá este es el punto de unión, un profundo cariño por nuestro país, por nuestras raíces, por nuestros antepasados, de veras profundo, dejaron huella en mí.
Yo creo que ya lo tenía dentro, ya lo tenía en mis genes en mi voluntad, mi mamá era maestra de escuela, ella era mi maestra también en las tareas y me hablaba de Cuauhtémoc, sobre todo de Cuauhtémoc ¡tan bonito!
Me dibujaba a Cuauhtémoc ¡tan bonito! que ¡carambas!
Yo creo que algo o mucho de ella me penetró.
Después yo estuve en la escuela de monjitas en segundo, tercero y cuarto de primaria, había una monjita en segundo año Luz María, delgadita, alta, cómo nos platicaba de los Niños Héroes, como si ella hubiera estado ahí.
Y las bolitas de migajón que hacía y se las aventaban a mis pajaritos, como si ella hubiera sido uno de ellos o a lo mejor si lo fue y despertó en mí, curiosidad, deseo, yo creo que dejaron huella en mí, mi mamá y ella, pero independiente yo ya lo traía y siempre quise ser militar.
Cuando terminé la secundaria mi papá no me dejó, siendo el militar, no me dejó ir al Colegio, entonces me fui al Politécnico; en el Politécnico, en el segundo año, conocí a un muchacho de Oaxaca, éramos los del grupo, en los grupos escolares se hacen “grupitos” de 3, 4, 5, más estrecho el “grupito”, somos amigos todos.
Un muchacho de Pinotepa Nacional, Oaxaca, que fue al Colegio a concursar y una vez que no tuvimos una clase, estábamos en el casco de Santo Tomás, le digo:
- Vente vamos a dar una vuelta a la manzana.
Y salimos porque él era compañero del grupo, pero no era del “circulito” de amigos; jugamos futbol porque éramos él “circulito” los del equipo, él no jugaba futbol, pero a esa hora caminamos dimos vuelta y pasamos por la calzada, México-Tacuba, pasamos frente al Colegio Militar de Popotla, donde yo estudié, a la hora de la lista de las 18:00 horas, a la hora de izar la bandera, y le dije a él:
- Mira vamos a cruzar, vamos a ver pasar lista- le digo- A mí me gusta mucho eso.
Yo iba a las fiestas del Colegio, a las graduaciones, el 13 de septiembre el Colegio Militar se iba del Monumento a los Niños Héroes desfilando hasta el Colegio, en Popotla, bueno, pues yo iba ahí, a un lado de ellos, yo siempre quise ser militar, bueno, y con este amigo le digo:
- Vente vamos a ver pasar lista, eso me gusta mucho.
Y me comenta el amigo:
- “Yo vine a concursar para el Colegio, pero no me quedé.”
¡uy! le digo:
- Oye, ¿entramos?
Sí, pues ¡órale!, ya teníamos buena preparación cultural, el requisito era secundaria, ya teníamos prácticamente la vocacional hecha, yo tenía un instructivo de todos los requisitos para ingresar al Colegio, había salto de longitud, salto de altura, natación, clavado, en fin todo, pero no teníamos destreza en el salto de longitud ni de altura y a los atletas del politécnico les pedimos el favor que nos enseñaran eso y pues nos enseñaron, y pasamos los exámenes de admisión, entramos y nos graduamos, pero las reflexión es:
- ¿Por qué con él?, ese paseo, a esa hora pasar frente al Colegio a la hora de la lista ¡Ya estaba! Ya estaba en mi camino el ser militar.
Yo creo que ese amor a México, a lo nuestro, nos identificó mucho a Tonito y a mí, creo es una suposición mía, pero a mí no se me ocurrió Toñito más prudente, más centrado, más observador quizá lo haya podido hacer, pero o quizá no haya tenido que hacerlo, cuando se dio cuenta por los comentarios, mi amigo esto, mi amigo aquello, oiga una plática así, una plática asada, ¿cómo ve?
, en fin, detalles de esos, quizá él entendió, captó ese factor común que nos unía, el amor por lo nuestro.
