ENTREVISTA 18
México: Los Valores Espirituales del Guerrero.
General Ángeles Dauahare
Escritor
Ana una de mis hermanas recomendó leer el libro “La mujer dormida debe dar a luz”, lo compré y me lo devoré, cuando concluí el libro le dije a un mayor del ejército ayudante mío de apellido Arroyo:
- Mayor, quiero hablar con el autor de este libro, el cual aparecía como seudónimo “Ayocuan”
Entonces, para sorpresa mía pronto lo localizo, me comunicó con él, y así me enteré que quien podía darme más información al respecto era un señor llamado Antonio Velasco Piña, lo invité a platicar conmigo al Colegio Militar. No lo pensó ni un segundo, me dijo:
- “Sí general, lo único que le pido es que manden por mí.”
Me dio su dirección, fueron por él para llevarlo al colegio y desayunamos.
Así empezó nuestra amistad, cada vez más intensa, más frecuentes nuestras visitas, yo le planteaba inquietudes, él me auxilió mucho con respecto a algo que a mí me preocupaba mucho y era la ignorancia de nuestros adolescentes, no conocían el nombre de nuestros héroes, el significado, el simbolismo de nuestros, valga la redundancia, “Símbolos Nacionales” y mi reflexión fue:
- ¿Cómo pedir a estos jóvenes que ofrenden su vida por una Bandera, por un Himno, por un Escudo? ¡Si no saben qué es eso, no conocen el significado.¡
Y un buen día -previo a todo esto- hicimos recorridos por el colegio, a Don Antonio le gustaba mucho; el edificio de gobierno, la cabeza de un Chacmol, el Andador de los muertos, San Juan Teotihuacán, había también eso en el Colegio Militar, así lo diseñó el arquitecto Don Agustín Álvarez, a quien por cierto, le hicimos un homenaje por esa obra con todos los muchachos, un jueves social y así, nos fuimos adentrando en el tema de nuestra nacionalidad, de nuestro amor mutuo por México, por nuestras raíces.
También me di cuenta en el Colegio, que nuestra sociedad, nuestros jóvenes estaban ansiosos por conocer nuestros orígenes, nuestras raíces, de dónde venimos, así como deseos de algo sublime, espiritual, no terrenal, lo que mirábamos, leíamos, escuchábamos, eran cosas no muy favorables, no muy estimulantes para nosotros los mexicanos y todo esto lo compartía con Toñito.
Y entonces derivado de todas estas inquietudes, un buen día Toñito junto con Santiago Ramírez, un jovencito abogado, allegado a él empezaron a diseñar un ciclo de pláticas.
Previamente a este ciclo, yo ya había tenido otras con otros amigos, como “El Nacionalismo Mexicano”, “La Identidad Nacional” y otros temas de inherencia sueltos, además de cultura, arte mexicano, de conducta en la mesa, urbanidad, en todos esos conocimientos, pero desestructurados.
Don Antonio, con este jovencito, diseñaron un ciclo de pláticas, eran 11 inicialmente, se extendieron a 13 ya en la ejecución del ciclo, Toñito le puso:
- “México: Los Valores Espirituales del Guerrero.”
Y ahí empezamos con las pláticas, cada persona daba un tema, un teniente retirado daba el tema del “Colegio Militar”, muy bonita plática; Marisela Ugalde “Arte Marcial Prehispánico”; otra amiga mía Lilia Reyes Espíndola “Los Militares y la Mística de Servicio”.
Recordando otra de esas platicas fue la de Ana Luisa Solís, ella dio una charla sobre Tonantzin y fue un trabajo muy lindo, sobre lo sagrado femenino, en fin, cada uno de estos amigos fue exponiendo su tema.
Yo no lograba conectarme con los jóvenes cadetes, con los oficiales, con los jefes y gracias a ese ciclo maravilloso una vez concluido, nos puso a todos en la misma frecuencia.
Me platicaba Santiago Ramírez precisamente, en una de las pláticas conducida por Ernesto García Cabral, nuestro amigo Ernesto que tocaba el caracol, una vez me dijo:
- “Oiga, puedo hacer un exhorto” Repitan después de mi: y grito con poder ¡Méxhico! -Y todos los cadetes contestaron- ¡Méxhico!
Era un auditorio con 2.400 personas con muy buena audición, se imaginarán la magnitud del volumen de sonido que se generó, poníamos el brazo así extendido.
Ernesto era el hijo del “el Chango Caricaturista” Ernesto gritaba ¡Méxhico!
y todos le respondíamos: ¡Méxhico!, así tres veces.
Una pareja de jóvenes también afectos a todo esto, ya no entraron al auditorio, llegaron un poquito retrasados y ya les dio pena entrar, dicen que fue impactante de verdad lo que escucharon afuera:
- “Es tan impactante, que créame usted que se alteró un poquito la parte de cielo que nos cubría, se alteró, le juro que se alteró.”
Decían estos jóvenes. Bueno, pues terminó ese ciclo de pláticas, este ciclo debo decirles que es el referente, ahora los muchachos que fueron alumnos en esa época, pues ya son coroneles, tenientes coroneles y en algunas ocasiones me los encuentro en algún lugar de nuestro vasto territorio o en la ciudad de México y el referente, el punto de contacto es ese ciclo de pláticas y se acuerdan:
- ¡Sí, cómo no!
