ANTONIO ENTREVISTA 16 #3
40%

ENTREVISTA 16 #3

Toño nos dio también charlas sobre Historia Sagrada a mí y a mis amigos más cercanos.

Nos reunimos algunos fines de semana. Esa información está en el libro El Retorno a lo sagrado, a todos esos amigos nos sucedieron cosas mágicas siempre fuimos 13 ¿por qué 13?

Hacíamos dinámicas de autoconocimiento. Nunca entendí el porqué de un número cabalístico, hasta que ya Toño me dijo:

—Sí, tienen que ser así, porque acuérdate que era Jesús con sus 12 apóstoles. El 13 significa cuando tú quieres conformar un grupo que busca una trascendencia y comunicarla.

Ahí empecé a entender la importancia de los grupos de la mexicanidad, poco a poco te van cayendo los veintes, cómo es que él lo iba haciendo y ¿cómo lo hizo conmigo?, de ahí de ese grupo salieron 13 “apóstoles”.

Después de las charlas sobre Historia Sagrada, viene la segunda plática, ahí hablaba un poco sobre nuestra misión en la tierra, ¿A qué venimos?

Para poder trascender lo que necesitas es eliminar: todos tus egos, todos tus apegos, convertirte en un guerrero: «el guerrero no es aquel que lucha hacia afuera, sino hacia adentro con uno mismo, para irse puliendo y eliminar egos y apegos».

Luego, me manda a que busque un maestro y busque mi camino, porque: «todos tenemos diferente camino» —dijo Toño. La verdad, eso de buscar un maestro… El maestro es el que te elige y eso después lo entendí con Toño, porque él fue el que me eligió.

Aquí viene algo que es muy importante, siempre fui acompañado, seguido y apoyado por Toño, además de considerarlo tío, lo sentí como un padre para mí, además era mi amigo y lo que nunca me había dado cuenta en ese momento es que Toño era mi maestro, sin decírmelo.

De niños, a Federico mi hermano y a mí nos inscribió en las prácticas semanales del Taekwondo, Toño hacía cosas para nosotros: «Es que tienen que buscar la disciplina, el control», —nos decía.

Todas sus enseñanzas eran para que nosotros alcanzáramos un desarrollo, —así jugando.

Después conocí a Jorge Berroa, un médium que me enseñó a bajar a nivel alpha, nivel beta, nunca delta y cómo hacer curaciones, y muchas cosas más, porque Toño decía que yo iba a ser eso.

Toda mi vida fue la relación con Toño y Gabi, fue única, hoy me siento bendecido y me he preguntado:

—¿Cuántos seres en la tierra, tiene la posibilidad de tener dos seres de luz como Toño y Gabi? Que te regalen todos los días, cada semana conocimientos, fue la cosa más maravillosa.

Después me convertí en El Correo del Zar «¡Hay que responsabilidad!

», Toño escribía en sus hojitas, una letra que después sólo Dios entendería…

y me las daba para que yo transcribiera…

no: «¿qué quisiste decir?» —le decía a Toño—, y él se atacaba de risa: «¡ah, muy bien, te la voy a dictar!

» —me respondía—, y así eran todos los días, agarraba y me dictaba.

Aprendí a hacer cosas maravillosas, tenía el privilegio de escribir en la computadora y hacer paréntesis:

—A ver, a ver, a ver ¿aquí quieres decir esto? Porque yo estoy entendiendo lo otro. «No, no, no ¡qué maravilla!».

Después entendí quién realmente hacía la corrección de estilo, era Gabi y otra vez a volverlo a hacer, porque ya venían sus correcciones, entonces ya quedaba todo muy claro.

Fue Gabi quien hacía las correcciones de los textos: —esto no, esto está confuso, esto quítalo, esto no tiene relación—. ¡Qué bárbaro! ahí entendí, por qué siempre detrás de un gran hombre hay una gran mujer, entendí la maravilla de lo que es la relación de pareja.

Nunca, y eso sí, se los puedo decir, hay quienes a lo mejor lo vieron, lo intuyeron, pero nunca lo supieron, lo vivieron como yo, los seres más antagónicos eran Toño y Gabi, por eso eran un complemento perfecto, entender el amor con esa paciencia, comprensión, Gabi decía una cosa:

—Cuando yo quiero buscar algo para Toño, es muy fácil, yo digo ¿qué es lo que no compraría para mí? ¡Ah! Eso le voy a comprar a Toño.

Cosas así, cuando Toño que se acostaba temprano, Gabi a veces le daban las dos, tres de la mañana haciendo cositas, arreglando la casa, preparando cosas para Carlos Miguel.

Cuando ya se acostaba, era cuando se levantaba Toño, en tantos aspectos eran diferentes, pero a la vez tan uno solo, por cómo se complementaban.

Esta última parte de los dos viéndolos en su relación de pareja viva, prácticamente todos los días en su casa.

Tuve la dicha, que Toño me dictará alguno de sus escritos, que los corrigiera Gabi y que me regañaran ambos, porque: —¡hay no, te falta tanto por vivir! ¡ay Fernandito! ¡juquillo! ¡No hijo…!

Definitivamente, Toño y Gabi fueron para mí padre y madre a la vez, la ausencia de la imagen paterna la suplió Toño, pero con creces.

Cuando me tocó ser El correo del Zar, como me puso Alberto Ruz, inicié mi servicio para Toño, nunca me imaginé la magnitud en donde me estaba metiendo…

. aquí en la computadora no saben cuántas cartas tengo de toda la gente que le escribía, yo tengo el legado de lo que hice con él y hay muchas cosas que faltan por compartir.

A mí me dijo Gabi y le dije que no, pero ya lo estoy repensando, me dijo:

—A ver juquillo, tú vas a tener que hacer el último libro de quién fue Toño y Gabi para ti.

—No Gabi ¡Qué responsabilidad!

Para empezar, yo no sé escribir, no sé transmitir, yo no sé… puedo platicar así, pero...

Tengo ese compromiso, me lo dio Gabi.