El mantener, recobrar, impulsar todos nuestros rituales sagrados de nuestros ancestros, las marchas, las danzas, todo ese ritual hermoso que él comentaba mucho, platicaba, quizá es una vertiente de su legado rescatar mucho de nuestras raíces y lo vemos en sus libros, todos sus libros son muy ilustrativos, a mí me impacto “El Retorno de lo Sagrado” yo decía:
- Es que Don Antonio es un iluminado.
Como nos habla de ese movimiento que después lo volvimos a ver en las profecías mayas.
Así les llamaron, las profecías mayas que hablaban de ese ciclo con 4 segmentos de cinco mil y pico de años, era el retorno sagrado de la última etapa en la que creo todavía estamos.
Son cuatro, como las estaciones del año, cuatro etapas.
Las profecías mayas no hablan de estos cuatro segmentos, ellas hablan en general del ciclo grandote y que al culminar ese ciclo venía un esplendor. Etapa en la que pues estamos.
Me impacto también mucho lo de “Regina”, también lo del 2 de octubre un movimiento que a mí me llamó mucho la atención.
Yo vivía en Tlatelolco en el edificio Juárez, frente al edificio Chihuahua, pero en el inter había un jardín, grandecito, un pastito, unos árboles a donde jugaban mis hijas y después estaba la avenida creo que San Juan de Letrán que está la prolongación, la Plaza de las Tres Culturas y el edificio Chihuahua.
Yo estaba el 2 de octubre, bueno andábamos en la península de Yucatán, estuvimos por allá como dos meses y fue cuando se suscitaron los problemas aquí en México en 1968 y ya regresamos y estaba acuartelado.
El 2 de octubre yo estaba en la alberca olímpica con un grupo de muchachos, íbamos a ayudar en la alberca con los de natación, con los de Waterpolo, en fin.
Y había un profesor de educación física de apellido Barcasar que vivía en Tlatelolco también como yo, nos identificábamos, platicábamos y me dice:
- “Oiga teniente, fíjese que el ejército está ametrallando a los muchachos, a los estudiantes allá en Tlatelolco.”
No, no puede ser mi amigo. Me respondió:
- “Sí, mi esposa me puso el audífono yo estaba escuchando los disparos.”
No, no puede ser eso, el ejército no es así. Bueno, a partir de este comentario me inquietó mucho eso y trate de investigar mucho sobre el 68, creo que lo he logrado.
También gracias a Don Antonio, porque Don Antonio entrevistó a un anciano, cuando Don Antonio me regaló el libro “El Círculo Negro”, ¡ah!, yo lo leí, me lo devoré, le dije:
- ¡Ah! Mi amigo ya sé quién es el anciano entrevistado.
Me dice:
- “¿Quién es?”
El General Corona del Rosal.
- “Si mi amigo.”
Yo estaba muy interesado en él, siempre quise platicar con él, acudí a varias de sus pláticas, a la presentación de sus memorias políticas y él hablaba de cinco jóvenes ¿quiénes eran esos cinco jóvenes?
, en ese entonces, a mí me interesó mucho, sale después el libro “El Círculo Negro” y casi, casi, ato los cabos de lo que pasó en 68.
Ya se murió el actor principal, pues con algunas lagunas, pero ya no hubo oportunidad de aclararlo y también eso de alguna forma nos vinculó al papel fabuloso que él tuvo en 1968.
“Regina” en su casita en la Aldea de los Reyes, fuimos varias veces, Toño hizo rituales, la última vez que estuvimos, mi hija que vive en Alemania con otra amiga mexicana trajeron tierra de Alemania y la pusieron a las faldas de la Iztaccíhuatl, fue Don Antonio, ahí se hizo un ritual para hermanar a las dos tierras, juntar a las dos tierras, mi hija y su amiga llevaron una tierrita de aquí de México para Alemania para hacer lo mismo allá, ella solita, acá el ritual lo hizo Toñito con Gudelia, en fin, muchos detalles de Toñito, pero todos gravitaron alrededor de lo mismo, de la grandeza de nuestro país, del esplendor de nuestros antepasados, de nuestra historia, él optimista siempre, siempre Toñito, van a venir tiempos mejores, México está destinado, México va a salir adelante, siempre muy optimista, siempre mi amigo:
- Mira pues ¡Vamos a salir adelante!