Teníamos preparado otro ciclo que le pusimos “Nacionalismo e Identidad Nacional”, pero ya no se llevó a cabo, porque me cambiaron, cause baja. La persona que me relevó no tenía conciencia de esto, canceló todo de inmediato.
Respondiendo a una pregunta que me hacía Olguita:
- ¿Qué Generales saben de esto de la mexicanidad de nuestras raíces como usted?
De ellos quizás solamente Fuentes Juárez y no sé quién más, tal vez algunos de los que estuvieron conmigo, el subdirector, otro General, quizá él.
Pero así conocí a Toñito, nos fuimos retroalimentando, le gustaba visitar mucho el museo de los Niños Héroes, un museo pequeñito que teníamos ahí con la historia de los Niños Héroes, como causaron alta, ahí estaban las listas de aquella época todavía, qué estudio y de dónde eran, todos los antecedentes de los Niños Héroes y así se llama el pequeño museo de los Niños Héroes, había un pequeñito auditorio como con quizás 12 butacas y pasaban un video sobre los Niños Héroes, precioso, que terminaba con el Himno del Colegio, Don Antonio muy solemne era el primero en ponerse de pie cuando tocaron el Himno del Colegio, se le notaba el amor al Colegio, fue cuando surge la idea mía, soy bueno para dar ideas, pero no para materializarlas y le digo:
- Mi amigo ¿por qué no hace usted un libro sobre los Niños Héroes?
Y así salió el libro que conocemos. “Los siete rayos”
Seguimos platicando, me cambiaron y estas pláticas me hicieron director del ISSFAM, el Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas Mexicanas, estas pláticas las trasladamos a otro sector de la sociedad, personas mayores, menores, padres de familia, en fin, era un grupo heterogéneo de personas, pero todos con mucha alegría y con mucho entusiasmo iban a esas pláticas, en el ISSFAM, ahí se amplió el panorama de conferencistas, se incorporó Pepe Ayala, fue Francisco Lerdo de Tejada, Philip Emmanuel, Gloria Yocazo de la Tradición Caballeresca, puros valores, todo ese ciclo fue de valores, de reencontrarnos con nuestras raíces.
También se incorporó nuestro amigo, un arqueo astrónomo David Wood, quien ha trabajado mucho con los mayas, también conocido allá en Europa, publicaba sobre todo en Francia, ahora tiene años que no lo veo, estaba trabajando con mucha intención, muy metido en San Juan Teotihuacan, explorando mucho el suelo, lo que está debajo de las pirámides, también se incorporó Mercedes Heredia que daba el curso de Milagros, nos dio platica ahí también en el Colegio, ella iba a dar pláticas en Almoloya, en fin, que por cierto en Almoloya cuando estuve ahí, yo di pláticas, me invitaron a hablar de los Símbolos Nacionales, obviamente con mucho gusto acepté, las daba, fueron muy gustadas tan gustadas que como 8, 9 veces di las pláticas a diferentes auditorios de las personas que estaban ahí, o estábamos ahí confinados.
Es necesario recalcar que con Toñito se fue estrechando mucho nuestra amistad, debo decir que hubo un “clic” desde el primer día que nos conocimos, yo creo que ya teníamos, ya estábamos en la misma sintonía: el amor por México, el amor por nuestros antepasados, por nuestras raíces, ya lo teníamos, no fue nada difícil conectarnos, le platiqué mis inquietudes, la ignorancia de nuestros muchachos por lo nuestro, por México, por su historia, por su raíz, por todo eso.
Pues en estas circunstancias el enlace espiritual, la simpatía, la empatía, todo se articuló muy bien, mucho muy bien, sigo siendo asiduo al Colegio, teníamos los sábados una mesa con muy buenas pláticas, muy valiosas las pláticas, por gente connotada desde luego, un grupo del que yo me excluyo, Toño las presidía, nunca pidió presidir ninguna ni le gustaba que le dijéramos que las presidía, pero si las presidía, era fabuloso, tan fabuloso que muchos amigos cuando nos localizamos, me preguntan por eso, si había testimonio, videos, escritos, me preguntaban acerca de esas pláticas:
- Sí, si yo creo que si quedaron en el Colegio videos de esas pláticas
Por lo menos si tomaban fotos y video, yo soy muy descuidado, no me gusta andar figurando, no me gusta exhibirme, no soy muy de eso “tómenme una foto” o “tomen una foto”, no me gusta, es un alimento al ego, que no me gusta la verdad, no me preocupé por pedir álbumes, no me preocupé por pedir videos, no, no la verdad hice mal, entiendo que hice mal, porque ahora muchas, muchos amigos me dicen:
- “Oye, ¿cómo no quedó testimonio?”
Pues no, no quedó testimonio, o bueno, no lo tengo yo.
Cuando iban al ISSFAM, Fuentes no estuvo en el Colegio, tal vez Fuentes Juárez que es más curioso, detallista y preocupado que yo o más responsable, si tenga algo.